S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 26 de marzo de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Habrá reforma en la Comisión Interinstitucional: LCB

 

         Por: Martín Equihua

           En el crucero de las Tres Esquinas del municipio de Paracho, el gobernador Lázaro Cárdenas Batel, nos expresó en medio de un ventarrón, que lamentaba la aprobación –cuando fue senador- de la llamada Contrarreforma Indígena del 2001, pero sostiene que fue así porque su posición quedó en minoría en la reyerta de la fracción parlamentaria, y que no le quedó más que acatar el resultado y votar en bloque. “Hubiera preferido un voto libre, a conciencia”, dice el ex legislador, quien reconoce que ha tenido que afrontar las “consecuencias” de aquel acto legislativo. Y es cierto, a él y a su partido los acusaron de traición a una lucha histórica sintetizada en los emblemáticos acuerdos de San Andrés, y en su traducción técnico-jurídica, la iniciativa de la ahora vetusta COCOPA. Ese ha sido “el mayor error político que he cometido”, nos dijo a la sombra de su helicóptero.

 

Pero aclara que no comparte el sentido de la contrarreforma, porque cree que se necesitan acciones “más radicales” a favor de los pueblos indígenas; una reforma integral, tanto de orden constitucional, como legal e institucional. Sin duda que eso suena muy bien, pero de qué se trata, le preguntamos, dicho sea en tiempos, acciones, recursos, materia evaluable pues; porque hasta ahora, seguimos oyendo de millones y millones de pesos para las comunidades, y en la realidad hay una pulverización de los mismos, aplicados bajo infinidad de programas dependientes de muchas instituciones, lo que resulta en una dispersión caótica e intrascendente que no corresponde a las legítimas prioridades de las regiones, y menos a la perspectiva del fortalecimiento de instancias propias encaminadas a la autonomía.

 

El gobernador sostiene que en efecto la actual estructura de los municipios es inapropiada para compactar recursos, porque son muy desiguales entre sí -con más o menos comunidades indígenas-, lo que no favorece una política articulada, “eso lo tengo bien claro”, sostiene el también antropólogo, y asegura que será parte de una reforma de mayor trascendencia que seguirá impulsando en su gobierno.

 

REFORMA PREVIA, A LA COMISIÓN INTERINSTITUCIONAL

Pero mientras llega la reforma anunciada, es posible avanzar en algunos puntos, como la reforma institucional de la Coordinación Interinstitucional para la Atención de los Pueblos y Comunidades Indígenas, la que deberá tener mayor jerarquía –dice el gobernador, quien a manera de reprimenda comparativa, señala que esa jerarquía “también se construye con la gestión misma: ahí está el caso de la coordinación de atención a migrantes, un caso muy positivo”.

 

Sobre el Consejo Consultivo indígena, “deberá tener a mi juicio”, decisiones de distribución de presupuesto, definición de prioridades, es decir, ser más ejecutivo que consultivo, garantizando que no se monopolice, que no sea una simulación, para que pueda ayudar a resolver conflictos, a conciliar, con solvencia política y moral, “eso se puede adelantar antes de una reforma integral”.

 

EL SUBSECRETARIO DE LA SRA

Mientras tanto, no es que uno sea aguafiestas, pero parece que el Sector Agrario, con la señora (SRA) por delante, sigue haciendo mucho ruido para pocas nueces, en la pretensión de resolver de una vez y para siempre, la telaraña de 48 conflictos agrarios en La Meseta “antes de agosto”, según los plazos que nos presumió el subsecretario de la Reforma Agraria, Rolando Ocampo Alcántara. Es decir que, para jugar un rato con los números, tendrían que “resolver” a razón de nueve y pico por mes; por si fuera poco, en tiempo de campañas y de la Otra Campaña.

 

Ocurre que la semaforizada metodología del ex colaborador del extinto Francisco Ruiz Massieu, y ahora destacado foxista, Florencio Salazar Adame; olvidó incorporar señales de intermitencia, precaución y siga, o lo que es lo mismo, entender que no es suficiente la plata para lograr conciliación, porque además los focos rojos están anclados en zonas indígenas que ven en la tierra mucho más que la “valuación de sus hectáreas”. Por eso, de pronto se extrañan que comunidades como Ocumicho se nieguen a negociar y se empecinen en recuperar las casi 500 hectáreas que dicen haber heredado desde siempre, y que no permitirán que se queden en manos de ejidatarios de Tangancicuaro.

 

Sin embargo, con los recursos presupuestados para la conciliación del foco de La Meseta, debería integrarse un Fondo de reserva para que, sin prisas, continúe la conciliación hasta que se alcancen acuerdos duraderos, “para siempre”, como suelen decir en la región, y no como aquellos que quedan latentes por las prisas de una buena foto para la prensa, como el clásico contemporáneo –por así decirle- entre ejidatarios de Zacatecas e indígenas tepehuanos de Durango, quienes disputan miles de hectáreas en Bernalejo y Pajaritos. Por no conciliar desde la raíz, es conflicto soterrado, y para no ir lejos, tenemos a Cocucho y Urapicho, una paz que reclama real aplicación de recursos semaforizados. Un fondo que no tenga la prisa del cierre sexenal, bajo alguna fórmula jurídica que se podría gestionar, porque recursos para generar fuentes de empleo se necesitan sin duda.

