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Para servir a la
Meseta (II)
Por: Francisco Martínez Gracián
Las comunidades de
la Meseta P´urhépecha, a la par del país, llevan siglos
sufriendo y arrastrando situaciones caóticas. Ajenas a todo
hilo conductor, sus geografías física y humana adolecen de
una utopía generadora de rumbos y estructuras que estén
definiendo ante propios y extraños, como legado a
generaciones nuevas, el sello peculiar de su identidad
histórica. Venga entonces esa pregunta que cada miembro de
una comunidad, que cada comunidad, que todo el conjunto de
comunidades que conforman la Meseta P´urhépecha ha de
investigar acuciosamente y encontrarle una respuesta:
¿qué es ser p´urhépecha? De esa acepción, evolutiva por
cierto, ha de pender la diferencia entre un proceso social
inculturado en sus rumbos y métodos o dejarse empujar cual
sucede a una veleta que yace a merced de los vientos de las
sociedades dominantes cuya finalidad no es otra que acarrear
el agua a su molino sin importar los medios.
Esa pregunta ha de hacérsela también, de manera
obligada, quien, aunque no sea p´urhépecha, desde la
palestra en que se encuentre quiera tener algo qué ver con
la Meseta. Particularmente quien presuma prestarle un
servicio de veras. Y me refiero a todo tipo de
investigadores, médicos, ingenieros, técnicos forestales,
sociólogos, antropólogos, sacerdotes católicos, ministros de
otras denominaciones religiosas, líderes políticos,
gobernantes, etc. Pregunta cuya respuesta por cierto no han
de encontrar acuñada en un libro, porque por necesidad de
método implica un guarismo compuesto de disposición
auténtica al servicio, mentalidad abierta, disposición del
tiempo necesario (casi siempre la totalidad de una vida),
domiciliar en el territorio p´urhépecha y luego, poco a
poco, ir ganando el privilegio de marchar al lado -respeto
enorme de por medio- a través de los avatares que han ido y
continúan marcando las fases y estadio de la historia
contemporánea de este pueblo.
Proceso que elude de radice, toda
imprevisión. Porque, a diferencia de los grandes misioneros,
si algunas han sido y son hasta ahora las características de
quienes andamos marcando nuestra impronta en estas tierras,
son la impremeditación, la improvisación, la irreflexión, la
ligereza, la imprudencia, el descuido, la distracción, la
negligencia, la inadvertencia, el desapercibimiento, la
indeliberación, la precipitación, la inconsideración, el
atolondramiento, la despreocupación, la omisión, el azar, la
torpeza, la abulia, la apatía, la indiferencia. Que lo digan
si no el estado en que se encuentran los bosques, el estado
en que se halla la imagen urbana de los pueblos, el estado
que guardan los programas educativos en las escuelas, el
estado que acusa la pastoral regional, el estado en que
yacen y navegan los usos y costumbres que identifican la
pindekua, el estado en que se encuentran los conflictos
agrarios, las pugnas políticas, las luchas internas. Porque
cuando a quien dirige o participa en el devenir de estas
queridas comunidades, sea como agente endógeno o como
exógeno, no se le exige una capacitación previa que le lleve
a un conocimiento alquitarado de la historia, cultura y
características físicas y humanas del entorno p´urhépecha,
el resultado será que termine sirviéndose a sí mismo a costa
y merma de un servicio auténtico a la Meseta.
Póngase por ejemplo la manera en que se accede a
un puesto público o a un cargo en la Iglesia. Nunca el
presidente saliente de un Municipio es requerido por el
entrante (a no ser en el estado contable que guarde su
administración) en los por qué y cómo de su línea de
gobierno. Porque quien entra no anda buscando continuidad,
sino, como reza el argot latino, que recedant vetera!
Tampoco, cuando se designa un párroco a estas tierras, se
exige, si no experiencia probada que garantice el know
how, sí al menos un deseo explícito de servir, una
preparación ad hoc que le dé consistencia, una
consulta previa con la comunidad a la que se le destina y en
el interim un sesudo diálogo con quien deja el cargo
a fin de garantizar que procesos exitosos se afirmen y que
el fracaso en otros desaparezca. De no ser así, tanto quien
otorga el cargo como quien lo asume acusarán temeridad donde
debieran acusar prudencia.
Francisco
Martínez
P.D. Aforo del pozo de
Capacuaro: 14.6 lps. En tanto, la comunidad sigue dividida
por la guerra de las cerveceras. No cede posición alguna.
Agua que no lava heridas, ¡mejor al manto volviera!
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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