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Mensaje en una botella
Por Francisco Martínez
Se ha dicho que el agua es fuente
de vida. Y es cierto: sin agua, no hay vida. Ahora debemos
añadir: el agua es fuente de autonomía. Y eso, que lo saben
muy bien empresas trasnacionales como la Coca y la Pepsi, lo
están pasando por alto pueblos y gobiernos. Es más, no lo
toman en cuenta ni siquiera aquellos grupos humanos
supuestamente hermanados con la madre naturaleza como
presumimos que somos las comunidades indígenas. De hecho,
les confío algo: he gastado una vida ocupándome de que cada
uno de los asentamientos humanos de la Meseta cuente con una
fuente de abastecimiento de agua potable, extrayéndola de
sus acuíferos a través de pozos profundos. Sin embargo, no
es sólo la sed la que he buscado saciar. Siempre que les he
visto obligados a comprar el agua en tambos, lo que termino
percibiendo es a un pueblo sujeto. Sujeto a su necesidad y
objeto de los abusos del mercado. En otras palabras, un
pueblo con una esclavitud sustantiva.
Claro,
carencias de las que penden vida y desarrollo, nadie las
busca. Se nace con ellas y se gastan vidas para liberarse de
ellas. Pero, ¿qué ha sucedido cuando luego de haber
encontrado agua en alguna comunidad de la Sierra, me he
visto obligado a atestiguar no sólo como la desperdicia y
desaprovecha, sino, lo que es más, cómo la deprecia? Me
explico. Acude tú a cualquier tendajón, por humilde que sea,
de ésos que pululan en cada cuadra y esquinas, y en sus
estantillos advertirás botellas de plástico de ¼, ½, 1 y
hasta 18 litros de agua Santorini embotellada en Guadalajara
donde la tomaron de pozo desconocido o, entre alguna que
otra marca, de agua Ciel “hecha en México” bajo licencia de
The Coca Cola Company. Hasta aquí las cosas, sobrará quien
me pueda presentar un extrañamiento, porque tal como rezan
sus etiquetas, se trata de “purified drinking water”, o sea,
de aguas “seguras”. Por eso no sólo la gente de la Meseta,
sino cada habitante del planeta, desde Ushuaia en la Tierra
del Fuego hasta Barrow en Alaska, las procura. Simplemente,
la vida moderna, no se concibe sin ellas.
En momento
dado, como apunta Jean Robert, “un miedo nuevo se apoderó de
los ricos: el agua entubada es peligrosa” (ROBERT, Jean,
“Las aguas arquetípicas y la globalización del desvalor” en
Patricia Ávila, Editora, Agua, Cultura y Sociedad en México,
Zamora, Mich., Colmich, IMTA, SEMARNAT, 2002). Mas no sólo
de ellos. En nuestros días, sociedades y gobiernos nos hemos
vuelto botellómanos. Habidas estas circunstancias, un
acuífero tan abundante como el de la Meseta P´urhépecha,
pierde importancia. Si con mil sudores hacemos los estudios
para localizar un manto freático, si con mil trabajamos
conseguimos el permiso y los centavos para construir un pozo
profundo y otros mil para alcanzarlo, si con mil
dificultades establecemos los sistemas de bombeo, conducción
y distribución para que llegue al ciudadano; al final, éste,
que nunca había tenido agua al pie y en su casa, la termina
subutilizando. Como diciendo: “esta agua es apropiada para
regar mi acera, lavar mi carro, regar mis plantas; pero no
para que mi familia beba”. De este modo, en vez de tomar sus
recursos hídricos como baluarte y sustento, termina
acudiendo a empresas que se han apoderado del mercado y
prácticamente tienen en sus manos, privatizado, un recurso
vital sin el cual no hay pueblo o gobierno que puedan
presumirse autónomos.
¿Has
pensado alguna vez que alguien pueda apropiarse del aire que
respiras? ¿Que debas pagar por él? De la misma manera
resulta impensable que un recurso natural como el agua que
la naturaleza nos regala, no solo nos la puedan vender, sino
que además no la bebamos tranquilos si no pagamos por ella.
En todo caso el agua potable es un derecho constitucional,
así haya que cubrir una tarifa, no por el líquido, sino por
el servicio. Pero, botellómanos irredentos que todos nos
hemos vuelto, ahora miramos ese recurso vital a través del
cristal de los consumidores: sólo consumimos el agua
natural, debidamente etiquetada y embotellada. Como dice
Jean Robert (Opus cit.) tomamos este recurso vital sometido
“a la ley de otro”. Al final, al exigir una botella de agua
para saciar la sed, pasamos por alto su ominoso mensaje.
Referido a Meseta P´urhépecha, no es otro que éste: si
quieres asegurar tu autonomía has de cumplir una tarea:
conoce, aprópiate y administra tu cuenca hidrológica.
Francisco
Martínez
palenquepurhe@yahoo.com
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