 

Al subsecretario le preguntamos por cierto, si en esta administración, y especialmente a partir de que activaron el semáforo agrario, han podido corroborar aquella vieja acusación de que la Reforma Agraria en algún tiempo, de manera deliberada “encimó los planos para mantener ocupadas en pleito a las comunidades”, y lo que asegura Ocampo Alcántara es que el reparto agrario duró muchos años y eso trajo complicaciones, aunado a los precarios métodos de medición de las tierras; aunque “no sabría decir con exactitud si hubo tal perversidad”. Parece que es tiempo de que se haga un juicio histórico sobre ese asunto que ha recorrido la geografía agraria de los conflictos.

 

EL DELEGADO DE LA SRA

Pero en realidad quien tiene la clave para entender que el semáforo dará a luz, con o sin dolor en este sexenio que se extingue, es Alfonso Quintero Larios, delegado estatal de la señora, quien asegura que es un gran avance la “conclusión” de seis de los 54 conflictos de La Meseta, y que, aunque no lo creamos, se está conciliando en los restantes 48, donde tienen “trabajos muy avanzados”.

 

Si las comunidades aceptan las propuestas mediadoras en curso, se hará convenio de conciliación, lo ratificará el tribunal y cada quien pasa a cobrar a la caja sus agravios; pero que si no hay acuerdo, tendrían que sujetarse al Tribunal Agrario. Es decir –y de esta forma se entiende todo-, aunque vayan al Tribunal “el programa les atendió, y como no tenemos la obligación de resolver sólo por ese camino, pues el programa concluiría y los atendió a todos”.

 

Según su apreciación, “la mayoría conciliará”, aunque tal vez entre los más avanzados estén San Juan y Carapan, que en días más podrían ponerle el cascabel al gato; Comachuen y Tingambato, que estarían “muy avanzados” y Pamatacuaro y Tarecuato, que parecía inminente, pero aquellos lo han vinculado al cumplimiento de su viejo anhelo de convertirse en municipio. Estaría también en proceso Angahuan-San Juan Nuevo, porque este con particulares ya se habría resuelto.

 

Entre los más críticos, el delegado destaca a Ocumicho con ejidatarios de Tangancicuaro. Y por si hubiera duda, sostiene que por dinero no pararán, pues “el señor secretario nos ha instruido para que no nos detengamos por recursos”, dice, de los que ya se han gastado 40 millones en los seis conflictos resueltos; mientras que para las 22 mil hectáreas que aun están pendientes, podrían gastarse mucho más, pero que pesos y centavos, hay.

 

Sin embargo, opiniones como las de Waldo Villanueva, presidente de Tingambato, aseguran que la SRA le ha hecho falta “empaparse y no ser parcial en su posición, ese es el problema, le han dado mucho sesgo con eso de los límites”, ellos saben cual es el punto fino y no lo han atendido, “por qué, sólo ellos saben, sobre todo cuando hay recurso”.

 

EL COMBURINDA SIGUE HERIDO

         El propio Villanueva insiste en su reclamo para que se detenga la tala sobre el cerro Comburinda. Se está tumbando parejo, asegura, sin ningún miramiento, están devastando, haciendo quemas dizque controladas, “no paran, es gente de tierra caliente que está comprando, como lo hemos dicho mil veces”.

 

Hace unos días subimos al pequeño y empinado cerro de Jicalán y por allá encontramos a un vigilante forestal, un señor con mochila al hombro, binoculares, cuchillos y una vista de águila exploradora para buscar humo en las montañas de la región. Me aseguró que ahora ha habido más incendios que el año anterior, y me señaló los puntos. En los cerros de La Charanda y de La Cruz que se ven al norte de Uruapan, en el Colorado un poco más al oriente, en el Comburinda que luce al fondo del oriente como la gran cortina que es; en las faldas del Taré Tsurhán, también al norte; en todos lados, y como viejo hombre de cerro, conocedor de la historia de esas montañas y de sus agresores, no tiene duda: “Yo no sé cuando van a parar esto. Ayer en la tarde, los Méndez quemaron allá por el pedregal, atrás del río, y cuando llegó la brigada se escondieron. Hace unos días ellos mismos quemaron por detrás del cerro de La Cruz, los pocos pinitos que quedaban”. Y lo dice de verdad, y señala así mismo por el rumbo a Zirahuén, y sostiene, “allá están metiendo maquinas, tumbando parejo, pero no hacen nada”.

 

Así es señores. Parece una canción pero es cierto: la marcha de la frontera aguacatera no tiene freno y es a costa del bosque de pino; aun es tiempo de frenar esa tendencia, esa tragedia ecológica. ¡Créanlo! Pregunten al viejo vigilante forestal, él lo sabe bien.


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