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Pronunciamiento de Tuapurie,
Denuncias y demandas de los indios de México y Michoacán
(Congreso Nacional Indígena, marzo de 2008)
EL CNI del
EZLN acusa de traidor a Alfonso Vargas Romero,
hoy
Secretario de Pueblos Indígenas de Michoacán.
Ya son veinte las veces
que se reúne la región Centro-Pacífico
del Congreso Nacional Indígena (cni). Los delegados de
pueblos, naciones y tribus de distintas regiones del norte,
centro y sur se juntaron en las laderas de Awatsait+a (o
Ciénega de los Caballos), convocados por las autoridades
tradicionales de la comunidad wixárika de Tuapurie los días
8 y 9 de marzo. Fue a la intemperie, lo cual acentuó su
carácter de sesión de trabajo según lo entienden los hombres
y las mujeres del campo. Si bien la razón de este encuentro
urgente fue la lucha de la comunidad wixárika contra una
carretera abusiva e innecesaria que le quieren imponer la
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos
Indígenas, la Secretaría de Turismo y el gobierno panista de
Jalisco, el CNI discutió las decenas de luchas y
resistencias también urgentes en todo el país.
El Pronunciamiento de Tuapurie,
producto de dos días de deliberaciones y conversaciones
colectivas, denuncia los megaproyectos en regiones
indígenas, como los corredores eólicos en el Istmo de
Tehuantepec que afectan a pueblos ikoot, ayuuk, zoque y
binizá en Oaxaca y el territorio kumiai en Baja California,
los gasoductos y regasificadoras costeras, la explotación
minera, turística y de la biodiversidad en la sierra de
Manantlán y en todo el país “que destruyen la madre tierra y
la cultura de nuestros pueblos”.
Se analizó la difícil
situación de los pueblos por la represión y la
criminalización de la lucha social, ligadas a las
estrategias de seguridad del gobierno de Estados Unidos
“para proteger sus intereses y los del capitalismo, asumidas
incondicionalmente por el gobierno mexicano”.
Se ha intensificado la
guerra de exterminio contra las comunidades zapatistas y el
EZLN en Chiapas. Esa guerra incluye la ocupación violenta
por parte del Ejército federal, los intentos de despojo
mediante procedimientos agrarios amañados, supuestos
proyectos de conservación ecológica en la Selva Lacandona y
la reactivación de acciones paramilitares.
La solidaridad del CNI abarca las
luchas del pueblo nahua en el occidente, como en Ayotitlán,
Jalisco, para frenar el despojo y la depredación por la
explotación minera del Consorcio Minero Benito Juárez Peña
Colorada, Los Juanes, La Gallina e Imán. También las
comunidades nahuas de la Costa de Michoacán se oponen al
despojo por transnacionales mineras como Ternium y las
inmobiliarias hoteleras. La asamblea rechaza el desastre que
en la Mesa de Palmira y La Tesorera, comunidades caxcanes,
realizan mineras canadienses con participación del gobierno
de Zacatecas.
“Exigimos del Tribunal
Unitario Agrario una sentencia que reconozca los derechos
históricos de la comunidad de Ostula en su litigio con la
supuesta pequeña propiedad. Rechazamos los proyectos de
Ruta Arqueológica y Tuxpan, Pueblo Mágico que
mercantilizarán la cultura indígena. Manifestamos nuestro
apoyo al pueblo coca de Mezcala en la defensa de su isla y
el territorio invadido por el empresario Guillermo Ibarra”,
añade el Pronunciamiento.
