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          DIARIO DIGITAL 21  De febrero de 2005

San Lorenzo Narhén, Uruapan - Michoacán - México.

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NÓTKI ERÁNDESÏNDI

Amanecer pendiente en Michoacán

 

APUNTES SOBRE EL ESTADO DE LA ENTIDAD Y LA REFORMA INDÍGENA INCONCLUSA

 BERTHA DIMAS HUACUZ (*)

I.   Mundos Reales y Territorios Invisibles

L

os foros mundiales de Davos, Suiza, y Porto Alegre, Brasil, sobre desarrollo económico y desarrollo social, respectivamente, dan lugar –año tras año–, a estudios especializados y declaraciones oficiales sobre el estado del mundo y de la economía global de nuestros días. Estas reuniones polarizadas se han celebrado hasta ahora en dos continentes y hemisferios distintos, con la presencia de individuos que detentan puntos de vista no necesariamente concurrentes. Estas perspectivas incluyen las de gobernantes y líderes empresariales por una parte y abanderados sociales por la otra; y genéricamente en posiciones y trincheras opuestas: a favor o en contra de la globalización. Este 2005, el Presidente Lula de Brasil estuvo presente en ambas celebraciones.

De estudios básicos actualizados –como el del Índice de Sustentabilidad Ambiental 2005– y de las discusiones de estos foros emerge algo cada vez más contundente: que la civilización de la que formamos parte las generaciones presentes, está siendo construida en “dos planetas distintos de una misma tierra”. Contamos ahora, de manera más drástica y determinante, a nivel global, con un mundo cada vez más desarrollado y otro compuesto de países significativamente menos o muy poco industrializados y con severos problemas de degradación ambiental.

Desde el punto de vista del concepto de desarrollo humano, sabemos claramente que no solamente existen los países pobres sino que existen sobretodo regiones y poblaciones identificadas como “mucho más pobres”, las cuales se encuentran ubicadas dentro de naciones pobres o de ingresos medios, pero con extremas condiciones de desigualdad. Muchas de estas poblaciones están compuestas de gente de comunidades rurales y de habitantes de colonias urbanas y proletarias que sobreviven con apenas unos cuantos pesos al día. Dentro de nuestras propias fronteras, como país, se identifican varios Méxicos, con características socioeconómicas dramáticamente diversas.

 Michoacán mismo cuenta con pobres urbanos y rurales y con poblaciones indígenas marginadas de cuatro etnias principales: Mazahua, Nahua, Otomí y P’urhépecha. Estas poblaciones subsisten bajo condiciones reflejadas en indicadores de subdesarrollo y marginación similares a los estratos sociales de los países más pobres del mundo.

Estas poblaciones nuestras, de origen étnico diverso pero con claros referentes históricos comunes, sufren rezagos de atención médica y educación básica, marginación infraestructural, hacinamiento y limitaciones de vivienda, y deficiente salud ambiental comunitaria. Estas comunidades y sus habitantes son, para muchos, entidades invisibles; y sus territorios –a pesar de las riquezas naturales y culturales con que cuentan– tienen ya muy poco de mágico, y sí mucho de sufrimiento y abandono.

     De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas, México ocupa el lugar número 54 entre 173 países del planeta. Y Michoacán, de acuerdo con tablas similares de clasificación, aparece junto a los otros estados de la república más pobres y atrasados. Vastas zonas rurales del estado y sus comunidades indígenas están muy por debajo de los promedios nacionales manifestados por estos índices de desarrollo; y en estas condiciones, las mujeres, los ancianos y los niños sufren más.

 II.   Acerca del Origen y Naturaleza de la Vulnerabilidad

      Itsï (Agua).– Una proporción considerable de las muertes y enfermedades que sufren estas poblaciones pobres están asociadas con factores ambientales, empezando por la carencia de fuentes confiables de agua, y de otros recursos de higiene y sanidad. Desde un punto de vista económico, la falta de servicios básicos, como es la escasez de agua potable en las viviendas rurales, aumenta la carga de trabajo doméstico y limita la participación de la mujer en las actividades de desarrollo personal y comunitario.

