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El
tiempo de la esperanza
Bolivia no escribe un capítulo más de su historia nacional.
Lo más seguro es que hoy comienza a relatar una nueva.
Aquella de paz, justicia, tolerancia y equidad. Esa que
anhelan, silenciosamente, los bolivianos del norte, del sur,
del este y del oeste.
La
asunción al mando de la nación de Evo Morales Aima marca hoy
un trascendental acontecimiento en la historia del país. Es
la primera vez —en 180 años de vida republicana— que un hijo
nacido en las entrañas mismas de esta tierra llega a la
cúspide del poder, por la arrolladora voluntad de sus
compatriotas. Este singular privilegio le permite ser
depositario de la esperanza de un pueblo ansioso de tener
mejores días.
Las
expectativas internas y externas que generó son múltiples,
por tanto las responsabilidades que asume le exigirán mucha
madurez y probidad. No es un Presidente más, prometió
realizar una "revolución en democracia", lo que implica
realizar cambios que deben ser fundamentales.
Con la
presencia de Morales en la Presidencia de la República está
asegurada la gobernabilidad en Bolivia, después de haberse
confrontado un oscuro período de inestabilidad política y
social. La inmensa legitimidad que alcanzó en las urnas le
otorga las condiciones más óptimas para conducir los
intereses patrios, por los cinco años de su mandato
constitucional.
Al ser
un líder social, su mayor dedicación deberá constituir el
combate frontal a la pobreza, que afecta al 58% de la
población. En realidad, esta tendría que ser la razón de ser
de su gobierno, por encima de cualquier otra preocupación.
Así, conciliará la retórica de la campaña electoral con
realizaciones concretas y sostenibles en el tiempo.
En lo
económico recibe un legado estimulante para alcanzar metas
mayores. El país creció el 2005 como no lo hizo desde 1999,
cuando empezó la gran crisis internacional de comienzos del
siglo. Debe ser consciente de que le corresponderá conservar
la estabilidad macroeconómica lograda, porque ésta será la
columna de las transformaciones económicas y sociales que se
proponga ejecutar en pro del bienestar de la nación.
El
resultado de las elecciones del 18 de diciembre estableció
un antes y un después en la política nacional. El gobierno
de Morales viene a ser el inicio de una nueva época, como él
mismo dijera ayer en la ceremonia de Tiwanaku. La
circunstancia de poseer una notable mayoría en el Congreso
le permite contar con el respaldo necesario para los cambios
que proyecta hacer. Empero, al mismo tiempo, debe tener en
mente que su gestión está obligada a respetar el pluralismo
social e ideológico de los bolivianos, así como preservar,
como un tesoro, la integridad de la nación.
La
ceremonia de hoy está rodeada de singulares características.
Por primera vez nos honran con su presencia tantos
mandatarios amigos, dirigentes de organismos internacionales
y representantes de organizaciones sociales y políticas. A
todos ellos corresponde expresarles la gratitud del pueblo
boliviano, por acompañarlo en un momento excepcional de su
existencia.
Evo
Morales se constituye en la carta de esperanza para todos
los bolivianos. La apuesta del pueblo fue por el cambio y es
a ello a lo que se apunta. Bolivia no escribe un capítulo
más de su historia nacional. Lo más seguro es que hoy
comienza a relatar una nueva. Aquella de paz, justicia,
tolerancia y equidad. Esa que anhelan, silenciosamente, los
bolivianos del norte, del sur, del este y del oeste. Desde
el Illimani hasta el Amazonas, desde el Chaco hasta Laguna
Verde. Todos.
(Editorial, La Razón de Bolivia.
Juan Carlos Rocha, director
del diario)
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