Tata Juan Victoriano

 

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Seis décadas de hacer música y pirekuas…

 

    
      El nombre de Tata Juan Victoriano quizá pase desapercibido en la presente generación, más no sus obras musicales que han cautivado a propios y extraños con la belleza del alma que refleja en sus pirekuas. En el universo de las creaciones musicales purépechas, Tata Juan Victoriano es una referencia obligada. Nacido en la comunidad purépecha de San Lorenzo, municipio de Uruapan, es el pireri (cantor) que se ha revelado a través de un extenso directorio de ejecutantes indígenas y no indígenas, como un poeta sencillo, tal vez, pero tan profundo como el que más.

      Tata Juan Victoriano empezó a tejer el arte de los sonidos y el ritmo desde la edad de 16 años, y desde ahí no ha parado en la construcción musical, cuya estética se nutre de las voces de la naturaleza agredida, de las intimidades de la vida amorosa, de cierto erotismo que recorre sus piezas, tal como se pinta en sus pirekuas “Male Rosita”, “Lindo México”, “Sebastianita”, “Hortencia Tsitsiki”, “Esos Ojitos”, “Dalia Tsitsiki”, “Jucheti Crusita”, “Francisquita”, “K’uinchekua”, “Esperancita”, Elvirita”y muchas más, en las que, inevitables, sus personajes son las flores, el viento, los pájaros y la belleza de las mujeres.

     La pirekua (canto) de Tata Juan Victoriano no sólo tiene versos cantados dirigidos a la mujer, su obra artística acuñada en seis décadas va dirigido a grupos humanos y sus comunidades, donde, gracias a la pirekua, el mensaje va a la raíz del qué, del cómo, del por qué y para qué el destino del pueblo p’urhépecha. Tata Juan Victoriano como “pireri” ha encarnado la buena nueva, o “jimbani eiatsperakua”, que le da a este pueblo la posibilidad de exigir ser respetado en su modo peculiar de vivir, de creer, de amar, de organizarse y de luchar; de ello lo manifiesta en sus creaciones: “Corrido de Tata Lázaro”, “11 de Septiembre” (habla sobre Torres Gemelas de New York), “Amiga Yurchenco”; “Juan Pablo II”, “Sombrerito”, “Hermano Chiapas”, “Nurío Anapu”, “Congreso Eucarístico”, “Volcán Paricutin”, “Adiós Juan Pablo II”, “La Creación del Mundo”, El protestantismo”, “Nuestro maíz”y otras que hablan de la historia purépecha.

     Sus obras han sido interpretadas por orquestas, bandas y pireris tanto indígenas y no indígenas. En el año de 1995, la pieza musical “Lindo México” interpretada originalmente por el guitarrista Joaquín Bautista Ramírez y registrada en 1972, llamó la atención de Hollywood. El folklorista Pepe Ávila y el músico Mark McKenzie modificaron levemente la melodía original y la convierten en el título principal del film “My Family”, protagonizada por Jame Olmos y la actriz Elpidia Carrillo y otros actores de Hollywood. La pirekua "Lindo México" junto "Flor de Canela" y "Rosa de Castilla", estas dos obras de otros autores, y piezas clásicas del repertorio musical p'urhépecha, fueron adjudicadas como composiciones propias de Ávila y McKenzie, injusticia no resarcida hasta el momento.

    Las creaciones de Tata Juan Victoriano, han sido incluidas en varios discos L. P. y disco compacto: “Amanecer Tarasco”, “Inchatiro” de la compañía Fonomex, Maestros del Folclor Michoacano, editora RCA Víctor y “The Real Mexico in Music and Song”, editada por firma norteamericana Monesuch Records entre otros; el autor nunca ha cobrado regalías por las grabaciones que han hecho de sus composiciones, pero celebra la vida con su oficio, “con la música no viene esperar manutención o riquezas. Viene nada más el puro gusto y alegría bastante”, dijo ante Argelia Castillo, corresponsal del Diario Reforma. Y es que Tata Juan Victoriano nunca busco escenarios para mostrar su música y sus pirekuas; fueron las comunidades, las fiestas, las reuniones familiares donde mostró sus creaciones que años mas tardes se convertirían en piezas clásicas del repertorio musical del mundo purépecha.

    En el año de 1963 recibe el reconocimiento del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En 1963 recibe la visita de Henrrieta Yurchenco, etnomusicóloga norteamericana, quien le graba las composiciones. Archivos sonoros que hoy forma parte del acervo cultural de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. En 1998, el ayuntamiento de Uruapan, por medio de la alcaldesa Jesús María Doddoli Murguía hace entrega de un reconocimiento, "por la loable labor en pro de la cultura y las tradiciones del pueblo purépecha".


    En noviembre del 2004, recibe un homenaje del “Conjunto Erandí”, una de las agrupaciones que le han interpretado magistralmente sus obras y que han llevado la música p’urhépecha a diversas parte del mundo: China, España, EE.UU., Japón, Italia y otras partes del mundo; y le entregaron fondos recaudaros el concierto realizado en la ciudad de Uruapan; “ayuda a Tata Juan Victoriano debido a que nunca ha recibido sus regalías por la música”, afirmó a la prensa Juan Bautista, el mayor del grupo Erandí.


