S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 8 de marzo de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Entre la ley y el suelo matrio

 

         “Las culturas son mapas de significado que vuelven inteligible al mundo” -Peter Jackson, geógrafo, 1989

 

             La Secretaría de Cultura del Gobierno de Michoacán y la Comisión de Cultura del H. Congreso del Estado han convocado al Primer Congreso Estatal de Cultura que, en aras a elaborar una iniciativa de Ley de Fomento a la cultura del Estado, tendrá lugar del 16 al 19 de marzo en Morelia. Entre sus objetivos se encuentra “establecer una propuesta estratégica que incluya las opiniones de los actores claves en el ámbito cultural”. De sus cinco  temas ejes, toca el segundo la diversidad cultural. Tema necesario por cuanto en Michoacán no ha dejado de darse un proceso de aculturación o contacto de culturas. Por cierto, harto dispar. Y me refiero no sólo al choque brutal que al embate de la conquista sufrieron sus pueblos originarios hace 500 años. Que a nadie será permitido mirar de soslayo esa invasión ominosa e insidiosa que día a día y a costa de los territorialmente despojados continúa haciendo una “cultura global” que ya se ha apropiado de la llamada cultura nacional.

 

            Claro, ninguna cultura es estática. Cuando éstas entran en contacto a causa de la migración, el comercio o, lo más común, debido a la invasión masiva de los medios de telecomunicación -siempre en poder de las culturas dominantes- entonces una decrece o hasta fenece para que la otra se afiance. Al empuje de la globalización, impulsada principalmente por los EUA y la UE, las formas de vivir, entender el mundo e interactuar con él que distinguen a entidades minoritarias, como una maleza indetenible son invadidas por la cultura dominante. Dígase lo mismo de sus escalas de valores, sus costumbres lúdicas, sus relaciones intrafamiliares y sociocomunitarias, sus maneras de construir una casa y hasta su dieta básica. Y lo que es más: el valor atribuido a sus raíces culturales y a la ventana de las mismas como lo es su lengua materna. Siempre ha sucedido así: durante milenios, las culturas han evolucionado o fenecido debido a ese tipo de  contactos. Sólo que ahora el ritmo y la fuerza de los acontecimientos han cambiado. Hasta hace cinco siglos, al menos para los pueblos amerindios -y aquí en el Estado para el pueblo p´urhépecha- la influencia de culturas lejanas no se daba o se daba poco, de vez en vez y poco a poco. Hoy día, debido a la afluencia del teléfono, la televisión, el internet, el comercio internacional, la migración, etc. es otra cosa: las influencias de las culturas dominantes pueden llegar al rincón más alejado del planeta -o al más obscuro de la troje- con tanta rapidez como accionar el ratón de una PC.

 

            En la convocatoria, la Secretaría de Cultura establece que “la cultura es el espacio natural donde la sociedad dialoga… y de algún modo constituye al propio ser social”. Referido a la cultura p´urhépecha, ese espacio es el territorio donde ha asentado su casa y consigue su sustento. Donde ha ido forjando herramientas, leyes, modales, artes y mitos. Y, sobre todo, donde acuna la lengua en que se comunica. Como sostiene el compañero Ignacio Márquez J., ésta “es el elemento más importante”. Tan es así, que “tratar de entender la situación indígena desde el enfoque mestizo y sin hablar la lengua, tal vez resulte difícil, si no imposible” (K´uanhari, Celebrando Diez Años, Mecanoescrito, Cherán, Febrero de 2006). Porque si bien, entre las muchas formas de medir la diversidad cultural se halla, por ejemplo, la religión, quizá el mejor indicador para medir la salud de una cultura sea el estado cuantitativo y cualitativo en que se encuentre su lengua. Por un lado. Por el otro, la posesión real que mantenga de su territorio y la autonomía con que se rija. De ahí la importancia de tomar en cuenta y clarificar ese “espacio  natural” al que alude la Secretaría de Cultura. Bajo el punto de vista de los menos, resulta fundamental qué definición de cultura adopte esa iniciativa de Ley. Porque de no prevalecer un concepto antropológico, sólo servirá para que los golpeen más fuerte los arietes de la cultura dominante (acceso a las artes a través de idiomas ajenos, importación pasiva de tecnologías con detrimento a las propias, organización individualista y a costa de la comunidad, olvido de la cultura ambiental y de todo lo que tenga qué ver con el reclamo territorio).

 

                        Quizá entonces más que una Ley, hayan de proponerse leyes emanadas de cada una de las culturas que hay en el Estado. Y en ese caso, al tenor de La Otra Campaña, toca a los P´urhépecha -y sólo a ellos- haciendo valer su propia oferta (científica, técnica y filosófica) y rechazando todo aquello que signifique una violación a sus formas de vida (lengua, cosmología, propiedad comunal, organización comunitaria, espacio territorial y autonomía) hacer prevalecer la propia. En ese sentido cultura y “espacio natural” deben formar un matrimonio tan indisoluble como unido. Una auténtica Ley de Fomento a la(s) Cultura(s) del Estado no debería descartar ninguno, sino abrazarlos y reunirlos.

 

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 Francisco Martínez  

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