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-La
próxima sede será San Jerónimo Purenchecuaro... |
Refrendan purépechas sus valores con el festejo del Fuego
Nuevo
Chilchota, Mich.-
Pasada la media noche de ayer, el viejo fuego se extinguió
para dar paso al nuevo, en la vigésima quinta celebración
contemporánea de este ceremonial distintivo de la cosmogonía
purépecha antigua, que hoy se constituye en puente de
acercamiento entre las comunidades del pueblo purépecha.
Ante la euforia de más de tres mil indígenas e invitados, el
sonar de los caracoles y la satisfacción plena de la
comunidad de Santo Tomás por haber cumplido.
El
Consejo de Terunchitiecha (excargueros de la festividad),
fiel a su acuerdo de hacer rotativa la sede en las
subregiones, decidió que la próxima fuera el pueblo ribereño
de San Jerónimo Purenchecuaro, cuya delegación, encabezada
por sus autoridades, convenció al cuerpo colegiado, al que
también presentaron solicitudes, Tarejero, Paracho y
Capacuaro, que tendrán que esperar.
Para
Enrique Huerta Gómez, jefe de tenencia, se trató de un
acontecimiento de un año inolvidable para su pueblo,
especialmente por la cantidad de visitantes de más de
cuarenta delegaciones de igual número de comunidades de El
Lago, La Ciénega, La Cañada, la Meseta, y Guanajuato; que se
hicieron acompañar de danzas, bandas, orquestas, pireris,
grupos de teatro, y sobre todo, de cientos de niños y
jóvenes que han impreso de manera especial la que fue la 25
edición.
Encendido del fuego nuevo
Justo
al llegar la hora que los Terunchitiecha conocen a la
perfección, sonaron los instrumentos rudimentarios de viento
para indicar que la constelación de Orión estaba en el punto
más alto del firmamento; las voces callaron y los ancianos
comenzaron la invocación a las antiguas deidades,
dirigiéndose para ello con solemnidad y respeto hacia los
cuatro puntos cardinales.
Terminados los oráculos, ardió el Fuego Nuevo; con él se dio
inicio al último año del primer medio siglo del rescate de
este ritual que une y hace renacer cada año, a un pueblo que
lucha día con día para seguir en pie y conservar las
tradiciones que le dan identidad.
La
densa capa de nubes que se desplazaba lentamente por el
firmamento impidió que se pudiera apreciar la constelación
de Orión (conocida como El Arado) que al llegar al cenit
marca el inicio del Año Nuevo Purhépecha, pero eso no fue
obstáculo para que los indígenas realizaran el ritual de la
unidad, el ritual que los vuelve a sus antiguos dioses, al
principio de todo cuanto existe, al fuego que todo lo
purifica.
Para el pueblo purhépecha la celebración del año
nuevo no es una celebración más, dijeron los cargueros,
“ésta no es una fiesta más ni es una fiesta para impresionar
a los turistas, sino que es un ritual que une a los
purépechas en torno al fuego; es un punto de reunión
profunda que se nos ha transmitido por los cargueros de los
rituales anteriores y que se transmitirá de generación en
generación entre quienes realmente luchamos para conservar
la identidad como pueblo indígena que somos”.
El
ritual del Fuego Nuevo o Jimbani Uéxurhini inició poco
después de la media noche, cuando la constelación de Orión
estaba en lo más alto de la bóveda celeste. A pesar de las
condiciones climatológicas, el frío no era el que muchos
esperaban; el consejo de Terunchitiecha había concluido la
deliberación y salían para encabezar el ritual; por doquier
se repartían rajitas de ocote entre indígenas y mestizos;
allá en el sitio de honor permanecían la piedra piramidal,
el pescado, la bandera purépecha, el coyote, el pez y los
demás símbolos del Año Nuevo que van a cada una de las
comunidades donde se realiza el ritual.
Los
Terunchitiecha dicen que de acuerdo a la concepción indígena
el Jimbani Uéxurhini (nuevo año) ingresa entre las últimas
horas del día 1º y las primeras horas del 2 de febrero; por
eso, cerca de la media noche, concluidas las invocaciones se
procedió a encender el fuego nuevo, y aunque no se utilizó
la piedra de lumbre o pedernal, al ritual se realizó con
absoluto respeto; la leña que había sido previamente
preparada allí en la explanada, entre la pérgola y la
iglesia del pueblo, comenzó a arder por cuatro puntos
distintos, hasta que la llama lo envolvió todo.
Uno a
uno los cargueros se acercaron para tomar el fuego y
distribuirlo entre los demás, como una señal clara de que
los indígenas purépecha, aunque dispersos en el territorio y
en ocasiones enfrentados por las tierras, son un solo pueblo
emanado de una misma raíz y tienen un profundo sentido de
identidad.
En
pocos minutos, los cientos de indígenas y demás personas
presentes en el lugar eran partícipes del fuego nuevo y el
ritual se había cumplido una vez más; el olor del copal se
tornó de pronto en olor a humo de ocote, a hoguera de
encino, y todos bailaron en torno a la gran fogata que horas
más tarde habría de extinguirse.
Un
nuevo purépecha
Para
los purépechas, el cambio de año simboliza la muerte y nueva
vida del tiempo, porque para ellos éste no es lineal, por lo
que se cierra el ciclo del año que termina y enciende el
fuego del año entrante.
Esta
es la ceremonia conocida como Fuego Nuevo o Año Nuevo
Purhépecha, y se prolonga hasta las dos de la mañana del día
2 de febrero, cuando todos se retiran con el sentimiento de
haber nacido de nuevo o al menos, haber renovado el espíritu
para seguir trabajando a lo largo de año que recién
comienza.
Las
investigaciones realizadas han permitido recuperar los
elementos y datos históricos para reconstruir el calendario
prehispánico que se componía de ciclos de 52 años; el año
solar consta de 18 meses, aunque se desconocen sus nombres;
los meses tienen cuatro semanas de cinco días cada una, los
días tienen nombres de animales que aún se conservan.
Para
completar el año, se cuenta con el auxilio de cinco días
destinados a la oración en espera del nuevo año o Jimbanhi
Uéxurhini, cuya conmemoración se hace un día sin nombre que
equivale al 1º de febrero del año occidental. Con
información de Martín Equihua y José Luis Perales)
La
nueva sede
Pasada
ya la media noche, cuando hubo concluido la ceremonia y
luego de que por doquier se había dispersado ya el fuego
nuevo, los cargueros subieron con los símbolos al estrado y
desde allí anunciaron que el ritual del Fuego Nuevo o Año
Nuevo Purépecha, en el año 26 de la nueva era purépecha (año
2008 del calendario occidental), se habrá de realizar en la
comunidad de San Jerónimo Purenchecuaro, allá en la ribera
del Lago de Pátzcuaro, donde se celebrará además el primer
medio siglo del rescate de esta ancestral tradición.
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