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Bajo las patas de las
cerveceras
Por: Francisco Martínez Gracián
La sabiduría de los pueblos se cuantifica por su
capacidad de aprender las lecciones de su historia. No cabe
duda, historia obliga. Más cuando alguno de ellos esté
teniendo la desgracia de sumar más de 500 años de navegar
prácticamente dominado y oprimido. Y no sólo por parte de
quienes jamás han cejado en arrebatarle su identidad
cultural y su patrimonio territorial, sino -lo que acontece
cada vez con mayor frecuencia- por parte de miembros del
pueblo p´urhépecha. Lo que acerca a la tragedia. Porque una
cosa es que hace cinco siglos, aturdido por el choque de la
conquista o por las lentejuelas de vidrio, el cazoncin
mismo se haya rendido a los españoles, y otra muy distinta,
que hoy este mismo pueblo a veces baje la testa a entidades
que no buscan otra cosa que explotarle y tenerle sujeto con
el amarre del alcohol y del vino. Me refiero a las pínches
cerveceras.
Así como hace algunos años hubo “la guerra de
las colas” -pleito mercadotécnico entre Pepsico y Coca
Cola-, al menos a nivel regional y de manera muy particular
aquí en la Meseta se está dando una lucha sin cuartel entre
la Sol y la Corona. Lo que no es de extrañar. En el mundo
capitalista y neoliberal no sólo suele suceder, sino que a
quienes navegan en él y a sus reglas se acogen, no les queda
para sobrevivir otra cosa. Se trata de aplastar al otro. Se
trata de la sobrevivencia del más fuerte. Se trata de las
reglas actuales de la economía y mercado. Nada qué ver con
los valores cristianos. Nada qué ver con los valores
comunitarios p´urhépecha. Lo que no es otra cosa que
regresión supina a los inhumanos principios que fueron
aplicados en la conquista de las geografías humana y física
de los pueblos amerindios.
¿Qué se traen estas cerveceras en la Meseta? Que
como para ellas el fin justifica los medios, no les está
importando un comino comprar conciencias, doblegar
dignidades, manipular autoridades, dividir comunidades y
acentuar el alcoholismo con tal de incrementar sus ventas en
estas tierras. Hipócrita es su mecanismo. También tramposo.
Porque revestidas con piel de beneficencia llegan un día
presentándose ante las autoridades comunales, civiles,
educativas o religiosas de una comunidad cualquiera -como ya
sucedió, entre muchas otras, con Capacuaro y Patamban- y, a
cambio de un contrato de exclusividad ¡comunitario! les
ofrecen de cien a trecientos mil pesos para ser aplicadas en
las obras o proyectos que haya menester. Y como por acá la
necesidad siempre es mucha, no tardan mucho en conseguir la
firma.
Tampoco, como se está viendo, tarda nada en
sufrir un daño intenso la raigambre comunitaria. De
múltiples maneras. Por un lado, la comunidad empeña su
futuro. Prácticamente se vende a una marca. Por ejemplo, a
la Sol, que está siendo la más agresiva. Ningún
tendajón podrá, según ese contrato, vender otro tipo de
cerveza. Lo que conlleva que un miembro de la comunidad
tendría que salir de ésa para satisfacer con una Modelo,
su gusto o su vicio. Por otra parte, esa cantidad de dinero
termina siendo tentación de muchos. De ahí a la rebatiña y
la división interna es sólo un paso. De ahí, además, a que
pueda terminar dilapidándose, es otro pasito. Pero, el daño
mayor, no cabe duda, es que de muchas formas, la comunidad
comienza a ser asediada con un chubasco propagandístico tal
de parte de “su” compañía cervecera, que el incremento en el
consumo de alcohol se dispara sin más.
Para añadir ofensa a engaño, está sucediendo
también que ambas cerverceras hagan contrato de exclusividad
con una y otra de las autoridades comunitarias y entonces
esa pugna mercadotécnica se traslade a su vida interna. Esto
puede acontecer porque hay comunidades que o tienen de a dos
representantes de bienes comunales debido a sus luchas
partidistas internas, o deambulan entre dos o más líderes
cuyo papel es campear en sus respectivos ámbitos sin tomar
en cuenta la unidad. Y es que la tentación del botín es
mucha. Además, el problema se ha vuelto grande y amenaza con
quedarse. Entonces la pregunta: ¿cómo compaginar con esta
actitud el justo anhelo de autonomía de los p´urhépecha?
¿Dónde terminarán echando las lecciones de su historia? ¿Qué
podrá más, la ambición de las cerveceras o la dignidad que
les dejaron en resguardo sus tata k´éricha?
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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