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PROPÓSITO DE NUEVO AÑO INDÍGENA P’URHÉPECHA
Recobrar la autonomía Indígena en Michoacán
“Al
pueblo p´urhépecha le queda un reto: ser él mismo, vivir
unido, afianzar su dignidad y recobrar –cueste lo que
cueste- su autonomía. Eso es a lo que nos obliga celebrar
este año nuevo”: Francisco Martínez Gracián.
Por: Pedro Victoriano Cruz.
Patamban, Mich., 1 de Febrero ‘05.
Una
vez más el pueblo purépecha celebro el ritual sagrado
Jimbani Uéxurhini (Año Nuevo Purépecha)”. Al amanecer se
vivió la ceremonia a los cuatro elementos de la naturaleza a
la usanza de los antiguos pobladores de Michoacán. Casi a
media noche se encendió el Chijpiri Jimbani (Fuego Nuevo).
En una palabra esta ceremonia de los purépechas que se
reinicio hace 24 años está deviniendo que debe trascender la
construcción de una comunidad de comunidades.
Fue en
el año de 1983 cuando reinicio la reunión purépecha para
celebrar la llegada de un nuevo año, es única en el país y
forma parte ya de los festejos que se hacen en Américalatina
los pueblos quechuas, aymaras, kollas, rapanui y mapuches.
Más que una fiesta esta reunión tiene un sentido de
recuperación de los vivires indígenas en el pasado:
gobierno, educación, salud, creencia, política,
comunicación, formas de organización y otros aspectos que
tenían los pueblos purépechas antes de la conquista.
Los
purépechas con todo y problemas que enfrentan hoy por la
modernidad en que son absorbidos en algunos aspectos, al
celebrar su nuevo año buscan dar fundamento no solo al
ritual sino a todo un proceso de recuperación de la
identidad; también buscan la unificación de la etnia, y la
revitalización de su pasado perdido en el sometimiento por
parte de los españoles, y hoy por los sistema de gobierno.
Discurso religioso…
“No
nos hemos reunido en esta comunidad nomás para celebrar una
simple fiesta. Hoy nos juntamos aquí para manifestar a
propios y extraños que estamos ofendidos. Que el pueblo
p´urhépecha no aguanta más. Y cuando digo que estamos
ofendidos, y cuando digo que no aguantamos más, no me
refiero nomás a esos 500 años en que simple y llanamente los
pueblos que invadieron nuestras tierras nos quitaron de un
tajo la autonomía. Eso ya no se los permitiremos jamás”,
afirmo el sacerdote Francisco Martínez Gracián en la homilía
de la Misa concelebrada por varios sacerdotes como parte de
las actividades de la celebración del Año Nuevo que se
realizó ayer en esta comunidad.
Ante
cientos de purépechas de las cuatro regiones, la Cañada,
Cienaga, Lacustre y la Meseta el sacerdote quien se acompaño
de varios sacerdotes de la Vicaria de la Sierra
pertenecientes a la Diócesis de Zamora, dejó claro su
mensaje “y no es que sea malo que convivamos, que
platiquemos, que nos divirtamos, que compartamos el
alimento. Eso lo hemos hecho siempre y mejor que otros
pueblos. Lo que pasa es que hoy nos hemos juntado aquí
porque se lo debemos a nuestra dignidad de hijos libres de
Dios y se lo debemos a la dignidad de nuestros hijos. Tras
500 años de opresión todos sabemos que las cosas no están
para vivir este día haciendo mucho ruido y luego regresar a
nuestras casas y vivir más de lo mismo.
Reconoció que también el mismo pueblo esta dañado
los territorios. “Porque, aunque digamos lo contrario, hemos
terminado cayendo en la trampa occidental y ahora hasta
pareciera que las rejas en que nos tiene acorralados nos
gustan. O díganme si podemos celebrar el estar perdiendo
cada vez más nuestro sentido comunitario cambiándolo por
maneras de pensar y proceder de carácter individualista.
Díganme si es para celebrar que en vez de conservar nuestra
igualdad y unidad comunitarias nos sigamos dejando mangonear
por los intereses de los partidos políticos de carácter
turhixi. Díganme, por favor, si es para celebrar que muchas
comunidades nos sigamos viendo y tratando como enemigos.