   Tarhiáta (Viento).– Mencionemos también los aspectos de la contaminación ambiental y sus efectos para la salud, causados por el uso indiscriminado del plomo, pinturas y thíneres, y otras sustancias tóxicas en las artesanías tradicionales de barro, madera y otros materiales.

 Echéri (Tierra).–  De la misma manera, la agricultura aplica y mal utiliza mezclas tóxicas de pesticidas y fumigantes, por lo que el nexo de la pobreza, la salud y el medio ambiente en este caso resulta igualmente dramático. Los jornaleros pobres y sus familias se preocupan primero de comer; y nunca o sólo más tarde por las condiciones en que se trabaja. Pero en general, se sabe que las mujeres jornaleras de las pizcas o cosechas pueden sufrir con mucha más frecuencia de dolores de cabeza, náuseas, problemas de visión y fatiga; y las mujeres embarazadas resultan más propensas a los abortos espontáneos o a que sus hijos presenten malformaciones congénitas o leucemias.

     ¿Qué sustancias químicas se emplean para el empaque y la exportación de los productos agrícolas de nuestro estado? ¿Se utilizan guantes y equipos adecuados de protección? ¿Dónde se origina, y por qué parece ser tan extenso el problema del cáncer que padecen los niños michoacanos?

Chpíri (Fuego).– La vulnerabilidad que padecen estas mismas familias del campo, tanto a los fenómenos económicos como a los desastres naturales, se deriva también de la descapitalización acumulada de muchos años, de la tala inmoderada y constante de los bosques y de la degradación ambiental en general. Tengamos en cuenta que muchos de los pobres rurales están en esta condición, para empezar, como resultado de despojos y expulsiones de las mejores tierras, convertidas en zonas de monocultivos dominantes; y quienes subsisten actualmente en zonas marginadas, terrenos erosionados de semidesierto o ladera, y por lo tanto poco aptas para la actividad agrícola. Y es así que los desastres se ensañan de manera particular con los segmentos más pobres de nuestra población.

Agreguemos que en el lago de Pátzcuaro, la Meseta, la Costa y las otras regiones indígenas de nuestro estado, la naturaleza de la pobreza ha cambiado drásticamente durante los últimos años para involucrar, ahora, una extrema inseguridad alimentaria; además de coexistir con la señalada degradación ambiental, en expansión constante. Las fronteras materiales de riesgo y sobrevivencia diaria de nuestra gente, están hoy por hoy en función de los recursos de unas muy frágiles economías locales y familiares.

 Estas condiciones se padecen cotidianamente a pesar de las sacrificadas remesas monetarias de nuestros jornaleros agrícolas y de los migrantes indocumentados que arriesgan sus vidas y patrimonio para pasar a trabajar “del otro lado”. Los recursos generados por nuestros migrantes indígenas y campesinos sostienen precariamente a sus familias, mientras que cubren con orgullo y devoción los cargos comunales, y apoyan de manera fundamental a las economías regionales y del estado.

        Objetivamente, ¿cuál es la situación económica y social de los municipios y comunidades rurales e indígenas de Michoacán? ¿En que condición de desarrollo se encuentra nuestra entidad federativa con respecto del resto del país?

 Coincidente por pocos días con el tañido de las campanas memorables de Nurio, el inicio del Año Nuevo P’urhépecha –con su significativo encendido del Fuego Nuevo–, es un momento oportuno para que la sociedad michoacana busque respuestas consistentes a estas preocupaciones. Es también buen tiempo para reflexionar –colectiva y serenamente, al seno de nuestras comunidades–, sobre las limitaciones materiales y organizacionales actuales; y las estructuras de gobernabilidad social y económica que debemos construir, necesariamente, y con iniciativa y concepciones propias (juchari erátsekua jingóni), para conseguir las condiciones anheladas de un bienestar comunal por ahora insatisfecho.

