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Por:
Marco Antonio Morales Damián
Hoy, como
pueblo p’urhépecha tenemos lamentablemente una crisis en
nuestra identidad, para el beneplácito de nuestros
detractores. Pese a que muchos afirman que mantenemos
nuestra identidad firme, los hechos nos demuestran que es
así. Muchos de nuestros valores “comunitarios” que nos
identificaron en el pasado se han ido olvidando, degradando
o simplemente perdiendo. Naciendo una gran necesidad de
enmendar nuestro camino.
En
ultimas fechas hemos podido darnos cuentas por diferentes
medios de comunicación de la reanudación de los asesinatos
entre hermanos indígenas ya sea Cocucho, Urapicho o incluso
de Patamban. Pero, ¿que es lo que motiva a fatales acciones?
La respuesta a la pregunta seria de que son muchas las
razones, pero entre algunas de ellos serian: la falta de
reflexión lógica entre lo que es mejor de lo peor, lo que es
propio de lo impropio, lo correcto de lo incorrecto, y
sobretodo la necesidad de obrar en la mejor vía.
Tenemos
nosotros más que cualquier otro la obligación de buscar
soluciones a nuestra diferencias por la vía del dialogo,
respeto, e incluso con la disponibilidad de poder ceder ante
el otro. No se trata de ceder en la disputa sino de buscar
la solución más viable y optima para el futuro de nuestras
comunidades, de nuestro futuro como pueblo, del futuro de
nuestros hijos. Debemos visualizar lo que nos sea mejor,
propio y correcto. Si nosotros no somos capaces de resolver
nuestros problemas, difícilmente alguien de afuera o alguna
instancia de gobierno vendrán y nos los resolverá, los
hechos nos los están demostrando. ¿Qué hechos cualitativos
ha realizado la presente administración estatal y la federal
para intentar resolver estos problemas? Por el contrario
únicamente han tratado de ir sorteando las situaciones.
Es
inadmisible ver como pueblos hermanos intentan resolver sus
problemas matando al contrario en la diputa, en vez de
buscar los canales de dialogo y la cooperación como medio
para dirimir las diferencias. ¿Dónde quedo el valor a la
vida? ¿Es posible acaso que no vean las consecuencias que la
muerte arroja? Familias desintegradas, viudas, huérfanos,
acrecentando más la pobreza de los ya de por si humildes
hogares. Vivir en una inseguridad de poder ser victima del
“otro”.
La vida
es y debe ser sagrada ¿Qué nos faculta para poder decidir
quien vive y quién no? ¿Por que la palabra ha caído en
desuso? ¿Por que importan mas limites geográficos que solo
existen en nuestras mentes mas que la vida de nuestro
prójimos al que si podemos ver, con el que si podemos
interactuar? El amor a la tierra no debe demostrarse
derramando sangre sobre ella, ya que únicamente estamos
sembrando el odio y, eso no debe ser lo que deseemos para
nuestro pueblo.
Los
conflictos por linderos de tierra son por decir de alguna
manera histórica, y la solución a ellos difícilmente lo será
la vía jurídica. Por el contrario requieren en muchas
ocasiones ser resueltos por la vía política y/o social.
Busquémosle una utilidad alterna a esas tierras en disputa
si es que no es posible ponernos de acuerdo, ya sea para
mejorar el ambiente, áreas de donación para crear
instituciones y/o cualquier otra que nos sea de mejor ayuda.
Somos
nosotros los rectores de nuestro futuro y por lo tanto es a
nosotros que nos compete a tratar de escribirlo de la mejor
manera.
Ocumicho, Mpio., Charapan, Mich., 23
de Septiembre de 2005.
Marco Antonio Morales Damián
Comentarios: korkobi@msn.com
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