|
LOS
“CAÑONES
DE
AGOSTO”
(EN
MICHOACÁN)
ivimos en un
mundo inhumano, plagado de conflictos, nuevas amenazas y
zonas de desastre que irrumpen en la escena día tras día.
Principalmente en el hemisferio sur del globo terráqueo,
pequeñas y grandes catástrofes naturales y crisis locales y
regionales se multiplican por intereses geopolíticos y
económicos; por cacicazgos y el control de territorios y las
fuentes estratégicas de recursos naturales, así como por las
desigualdades sociales y económicas existentes.[1]
Cuando las imágenes televisivas de algún
cataclismo, que ocurre en cualquier lugar de la Tierra,
apenas desaparecen, una nueva tragedia
toma su lugar.
I. INGOBERNABILIDAD Y
VIOLENCIA EN MICHOACÁN
Estas situaciones que ocurren en otras
latitudes, se presentan también en México, e incluso en
Michoacán, con ejemplos vergonzosos de matanzas de
campesinos, obreros, e indígenas, expulsión forzada de
familias y despojo de sus tierras, conflictos derivados de
la explotación ilegal del bosque por terratenientes, y
“focos rojos” ancestrales de linderos de propiedades y de
tenencia comunal.
Vulnerabilidad y Expulsión Medioambiental
En este contexto, tengamos en cuenta que
muchas de las familias rurales pobres del mundo están en
esta condición, para empezar, como resultado de los
mencionados despojos y expulsiones de las mejores tierras; y
subsisten ahora en zonas marginadas, terrenos erosionados de
semidesierto o ladera empinada, y, por lo tanto, poco aptas
para la actividad agrícola.
De esto se deriva –en conjunto con una
descapitalización acumulada por muchos años en sus activos
productivos–, una vulnerabilidad incrementada (social,
económica, medioambiental) que padecen estas mismas familias
del campo (muchas conducidas por mujeres), tanto a los
fenómenos económicos como a las catástrofes naturales. De
aquí la proliferación de los “refugiados medioambientales”,
que pueden ser migrantes de México, Haití o cualquier otro
país, a los cuales no les queda sino abandonar las parcelas
con que cuentan de tierras tan pequeñas o erosionadas y
desnudas de toda vegetación. Esto ocurre cotidianamente y
sin remedio aparente, “cuando el suelo se muere y la noria
se seca”[2].
“Ajustes” y “Levantamientos”
Los recurrentes eventos de violencia,
secuestros y ejecuciones, y no solamente conflictos agrarios
al seno de comunidades rurales vecinas, con lamentables
pérdidas de vidas humanas, nos obligan a reflexionar sobre
las condiciones de vida y seguridad, tanto en las ciudades y
centros económicos principales de Michoacán (Apatzingan, La
Piedad, Morelia, Uruapan), como en las zonas rurales e
indígenas más empobrecidas de nuestro estado. Estos hechos
violentos, invariablemente con despliegue de armas largas,
son clara demostración de una severa falta de gobernabilidad
y no solamente de control efectivo del orden.
Las aumentadas estadísticas de individuos
ejecutados en lo que va del presente año, que son ya casi el
doble en comparación con las del año pasado para el mismo
periodo, tanto a nivel estatal como nacional, y las nuevas
formas de “ajuste” y agresión, ya sea que hayan ocurrido en
lugares remotos o a la vuelta de la esquina de nuestros
vecindarios, son ya motivo de seria preocupación.[3]
Pero es aún más alarmante el control que las
bandas organizadas ejercen de zonas geográficas y sobre los
cuerpos policiacos. Alarmante es, igualmente, que el
ritmo de captación de nuevos reclutas por la delincuencia
organizada resulte ser mayor que el de los numerosos
ejecutados. También en Michoacán tenemos a nuestros niños y
jóvenes de la guerra.[4]
Es conveniente dejar claramente asentado que
los conflictos de Michoacán no están únicamente relacionados
con el narcotráfico o con los múltiples asuntos agrarios
pendientes. Los conflictos tampoco son privativos de la
Meseta P’urhépecha, ni resultado de la intransigencia o
falta de civilidad de los habitantes de las comunidades
indígenas.
La michoacanización de la violencia, comprende,
además, enfrentamientos entre grupos antagónicos de choferes
de unidades del transporte urbano en la capital del estado,
protestas públicas y toma de edificios universitarios por
los movimientos de jóvenes rechazados, ante el limitado
acceso a la universidad y otras instituciones educativas, a
la vez que protestas sindicales de maestros y otros
trabajadores. El conflicto de la siderúrgica Lázaro
Cárdenas–Las Truchas, continuado después del intento de
desalojo de los obreros en huelga, con la pérdida de dos
vidas humanas, sigue sin solución.
