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La otra
Campaña (III)
Por Francisco Martínez
Gracián
A
penas en sus albores, la gesta por la presidencia parece
trazar ya una combadura de esfuerzo y deformación al tenor
de una curva de Gaos: breve en su ascenso, dilatada en su
cima, acusada en su caída. No es para menos. El sistema de
partidos, flor de la democracia, tiene en su desempeño
cupular, uno de sus bemoles. Miren que el sistema
democrático, tomado por la sociedad occidental como una
panacea, en su utopía suele irse de boca en promesas. Y
mucho. Pero en los hechos, la mayoría de las veces, son las
personas que, utilizándolo llegan al poder, quienes marcan
le denigran o honran. Tanto a nivel internacional como a
niveles nacionales y locales, los ejemplos, cual antípodas,
contrastan: Bush, Chávez, Fox, Lula. A éstos, por ejemplo,
con todo y sus asegunes, les une un mismo origen
democrático, tanto como les desune su congruencia. Y el
fruto de su gobierno. Aplíquese esto a los actuales
aspirantes a Presidente de los mexicanos: cierto, navegan en
un mismo sistema, pero se valen de remos sumamente diversos.
No extrañe que entonces, pasado
su caldo de promesas -aderezado con las diferentes especias
que le inyectan para atraer a su mesa el sufragio de los
votantes- en cuanto uno de ellos cocina el triunfo, cual
sucede en la curva mencionada, su caldo se acede casi de
inmediato. De ahí la decepción ciudadana y los
abstencionismos. También los mil millones de pesos que
terminarán costando al contribuyente las campañas de ese
increíblemente oneroso sistema democrático mexicano. De ahí
también su inefectividad, porque como el pueblo paga, el
pueblo quiere que todo se le haga y dé sin que él ponga lo
que en realidad le toca: ser parte corresponsable del acto
de gobernar. ¿Cómo? Replanteando su estructura y funciones,
haciendo que las leyes y el rumbo de éste respondan a las
verdaderas aspiraciones del pueblo y haciendo que los
programas de gobierno coadyuven al desarrollo de los más y
no al enriquecimiento ilícito de unos cuantos. No es otra
cosa lo que La Otra Campaña
anda buscando.
A diferencia de los candidatos,
el Delegado Zero no busca el poder para sí. Tampoco recorre
el país desparramando promesas. Su programa actual no
esconde sorpresas: lo conocemos desde el mes sexto del año
pasado. Me refiero al que en estas páginas hemos estado
platicando. Al que dice en su sección quinta, porque en la
lucha “lo que hemos aprendido es a aprender”, entonces no
“se levanten en armas”. Como tampoco recomienda “que voten
por un candidato” determinado, porque lo que anda buscando
es construir “un acuerdo con personas y organizaciones mero
de izquierda” para edificar “un programa que tenga lo que
queremos todos y un plan de cómo vamos a conseguir ese
programa nacional de lucha”. El cómo lo presenta en su
Sexta Declaración de la Selva
Lacandona. En ese apartado el
EZLN mantiene su compromiso de cese al fuego ofensivo, de
insistir en la vía de la lucha política para “seguir
luchando por los pueblos indios de México” y “por todos los
explotados y desposeídos” sirviendo a los más “sin intereses
materiales”. Insiste además en hacer entre todos “una nueva
Constitución que tome en cuenta las demandas del pueblo
mexicano: techo, tierra, trabajo, alimento, educación,
información, cultura, independencia, democracia, justicia,
libertad y paz”. Para esto “irá -sin buscar posiciones,
ventajas o puestos públicos- con todas las organizaciones y
personas de izquierda que se sumen a esta Sexta
Declaración de la Selva
Lacandona”. Porque, siempre y que
le inviten de manera expresa, estará en cada pueblo para
“construir DESDE ABAJO Y POR ABAJO”.
Y La
Otra Campaña avanza. Pronto
llegará a nuestro Estado. Hay ya quienes sin haber realizado
trabajo de base quieren aprovecharla para figurar en las
marquesinas. También quienes la quieren aprovechar para
hacerse pasar como de izquierda, cuando en realidad no
poseen más ideología que la de su propio ombligo. Por ahí se
andan acercando quienes buscan capitalizarla para apoyar
sus organizaciones o su partido político. Es más, están ya
listos algunos que quieren dañar este movimiento de
concientización ciudadana. Puede que algo consigan. Pero la
oportunidad de que un pueblo marginado, como es el indígena
y lo es la mayoría de los mexicanos, se posicione, ahí
viene. Eso sí, habrá que aguzar los sentidos. En ningún
momento La Otra Campaña
está pidiendo que no se participe en los comicios. Tampoco
fomenta el abstencionismo. ¡Ojo avizor entonces! Porque esa
toma de conciencia de los más, a la hora del sufragio puede
inclinar la balanza.
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Francisco
Martínez
palenquepurhe@yahoo.com
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