NÓTKI
ERÁNDESÏNDI
—
Amanecer pendiente
en Michoacán
APUNTES SOBRE EL
ESTADO DE LA ENTIDAD Y LA REFORMA INDÍGENA INCONCLUSA
I. Mundos Reales y Territorios
Invisibles
os foros mundiales de Davos,
Suiza, y Porto Alegre, Brasil, sobre desarrollo económico y
desarrollo social, respectivamente, dan lugar –año tras
año–, a estudios especializados y declaraciones oficiales
sobre el estado del mundo y de la economía global de
nuestros días. Estas reuniones polarizadas se han celebrado
hasta ahora en dos continentes y hemisferios distintos, con
la presencia de individuos que detentan puntos de vista no
necesariamente concurrentes. Estas perspectivas incluyen las
de gobernantes y líderes empresariales por una parte y
abanderados sociales por la otra; y genéricamente en
posiciones y trincheras opuestas: a favor o en contra de la
globalización. Este 2005, el Presidente Lula de Brasil
estuvo presente en ambas celebraciones.
De estudios básicos
actualizados –como el del Índice de Sustentabilidad
Ambiental 2005– y de las discusiones de estos foros
emerge algo cada vez más contundente: que la civilización de
la que formamos parte las generaciones presentes, está
siendo construida en “dos planetas distintos de una misma
tierra”. Contamos ahora, de manera más drástica y
determinante, a nivel global, con un mundo cada vez más
desarrollado y otro compuesto de países significativamente
menos o muy poco industrializados y con severos problemas de
degradación ambiental.
Desde el punto de vista del
concepto de desarrollo humano, sabemos
claramente que no solamente existen los países pobres sino
que existen sobretodo regiones y poblaciones identificadas
como “mucho más pobres”, las cuales se encuentran ubicadas
dentro de naciones pobres o de ingresos medios, pero con
extremas condiciones de desigualdad. Muchas de estas
poblaciones están compuestas de gente de comunidades rurales
y de habitantes de colonias urbanas y proletarias que
sobreviven con apenas unos cuantos pesos al día. Dentro de
nuestras propias fronteras, como país, se identifican varios
Méxicos, con características socioeconómicas
dramáticamente diversas.
Michoacán mismo cuenta con pobres urbanos y rurales y con
poblaciones indígenas marginadas de cuatro etnias
principales: Mazahua, Nahua, Otomí y P’urhépecha. Estas
poblaciones subsisten bajo condiciones reflejadas en
indicadores de subdesarrollo y marginación similares a los
estratos sociales de los países más pobres del mundo.
Estas poblaciones nuestras, de origen étnico diverso pero
con claros referentes históricos comunes, sufren rezagos de
atención médica y educación básica, marginación
infraestructural, hacinamiento y limitaciones de vivienda, y
deficiente salud ambiental comunitaria. Estas comunidades y
sus habitantes son, para muchos, entidades invisibles; y sus
territorios –a pesar de las riquezas naturales y culturales
con que cuentan– tienen ya muy poco de mágico, y sí mucho de
sufrimiento y abandono.
De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano
elaborado por las Naciones Unidas, México ocupa el lugar
número 54 entre 173 países del planeta. Y Michoacán, de
acuerdo con tablas similares de clasificación, aparece junto
a los otros estados de la república más pobres y atrasados.
Vastas zonas rurales del estado y sus comunidades indígenas
están muy por debajo de los promedios nacionales
manifestados por estos índices de desarrollo; y en estas
condiciones, las mujeres, los ancianos y los niños sufren
más.
II.
Acerca del Origen y Naturaleza de la Vulnerabilidad
Itsï
(Agua).– Una proporción considerable de las muertes y
enfermedades que sufren estas poblaciones pobres están
asociadas con factores ambientales, empezando por la
carencia de fuentes confiables de agua, y de otros recursos
de higiene y sanidad. Desde un punto de vista económico, la
falta de servicios básicos, como es la escasez de agua
potable en las viviendas rurales, aumenta la carga de
trabajo doméstico y limita la participación de la mujer en
las actividades de desarrollo personal y comunitario.
Tarhiáta
(Viento).–
Mencionemos
también los aspectos de la contaminación ambiental y sus
efectos para la salud, causados por el uso indiscriminado
del plomo, pinturas y thíneres, y otras sustancias tóxicas
en las artesanías tradicionales de barro, madera y otros
materiales.
Echéri
(Tierra).– De la misma
manera, la agricultura aplica y mal utiliza mezclas tóxicas
de pesticidas y fumigantes, por lo que el nexo de la
pobreza, la salud y el medio ambiente en este caso resulta
igualmente dramático. Los jornaleros pobres y sus familias
se preocupan primero de comer; y nunca o sólo más tarde por
las condiciones en que se trabaja. Pero en general, se sabe
que las mujeres jornaleras de las pizcas o cosechas pueden
sufrir con mucha más frecuencia de dolores de cabeza,
náuseas, problemas de visión y fatiga; y las mujeres
embarazadas resultan más propensas a los abortos espontáneos
o a que sus hijos presenten malformaciones congénitas o
leucemias.