Díganme si vamos a celebrar que sigamos así nomás tirando
una y otra vez los pocos pinos que nos quedan. Díganme, de
veras, si la forma en que estamos llenando de basura a
nuestra madre tierra es quererla. Díganme si dejar que nos
compren las cerveceras va con nuestra dignidad”.
Martínez Gracián uno de los impulsores del inicio
de dialogo y firma de paz del añejo conflicto agrario entre
Cocucho y Urapicho terminó la homilía de la Misa celebrada
en lengua purépecha con el mensaje de que los pueblos deben
estar unidos para poder seguir celebrando la fiesta del año
nuevo y recomenzar una lucha sin concesiones y por saber
resolver nuestras diferencias. “Vaya aquí un reconocimiento
a las comunidad hermanas de Cocucho y Urapicho por haberse
abrazado en el llano y decidirse a vivir en paz. Y un
reconocimiento a todos los compañeros que para rescatar
nuestra raíces iniciaron esta celebración y a los
Petámuticha que han tenido la responsabilidad de celebra el
Año Nuevo P´urhépecha. Y un reconocimiento a Uds. aquí
presentes y a la comunidad de Patamban. Sólo les recuerdo
que a nuestro querido pueblo p´urhépecha le queda un reto:
ser él mismo, vivir unido, afianzar su dignidad y recobrar
–cueste lo que cueste- su autonomía. Eso es a lo que nos
obliga celebrar este año nuevo. Eso es lo que espera de
nosotros nuestro Padre Dios”.
Retos de nuevos tiempos…
Propio
de todas las culturas de América, la cuenta del tiempo en
que navega la historia de la vida de cada uno de los
pueblos, presenta particularidades diversas. El giro
aparente del sol sobre la tierra, domina. Es así que la
mayoría toma el año como punto referente. De alguna manera
el calendario que rige a esos pueblos posee un tinte
masculino que entinta por cierto al modo de regir su vida.
En esos pueblos el hombre predomina. Frente a esos
pueblos-luz, pudieran acotarse otros, que son los menos,
amigos de la luz también, pero de la luz nocturna. Son
aquellos cuya cuenta del tiempo la rige la luna. En ellos es
la feminidad la que domina. Su estructura es matriarcal.
Claro, no se trata de apartados tan obvios ni opuestos como
abajo y arriba, como blanco y negro, ni como lo bueno y lo
malo. Los ámbitos culturales no campean así. Son
recurrencias y ya.
Con todo, existen culturas que han tomado lo
mejor de ambas formas de contar. En ellas la cuenta solar no
corre a expensas de la lunar, ni viceversa. Tampoco lo
masculino medra la feminidad. Son culturas cuya cuenta acusa
comunidad, donde no han lugar ni patriarcados ni
matriarcados. Entre ellas la cultura purépecha cuenta, cuyo
calendario más tiene que ver con la Madre Tierra, porque es
agrícola. Suma su año solar 18 meses cuyo nombre por el
momento de nombra se da al nombre de la comunidad que ha
visitado, los días que son e 20 días cuyo nombres son
significado por animales y objetos. Para completar el año
hay el auxilio de cinco días destinados a la oración en
espera del nuevo año o Jimbanhi Uéxurhini cuya celebración
se hace un día sin nombre que equivale al 1º de febrero del
año occidental.
Contar
un período más conlleva muchos significados. Por el lado del
sol la cuenta de los días arroja pervivencia. A pesar de mil
y un embates externos y de otros tantos de carácter interno,
el pueblo purépecha, a diferencia de otros cuyo etnocidio ha
sucedido, continúa enhiesto. Crece. Hace ruido. Pero por el
lado de la luna -como una manera de decir- la cuenta arroja
números negativos. No se puede celebrar el hondo proceso de
transculturación a favor de patrones capitalista de carácter
globalizante.
Una de
las preocupaciones de la comunidad es el dominio del
individualismo sobre lo comunal, el debacle de la posesión
comunal, también el predominio de la lengua española sobre
la lengua madre, la partidización de las asambleas
comunitarias, la desaparición de la mancha boscosa, la
contaminación visual y ambiental, el casi deceso de la
economía de prestigio y del papel cabildero del los tata
mayores, el abandono del campo ante una migración imparable,
la persistencia de una educación oficial totalmente ajena a
los valores de la pindekua, ese es el reto de la
construcción de la Comunidad de Comunidades.
Orígenes
del festejo al Año Indígena P'urhépecha...
Cronología del Fuego Nuevo
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Michoacán...
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