III.   Los Círculos del Desarrollo Humano en México

      México es un país con grandes desigualdades sociales y económicas, en tanto que Michoacán, de acuerdo con el Informe Sobre Desarrollo Humano, México 2002, es una entidad principal entre aquellas con mayor pobreza y marginación; condición que es evidente y se palpa en los miles de poblados rurales y comunidades indígenas, y en una infinidad de colonias de las zonas urbanas.

     El documento al que hacemos referencia, sitúa a nuestro estado en el lugar número 28 con respecto a los 32 estados de la república mexicana. Esta clasificación se hace en la base del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que para nuestro estado resultó ser de 0.75; y por lo tanto está por debajo de la media nacional que fue identificada en 0.80.

 ¿Qué significan estos números, y que importancia tiene el conocer la baja posición de nuestro “índice” socioeconómico regional? Este “índice”, cuyo cálculo para todos los países es promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), registra los niveles de desarrollo humano en un país y sus regiones a partir de indicadores clave sobre salud, educación e ingreso. Técnicamente, el índice IDH se compone de tres elementos: un índice de esperanza de vida; otro de educación; y uno de la producción agregada del estado o país (Producto Interno Bruto per cápita, PIB).

    Círculos Opuestos, Méxicos Distintos.– Ante todo, los tres índices componentes (salud, educación, ingreso) están interrelacionados; y se argumenta que existe por lo tanto un fortalecimiento recíproco entre el crecimiento económico y el desarrollo humano. El Informe 2002, presenta una manera sencilla de identificar la relación que se presenta entre crecimiento material y desarrollo social, y sus consecuencias: si una entidad en particular cuenta con indicadores de longevidad (esperanza de vida) y educación mayores al promedio, junto con el indicador correspondiente de PIB per cápita con un valor también superior al promedio, se puede afirmar que esa región se encuentra en un Círculo Virtuoso. Si por el contrario la longevidad y la educación están por debajo del valor medio y lo mismo ocurre con el PIB per cápita, se establece que esta región se encuentra en un Círculo Vicioso.

 Bajo esta clasificación, Michoacán, y otras doce entidades federativas, se encuentran en una condición de “circulo vicioso”. Para estos trece estados –que incluyen Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas, Guerrero, Chiapas, etc.– los tres índices principales se encuentran por debajo de la media nacional; argumentándose que en estos niveles tan bajos, estos tres indicadores se “debilitan” conjunta y mutuamente. Por el contrario, otros doce estados de la república se encuentran en un “circulo virtuoso” –incluyendo principalmente entidades del norte del país, además de Aguascalientes, Colima, Querétaro, el Distrito Federal, etc.,– regiones estas de nuestro país en donde, de manera agregada, la educación, la salud y la economía en general presentan tendencias de mejoramiento recíproco.

Los métodos de análisis utilizados en el Informe Sobre Desarrollo Humano, permiten determinar si un estado o región se encuentra “en la Primera o la Segunda División del Desarrollo”. Sirven también estos instrumentos para el seguimiento y la evaluación del impacto de las políticas económicas y sociales; y como comparativo, a través de los índices de años venideros. Es de este modo que podremos apreciar los avances o estancamientos conseguidos –mensurables, comprobables y verificables– con respecto de la situación ya expuesta.

IV.   Transformaciones Sociales y Bienestar Comunal

Conociéndose empíricamente que las diferencias regionales (entre estados y municipios) son persistentes y difíciles de borrar, ¿cuándo y cómo pondremos un verdadero y sólido dique en Michoacán a esta pobreza y marginación? ¿De qué manera, y en cuanto tiempo vamos a encarrilarnos en la ruta de la capitalización social y económica?