Michoacán:
“Nos solidarizamos con la lucha de la comunidad purépecha de
Zirahuén contra el grupo empresarial Ramírez,
impulsor de la privatización de su lago, y el cacique
Guillermo Arreola, quien ha despojado desde hace más de
treinta años a la comunidad de sus tierras. Igualmente nos
pronunciamos contra la ocupación ilegal de las tierras de
Zirahuén y sus catorce anexos, por productores aguacateros
de Uruapan. Rechazamos el proyecto que pretende despojar
territorios purépecha y nahua a través del complejo
carretero Lázaro Cárdenas-La Piedad y Lázaro
Cárdenas-Manzanillo. Rechazamos la privatización del río
Carapan y sus afluentes, así como la pretensión de
privatizar las aguas subterráneas y superficiales que nacen
en territorio purépecha. Denunciamos la formación de la
Secretaría de Pueblos Indígenas de Michoacán como una
instancia encaminada a seguir instrumentando las políticas
neoliberales de exterminio de nuestros pueblos y
desconocemos como integrante del CNI a su titular, el
traidor Alfonso Vargas, y a su equipo de
colaboradores”.
Para Oaxaca, el CNI demanda
condiciones para poner fin al exilio en Canadá del maestro
mixteco Raúl Gatica Bautista, la libertad de los presos
zapotecos de San Isidro Aloapam, y la cancelación de más de
15 órdenes de aprehensión en su contra por defender su
territorio, la cancelación de la presa El Paso de la Reina
en territorio mixteco de la costa, así como la explotación
minera en la región Cañada por empresas canadienses.
“Rechazamos la creación de ejidos y
comunidades agrarias en la nación kumiai.
Denunciamos la violación de
sus derechos territoriales con la reciente instalación de un
gasoducto que atraviesa su territorio. Exigimos se otorgue a
los kumiai el libre paso por la frontera México-Estados
Unidos por tratarse de un pueblo cuyo territorio y población
se localizan en ambos países. Rechazamos la prohibición al
derecho de pesca de la tribu cucapá y exigimos el respeto a
sus derechos territoriales ancestrales.
“Exigimos el reconocimiento de los
derechos de propiedad y posesión que corresponden a la
comunidad de San Pedro Atlapulco sobre las tierras
comprendidas dentro del Parque Insurgente Miguel Hidalgo y
Costilla. Rechazamos la construcción del megalibramiento
carretero Toluca-Cuernavaca que pretende invadir y
fragmentar territorios comunales de Monte de las Cruces,
Huitzilac y Parque Nacional Lagunas de Zempoala. Nos
solidarizamos con la lucha autonómica del pueblo amuzgo de
Guerrero y denunciamos el hostigamiento permanente por parte
de la presidenta municipal de Xochistlahuaca, Aceadeth
Rocha. Rechazamos la reactivación del proyecto de aeropuerto
en Atenco y Texcoco, la construcción de las presas La
Parota, La Yesca, El Cajón y Arcediano”.
El Pronunciamiento demanda
“la liberación inmediata e incondicional de nuestros presos
políticos y el retiro del Ejército y los grupos
paramilitares de todas las regiones indígenas”. Por último,
ratifica la adhesión a la Sexta Declaración de la Selva
Lacandona y a la Otra Campaña, y llama a los pueblos
indígenas “a profundizar, junto con el pueblo de México, su
resistencia anticapitalista y el ejercicio de sus derechos
autonómicos”. Convoca, en fin, a fortalecer el CNI “como la
casa de nuestros pueblos”. (Ojarasca).
Los Pueblos Indios en Alerta
Congreso Nacional Indígena: El Pronunciamiento de Tuapurie
Con el
panismo en el poder,
especialmente en este régimen calderonista, los pueblos
indígenas encuentran algunos de sus más peligrosos enemigos
en las dependencias gubernamentales que presuntamente
trabajan para su bien. Es el caso de la denominada Comisión
Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (cdi),
sembrada sobre los últimos restos del indigenismo
nacionalista, que mal que bien duró hasta los años ochenta.
Aún bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari hubo una
suerte de indigenismo cooptador, manirroto, “en
solidaridad”, pero al menos “consideraba” a los pueblos y
les daba por su lado, aunque ya empedrándoles el camino del
infierno.
Los pueblos
tienen enemigos declarados y descarados, desde caciques y
propietarios locales hasta medios de comunicación, prelados,
juzgados, empresas de preferencia transnacionales, think
tanks contrainsurgentes embozados en las academias.
