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          DIARIO DIGITAL 13 de junio de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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La reconquista de los p´urhépecha (II)

 

Por: Francisco Martínez Gracián

           Conquistado que fue el territorio p´urhépecha, aplastado su gobierno, soterrada su religión, copada por el castellano su lengua, cual espada de Damocles comenzó a pender el exterminio de esta etnia. De hecho, al esculcar la historia t´urhixi, a no ser por los primeros años de la Colonia, del pueblo p´urhépecha ni se habla ni se cuenta. Y eso durante más de cuatrocientos años. ¡Ah, cómo hace falta que al tenor de lo que hicieron los nahuas surja un historiador p´urhé que se sumerja en la tradición oral y se ponga a investigar cómo sobrevivió, cuánta la resistencia cultural, cuál la salvaguarda de la Xiranhua desde que este pueblo pasó del yugo del conquistador a la sombra de Vasco de Quiroga y de éste a su estancia silenciosa en las zonas de refugio hasta mediados del pasado siglo XX! Eso, la Nación P´urhépecha se lo debe.

 

            En fin, la entrega pasada terminaba con la muerte de Tangaxoán II el 14 de febrero de 1530 en Paso del Río de Nuestra Señora de la Purificación. Triste suceso. Tras la reconquista perpetrada por Nuño de Guzmán, asesinados que fueron sus pobladores, muchas comunidades quedaron abandonadas o diezmadas porque sus hombres fueron forzados a engrosar las huestes del presidente de la Audiencia, en tanto los más huyeron a las montañas. El pueblo quedó desolado. Inquieto. De modo que la segunda Audiencia se propuso tranquilizarlo. Nada de eso pasó porque ni el corregidor Pedro de Arellano, ni los licenciados Cristóbal Benavente y Juan Álvarez de Castañeda que fueron los encargados, hicieron otra cosa que hacerse de las pocas riquezas que de los indios quedaban. Hasta que de la Península llegó el oidor Vasco de Quiroga para hacer justicia y tratar de fundar un pueblo-hospital como el que ya funcionaba en México. Entre los indios y el misionero surgió un cambio radical que dio lugar a su tercera reconquista. Cosa curiosa, dio lugar también a que de alguna manera resurgiera el antiguo Imperio de Occidente con ropaje espiritual nuevo, pues el primer obispado llegó a abarcar Michoacán, San Luis Potosí y Guanajuato y parte de Jalisco, Guerrero y Tamaulipas.

 

            La época subsiguiente avisa que el trabajo de campo, las minas y los transportes lo desempeñaban, sustituida la tarekua por el arado egipcio, los indios. El gobierno del territorio, nunca. Con todo, la comunicación y el intercambio comercial entre los indios se incrementó gracias a los oficios de Don Vasco. También su instrucción. Sin embargo, para el siglo XVIII las condiciones de los indígenas eran críticas, pues a más de su marginación total de la vida pública, habían sido duramente castigados por las pestes: viruela, tabardillo y sarampión. A las que hay que agregar el hambre. Situación que de una manera u otra no comenzó a mejorar sino hasta que Hidalgo abolió la esclavitud, la paga de tributos y otras gabelas que pesaban sobre los indios, negros y castas. De ahí en delante la cuestión del indio, circunscrito a sus tierras de refugio, prácticamente desaparece. De hecho, mientras la vida social del criollo se secularizaba, la del indio se guarecía en el rito, viendo cómo desaparecía en su totalidad la nobleza autóctona, se arreciaba su trastoque cultural, crecía su densidad demográfica y se reducía su geografía física, por lo que las presiones producidas por el repoblamiento y la proliferación de pueblos autóctonos redundaron en problemas agrarios pues había muchos pueblos que no completaban siquiera las 600 varas del fundo legal. De ahí a la sublevación indígena de 1767, sofocada casi de inmediato, sólo hubo un paso. ¿Cómo sería esa reconquista, que para 1902 los Talleres de la Escuela Industrial Militar “Porfirio Díaz” de Morelia publicaron sin más, la Ley y Reglamento sobre Reparto de las extinguidas Comunidades de Indígenas?

 

            Lo que sigue, me refiero al siglo XX, es historia harto sabida. La reconquista continuó a veces ataviada de paternalismo y buenas maneras. Otras, de la compra silenciosa de sus tierras. Las más, acentuando su dependencia del Gobierno Federal que se puso como primer árbitro y final de cuanto problema tuvieran: educación, obras de infraestructura básica, explotación de sus bosques, problemas de linderos, reparto de sus tierras. Surgió luego el levantamiento armado en Chiapas y,  del 2 al 4 de marzo del 2001 en Nurío, el tercer Congreso Nacional Indígena. Pero tras una fuerte concientización, declaraciones en abundancia, tanteos para una reforma constitucional, tomas de carretera y marchas, vino una última reconquista que aún no acaba de parar. Endógena esta vez, se halla a cargo de algunos indígenas cuyo nombre prefiero callar. Se trata de quienes, por ejemplo, en Patamban, Ocumicho, Corupo y anexas, aceptan vender tierras de carácter comunal para que aguacateros se apropien de ellas. Se trata de comunidades -Cheranástico, Nahuatzen, Urapicho, Charapan, Turícuaro, etc.- cuyos miembros prefieren ya y, sobre su conciencia histórica, la propiedad privada e individual. Se trata de muchos profesionistas y autoridades p´urhépecha cuyo fin se asienta no en servir sino en lucrar. Se trata de los partidos políticos que dividen en vez de unir, empotrando sus intereses sobre los de la comunidad.

 

Francisco Martínez  

palenquepurhe@yahoo.com


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