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          DIARIO DIGITAL 25 de diciembre de 2005

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Hoy en la palabra de...

 

“Diosmeiamuje”

 

Por Pedro Victoriano Cruz

 

En los tiempos de ni niñez, la catequización a una creencia dirigida me hicieron que memorizara y expresara a después de toda ayuda u obsequio la palabra “Diosmeiamuje” que en lengua castellana quiere decir “Gracias a Dios" o también "Dios se lo pague”. Siempre insistí que debía decirse “meiamu je”, que traducido al español se acerca a la palabra gracias. Meiamu je no se expresa en cualquier acto, menos ante ayudas individuales, sino luego de un trabajo comunitario, al término de una asamblea o ante una oración colectiva frente a la madre naturaleza.

 

Hubo una vez un niño que nació en un establo, hijo de padres aldeanos, dicen las narraciones que fue en la ciudad de Belén, la misma ciudad donde aquel niño, ya grande volvió, a decir que era hijo de dios y nadie le creyó, porque sabían que era el hijo de un otrora simple carpintero. Ya fuera de su ciudad natal, de la cual fue echado, el joven insistía en ser el hijo de dios y lo apresaron, lo torturaron y lo asesinaron, pero a cambio por decisión popular liberaron a un delincuente.

 

Cuenta Rodolfo Martínez Barbosa, que hubo también una vez una pareja que estaba haciendo el amor cerca del mar, vieron tres grandes templos que flotaban y se acercaban a la orilla. Fueron y contaron la novedad a todos los del lugar y todos corrieron hacia la sorpresa. En esos templos flotantes venían hombres -solo hombres– cansados los recibieron, alimentaron y se recuperaron. También como necesitaban de amor, de las mujeres nativas de este continente recibieron amor y consuelo (ese alimento cotidiano, más necesario que el pan).

 

Fueron estos seres masculinos de los templos flotantes los que contaron la historia de aquel niño nacido en un establo, hijo de padres humildes, que murió torturado y colgado en una cruz.

 

Cuando el alimento y el amor que habían recibido y les recuperaron las fuerzas esos masculinos se dedicaron a robar los metales que se comparaban con el brillo del sol y empezaron a destruir los lugares en donde nuestros abuelos podían comunicarse con la naturaleza.

 

Los europeos al llegar a América encontraron a toda la gente acertados en sus vivires, sin hambre, sin enfermedades, desconocían algunas palabras que no integraban sus idiomas, sin mentiras, sin exageraciones, sin excusas. Nuestros antepasados desconocían la palabra "gracias". Nada había que agradecer en nuestra sociedad de asistencia mutua. Tampoco conocían la palabra "cansancio". Hasta entonces habían interpretado que si el cuerpo les dolía o los invadía el sueño era un mensaje de sus ancestros que debían detenerse y recuperarse.

 

Los invasores, luego de haber violado a todas las mujeres que tenían cerca y luego de haberse apropiado de todo lo que para ellos tenía valor, nos declararon gente sin alma, personas sin razón. Y nos ofrecieron su Biblia y nos impusieron su idioma.

 

Desde este, nuestra América, a todos ustedes, con quienes nos hemos conocido en propuestas, sueños y consecuencias - en estos días especiales- no por el pino con bolitas de cristal al que le metemos imitación de una nieve que ni conocemos, no con ese gordito vestido de rojo que no sabemos de que se ríe y que toma una bebida cola con base de coca no esperando que nada nos traigan esos simpáticos renos que solo conocemos por las fotos o las documentales.

 

Desde este, nuestra tierra de las Americas, que habla a través de su flora, su fauna y su tierra el idioma de nuestros ancestros; donde hemos tenido que ofrecer nuestra sangre para ser estudiada y que se supiera que era cierto los que nos contaron nuestros mayores; donde no tememos ninguna investigación, estudio o pregunta porque sabemos que portamos la verdad que nos llega del pasado; donde les pedimos a los investigadores que sigan escarbando en el ayer y en el hoy porque la realidad es determinante y que sepan que nosotros no mentimos. Porque hemos sido objeto de los francotiradores del engaño y la confusión y de los oportunistas de turno que no quieren informarse.

 

Por eso, simplemente les digo, basándome en este el calendario mas deficiente de todos los existentes y porque estamos volviendo y seremos millones. Que la pasen de la mejor manera, junto a las personas que mejor estimen sin olvidar a los que deberían estar y no están y sin olvidar que por algo no están.

 


Una saludo, con mucha estimación a nuestro amigo Rodolfo Martínez Barbosa, quien compartió con Xiranhua estas palabras desde Uruguay.


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