S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S  

          DIARIO DIGITAL 17 de agosto de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Para servir a la Meseta (II)

             

Por: Francisco Martínez Gracián

          

            Las comunidades de la Meseta P´urhépecha, a la par del país, llevan siglos sufriendo y arrastrando situaciones caóticas. Ajenas a todo hilo conductor, sus geografías física y humana adolecen de una utopía generadora de rumbos y estructuras que estén definiendo ante propios y extraños, como legado a generaciones nuevas, el sello peculiar de su identidad histórica. Venga entonces esa pregunta que cada miembro de una comunidad, que cada comunidad, que todo el conjunto de comunidades que conforman la Meseta P´urhépecha ha de investigar acuciosamente y encontrarle una respuesta: ¿qué es ser p´urhépecha? De esa acepción, evolutiva por cierto, ha de pender la diferencia entre un proceso social inculturado en sus rumbos y métodos o dejarse empujar cual sucede a una veleta que yace a merced de los vientos de las sociedades dominantes cuya finalidad no es otra que acarrear el agua a su molino sin importar los medios.

 

            Esa pregunta ha de hacérsela también, de manera obligada, quien, aunque no sea p´urhépecha, desde la palestra en que se encuentre quiera tener algo qué ver con la Meseta. Particularmente quien presuma prestarle un servicio de veras. Y me refiero a todo tipo de investigadores, médicos, ingenieros, técnicos forestales, sociólogos, antropólogos, sacerdotes católicos, ministros de otras denominaciones religiosas, líderes políticos, gobernantes, etc. Pregunta cuya respuesta por cierto no han de encontrar  acuñada en un libro, porque por necesidad de método implica un guarismo compuesto de disposición auténtica al servicio, mentalidad abierta, disposición del tiempo necesario (casi siempre la totalidad de una vida), domiciliar en el territorio p´urhépecha y luego, poco a poco, ir ganando el privilegio de marchar al lado -respeto enorme de por medio- a través de los avatares que han ido y continúan marcando las fases y estadio de la historia contemporánea de este pueblo.

 

            Proceso que elude de radice, toda imprevisión. Porque, a diferencia de los grandes misioneros, si algunas han sido y son hasta ahora las características de quienes andamos marcando nuestra impronta en estas tierras, son la impremeditación, la improvisación, la irreflexión, la ligereza, la imprudencia, el descuido, la distracción, la negligencia, la inadvertencia, el desapercibimiento, la indeliberación, la precipitación, la inconsideración, el atolondramiento, la despreocupación, la omisión, el azar, la torpeza, la abulia, la apatía, la indiferencia. Que lo digan si no el estado en que se encuentran los bosques, el estado en que se halla la imagen urbana de los pueblos, el estado que guardan los programas educativos en las escuelas, el estado que acusa la pastoral regional, el estado en que yacen y navegan los usos y costumbres que identifican la pindekua, el estado en que se encuentran los conflictos agrarios, las pugnas políticas, las luchas internas. Porque cuando a quien dirige o participa en el devenir de estas queridas comunidades, sea como agente endógeno o como exógeno, no se le exige una capacitación previa que le lleve a un conocimiento alquitarado de la historia, cultura y características físicas y humanas del entorno p´urhépecha, el resultado será que termine sirviéndose a sí mismo a costa y merma de un servicio auténtico a la Meseta.

 

            Póngase por ejemplo la manera en que se accede a un puesto público o a un cargo en la Iglesia. Nunca el presidente saliente de un Municipio es requerido por el entrante (a no ser en el estado contable que guarde su administración) en los por qué y cómo de su línea de gobierno. Porque quien entra no anda buscando continuidad, sino, como reza el argot latino, que recedant vetera! Tampoco, cuando se designa un párroco a estas tierras, se exige, si no experiencia probada que garantice el know how, sí al menos un deseo explícito de servir, una preparación ad hoc que le dé consistencia, una consulta previa con la comunidad a la que se le destina y en el interim un sesudo diálogo con quien deja el cargo a fin de garantizar que procesos exitosos se afirmen y que el fracaso en otros desaparezca. De no ser así, tanto quien otorga el cargo como quien lo asume acusarán temeridad donde debieran acusar prudencia.

 

 Francisco Martínez

 

P.D. Aforo del pozo de Capacuaro: 14.6 lps. En tanto, la comunidad sigue dividida por la guerra de las cerveceras. No cede posición alguna. Agua que no lava heridas, ¡mejor al manto volviera!

Comentarios: palenquepurhe@yahoo.com.mx


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