En el caso de Michoacán, las reformas indígenas inconclusas, y las discusiones sobre las deficiencias e inconsistencias de la propuesta de reforma constitucional en la misma materia, nos dieron la oportunidad de referirnos, una vez más, a los pendientes del desarrollo de nuestras tierras. Lamentablemente, las preocupaciones aquí expuestas mantendrán su relevancia en tanto que en México y en nuestro estado la “cuestión india” se siga abordando de manera parcial y fragmentada, y, en gran medida, únicamente como un problema cultural. Esto sucede mientras que las preguntas clave permanecen pendientes de respuesta. Asuntos fundamentales sin solución satisfactoria incluyen, entre otros, el reconocimiento a la libre determinación y autonomía de los pueblos y comunidades; la garantía de la tenencia, uso y usufructo comunal de los recursos naturales; y la integración de nuestras poblaciones a las vertientes principales de la vida económica y social del país, en condiciones de respeto e igualdad.

Autonomía y Dignidad Comunal.– Como las catedrales que perduran a través de los siglos, las reformas indígenas de Michoacán deberán ser impulsadas, desde los cimientos de la base comunal, por sus propios constructores y feligreses. Y ser instrumentos para el ejercicio de autonomías regionales y comunales plurales y diversas. Estas autonomías –de hecho– son condiciones necesarias para la creación de estructuras institucionales auténticamente representativas y perennes en nuestros territorios, las cuales permitan el ejercicio de pluralismos político-administrativos para una verdadera gobernabilidad económica, social, medioambiental, y no sólo de representación interna y procuración menor de justicia.

La autonomía indígena es una condición esencial e imprescindible para poder materializar un pacto social Estado-Pueblos Indios, pero en condiciones de respeto y dignidad. Mientras este pendiente no se resuelva, campesinos y comuneros seguirán siendo encarcelados por portar una escopeta de chispa en el monte o por tumbar un árbol viejo para surtir una receta de medicinas.

Estamos conscientes que las obras de infraestructura productiva –nunca realizadas en el pasado–, ni las estructuras sociales integrales de salud y educación que merecen desde siempre los habitantes indígenas, rurales y de zonas urbanas marginadas se van a realizar sin trabajo y sin lucha. Nunca serán concesión de los gobiernos.

Hombre-Tiempo-Territorio.– El futuro está en  nuestras manos. Pero si no actuamos de inmediato, los hombres, mujeres y niños indígenas de Michoacán, en conjunto con sus conocimientos tradicionales desarrollados a través de cientos de años; la cultura múltiple y las lenguas indígenas que aun se dominan; la calidad de los lagos, manantiales y bosques y la biodiversidad que todavía existe a pesar del deterioro, no han de sobrevivir ni siquiera un par de generaciones más.  

Al mismo tiempo que los indicadores socioeconómicos mencionados nos manifiestan una realidad de tragedia y falta de sensibilidad y gobernabilidad social, nos preocupa de forma inmediata la vida presente de los miles de mujeres solas, por la inmensa migración; muchas de ellas madres adolescentes que han adquirido de la noche a la mañana el rol de ser las nuevas jefas de familia. No podemos ni debemos hacerlas a un lado. Sobre ellas recae ya la responsabilidad de ser proveedoras de salud, alimentación y educación de los niños y niñas michoacanas. En el bienestar y en la capacidad de las mujeres de hacer y aprender se juega el futuro de nuestras familias y de nuestro hábitat social y natural más inmediato. 

México y, en particular, Michoacán, tienen grandes carencias. No hay que esperar el amanecer. Hay que ir a su encuentro.

Uétarishïndi ueénani jauátani juchári k’umánchikua. No mintsíkani jamerhi erándekua niaráka.

Barrio de San Pedro Urhépati, Santa Fe de la Laguna, Michoacán, México, en el décimo día del Jimbáni Uéxurini 2005 (11 de febrero de 2005).


(*) De origen P’urhépecha, la autora es médica, especialista en salud pública, y comunera de Santa Fe de la Laguna. Recibió el Premio Nacional de Periodismo Jose Pagés Llergo 2004

 

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