¿Qué
sustancias químicas se emplean para el empaque y la
exportación de los productos agrícolas de nuestro estado?
¿Se utilizan guantes y equipos adecuados de protección?
¿Dónde se origina, y
por qué parece ser tan extenso el problema del cáncer que
padecen los niños michoacanos?
Chpíri
(Fuego).–
La vulnerabilidad que padecen estas mismas familias del
campo, tanto a los fenómenos económicos como a los desastres
naturales, se deriva también de la descapitalización
acumulada de muchos años, de la tala inmoderada y constante
de los bosques y de la degradación ambiental en general.
Tengamos en
cuenta que muchos de los pobres rurales están en esta
condición, para empezar, como resultado de despojos y
expulsiones de las mejores tierras, convertidas en zonas de
monocultivos dominantes; y quienes subsisten actualmente en
zonas marginadas, terrenos erosionados de semidesierto o
ladera, y por lo tanto poco aptas para la actividad
agrícola. Y es así
que los desastres se ensañan de manera particular con los
segmentos más pobres de nuestra población.
Agreguemos que en el lago de Pátzcuaro, la Meseta, la Costa
y las otras regiones indígenas de nuestro estado, la
naturaleza de la pobreza ha cambiado drásticamente durante
los últimos años para involucrar, ahora, una extrema
inseguridad alimentaria; además de coexistir con la señalada
degradación ambiental, en expansión constante. Las fronteras
materiales de riesgo y sobrevivencia diaria de nuestra
gente, están hoy por hoy en función de los recursos de unas
muy frágiles economías locales y familiares.
Estas condiciones se padecen cotidianamente a pesar de las
sacrificadas remesas monetarias de nuestros jornaleros
agrícolas y de los migrantes indocumentados que arriesgan
sus vidas y patrimonio para pasar a trabajar “del otro
lado”. Los recursos generados por nuestros migrantes
indígenas y campesinos sostienen precariamente a sus
familias, mientras que cubren con orgullo y devoción los
cargos comunales, y apoyan de manera fundamental a las
economías regionales y del estado.
Objetivamente, ¿cuál es la situación económica
y social de los municipios y comunidades rurales e indígenas
de Michoacán? ¿En que condición de desarrollo se encuentra
nuestra entidad federativa con respecto del resto del país?
Coincidente por pocos días con el tañido de las campanas
memorables de Nurio, el inicio del Año Nuevo P’urhépecha
–con su significativo encendido del Fuego Nuevo–, es un
momento oportuno para que la sociedad michoacana busque
respuestas consistentes a estas preocupaciones. Es también
buen tiempo para reflexionar –colectiva y serenamente, al
seno de nuestras comunidades–, sobre las limitaciones
materiales y organizacionales actuales; y las estructuras de
gobernabilidad social y económica que debemos construir,
necesariamente, y con iniciativa y concepciones propias (juchari
erátsekua jingóni), para conseguir las condiciones
anheladas de un bienestar comunal por ahora insatisfecho.
III. Los
Círculos del Desarrollo Humano en México
México es un país con grandes desigualdades sociales
y económicas, en tanto que Michoacán, de acuerdo con el
Informe Sobre Desarrollo Humano, México 2002, es una
entidad principal entre aquellas con mayor pobreza y
marginación; condición que es evidente y se palpa en los
miles de poblados rurales y comunidades indígenas, y en una
infinidad de colonias de las zonas urbanas.
El documento al
que hacemos referencia, sitúa a nuestro estado en el lugar
número 28 con respecto a los 32 estados de la república
mexicana. Esta clasificación se hace en la base del
Índice de Desarrollo Humano (IDH) que para nuestro
estado resultó ser de 0.75; y por lo tanto está por debajo
de la media nacional que fue identificada en 0.80.
¿Qué significan estos
números, y que importancia tiene el conocer la baja posición
de nuestro “índice” socioeconómico regional? Este “índice”,
cuyo cálculo para todos los países es promovido por el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
registra los niveles de desarrollo humano en un país y sus
regiones a partir de indicadores clave sobre salud,
educación e ingreso. Técnicamente, el índice IDH se compone
de tres elementos: un índice de esperanza de vida; otro de
educación; y uno de la producción agregada del estado o país
(Producto Interno Bruto per cápita, PIB).
Círculos Opuestos, Méxicos Distintos.–
Ante todo, los
tres índices componentes (salud, educación, ingreso) están
interrelacionados; y se argumenta que existe por lo tanto un
fortalecimiento recíproco entre el crecimiento económico y
el desarrollo humano. El Informe 2002, presenta una manera
sencilla de identificar la relación que se presenta entre
crecimiento material y desarrollo social, y sus
consecuencias: si una entidad en particular cuenta con
indicadores de longevidad (esperanza de vida) y educación
mayores al promedio, junto con el indicador correspondiente
de PIB per cápita con un valor también superior al promedio,
se puede afirmar que esa región se encuentra en un
Círculo Virtuoso. Si por el contrario la longevidad
y la educación están por debajo del valor medio y lo mismo
ocurre con el PIB per cápita, se establece que esta región
se encuentra en un Círculo Vicioso.