Talamontes
contra Comuneros
En este
sentido, es importante insistir que las riquezas forestales
de Michoacán no se encuentran amenazadas por las hachas y
machetes de lo campesinos y comuneros que derriban árboles,
de uno en uno, para cubrir sus propias necesidades. La
amenaza constante esta dada por las sierras eléctricas de
las bandas organizadas que sistemáticamente saquean el
bosque en complicidad con algunas autoridades municipales,
estatales y federales, las cuales operan equipadas con
vehículos todo-terreno, teléfonos celulares y armas de alto
poder. Esto ocurre en todas las zonas forestales, ya sea en
el refugio de la mariposa monarca, como en la Cañada de los
Once Pueblos.[5]
Esta es una situación de gestión de
los recursos naturales crecientemente fuera de control, que
habla ya de “una comunidad llena de fantasmas –no de gente–,
sino de la naturaleza. Un paraíso perdido.”[6]
Los tristes hechos de Cherán Átsikurhin,
anteayer, con un niño de Ahuiran asesinado a campo abierto
frente a su padre; y los de marzo pasado, con
enfrentamientos a balazos entre talamontes y miembros de los
cuerpos policiacos (resultando en la muerte de uno de estos
últimos), nos obligan
a replantear asuntos que consideramos son clave para el
bienestar de nuestras comunidades rurales e indígenas. Se
tienen que considerar, para empezar, las acciones necesarias
para que terminen los conflictos por las disputas de tierras
comunales.
Pero, todo planteamiento en este sentido,
debe poner en correcta perspectiva la realidad de Michoacán,
con respecto del lento y errático ritmo de su desarrollo
(uno de los más bajos del país, en función de los índices
sociales, económicos, educativos y de salud). Destaca, entre
ellos, la extensa ubicuidad del fenómeno migrante, el cual
inicialmente era rural, indígena y campesino, mas ahora es
ya también urbano e incluye asimismo a personas con estudios
superiores.
El Campo Michoacano
Las
capacidades de “aguantar” del campo michoacano son
extremadamente limitadas, principalmente cuando se examinan
las condiciones de la agricultura tradicional, temporalera y
de autoconsumo; se analizan las debilidades de los programas
actuales de desarrollo rural; y se toman en cuenta las
cargas de trabajo y responsabilidades extremas de las
mujeres campesinas e indígenas. Esta capacidad del campo de
sostener por sí mismo los requerimientos mínimos de
subsistencia de los habitantes de los miles de rancherías y
comunidades indígenas de Michoacán, ha sido rebasada décadas
atrás. Así lo demuestran los paisajes de vulnerabilidad y
pobreza, lo reducido e irrelevante de la infraestructura
social y productiva existente, y la débil educación y
organización al nivel de base.
De igual
manera, las capacidades actuales de generación de empleo y
riqueza en las varias regiones económicas no son
suficientes, como se ejemplifica por la baja capitalización
y elevada fragmentación de las parcelas; por lo inadecuado y
extremadamente modesto de la vivienda rural; y por la muy
alta intensidad migratoria de nuestro estado.
Las “Crisis
de Agosto” en la Entidad
La entidad
ha caído en una trampa difícil y profunda. Una trampa de
escaramuzas políticas en las calles y las escuelas, de
indígenas asesinados a mansalva en el monte, de ejecutados a
luz plena en el núcleo comercial de la capital, así como de
mensajes de advertencia transmitidos con los cadáveres de
individuos apenas victimados y desmembrados.
Son estas
crisis separadas –“nunca graves, entre particulares, y todas
bajo control”, pero desgraciadamente cotidianas–, las que
con mucha probabilidad pueden un día coincidir en una sola
reacción en cadena, mostrando abiertamente la cara de la
represión, y amenazando la estabilidad de la entidad y del
país. Se trata de una trampa de la cual, hasta hoy, parece
no haber salida.[7]
II. PRINCIPIOS Y
PROPÓSITOS DE LA GOBERNABILIDAD
La falta de gobernabilidad en nuestro estado
es de origen por la limitada comprensión de la función misma
del buen gobernar en su sentido más amplio. La
ingobernabilidad va más allá de las funciones específicas de
administración que no son ejecutadas con la transparencia,
previsión, efectividad y probidad como debería ser, ya sean
éstas relativas a la formulación de planes y programas de
desarrollo o a la asignación de presupuestos y su ejecución.
