S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 28 de noviembre de 2005

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Al encuentro de la sabiduría perdida

 

Por Francisco Martínez Gracián

 

         P´urhépecha eruditos suman docenas. Sabios, unos cuantos. Por desgracia. Por eruditos no me refiero, como bien quisiera, a aquéllos de conocimiento amplio y profundo debido al estudio de alguna materia, porque a pesar de que haya quienes puedan presumir licenciaturas, maestrías y doctorados, sobran los dedos de una mano para contar a quienes hayan cuajado una propuesta que de veras haya resuelto algún problema de la Cañada, de la Región del Lago, de la Ciénaga o de la Meseta. Es más, de esos p´urhépecha titulados, la gran mayoría, residentes cómodos de los Zamoras, Pátzcuaros o Morelias, beneficiarios abigarrados de becas académicas y sueldos de Gobierno, lo que vive, sufre, sabe, discute o pelea su pueblo, no lo conocen de mano primera, lo saben la mayoría de las veces, por lo que leen o les cuentan. Ni modo, la fuga de cerebros -matrio compromiso en estampida- también se da entre los p´urhépecha.

 

            Los sabios, los sabios son otra cosa. A más de referirme a quienes han llegado al propio conocimiento, al de la Xiranhua que les fundamenta y al de la comunidad que les sustenta, mediante la observación cotidiana de la “res p´urhépecha” y, a través de sus años de servicio, mediante su experiencia; he de referirme sobre todo a aquéllos tata k´ericha que, pudiendo, no han abandonado su terruño y, entre el polvo de su tierra y el sudor de su gente, han logrado llegar a viejos cargando a cuestas no sólo  su humanidad, sino un notable conocimiento de las cosas, una conducta prudente y juiciosa, un apego sosegado a la divinidad y han fortalecido la pindekua mediante su testimonio de vida y la generación de su tradición oral. Letrados, apuntaba, los hay. Puedo nombrar, entre muchos, a Ireneo Rojas, Agustín Jacinto, Moisés Franco, Bertha Dimas y Alberto Medina. Sabios, me honra nombrar a Tata Juan Cerano, Tata Esteban Márquez y su hijo Pedro de Cheranástico y a Tata Juan Victoriano de San Lorenzo Narheni.

 

            Sólo que nombrar individuos sabios o ilustres no casa con lo p´urhépecha. ¿Podríamos entonces nombrar comunidades letradas? ¿Y de haber comunidades sabias, podríamos nombrarlas? Sin recurrir al pasado, ya en el primer quinquenio de este siglo XXI nombrarles es todo un reto. Miren que los embates culturales sufridos por el pueblo p´urhépecha, como los meteoritos lunares, acusan, ubicuos, su impacto y su frecuencia. De que hay comunidades con hartos titulados, las hay. ¿Gustan un ejemplo?: Aranza y Zacán. Sólo que quien vaya a visitarlas, las advertirá solas. Sus muchos licenciados y maestros, así les construyan un auditorio o les gesten obras, las han abandonado. Esas comunidades, lo letrado lo tienen empeñado fuera. Y, aunque se hallen harto pobladas, empeños similares habría que adosar Charapan, Sicuicho, Paracho, Nahuatzen, Cherán. ¿Y qué de comunidades sabias? ¿Las hay?

 

            El pasado viernes 25 de noviembre, luego de muchos encuentros y de mucho diálogo, quiero dejar constancia de dos comunidades que, tras innumerables desencuentros trágicos y sin eruditos a su lado, cobraron seso, recurrieron cordura, usaron buen juicio y procedieron con prudencia. Es decir, dejando de lado impericia, imprudencia, ineptitud e incultura, hubieron sapiencia, tino y maestría. Tuvieron, en una palabra, sabiduría. Y tras un pleito ancestral por linderos en el que hubo muchos muertos, se citaron en tasakapuichápitiru -lugar de los hechos- para celebrar la Eucaristía y juntos firmar un acuerdo: enterrar sus agravios, darse la mano y de la Sentencia a sus pleitos, acatar el fallo. Otrora señaladas por propios y extraños como mal ejemplo, esta vez Cocucho y Urapicho encontraron y dejaron como testigo de cargo y para años venideros, esa sabiduría de la que adolecen otros: gobiernos, iglesias y pueblos que no les ayudaron y sí les condenaron.

 

            Diosi meiamuje, Tata Epitasiu Maximu ka Tata Jose Luisi Barajasi, jurámutichaKokuchu ka Urapichu anapuecha!

 

Francisco Martínez  

palenquepurhe@yahoo.com


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