S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 20 de marzo de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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   ¿Talamontes no, rapamontes sí?

Por: MARTIN EQUIHUA

    Otra vez los purépecha al primer plano de la escena, de la noticia, por la sangre derramada, los bosques talados, su naturaleza violenta, según consignan algunos. Los ¡talamontes!, véanlos, ahí está la foto de un gran delincuente que, a sus 14 años, y aunque luce más asustado que un ratón pillado en la cocina, en realidad es un criminalazo organizado, equiparable a los hombres memorables del crimen. Por eso, contra ellos, los sucios, feos, malos…

   Los otros, los de cuello blanco y apellidos notables en la región, los Dóddoli, los Méndez, los Rosas, los Barragán y los demás, los grandes empresarios madereros que raparon casi todo, los que dilapidaron el bosque en grandes banquetes, los que presumieron sus permisos de explotación una y otra vez, tantas veces como fueron requeridos -y otorgados- por la “autoridad forestal” en tiempo y forma –según se dice-; esos que metieron la sierra a plena luz del día, o en plena noche bañados por la luz de las lámparas de mercurio, henchidos siempre de legalidad (eso sí), esos son otra cosa, hombres visionarios -¡si señor!-, inversores, pilares del progreso de la patria que se le ocurrió defender a Juárez; futuristas, exportadores de oro verde –nada menos-, distinguidos silvicultores; consentidos emprendedores comunitarios ex pronasoles, financiados hasta en los chones y los palillos con que limpian sus dientes; esa es gente de bien, no pelagatos que no invierten, que nomás se roban la madera en la madrugada como las hormigas.

   Deberían de aprender de la iniciativa de quienes mantienen 100 mil hectáreas de aguacate donde antes hubo pinos, al fin que, como nos dijo alguna vez el presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate de Michoacán, Benjamín Grayeb, “árboles unos –los aguacates- como árboles otros –los pinos- ¿qué no?”. Esa si es vocación de progreso y no las visiones apocalípticas del Foro Mundial del Agua o de su alternativo Tribunal Latinoamericano y sus cuentos de que el líquido se agota, que la importancia de los bosques para la filtración, nada, vamos con todo, unidos: “mueran los talamontes” es el clamor. Es más, ese escuincle cara de hambre que quisiera engañarnos con la presunta inocencia y miedo de su mirada… al diablo, no es más que un depredador, un irascible o, de plano, digámoslo aunque nos duela o nos cause pena ajena, es una garrapata del progreso global –ético, político, económico- de la humanidad.

¿PROFEPA O PRO-FRITA?

  La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, (a) “Profepa”, está frita. ¿Qué ha hecho el uruapense Francisco Luna, delegado estatal, que ni la meseta conoce? ¿Acaso el también ex presidente de los jóvenes rotarios de la Perla del Cupatitzio, representa algún temor o contención en los talamontes y rapamontes? ¿No debería el ex regidor de industria y comercio, mejor volver a su tienda contaminante de pinturas, o a su cantina rotaria, “El Chinguirito”?

  Pero más que él y su pro-frita, lo que se advierte es la ausencia de una política unitaria para la región. Graciela Andrade y su mascota, el elefante blanco, dicen una cosa; Nestor Dimas y su consejo al que no consulta, dicen otra; Xochitl Gálvez y sus maldiciones, otra más; los presidentes turísticos que celebran nacimientos de volcanes, otra… y la verdad, señores y señoras, niños y niñas, eso de los planes integrales y los proyectos generadores de empleo, y cuanto se dice y se presume, no tiene ni pies ni cabeza.

PESCAR A LOS CAPOS O CAPAR A LOS PECES

  Pero la película no termina ahí. También representa una oportunidad para que resurjan los lideres favoritos de los reportajes a control remoto, la meseta y los machucones de sus talamontes de madrugada recreados desde el café de los portales y la imagen suave de las palomas que planean sobre los templos, los coñaques preciosos de los lideres de una nación imaginaria, usufructuada y lejana, los encamionetados que esperan la sangre de vez en vez para “declarar”, por ejemplo, que el delegado Zero, ellos y la historia, viven un romance pasional, mientras los indios, los talamontes, reciben su merecido, sin merecerlo.

Pero seamos claros: contra los talamontes debe aplicarse la ley, sí, pero también contra los otros. Y es que sorprende la precisión de diagnósticos como el de Enrique Bautista, secretario de gobierno: son “grupos en lo particular (sic) que están al margen de la ley, se escudan en un discurso indigenista y apelan a una serie de valores por encima de la legalidad”. Pero el que de plano no se mide, es el titular de Cofom, José Reyes, “hay que pescar a los capos. Se tiene que hacer una cirugía, porque ellos son los que contratan a chamaquitos”. Hay peces gordos pues, capos, pero se prefiere seguir por las ramas.

El gobernador por su cuenta lo ha precisado una y mil veces: no es un asunto sólo de policías sino de alternativas productivas. Pero ha reconocido también, tristemente, que “no existen los recursos suficientes” para promover alternativas a la explotación del bosque.

PENDIENTES EN COCUCHO Y URAPICHO

Sin embargo, el recurso con que se cuenta no debería dispersarse más, como se sugirió en la idea de resolución del conflicto agrario de Cocucho y Urapicho, al proponer hacer confluir los pesos y centavos de las instancias gubernamentales de desarrollo económico, social, agropecuario y otras, en una especie de bolsa única que atendiera un plan mayor fincado en las necesidades reales priorizadas por las comunidades, y sólo por estas, como el abasto de agua potable, la reforestación, la fábrica de muebles en Urapicho, el banco de materiales pétreos de Cocucho y el centro de distribución de las famosas cocuchas. En el famoso Llano en llamas se habló de proyectos integrales que involucren a los jóvenes en el manejo de tecnologías agroecológicas, fauna regional, cultivos tradicionales… Por cierto, ¿cómo van esas ofertas de gobierno, dicho sea mientras se deciden a ir por los peces gordos que han saqueado los bosques?.


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