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          DIARIO DIGITAL 11 de noviembre de 2005

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Mensaje en una botella


Por Francisco Martínez


     Se ha dicho que el agua es fuente de vida. Y es cierto: sin agua, no hay vida. Ahora debemos añadir: el agua es fuente de autonomía. Y eso, que lo saben muy bien empresas trasnacionales como la Coca y la Pepsi, lo están pasando por alto pueblos y gobiernos. Es más, no lo toman en cuenta ni siquiera aquellos grupos humanos supuestamente hermanados con la madre naturaleza como presumimos que somos las comunidades indígenas. De hecho, les confío algo: he gastado una vida ocupándome de que cada uno de los asentamientos humanos de la Meseta cuente con una fuente de abastecimiento de agua potable, extrayéndola de sus acuíferos a través de pozos profundos. Sin embargo, no es sólo la sed la que he buscado saciar. Siempre que les he visto obligados a comprar el agua en tambos, lo que termino percibiendo es a un pueblo sujeto. Sujeto a su necesidad y objeto de los abusos del mercado. En otras palabras, un pueblo con una esclavitud sustantiva.

     Claro, carencias de las que penden vida y desarrollo, nadie las busca. Se nace con ellas y se gastan vidas para liberarse de ellas. Pero, ¿qué ha sucedido cuando luego de haber encontrado agua en alguna comunidad de la Sierra, me he visto obligado a atestiguar no sólo como la desperdicia y desaprovecha, sino, lo que es más, cómo la deprecia? Me explico. Acude tú a cualquier tendajón, por humilde que sea, de ésos que pululan en cada cuadra y esquinas, y en sus estantillos advertirás botellas de plástico de ¼, ½, 1 y hasta 18 litros de agua Santorini embotellada en Guadalajara donde la tomaron de pozo desconocido o, entre alguna que otra marca, de agua Ciel “hecha en México” bajo licencia de The Coca Cola Company. Hasta aquí las cosas, sobrará quien me pueda presentar un extrañamiento, porque tal como rezan sus etiquetas, se trata de “purified drinking water”, o sea, de aguas “seguras”. Por eso no sólo la gente de la Meseta, sino cada habitante del planeta, desde Ushuaia en la Tierra del Fuego hasta Barrow en Alaska, las procura. Simplemente, la vida moderna, no se concibe sin ellas.

    En momento dado, como apunta Jean Robert, “un miedo nuevo se apoderó de los ricos: el agua entubada es peligrosa” (ROBERT, Jean, “Las aguas arquetípicas y la globalización del desvalor” en Patricia Ávila, Editora, Agua, Cultura y Sociedad en México, Zamora, Mich., Colmich, IMTA, SEMARNAT, 2002). Mas no sólo de ellos. En nuestros días, sociedades y gobiernos nos hemos vuelto botellómanos. Habidas estas circunstancias, un acuífero tan abundante como el de la Meseta P´urhépecha, pierde importancia. Si con mil sudores hacemos los estudios para localizar un manto freático, si con mil trabajamos conseguimos el permiso y los centavos para construir un pozo profundo y otros mil para alcanzarlo, si con mil dificultades establecemos los sistemas de bombeo, conducción y distribución para que llegue al ciudadano; al final, éste, que nunca había tenido agua al pie y en su casa, la termina subutilizando. Como diciendo: “esta agua es apropiada para regar mi acera, lavar mi carro, regar mis plantas; pero no para que mi familia beba”. De este modo, en vez de tomar sus recursos hídricos como baluarte y sustento, termina acudiendo a empresas que se han apoderado del mercado y prácticamente tienen en sus manos, privatizado, un recurso vital sin el cual no hay pueblo o gobierno que puedan presumirse autónomos.

     ¿Has pensado alguna vez que alguien pueda apropiarse del aire que respiras? ¿Que debas pagar por él? De la misma manera resulta impensable que un recurso natural como el agua que la naturaleza nos regala, no solo nos la puedan vender, sino que además no la bebamos tranquilos si no pagamos por ella. En todo caso el agua potable es un derecho constitucional, así haya que cubrir una tarifa, no por el líquido, sino por el servicio. Pero, botellómanos irredentos que todos nos hemos vuelto, ahora miramos ese recurso vital a través del cristal de los consumidores: sólo consumimos el agua natural, debidamente etiquetada y embotellada. Como dice Jean Robert (Opus cit.) tomamos este recurso vital sometido “a la ley de otro”. Al final, al exigir una botella de agua para saciar la sed, pasamos por alto su ominoso mensaje. Referido a Meseta P´urhépecha, no es otro que éste: si quieres asegurar tu autonomía has de cumplir una tarea: conoce, aprópiate y administra tu cuenca hidrológica.
 

  Francisco Martínez  

palenquepurhe@yahoo.com


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