Pero incluso en estas funciones, y por lo que corresponde a
las comunidades indígenas, es generalizado el reclamo por la
ausencia de respuesta y solución, como se demuestra por los
múltiples pendientes bajo el modelo dominante de “atención a
la demanda”.
Una Definición Indispensable
La
gobernabilidad, por definición, comprende las tradiciones,
instituciones y procesos que determinan la manera en que el
poder es ejercitado, la forma en que los ciudadanos pueden
expresar sus voces, y el modo en que las decisiones son
tomadas y ejecutadas, en la práctica, acerca de los asuntos
de interés público. Gobernabilidad no es un sinónimo de
gobierno; ni los problemas de política pública (que son
intrínsecos a esta condición) son sólo de preocupación o
responsabilidad gubernamental, sino de todos los actores
sociales, entre los cuales el gobierno es uno de los tantos
participantes. Y
servir es la obligación del gobernante.
Uno de los principios clave de la buena gobernabilidad
consiste en la libre determinación, expresada de manera
material en la autonomía; y ésta en la territorialidad
político-administrativa. Aquí, sencillamente, se aplica el
principio básico de la administración pública de que lo
local es y debe ser manejable por los que ahí habitan. Esto
es relevante tanto para ciudades grandes y municipios
importantes, como para la más pequeña unidad administrativa,
como sería el caso de una jefatura de tenencia.
Normalmente
se reconoce que las listas de especies en riesgo de
extinción y los múltiples habitats que resultan
degradados, año con año, son señales de fracasos
medioambientales, pero muy raramente se aceptan como
resultado de fallas de gobernabilidad (UNDP, et al,
2003). Y en este contexto al igual que en el del desarrollo
en general, son las decisiones humanas las que cuentan.
Por lo que
un entendimiento separado y análisis completo, merecen los
asuntos de la gestión de los territorios y de los recursos
naturales, principalmente por lo que se refiere a las
regiones y comunidades pobres y marginadas con bosques bajo
tenencia comunal. Cabe aquí hacer referencia explícita a la
gran extensión de las áreas forestales del país y la
entidad, y a la estimación oficial de que más de doce
millones de habitantes de comunidades rurales e indígenas
viven en regiones forestales bajo condiciones de marginación
y muy alta marginación; esto a pesar de ser propietarios de
más del sesenta por ciento de los bosques y selvas de la
nación.
Pero
mientras la prosperidad de cientos de comunidades rurales se
encuentra restringida por razones históricas, territoriales,
de dotación de recursos naturales, y por la dominación que
ejercen las cabeceras municipales, el gobierno estatal
afronta el tema de la “remunicipalización”, más en la línea
de un ente tributario, recaudador de rentas fiscales, que de
entidad promotora del desarrollo. Esta actitud se mantiene
sin considerar el gran valor que los así llamados
servicios ambientales (e.g., agua y aire) de los bosques
de la Meseta P’urépecha y otras regiones, prestan a la
sociedad en general. Estos servicios, más bien, deberían
justificar transferencias mayores de recursos –y la gestión
autónoma de estos– para salir del rezago en el que se ha
mantenido a estas comunidades hasta la fecha.
Por otra
parte, estamos además convencidos de que para evitar la
violencia, las muertes y los encarcelamientos de jóvenes y
gente inocente, hace falta un cambio radical del paradigma
de actuación gubernamental y ciudadana, pasando de la
omisión o la reacción tardía, hacia la prevención.[8]
En la base de los preceptos
básicos de la salud pública, este nuevo paradigma establece
que el vivir en paz y en armonía es mucho más que solo
conseguir la ausencia de la guerra o de las plagas y las
enfermedades. Por eso, la prevención de conflictos es una
solución anticipada y superior que cualquier respuesta a las
emergencias y a la reconstrucción después de las
catástrofes.
Para esto se
deben tomar en cuenta, también, y sin menosprecio, las
convivencialidades inherentes y naturales de las
poblaciones rurales e indígenas, y sus elementos
comunitarios intrínsecos de unidad, riesgo compartido y
resolución colectiva de problemas, y nunca jamás las
intervenciones policiacas y militares.[9]
Por esto se
debe dar paso al ejercicio de autonomías regionales y
comunales plurales y diversas. Estas autonomías –de hecho–
son condiciones necesarias para la creación de estructuras
institucionales auténticamente representativas en nuestros
territorios, las cuales permitan el ejercicio de pluralismos
político-administrativos para una verdadera gobernabilidad
económica, social, medioambiental, y no sólo para una
simbólica representación, ostentación protocolar de bastones
de mando y procuración menor de justicia.
