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Para servir a la
Meseta (1)
Por: Francisco Martínez Gracián
Si
bien los problemas de la patria, definitorios y hartos,
reclaman la atención de cada ciudadano; no se hallan a su
alcance inmediato. No así los problemas de la matria. Su
estrecha relación con el suelo que pisa y le alimenta, con
el aire que respira, con el ambiente que le envuelve,
constituyen un reclamo constante para que vea por ellos.
¿Quién más cuidará una casa sino el inquilino que la habita?
Así que en tanto de siete ciudadanos connotados pende por
ahora la sentencia del pasado proceso electoral nacional en
el que una gran mayoría participamos, lo que suceda o no con
esta pequeña región física y cultural donde se teclean estas
letras -y me refiero, claro, a la Meseta P´urhépecha y a los
43 municipios que a sus faldas se asientan- pende de quienes
los habitamos. La acción u omisión, el rumbo incierto o el
rumbo claro, el disgregamiento o la unión comunitaria, una
comunicación abierta o la cerrazón al diálogo, etc.
determinarán, ni duda cabe, qué suceda con el capital
territorial y con el legado cultural de quienes en ella
vivimos y deambulamos.
Y si la única actitud que reclama la patria a nivel
ciudadano es la de servir; ésa misma, si bien más inmediata
y concreta, espera la patria chica. Y si quien busque servir
a la patria ha de indagar antes y en forma por demás
acuciosa los rasgos que definen su geografía física y la
personalidad de su geografía humana, ¿habría de esperar algo
diferente de él su suelo matrio? De ahí que el cerro de la
Beata, el río Duero y el Valle de Zamora reclamen un cuidado
directo de todo zamorano; de ahí que la cuenca y el río del
Cupatitzio lo esperen de quien se halle asentado en Uruapan;
de ahí que el río Itzíkuaro y el Valle de Los Reyes lo pidan
a los regios y, no faltaba más, que los volcanes, paninos,
valles intramontanos y acuíferos de la Meseta lo estén
exigiendo al p´urhépecha. Lo mismo se afirme de sus
conglomerados humanos, a quienes por razón de origen toca
cuidar de su manera histórica de concebir la vida, de
relacionarse consigo, de cuidar su presente y de planear su
futuro.
De esta manera, para servir a quien sea -que en el
fondo es la única manera de servirse a sí mismo- viene como
un requisito sine qua non buscar despojarse de todo
subjetivismo, intentar dejar de lado todo autoritarismo,
deshacerse de todo dogmatismo y hacer a un lado todo
etnocentrismo. O según los postulados de Aguirre Beltrán,
conscientes de nuestros cartabones culturales, despojarnos
de ese traje y, en un primer paso, inculturarnos al paisaje
físico y humano con el que pretendemos marchar. Porque se
trata de emprender un proceso que nos conduzca a conocer
hasta el último detalle sus vericuetos físicos y humanos. Lo
que implica una preparación previa que lleva estudio,
tiempo, amor y esfuerzo compartidos. En otras palabras, una
vida. Al menos. Que no otra cosa, a diferencia de los de
ahora, hicieron los grandes misioneros. Lo demás es
temeridad y, tratándose del destino matrio, al menos una
actitud irresponsable, como la que se da cuando un par de
jóvenes comienzan sin más vida de pareja saltándose el
noviazgo o como sucede cuando sin la debida experiencia se
atenta un puesto público o, sin una preparación concreta,
estar al frente de una cátedra o, por ejemplo, asumir la
conducción de una parroquia.
Para servir a la Meseta, tanto propios como
extraños, hemos de partir, porque se trata de hacer realidad
en todos los ámbitos una jimbanhi eiatsperhakua, de
una intención evangélica. Aquí, como en parte alguna, no
cabe la mentalidad del conquistador. Porque no se trata de
asegurar un botín material o espiritual. Ni siquiera un
puesto público, un liderazgo o una carrera. Se trata de
asumir un paisaje físico y un devenir humano, con todas sus
luces y sombras, en que lo que importa es marchar juntos, no
el posicionamiento en la cadena. Y eso, al menos en teoría,
lo enseña muy bien la Meseta. Se trata además, de, conocida
y asumida su Xiranhua, ir definiendo un rumbo a su
desarrollo que poco o nada tiene que ver con el que
actualmente lleva y en el que no cabe casi nada de lo que
actualmente vemos hacer a las empresas trasnacionales, a los
diversos niveles de Gobierno, a las instituciones
educativas, a las iglesias. Para servir a la Meseta, y aquí
termino por ahora, se necesita eso que llaman passio.
Moneda casi inexistente ahora.
P.D. Investigación, técnica y capital
aplicados durante casi 16 años, están pudiendo más que la
resistencia de las capas basálticas y la indiferencia de la
comunidad: a los 300 metros y en la tercer prospección, el
pozo profundo para agua potable de Capacuaro aportó 14.6 lps
en la prueba de bombeo. A ver qué dice el aforo.
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palenquepurhe@yahoo.com.mx
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