|
Más acá del Día Mundial
del Agua
Por: Francisco Martínez
Celebrar un Congreso, así sea de importante como el Foro
Mundial del Agua con la Ciudad de México como Sede, o como
el Congreso Estatal de Cultura en la ciudad de Morelia, en
la práctica resulta un tanto intrascendente. Pensados al
resguardo sombreado de una oficina, habidos los dineros,
todo es cosa de convocar los peritos necesarios y colmar
ojos y oídos de los asistentes con ponencias magistrales,
brillantemente ilustradas a la Power Point e impactantemente
proyectadas a pantallas enormes mediante cañones digitales.
Luego, entre el humo de cigarros y sabrosos sorbos de café,
las preguntas y comentarios. Al final, la publicación en
papel couché, formato grande y con buen empastado, las
memoria del evento. Después, mientras ya en el horizonte
comiencen a otear los temas de uno y más Congresos (que de
la Mujer, que del Medio Ambiente, que sobre el Capitalismo,
que de la situación de los países del Tercer Mundo o de las
marginación de los Pueblos Indios, etc.), al igual que ésos
y otros más de carácter nacional e internacional: de letra
mucho, de acción, nada.
Sí, ya sé, señores académicos, ese tipo de encuentros es necesario. La
verdad, estuve exagerado. Pero, donde sí me quedo corto, es
en la calidad de frutos que dejan y en su parquedad
infinita. Porque simple y llanamente por ese mar de
propuestas, no navega la congruencia. Así, en tanto suelo
matrio y derecho territorial prácticamente permanecerán
ajenos en las discusiones de nuestra nueva Ley de Cultura
Estatal, lo mismo pueda pasar respecto al Foro Mundial del
Agua, con el cuidado efectivo de nuestros recursos hídricos
regionales. Concreticemos. A nivel regional (me refiero al
noroeste de nuestro Estado) la Meseta P´urhépecha constituye
la zona principal en lo que respecta a la recarga de mantos
acuíferos. ¿Qué nos lo dice? Entre otras cosas que a los
760.50 km2 de sus cuencas cerradas, le circundan por sus
escorrentías un área de influencia de 4,210.90 km2 donde
afloran más de 230 manantiales de gasto más que
considerable. Por ejemplo, la subcuenca endorreica de
Charapan alimenta, entre otros 72, al norte los manantiales
que configuran el lago de Camécuaro, al sur los de San Juan
Nuevo, al oeste los de Tingüindín y los de Los Reyes y, los
de Tsipicha, al suroeste. Por lo que toca a la subcuenca
endorreica de Paracho, entre sus 46 manantiales, suma al
norte los que hacen nacer al Río Duero y los que al sur,
ayudada de la subcuenca de Nahuatzen que ha lugar a más de
29 ojos de agua, dan existencia al Río Cupatitzio y a los
manantiales de Taretan.
Esto quiere decir que a los habitantes de los 43 municipios del noroeste
del Estado les debe importar que una tala imparable e
incendios criminales estén dejando pelones los cerros de
Patamban, Carboneras, Tiríndaro, San Ignacio, Tarejuata,
Curípicha, Pacáracua, La Virgen, San Marcos, Itsíjuata,
Angárucutaro, El Capén, El Pilón, Huératiro, El Chivo,
Zarapu, El Metate, El Cobrero, Jujucato, El Águila,
Marijuata, Curinguitapu, El Horno, Cocucho, La Alberca, El
Molino, El Santísimo, La Aguja, La Chuparrosa, etc. Y, en
estos días, el Tamapujuata, cuyos talamontes acaban de
asesinar a un policía GOE allá por Cherán Jatsíkurini. Esto
quiere decir además, que a esos 43 municipios, entre los que
se hallan Zamora, Jacona, Tangancícuaro, Los Reyes, Uruapan
y Zacapu, les debe importar que al perder su cubierta
forestal, las aguas meteóricas que cada verano se precipitan
sobre esas elevaciones, en vez de alimentar consecuentemente
el acuífero regional, terminen erosionando sus laderas y
mermando la permeabilidad de la capa edáfica de sus valles.
Finalmente, esto quiere decir también que más allá de un Foro Mundial del
Agua y un Congreso Estatal de Cultura, en esta región nos
debe importar todo aquello que afecte la cantidad y calidad
de las aguas superficiales y de los acuíferos subterráneos
del área que alberga el suelo que pisamos. Por ejemplo, y de
manera muy particular, ahorita nos debe importar sobre
manera que la comunidad indígena de Capacuaro, carente de
recursos forestales, continúe tras bosques ajenos, porque
luego de más de tres años de gestionar la explotación de sus
recursos pétreos como una alternativa para poder mantenerse,
aún no cuente -más allá de la presencia de alguna partida
del ejército o de 100 GOEs- con una respuesta efectiva, que
no de palabra, por parte del Estado.
Francisco
Martínez
palenquepurhe@yahoo.com
|
|
|