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          DIARIO DIGITAL 13 de julio de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Bajo las patas de las cerveceras

             

Por: Francisco Martínez Gracián

          

         La sabiduría de los pueblos se cuantifica por su capacidad de aprender las lecciones de su historia. No cabe duda, historia obliga. Más cuando alguno de ellos esté teniendo la desgracia de sumar más de 500 años de navegar prácticamente dominado y oprimido. Y no sólo por parte de quienes jamás han cejado en arrebatarle su identidad cultural y su patrimonio territorial, sino -lo que acontece cada vez con mayor frecuencia- por parte de miembros del pueblo p´urhépecha. Lo que acerca a la tragedia. Porque una cosa es que hace cinco siglos, aturdido por el choque de la conquista o por las lentejuelas de vidrio, el cazoncin mismo se haya rendido a los españoles, y otra muy distinta, que hoy este mismo pueblo a veces baje la testa a entidades que no buscan otra cosa que explotarle y tenerle sujeto con el amarre del alcohol y del vino. Me refiero a las pínches cerveceras.

 

            Así como hace algunos años hubo “la guerra de las colas” -pleito mercadotécnico entre Pepsico y Coca Cola-, al menos a nivel regional y de manera muy particular aquí en la Meseta se está dando una lucha sin cuartel entre la Sol y la Corona. Lo que no es de extrañar. En el mundo capitalista y neoliberal no sólo suele suceder, sino que a quienes navegan en él y a sus reglas se acogen, no les queda para sobrevivir otra cosa. Se trata de aplastar al otro. Se trata de la sobrevivencia del más fuerte. Se trata de las reglas actuales de la economía y mercado. Nada qué ver con los valores cristianos. Nada qué ver con los valores comunitarios p´urhépecha. Lo que no es otra cosa que regresión supina a los inhumanos principios que fueron aplicados en la conquista de las geografías humana y física de los pueblos amerindios.

 

            ¿Qué se traen estas cerveceras en la Meseta? Que como para ellas el fin justifica los medios, no les está importando un comino comprar conciencias, doblegar dignidades, manipular autoridades, dividir comunidades y acentuar el alcoholismo con tal de incrementar sus ventas en estas tierras. Hipócrita es su mecanismo. También tramposo. Porque revestidas con piel de beneficencia llegan un día presentándose ante las autoridades comunales, civiles, educativas o religiosas de una comunidad cualquiera -como ya sucedió, entre muchas otras, con Capacuaro y Patamban- y, a cambio de un contrato de exclusividad ¡comunitario! les ofrecen de cien a trecientos mil pesos para ser aplicadas en las obras o proyectos que haya menester. Y como por acá la necesidad siempre es mucha, no tardan mucho en conseguir la firma.

 

            Tampoco, como se está viendo, tarda nada en sufrir un daño intenso la raigambre comunitaria. De múltiples maneras. Por un lado, la comunidad empeña su futuro. Prácticamente se vende a una marca. Por ejemplo, a la Sol, que está siendo la más agresiva. Ningún tendajón podrá, según ese contrato, vender otro tipo de cerveza. Lo que conlleva que un miembro de la comunidad tendría que salir de ésa para satisfacer con una Modelo, su gusto o su vicio. Por otra parte, esa cantidad de dinero termina siendo tentación de muchos. De ahí a la rebatiña y la división interna es sólo un paso. De ahí, además, a que pueda terminar dilapidándose, es otro pasito. Pero, el daño mayor, no cabe duda, es que de muchas formas, la comunidad comienza a ser asediada con un chubasco propagandístico tal de parte de “su” compañía cervecera, que el incremento en el consumo de alcohol se dispara sin más.

 

            Para añadir ofensa a engaño, está sucediendo también que ambas cerverceras hagan contrato de exclusividad con una y otra de las autoridades comunitarias y entonces esa pugna mercadotécnica se traslade a su vida interna. Esto puede acontecer porque hay comunidades que o tienen de a dos representantes de bienes comunales debido a sus luchas partidistas internas, o deambulan entre dos o más líderes cuyo papel es campear en sus respectivos ámbitos sin tomar en cuenta la unidad. Y es que la tentación del botín es mucha. Además, el problema se ha vuelto grande y amenaza con quedarse. Entonces la pregunta: ¿cómo compaginar con esta actitud el justo anhelo de autonomía de los p´urhépecha? ¿Dónde terminarán echando las lecciones de su historia? ¿Qué podrá más, la ambición de las cerveceras o la dignidad que les dejaron en resguardo sus tata k´éricha?

Comentarios: palenquepurhe@yahoo.com.mx


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