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¿Talamontes no, rapamontes sí?
Por: MARTIN EQUIHUA
Otra vez los purépecha al primer
plano de la escena, de la noticia, por la sangre derramada,
los bosques talados, su naturaleza violenta, según consignan
algunos. Los ¡talamontes!, véanlos, ahí está la foto de un
gran delincuente que, a sus 14 años, y aunque luce más
asustado que un ratón pillado en la cocina, en realidad es
un criminalazo organizado, equiparable a los hombres
memorables del crimen. Por eso, contra ellos, los sucios,
feos, malos…
Los otros, los de cuello blanco y apellidos notables en la región,
los Dóddoli, los Méndez, los Rosas, los Barragán y los
demás, los grandes empresarios madereros que raparon casi
todo, los que dilapidaron el bosque en grandes banquetes,
los que presumieron sus permisos de explotación una y otra
vez, tantas veces como fueron requeridos -y otorgados- por
la “autoridad forestal” en tiempo y forma –según se dice-;
esos que metieron la sierra a plena luz del día, o en plena
noche bañados por la luz de las lámparas de mercurio,
henchidos siempre de legalidad (eso sí), esos son otra cosa,
hombres visionarios -¡si señor!-, inversores, pilares del
progreso de la patria que se le ocurrió defender a Juárez;
futuristas, exportadores de oro verde –nada menos-,
distinguidos silvicultores; consentidos emprendedores
comunitarios ex pronasoles, financiados hasta en los chones
y los palillos con que limpian sus dientes; esa es gente de
bien, no pelagatos que no invierten, que nomás se roban la
madera en la madrugada como las hormigas.
Deberían de aprender de la iniciativa de quienes mantienen 100 mil
hectáreas de aguacate donde antes hubo pinos, al fin que,
como nos dijo alguna vez el presidente de la Asociación de
Productores y Exportadores de Aguacate de Michoacán,
Benjamín Grayeb, “árboles unos –los aguacates- como árboles
otros –los pinos- ¿qué no?”. Esa si es vocación de progreso
y no las visiones apocalípticas del Foro Mundial del Agua o
de su alternativo Tribunal Latinoamericano y sus cuentos de
que el líquido se agota, que la importancia de los bosques
para la filtración, nada, vamos con todo, unidos: “mueran
los talamontes” es el clamor. Es más, ese escuincle cara de
hambre que quisiera engañarnos con la presunta inocencia y
miedo de su mirada… al diablo, no es más que un depredador,
un irascible o, de plano, digámoslo aunque nos duela o nos
cause pena ajena, es una garrapata del progreso global
–ético, político, económico- de la humanidad.
¿PROFEPA O PRO-FRITA?
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, (a) “Profepa”, está
frita. ¿Qué ha hecho el uruapense Francisco Luna, delegado
estatal, que ni la meseta conoce? ¿Acaso el también ex
presidente de los jóvenes rotarios de la Perla del
Cupatitzio, representa algún temor o contención en los
talamontes y rapamontes? ¿No debería el ex regidor de
industria y comercio, mejor volver a su tienda contaminante
de pinturas, o a su cantina rotaria, “El Chinguirito”?
Pero más que él y su pro-frita, lo que se advierte es la ausencia de una
política unitaria para la región. Graciela Andrade y su
mascota, el elefante blanco, dicen una cosa; Nestor Dimas y
su consejo al que no consulta, dicen otra; Xochitl Gálvez y
sus maldiciones, otra más; los presidentes turísticos que
celebran nacimientos de volcanes, otra… y la verdad, señores
y señoras, niños y niñas, eso de los planes integrales y los
proyectos generadores de empleo, y cuanto se dice y se
presume, no tiene ni pies ni cabeza.
PESCAR A LOS CAPOS O CAPAR A LOS PECES
Pero la película no termina ahí. También representa una oportunidad para
que resurjan los lideres favoritos de los reportajes a
control remoto, la meseta y los machucones de sus talamontes
de madrugada recreados desde el café de los portales y la
imagen suave de las palomas que planean sobre los templos,
los coñaques preciosos de los lideres de una nación
imaginaria, usufructuada y lejana, los encamionetados que
esperan la sangre de vez en vez para “declarar”, por
ejemplo, que el delegado Zero, ellos y la historia, viven un
romance pasional, mientras los indios, los talamontes,
reciben su merecido, sin merecerlo.
Pero seamos claros: contra los talamontes debe aplicarse la
ley, sí, pero también contra los otros. Y es que sorprende
la precisión de diagnósticos como el de Enrique Bautista,
secretario de gobierno: son “grupos en lo particular (sic)
que están al margen de la ley, se escudan en un discurso
indigenista y apelan a una serie de valores por encima de la
legalidad”. Pero el que de plano no se mide, es el titular
de Cofom, José Reyes, “hay que pescar a los capos. Se tiene
que hacer una cirugía, porque ellos son los que contratan a
chamaquitos”. Hay peces gordos pues, capos, pero se prefiere
seguir por las ramas.
El gobernador por su cuenta lo ha precisado una y mil veces:
no es un asunto sólo de policías sino de alternativas
productivas. Pero ha reconocido también, tristemente, que
“no existen los recursos suficientes” para promover
alternativas a la explotación del bosque.
PENDIENTES EN COCUCHO Y URAPICHO
Sin embargo, el recurso con que se cuenta no debería
dispersarse más, como se sugirió en la idea de resolución
del conflicto agrario de Cocucho y Urapicho, al proponer
hacer confluir los pesos y centavos de las instancias
gubernamentales de desarrollo económico, social,
agropecuario y otras, en una especie de bolsa única que
atendiera un plan mayor fincado en las necesidades reales
priorizadas por las comunidades, y sólo por estas, como el
abasto de agua potable, la reforestación, la fábrica de
muebles en Urapicho, el banco de materiales pétreos de
Cocucho y el centro de distribución de las famosas cocuchas.
En el famoso Llano en llamas se habló de proyectos
integrales que involucren a los jóvenes en el manejo de
tecnologías agroecológicas, fauna regional, cultivos
tradicionales… Por cierto, ¿cómo van esas ofertas de
gobierno, dicho sea mientras se deciden a ir por los peces
gordos que han saqueado los bosques?.
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