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Cuando estoy triste, bajo el violín, así
vuelvo a animarme...
Un
p'urhépecha en Nueva York
"Cuando
tenía 9 años me enfermé de algo así como resfriado y, para
que no estuviera nomás tumbado haciendo caso de la
enfermedad, mi papá me regaló un violín. Yo no sabía nada de
música, pero entonces la agarré", rememora Juan Victoriano,
autor de varios centenares de pirekuas, abajeños y sones del
repertorio tradicional p’urhépecha.
Dos canciones suyas, Toronjil morado y Kuinchikua,
forman parte de The Real Mexico in Music and Song, disco
recientemente aparecido en Nueva York bajo el sello de
Nonesuch Records. "Empecé a componer a los 16 años. Tuve
antes, cuando cumplía primaria, un maestro de música:
Evaristo Corales. Su familia era de Corupo, pero vino aquí
en la Cristiada. El me enseñó a leer, a solfear pues, las
notas. Luego aprendí a escribirlas. No bien bien, pero hago
partituras de mis canciones. Lo que no sé hacer es libros de
música para vender o para llevar por las ciudades", narra
Victoriano en su humilde troje de San Lorenzo.
Hasta esta pequeña localidad enclavada en la Sierra
Tarasca viajó en 1965 la etnomusicóloga norteamericana
Henrietta Yurchenco, con objeto de grabar material del
prolífico compositor de canciones de amor ("para que las
muchachas tengan voluntad de ver a los muchachos"), y de
polcas y valses para pastorelas ("sonecitos de rancheros
para las navidades").
Entre
las grabaciones recopiladas, Yurchenco seleccionó los temas
mencionados de Victoriano, los cuales se incluyeron
originalmente en un LP publicado en 1966 por la firma
discográfica neoyorquina y que acaba de reeditarse como CD.
Creador de imaginativas letras en lengua p’urhépecha, el
michoacano de 76 años de edad revela la fuente de sus
armoniosas e inagotables melodías: "Me voy pa'l campo, pa'l
cerro, para buscar la música. Los árboles, las piedras, el
viento, los pájaros y todos los animales tienen varios
tonos. Yo los voy juntando y salen las partituras".
El otrora también vocalista y fundador de grupos como
Los Palmeros, Los Santiagos Carriones y Los Chuparrositas,
ha integrado en los últimos años una agrupación musical con
sus nietos, sin desalentarlo el que algunos de ellos se
hayan ido a Estados Unidos a ganarse la vida, fenómeno
generalizado entre los jóvenes de la región. Y es que, según
su experiencia, con la música no viene esperar manutención o
riquezas. Viene nada más el puro gusto y alegría bastante.
El autor de Mi comadre Angela, Fiesta en Uruapan,
Francisquita y muchos otros temas conserva orgullosa y
celosamente las transcripciones de casi toda su producción
en sencillos cuadernos, habiendo registrado sólo una
treintena de ellas. El CD recoge una muestra del trabajo de
Victoriano, interpretada por el propio pireri, quien nunca
ha cobrado regalías por las grabaciones que otros han hecho
de sus composiciones, y quien no es conocido ni reconocido,
pero celebra la vida con su oficio.
"Cuando estoy triste, bajo el violín, hago alguna
cosita y con eso vuelvo a animarme", concluye.
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