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          DIARIO DIGITAL 13 de enero de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Frontera USA/MEX: cedazo y barrera

 

Por Francisco Martínez Gracián

        También los perversos titubean: “hay que admitir que hay gente que vendrá a trabajar si un estadounidense no hace el trabajo”, acaba de declarar Bush en Washington (06-01-12) al verse obligado a admitir que construir una barda a lo largo de toda la frontera con México sería “impráctico”. Propugna ahora una emigración legal de carácter temporal. Bien por la propuesta de Fox, pues. Pero, independientemente de las falacias bushianas, el Muro de la Vergüenza en la frontera USA/MEX siempre ha existido de una u otra manera. Sin embargo, “a diferencia de aquél niño que metiera el dedo en el agujero de un dique para salvar a su pueblo, este dique, esa frontera, se resiste. Se resiste a su propia existencia” (The Living Gaze, Jacobo, Correa & Flores, an Introduction by Davies, A., LARC Press, San Diego, 2004). En otras palabras, esa barrera hecha con herrumbradas planchas metálicas que fueran pistas de aterrizaje durante la Segunda Guerra Mundial, se autodestruye. Permanece tan permeable que no sólo filtra a diario miles de personas, sino cultura, comercio, religión, mito, aspiraciones y expectativas de ambos lados.

 

            A pesar de los muchos que se obstinan en creer en su poder de exclusión desde que se instrumentó la llamada Operación Guardián en 1994, esa barrera se ha vuelto una barrera contra la vida misma; a pesar de que desde aquél 11 de septiembre se ha convertido en un atasco infernal de horas y empleos perdidos; le pese a quien le pese, esa barrera se ha convertido en una contradicción artificial, meramente política, trazada al medio de una nación real, span/english, que no es mexicana ni norteamericana. Como señala Carlos Fuentes en su Cristóbal Nonato, se trata de “Mexamérica, independiente de México y de los Estados Unidos”. Y visto desde lo que también vivimos en las zonas de escarpe de la Meseta P´urhépecha con los zamoras y uruápanes, se trata de una tercera cultura. Realidad indómita, no entendible para quien ahí no habite. Porque si en estos lares no se puede deslindar claramente qué es p´urhépecha y qué es uruapense y zamorano; mucho menos allá, qué sea mexicano o qué estadounidense.

 

            Desde antes que la tinta del Tratado de Guadalupe Hidalgo se secara, la economía de la zona fronteriza crecía y evolucionaba. Desde antes del Tratado de Libre Comercio saliniano, ya Profirio Díaz había establecido una zona libre fronteriza de doce millas de ancho. Al final, esa línea artificial, bardeada o por bardearse, ha constituido un paso gigantesco de más de 3,000 kilómetros de ancho por donde la gente emigra, llevando no sólo un propósito firme de trabajo, de negocios o de visita, sino acarreando su forma alimenticia, su música, su idioma, sus costumbres, su historia, su ciencia y tecnologías, sus fundamentalismos y sus fobias. Y como muchos se quedan anidando ese paso, quien por ahí les visite oirá a los mexamericanos comunicarse en span/english; honrar unos a Juan Soldado (santo que tienen los de este lado para proteger a quienes se brincan la línea) y otros a Jesús Chuy Malverde, patrón de los narcotraficantes. Y, tratándose de quienes permanecen al 100% en la ortodoxian católica, si no a esos santos, sí al Dr. José Gregorio Hernández, venezolano recién beatificado, quien otorga bienestar a los pobres. En tratándose de allá p´acá, observará también desde donde se encuentre, la influencia de las pandillas del este de Los Ángeles, de los barrios de Yuma, Nogales, Bisbee, Douglas, El Paso, Presidio, Del Río, Eagle Pass, Laredo, McAllen o de Brownsville, que también se han filtrado y asentado sus reales.

 

            Si Bush titubea una vez más -que de seguro lo hará- y abandona esa propuesta foxiana de convenir de alguna manera la emigración del trabajador temporal, entonces alargar ese muro de ignominia e implementar un control más estricto por parte de la Patrulla Fronteriza, sólo seguirá propiciando lo que Frank del Olmo adujo en el editorial del 8 de julio de 2001 en The Los Angeles Times: “Entre más tratamos de impedir la entrada de los mexicanos, más los obligamos a ser inmigrantes permanentes” (Cfrt. Opus Citada). Porque si las generaciones anteriores de mexicanos que iban a trabajar a USA, tarde que temprano regresaban; ahora, como cada uno de nosotros, amigo lector, lo estamos experimentado en nuestras familias, los inmigrantes actuales están terminando por quedarse sea de motu propio o de a tiro atrapados en esas tierras. No sé por qué, pero esas barreras, esos muros de soberbia, ocultan una ignorancia crasa: la unidad geológica, ambiental, cultural  y económica de esa zona.

 Francisco Martínez  

palenquepurhe@yahoo.com


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