Avanzada suya suelen ser los cuerpos policiacos y las tropas
federales que actúan sobre el terreno: ocupan, detienen,
torturan, violan, patrullan, amenazan y humillan regiones y
comunidades. Sobre todo si son de aquellas que no se dejan,
que por defender sus tierras y sus vidas, llegado el caso,
pelean.
Pero ante la
acción de la “amigable” CDI, de la mano de actores tan
conspicuos como las secretarías de Turismo, Medio Ambiente y
Comunicaciones y Transportes (SCT), uno concluye que sus
esfuerzos y dineros son para abrir paso a la voracidad
capitalista en los territorios indígenas: rurales, sagrados,
marinos, ribereños y hasta los “intangibles” de la cultura.
Llama la atención que
los promotores de la integración turística y modernizante de
los pueblos, la punta del lanza del genocidio silencioso en
ciernes, sean dos destacados actores del abortado proceso de
paz en Chiapas como miembros de la Cocopa “histórica”: el
titular de CDI, Luis H. Álvarez, y el de Turismo, Rodolfo
Elizondo (apóstol de esa payasada de los “pueblos mágicos”,
como si supiera algo sobre lo mágico).
Algo aprenderían en su
experiencia chiapaneca, que con la llave del presupuesto
transexenal ayudan a los negocios de los Mouriños y
Bribiescas por venir, mientras ensayan una suerte de
“solución definitiva” para el “problema indígena”. Sobre el
terreno se alían con la SCT, encabezada por el salinista
Luis Téllez Kuenzler, y dedican su verbo y sus presupuestos
a pavimentar, empedrar, enladrillar, cercar, aplanar,
allanar los territorios indígenas. Con agresividad “nunca
antes vista” según el Congreso Nacional Indígena.
Hoy, la política indigenista
está representada en las aplanadoras y motoconformadoras de
las empresas constructoras de carreteras, represas,
“ciudades rurales” y centros turísticos. A su paso, deja una
estela de corrupción, división y engaño que genera tensión,
violencia y desquiciamiento en los pueblos indios de México.
Las resistencias brotan por
doquier, dignas y firmes, pero sufren. El enemigo va en
serio. Sin trivializar el grave sentido de la palabra, se
trata de una verdadera guerra. Una que no sólo dispara
contra ellos, también viene disfrazada de “apoyos” buena
onda pero con ánimo de quebrar su identidad y su matriz
civilizatoria.
Están amenazados como nunca
antes territorios y riqueza ancestral de tzeltales,
wixaritari, purépechas, zapotecas, coras y tantos otros.
Para ellos, las carreteras son puñaladas. Tan sólo en
territorio jalisciense wixárika, el progreso y el narco
amenazan el centro del mundo, Teakata, la convergencia de
ríos, la cañada de todas las cañadas. Una golosina
ecoturística.
Así la cuenca de los ríos
Agua Azul, Tulijá y Bascán en el Chiapas tzeltal, donde los
heraldos calderonistas planean abrir gasolineras, represas,
un recreativo “X’caret” fluvial y los negocios
subsecuentes. Sólo que, chin, las comunidades que viven allí
son zapatistas, están en resistencia, no se van a dejar.
Como no lo harán muchísimos oaxaqueños del Istmo de
Tehuantepec, mixtecos, comca’ac, yoreme, ñahñú, rarámuri. Ni
los 36 presos políticos tzeltales y tzotziles en huelga de
hambre en las cárceles de Chiapas.
Los medios y la opinión
pública no miran hacia acá, uno de los frentes donde se
libran batallas definitivas por la soberanía, la resistencia
civil, la construcción de alternativas humanas para superar
el catastrófico fin del capitalismo. Los pueblos indios
resisten por todos los mexicanos, hasta por los hijos de sus
enemigos. Se lo toman en serio. Sobre sus hombros llevan el
peso del mundo. Es su cargo, su servicio, su responsabilidad
sagrada. UMBRAL de OJARASCA.
Extracto de OJARASCA
Suplemento mensual de LA JORNADA.
Número 131, marzo de 2008
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/17/oja-portada.html
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