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La otra
Campaña (II)
Por Francisco Martínez
Gracián
Una
característica de los políticos es que, con tal de estar
bien con todo el mundo, son capaces de vender su alma. Y
que, tratándose de sumar votos, se mestizan con cualquiera.
Para nada les importan ni el color, ni los intereses del
postor a quien los piden. De ahí su política de alianzas: a
nivel nacional, nupcias del PRI con el PVEM,
concubinato del PT con el PRD, soltería forzada -que no por
virtud- del PAN y, a nivel regional, amasiatos múltiples
entre unos y otros. Esos tales tienen por sabido que “andar
en campaña” no es otra cosa que hacerse de un tiempo mágico
y poliédrico para ofrecer al cliente lo que pida, unirse con
el diablo Y a pesar de sus obvias diferencias y, aunque
afirmen lo contrario, coinciden en un centro del que nunca
se alejan: centro-izquierda, centro-derecha. Es más, a pesar
de los colores heterogéneos de sus logos y de sus cacareadas
diferencias, a pesar del calor de sus debates y de sus
mutuas ofensas, es esa tendencia -su amor al poder, al
dinero, a la verticalidad- la que termina homogenizándolos.
Mal menor, el
sistema democrático actual, conquista de los mexicanos, no
deja de ser preferible a aquella dictadura hegemónica de
partido, envuelta de presidencialismo, cuyo traje logramos
arrancar aquel 2 de julio hace cinco años. Sólo que el
hábito no hace al monje, como tampoco una alternancia hace
democracia al servicio de los que menos tienen. De ahí el
profundo significado de
La Otra Campaña.
De ahí sus enormes retos. Porque un México justo no se hace
a base de favorecer slimes, salinas y azcárragas. Ésos que
ocupan impunemente la cúspide de una pirámide anticristiana
cuya enorme base soporta la marginación de millones. Y su
despojo. En ese sentido el actual juego democrático no tiene
otros alcances que más de lo mismo aunque lo vistan de azul,
de los colores de la bandera o de amarillo. Y como
La Otra Campaña
puede comenzar a provocar una verdadera toma de conciencia
en ésos más sobre el cambio radical que México necesita para
lograr autonomía y justicia social; esos partidos evitan
atacarla de frente y la miran con recelo. Porque les queda
muy claro que
La Otra Campaña
cala y no para recorriendo palmo a palmo el país. Sólo que
esta vez dándoles la espalda, sin caer en sus trampas y
concentrando su atención en la necesidad ineludible de
combatir el sistema actual en pro de la independencia
fáctica de los oprimidos y explotados. Por lo que lo menos
que ya les está causando a los partidos es un irrefrenable
escozor.
Y no es para menos. En la Sexta
Declaración de la Selva Lacandona, el Comité Clandestino
Revolucionario Indígena del EZLN hace lo que los partidos
evitan: echar, boca arriba, sus cartas sobre la mesa. Como
lo expuse en estas páginas la semana pasada, comienza
presentándose y diciéndonos quién es y en qué estadio se
encuentra. En cuanto a cómo ve lo que pasa en el mundo, en
el apartado tres expresa: “pues vemos que el capitalismo es
el que está fuerte ahorita” y cómo “hace su riqueza con
despojo” porque “es un sistema donde los robadores están
libres y… puestos como ejemplo”. Es un sistema que “todo lo
convierte en mercancía”: personas, naturaleza, cultura,
historia, conciencia. ¿Y cómo mira a nuestro país que es
México? En el apartado cuatro afirma que el neoliberalismo
cambió a sus políticos, porque “los hizo como los empleados
de una tienda, que tienden que… vender todo” Por eso
cambiaron el artículo 27 constitucional, para que las
tierras ejidales y comunales queden sujetas a las leyes de
mercado y por eso quieren cambiar otras para vender PEMEX,
la CFE, el IMSS y hasta el agua. Ante ese desbarajuste hace
un llamado a que los indígenas defiendan su autonomía, a que
se organicen los trabajadores del campo, a que los
trabajadores de la ciudad no permitan que les quiten sus
derechos, a que los estudiantes impidan que la educación se
privatice y a “que en las escuelas no enseñen tarugadas”, a
que las mujeres no acepten ser tratadas como prendas, a que
los jóvenes toma conciencia de su tiempo, a que los
homosexuales, lesbianas y transexuales se organicen para
defender su derecho a ser diferentes y a que “los sacerdotes
y monjas y los que se llaman seglares, que no están con los
ricos ni resignados a la rezadera, se organicen para
acompañar las luchas del pueblo”.
En vez de que los
intereses partidistas continúen escindiendo a México, el
EZLN con La
Otra Campaña
actualmente recorre los caminos nacionales para hacer de
cada reclamo un ramillete que fortifique y posicione el
“nosotros” de los marginados. El qué y el cómo, aquí mismo
la próxima semana.
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Francisco
Martínez
palenquepurhe@yahoo.com
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