S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 03 de agosto de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Para servir a la Meseta (1)

             

Por: Francisco Martínez Gracián

          

         Si bien los problemas de la patria, definitorios y hartos, reclaman la atención de cada ciudadano; no se hallan a su alcance inmediato. No así los problemas de la matria. Su estrecha relación con el suelo que pisa y le alimenta, con el aire que respira, con el ambiente que le envuelve, constituyen un reclamo constante para que vea por ellos. ¿Quién más cuidará una casa sino el inquilino que la habita? Así que en tanto de siete ciudadanos connotados pende por ahora la sentencia del pasado proceso electoral nacional en el que una gran mayoría participamos, lo que suceda o no con esta pequeña región física y cultural donde se teclean estas letras -y me refiero, claro, a la Meseta P´urhépecha y a los 43 municipios que a sus faldas se asientan- pende de quienes los habitamos. La acción u omisión, el rumbo incierto o el rumbo claro, el disgregamiento o la unión comunitaria, una comunicación abierta o la cerrazón al diálogo, etc. determinarán, ni duda cabe, qué suceda con el capital territorial y con el legado cultural de quienes en ella vivimos y deambulamos.

 

         Y si la única actitud que reclama la patria a nivel ciudadano es la de servir; ésa misma, si bien más inmediata y concreta, espera la patria chica. Y si quien busque servir a la patria ha de indagar antes y en forma por demás acuciosa los rasgos que definen su geografía física y la personalidad de su geografía humana, ¿habría de esperar algo diferente de él su suelo matrio? De ahí que el cerro de la Beata, el río Duero y el Valle de Zamora reclamen un cuidado directo de todo zamorano; de ahí que la cuenca y el río del Cupatitzio lo esperen de quien se halle asentado en Uruapan; de ahí que el río Itzíkuaro y el Valle de Los Reyes lo pidan a los regios y, no faltaba más, que los volcanes, paninos, valles intramontanos y acuíferos de la Meseta lo estén exigiendo al p´urhépecha. Lo mismo se afirme de sus conglomerados humanos, a quienes por razón de origen toca cuidar de su manera histórica de concebir la vida, de relacionarse consigo, de cuidar su presente y de planear su futuro.

 

         De esta manera, para servir a quien sea -que en el fondo es la única manera de servirse a sí mismo- viene como un requisito sine qua non  buscar despojarse de todo subjetivismo, intentar dejar de lado todo autoritarismo, deshacerse de todo dogmatismo y hacer a un lado todo etnocentrismo. O según los postulados de Aguirre Beltrán, conscientes de nuestros cartabones culturales, despojarnos de ese traje y, en un primer paso, inculturarnos al paisaje físico y humano con el que pretendemos marchar. Porque se trata de emprender un proceso que nos conduzca a conocer hasta el último detalle sus vericuetos físicos y humanos. Lo que implica una preparación previa que lleva estudio, tiempo, amor y esfuerzo compartidos. En otras palabras, una vida. Al menos. Que no otra cosa, a diferencia de los de ahora, hicieron los grandes misioneros. Lo demás es temeridad y, tratándose del destino matrio, al menos una actitud irresponsable, como la que se da cuando un par de jóvenes comienzan sin más vida de pareja saltándose el noviazgo o como sucede cuando sin la debida experiencia se atenta un puesto público o, sin una preparación concreta, estar al frente de una cátedra o, por ejemplo, asumir la conducción de una parroquia.

 

         Para servir a la Meseta, tanto propios como extraños, hemos de partir, porque se trata de hacer realidad en todos los ámbitos una jimbanhi eiatsperhakua, de una intención evangélica. Aquí, como en parte alguna, no cabe la mentalidad del conquistador. Porque no se trata de asegurar un botín material o espiritual. Ni siquiera un puesto público, un liderazgo o una carrera. Se trata de asumir un paisaje físico y un devenir humano, con todas sus luces y sombras, en que lo que importa es marchar juntos, no el posicionamiento en la cadena. Y eso, al menos en teoría, lo enseña muy bien la Meseta. Se trata además, de, conocida y asumida su Xiranhua, ir definiendo un rumbo a su desarrollo que poco o nada tiene que ver con el que actualmente lleva y en el que no cabe casi nada de lo que actualmente vemos hacer a las empresas trasnacionales, a los diversos niveles de Gobierno, a las instituciones educativas, a las iglesias. Para servir a la Meseta, y aquí termino por ahora, se necesita eso que llaman passio. Moneda casi inexistente ahora.

  

P.D. Investigación, técnica y capital aplicados durante casi 16 años, están pudiendo más que la resistencia de las capas basálticas y la indiferencia de la comunidad: a los 300 metros y en la tercer prospección, el pozo profundo para agua potable de Capacuaro aportó 14.6 lps en la prueba de bombeo. A ver qué dice el aforo.

 

Comentarios: palenquepurhe@yahoo.com.mx


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