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La otra
Campaña (I)
Por Francisco Martínez
Gracián
El
arranque formal de las campañas electorales, más que
suscitar emoción por el juego democrático, causa
preocupación. Y es que sus contendientes principales, los
partidos políticos, siguen dejando evidencia del enorme
deterioro de su vida interna y, sobre todo, de su verdadera
falta de principios. Entre la letra y los hechos que les
definen, dista un mundo de incongruencia. No digamos entre
la justicia social que propugnan y el monto de sus cuentas
bancarias. De ahí que más que alentar la participación
ciudadana, terminen por dar pie al escepticismo. Miren cuan
evidente resulta que, en medio de sus excesos verbales y sus
derroches, el juego al que nos invitan no es otro que más de
lo mismo: continuar conquistando posiciones de poder y desde
ahí adaptarse a lo que venga con tal de conservar su
status y asegurar las canonjías que conlleva.
Diametralmente opuesta aparece
entonces La otra Campaña. La de El Delegado Cero. La
del Subcomandante Marcos. No sólo por sus reglas del juego,
contenidas en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona,
sino por su congruencia. Con un lenguaje tan claro y
profundo como antitético del que utilizan en sus discursos
nuestros actuales gobernantes, muchos catedráticos y algunos
obispos, el EZLN ha empezado, a invitación expresa de
cientos de comunidades, un recorrido por todo el país para
hacer algo que los partidos políticos pasan de largo:
entablar con el pueblo un diálogo horizontal; concienciarse
y concienciar. Su intención no es imponerse ni buscar
posiciones, ventajas o puestos públicos. Es establecer “una
política de alianzas con organizaciones y movimientos no
electorales que se definan en teoría y práctica, como de
izquierda”, para construir desde abajo y por abajo y
tratar de resolver entre todos los problemas que aquejan a
México.
Quien consulte la Sexta
Declaración advertirá de entrada que el EZLN la da a conocer
“para explicar cómo vemos el mundo y nuestro país, para
decir lo que pensamos hacer y cómo pensamos hacerlo y para
invitar a otras personas a que caminen con nosotros en algo
muy grande que se llama México”. Encontrará luego un primer
apartado donde el EZLN expone cuándo, cómo, por qué, para
qué y con quiénes nació. Luego, cómo, al contacto con el
pueblo, hizo un lado el fuego y sacó la palabra hasta
llegar, a través del diálogo, a la firma de los “Acuerdos de
San Andrés” sobre el reconocimiento de los derechos y
cultura indígenas. También, cómo los incumplió el Gobierno.
De continuar su lectura se dará cuenta de la marcha “de los
1,111” a la Ciudad de México en 1997 y de la marcha por la
dignidad indígena” en el 2001, que llegó al Congreso de la
Unión para exigir, inútilmente debido a la oposición de los
partidos políticos, el reconocimiento de los indígenas
mexicanos.
El segundo apartado, “De dónde
estamos ahora”, comienza diciendo cómo el EZLN, una vez que
la clase política “cerró la puerta a los pueblos indios”,
decidió el cumplimiento unilateral de los Acuerdos de San
Andrés y se puso a trabajar sólo y en silencio “desde
mediando el 2001 hasta mediando el 2005”. Fue “así que
nacieron las Juntas de Buen Gobierno” y se fortalecieron los
municipios autónomos. Enseguida aduce que lo que se ha
logrado “no es mucho, pero muy superior a lo que se tenía
antes del inicio del alzamiento en enero de 1994”, porque
“si usted mira uno de esos estudios que hacen los gobiernos,
va a ver que las únicas comunidades indígenas que mejoraron
sus condiciones de vida… fueron las que están en territorio
zapatista”. Es así, prosigue el documento, que el EZLN ha
resistido 12 años de guerra “y no nos han vencido”, hasta
llegar a un punto “en que no podemos ir más allá y además es
posible que perdamos todo lo que tenemos, si nos quedamos
como estamos y no hacemos nada más para avanzar. O sea que
llegó la hora de arriesgarse otra vez y… dar un nuevo paso
adelante en la lucha indígena” que sólo será posible “si el
indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes,
maestros, empleados…”
Entre tanto y a la par de La
Otra Campaña, hambrientos de poder, los partidos políticos,
descalificando a quien no sea ellos, llenando de pintas e
inundando los espacios periodísticos, radiales y
televisivos, haciendo como que escuchan al pueblo y sin
pudor alguno prometiendo lo más y lo menos, inician sus
recorridos. Quede para la siguiente, lector amigo, cómo mira
el EZLN al mundo, a nuestro México y por qué invita a los
indígenas, trabajadores del campo, trabajadores de la
ciudad, estudiantes, mujeres, transexuales, jóvenes,
sacerdotes, monjas, seglares y luchadores sociales a
construir un “nosotros” y ventilar sus rebeldías.
Francisco
Martínez
palenquepurhe@yahoo.com
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