Bajo esta clasificación,
Michoacán, y otras doce entidades federativas, se encuentran
en una condición de “circulo vicioso”. Para estos trece
estados –que incluyen Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas,
Guerrero, Chiapas, etc.– los tres índices principales se
encuentran por debajo de la media nacional; argumentándose
que en estos niveles tan bajos, estos tres indicadores se
“debilitan” conjunta y mutuamente. Por el contrario, otros
doce estados de la república se encuentran en un “circulo
virtuoso” –incluyendo principalmente entidades del norte del
país, además de Aguascalientes, Colima, Querétaro, el
Distrito Federal, etc.,– regiones estas de nuestro país en
donde, de manera agregada, la educación, la salud y la
economía en general presentan tendencias de mejoramiento
recíproco.
Los métodos de análisis utilizados en el Informe Sobre
Desarrollo Humano, permiten determinar si un estado o región
se encuentra “en la Primera o la Segunda División del
Desarrollo”. Sirven también estos instrumentos para el
seguimiento y la evaluación del impacto de las políticas
económicas y sociales; y como comparativo, a través de los
índices de años venideros. Es de este modo que podremos
apreciar los avances o estancamientos conseguidos
–mensurables, comprobables y verificables– con respecto de
la situación ya expuesta.
IV.
Transformaciones Sociales y Bienestar Comunal
Conociéndose empíricamente
que las diferencias regionales (entre estados y municipios)
son persistentes y difíciles de borrar, ¿cuándo y cómo
pondremos un verdadero y sólido dique en Michoacán a esta
pobreza y marginación? ¿De qué manera, y en cuanto tiempo
vamos a encarrilarnos en la ruta de la capitalización social
y económica?
En el caso de Michoacán, las
reformas indígenas inconclusas, y las discusiones sobre las
deficiencias e inconsistencias de la propuesta de reforma
constitucional en la misma materia, nos dieron la
oportunidad de referirnos, una vez más, a los pendientes del
desarrollo de nuestras tierras. Lamentablemente, las
preocupaciones aquí expuestas mantendrán su relevancia en
tanto que en México y en nuestro estado la “cuestión india”
se siga abordando de manera parcial y fragmentada, y, en
gran medida, únicamente como un problema cultural. Esto
sucede mientras que las preguntas clave permanecen
pendientes de respuesta. Asuntos fundamentales sin solución
satisfactoria incluyen, entre otros, el reconocimiento a la
libre determinación y autonomía de los pueblos y
comunidades; la garantía de la tenencia, uso y usufructo
comunal de los recursos naturales; y la integración de
nuestras poblaciones a las vertientes principales de la vida
económica y social del país, en condiciones de respeto e
igualdad.
Estamos conscientes que las
obras de infraestructura productiva –nunca realizadas en el
pasado–, ni las estructuras sociales integrales de salud y
educación que merecen desde siempre los habitantes
indígenas, rurales y de zonas urbanas marginadas se van a
realizar sin trabajo y sin lucha. Nunca serán concesión de
los gobiernos.
Hombre-Tiempo-Territorio.–
El futuro está en nuestras
manos. Pero si no actuamos de inmediato, los hombres,
mujeres y niños indígenas de
Michoacán, en conjunto con sus conocimientos tradicionales
desarrollados a través de cientos de años; la cultura
múltiple y las lenguas indígenas que aun se dominan; la
calidad de los lagos, manantiales y bosques y la
biodiversidad que todavía existe a pesar del deterioro, no
han de sobrevivir ni siquiera un par de generaciones más.
Al mismo tiempo que los indicadores
socioeconómicos mencionados nos manifiestan una realidad de
tragedia y falta de sensibilidad y gobernabilidad social,
nos preocupa de forma inmediata la vida presente de los
miles de mujeres solas, por la inmensa migración; muchas de
ellas madres adolescentes que han adquirido de la noche a la
mañana el rol de ser las nuevas jefas de familia. No podemos
ni debemos hacerlas a un lado. Sobre ellas recae ya la
responsabilidad de ser proveedoras de salud, alimentación y
educación de los niños y niñas
michoacanas. En el bienestar y en la capacidad de las
mujeres de hacer y aprender se juega el futuro de nuestras
familias y de nuestro hábitat social y natural más
inmediato.
México y, en
particular, Michoacán, tienen grandes carencias. No hay que
esperar el amanecer. Hay que ir a su encuentro.
Uétarishïndi
ueénani jauátani juchári k’umánchikua. No mintsíkani jamerhi
erándekua niaráka.
Barrio de San
Pedro Urhépati, Santa Fe de la Laguna, Michoacán, México, en
el décimo día del Jimbáni Uéxurini 2005 (11 de
febrero de 2005).
(*) De origen
P’urhépecha, la autora es médica, especialista en salud
pública, y comunera de Santa Fe de la Laguna. Recibió el
Premio Nacional de Periodismo Jose Pagés Llergo 2004.
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