     Del diario más influyente del Estado, La Voz de Michoacán, en junio del 2005 acepta recibir la Presea "José Tocaven Lavín", al Merito Musical; reconocimiento que otorga el rotativo cada año a personajes michoacanos que han destacado en diversos ámbitos y que han puesto en alto el nombre de Michoacán y a México. Y en agosto 16 del presente año, la Comunidad Purépecha por medio de Casa de la Cultura de Nahuatzen le entrega un reconocimiento por su trayectoria musical y Tata K’eri (abuelo) ejemplar y hombre de servicio comunitario.

 

      Las dependencias oficiales como es el INI hoy CDI y otras dependencias le negaron apoyos para crear talleres musicales para niños y jóvenes, pero eso no fue impedimento para fundador grupos de orquestas y ejecutantes como “Los Palmeros”, “Los Santiagos Carriones”, “Los Chuparrositas” y mucha más, pero en los últimos años formo una agrupación musical con sus nietos que finalmente se desintegró, pues algunos de ellos se fueron a Estados Unidos a ganarse la vida, fenómeno generalizado entre los jóvenes de la región.

     El maestro Tata Juan Victoriano esta convencido de que la música es el lenguaje de Dios, “El nos habla con soltura de las orquestas del monte, de los violines que bajan del cielo en las lluvias desordenadas, de las bandas que nacen en el rugir de las aguas que descienden en las barrancas, de las arañas que rasgan las cuerdas de sus guitarras, del canto caótico de las fieras, del crujir de la leña encendida”, dijo a Martín Equihua, reportero de la Jornada Michoacán.

     “Yo me iba al cerro a bajar la música, a buscarla en los sonidos del viento enredado en las hojas espinosas de los pinos, o en las hojas anchas de los encinos, o en el canto de los pájaros. Para que no se me olvidara, la “escribía por allá, en el monte. Sí, allá escribía las notas que cantaban los pájaros”, dice Tata Juan Victoriano en entrevista a La Opinión de Michoacán, revela a los periodistas la arquitectura de sus creaciones musicales; de las fuentes que alimentan su inspiración, para que su música no sea leída nunca como una manera de escaparse del mundo, sino como una forma de rehacerlo, de aprender a vivir dentro de él y en armonía con las cosas y los seres.

      El Tata K’eri de la Nación Indígena P’urhépecha, Tata Juan, padre de seis hijos dice que nunca renegó de las duras jornadas en el campo que vivió de joven, así aprendió a usar su vista, su tacto, su olfato. Así descubrí los muchos ritmos del viento, envueltos en los remolinos que abrazan a la gente del campo; “el viento es el viento, nada más”. Las flores en cambio son las mas hermosas de la creación, “son perfectas”, pero también son la ruina del hombre cuando no sabe distinguir su envenenador aroma”, afirma.

 

     La experiencia adquirida en los 60 años como creador de música, Tata Juan de dice que vida aprendió de él y viceversa, ambos se acoplaron, por eso hablo Tata Juan se atreve a recomendarla: “A la vida hay que amarla siempre, quererla en las buenas y en las malas, que de pronto tiene muchas, cantarle con sabiduría y humildad, reclamarle su estupidez, regañarla por sus fallas, halagarla en sus virtudes, e incluso odiarla si es necesario, pero “odiarla con amor”, beberla a sorbos tal vez, acariciarle su cuerpo, desearla, hasta el último instante”, señala.

 

     No por nada en la ceremonia de entrega de la “Presea Iauatzen 2005”que le entrego el Ayuntamiento de Nahuatzen el pasado 16 de agosto del 2005, el sacerdote Francisco Martínez le manifiesto a Tata Juan Victoriano su privilegio de haberlo conocido, primero como Pireri y luego como Tata K’eri: y le dice “…entre los privilegios con que mi estancia de 30 años en la Meseta P´urhépecha me ha concedido la vida, uno de los más preciados es el haberte conocido. Todas las bondades que adornan la cultura del pueblo a esa Nación a la que por derecho de nacimiento perteneces, resumen en tu persona: el sentido de comunidad, el amor a la tierra, el respeto a la tradición, la autoridad como servicio, la suave firmeza, la madurez ante el infortunio, la tenaz resistencia, la visión poética, la fe en Dios, la vida como arte. No exagero. En todo caso, a tus hechos me atengo. Como perla de gran valía, de ésas que sólo se encuentran rara vez, has gastado sus años tu bondadosa figura entre servir a tu comunidad, luchar por la vida, fundar una familia y expresar en pirekuecha, abajeños, valsecitos y sones la poesía de tu vida. Hombres como tú, Tata Juan, no se dan en mazorca”.

 

    “Por eso me da gusto que hayas honrado a La Voz de Michoacán aceptándole su Presea. Por eso me lleno de ansiedad esperando cuándo los compañeros de las comunidades de la Meseta dejen de voltear a otros patrones de conducta (ésos de los gringos y Televisas) para fijarse en hermanos como tú y a través de tu testimonio de vida y de tu arte dejar libre el tránsito a la xiranhua p´urhépecha”, apuntan las palabras de padre Francisco Martínez.

     "Tata Juan Victoriano Cira, es hombre de testimonio que eclipsa con su saber natural a muchos letrados. Hombre que tiene para dar desde su sencillez, lo que algunos pudientes quisieran. Con su humildad y silencios cuenta más autoridad su prédica que la de muchos purpurados".

 

 

 

Agosto, 2005.

 


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