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Por
Pedro Victoriano Cruz
En
los tiempos de ni niñez, la catequización a una creencia
dirigida me hicieron que memorizara y expresara a después de
toda ayuda u obsequio la palabra “Diosmeiamuje” que en
lengua castellana quiere decir “Gracias a Dios"
o también "Dios se lo pague”.
Siempre insistí que debía decirse “meiamu je”, que
traducido al español se acerca a la
palabra gracias. Meiamu je no se
expresa en cualquier acto, menos ante ayudas
individuales, sino luego de un trabajo comunitario, al
término de una asamblea o ante una oración colectiva frente
a la madre naturaleza.
Hubo
una vez un niño que nació en un establo, hijo de padres
aldeanos, dicen las narraciones que fue en la ciudad de
Belén, la misma ciudad donde aquel niño, ya grande volvió, a
decir que era hijo de dios y nadie le creyó, porque sabían
que era el hijo de un otrora simple carpintero. Ya fuera de
su ciudad natal, de la cual fue echado, el joven insistía en
ser el hijo de dios y lo apresaron, lo torturaron y lo
asesinaron, pero a cambio por decisión popular liberaron a
un delincuente.
Cuenta
Rodolfo Martínez Barbosa, que hubo también una vez una
pareja que estaba haciendo el amor cerca del mar, vieron
tres grandes templos que flotaban y se acercaban a la
orilla. Fueron y contaron la novedad a todos los del lugar y
todos corrieron hacia la sorpresa. En esos templos flotantes
venían hombres -solo hombres– cansados los recibieron,
alimentaron y se recuperaron. También como necesitaban de
amor, de las mujeres nativas de este continente recibieron
amor y consuelo (ese alimento cotidiano, más necesario que
el pan).
Fueron
estos seres masculinos de los templos flotantes los que
contaron la historia de aquel niño nacido en un establo,
hijo de padres humildes, que murió torturado y colgado en
una cruz.
Cuando
el alimento y el amor que habían recibido y les recuperaron
las fuerzas esos masculinos se dedicaron a robar los metales
que se comparaban con el brillo del sol y empezaron a
destruir los lugares en donde nuestros abuelos podían
comunicarse con la naturaleza.
Los
europeos al llegar a América encontraron a toda la gente
acertados en sus vivires, sin hambre, sin enfermedades,
desconocían algunas palabras que no integraban sus idiomas,
sin mentiras, sin exageraciones, sin excusas. Nuestros
antepasados desconocían la palabra "gracias". Nada había que
agradecer en nuestra sociedad de asistencia mutua. Tampoco
conocían la palabra "cansancio". Hasta entonces habían
interpretado que si el cuerpo les dolía o los invadía el
sueño era un mensaje de sus ancestros que debían detenerse y
recuperarse.
Los
invasores, luego de haber violado a todas las mujeres que
tenían cerca y luego de haberse apropiado de todo lo que
para ellos tenía valor, nos declararon gente sin alma,
personas sin razón. Y nos ofrecieron su Biblia y nos
impusieron su idioma.
Desde
este, nuestra América, a todos ustedes, con quienes nos
hemos conocido en propuestas, sueños y consecuencias - en
estos días especiales- no por el pino con bolitas de cristal
al que le metemos imitación de una nieve que ni conocemos,
no con ese gordito vestido de rojo que no sabemos de que se
ríe y que toma una bebida cola con base de coca no esperando
que nada nos traigan esos simpáticos renos que solo
conocemos por las fotos o las documentales.
Desde
este, nuestra tierra de las Americas, que habla a través de
su flora, su fauna y su tierra el idioma de nuestros
ancestros; donde hemos tenido que ofrecer nuestra sangre
para ser estudiada y que se supiera que era cierto los que
nos contaron nuestros mayores; donde no tememos ninguna
investigación, estudio o pregunta porque sabemos que
portamos la verdad que nos llega del pasado; donde les
pedimos a los investigadores que sigan escarbando en el ayer
y en el hoy porque la realidad es determinante y que sepan
que nosotros no mentimos. Porque hemos sido objeto de los
francotiradores del engaño y la confusión y de los
oportunistas de turno que no quieren informarse.
Por
eso, simplemente les digo, basándome en este el calendario
mas deficiente de todos los existentes y porque estamos
volviendo y seremos millones. Que la pasen de la mejor
manera, junto a las personas que mejor estimen sin olvidar a
los que deberían estar y no están y sin olvidar que por algo
no están.
Una saludo, con
mucha estimación a nuestro amigo Rodolfo Martínez Barbosa,
quien compartió con Xiranhua estas palabras desde Uruguay.
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