III. UNA OFENSIVA DE PAZ
El más
apremiante de los anhelos humanos es conseguir el habitar en
un mundo sin pobreza y libre de la angustia que ésta genera.
Por eso tenemos que oponernos decididamente tanto a las
guerras que se libran con cohetes y bombas “inteligentes”
como a las que se combaten por medio de los “niños de la
guerra”.
La guerra que es verdaderamente inevitable es
la que debemos librar por la eliminación de la pobreza y la
marginación en todas sus manifestaciones (ONU, 2004). La
nuestra, es un acto en defensa de la vida y la biodiversidad
así como de los monumentos y tesoros históricos de la
antigüedad en cualquiera de las zonas de conflicto, y en
contra del exterminio masivo de poblaciones y especies
animales y vegetales.
Para tener éxito, en esta guerra, se requiere
de armas de salvación masiva en lugar de las
convencionales armas de destrucción masiva (Jeffrey Sachs).
Estas armas de salvación masiva son, entre otras, el agua
limpia, las medicinas y las intervenciones de salud y
sanidad medioambiental a nivel comunitario, además de la
educación, los conocimientos y las tecnologías que de ahí se
derivan. Son, en suma, todos los activos estratégicos
(tecnológicos, económicos, organizacionales) (IFAD, 2001),
de los que han sido despojados –o se les han negado a los
habitantes de las comunidades empobrecidas.
Por lo que
corresponde a nuestras líneas de batalla más cercanas, en la
Meseta P’urhépecha, el Oriente, la Costa o la Cañada de los
Once Pueblos, no nos queda más que continuar luchando para
prevenir los conflictos sociales de nuestro país y de
Michoacán, movilizando “nuestros recursos naturales y
materiales para producir bienestar en vez de miseria, y paz
en vez de guerra (Lázaro Cárdenas del Río)”.
Invocación
Ante
las amenazas cotidianas del atraso social y de la angustia y
pesadumbre que sufren hombres, mujeres y niños de las zonas
marginadas y empobrecidas de nuestra nación, invoquemos
solemnemente que el desarrollo —y lo que este
concepto, como profecía, puede augurar de justicia material,
seguridad y libertad— no sólo es la primera línea de
defensa, es el nuevo, único y verdadero nombre de la Paz.
Barrio de San Pedro Urhépati, Santa Fe
de la Laguna, Michoacán, a 20 de agosto de 2006.
REFERENCIAS
FREEMAN,
Laurie (2006)
Estado
bajo asalto: la narcoviolencia y corrupción en México. Las
consecuencias indeseadas de la guerra contra las drogas.
Informe especial de la Oficina en Washington para Asuntos
Latinoamericanos (WOLA).
IFAD (2001)
Enabling the Rural Poor to Overcome Their
Poverty. Strategic Framework for IFAD 2002-2006.
Rome: International Fund for Agricultural Development of the
United Nations.
ONU (2004)
Un mundo
más seguro: la responsabilidad que compartimos.
Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los
desafíos y el cambio. Organización de las Naciones Unidas:
Nueva York.
RAMÍREZ, M.
Isabel y Raúl Zubieta (2005)
Análisis
regional y comparación metodológica del cambio en la
cubierta forestal en la Región Mariposa Monarca.
Reporte Técnico preparado para el Fondo para la Conservación
de la Mariposa Monarca. México: Instituto de Geografía,
Universidad Nacional Autónoma de México.
RICO MORA,
Tomás N. (2006)
¿Agrarismo del Siglo 21? México: Las Dimensiones
Estratégicas del Desarrollo Rural Comunal.
Documento de trabajo, verano de 2006. Morelia: Centro de
Estudios de Libre Discusión.
UNDP, et al (2003)
World Resources 2002-2004: Decisions for the
Earth: Balance, voice, and power.
Nairobi, New York, Washington, DC: United
Nations Development
Programme, United Nations Environment
Programme, World Bank, World Resources Institute.
World Vision (2005)
Global Future
(first quarter 2005). Monrovia (California)
NOTAS
[1]
De acuerdo con el Informe del Grupo de Alto Nivel
sobre las amenazas, los desafíos y el cambio,
equipo de trabajo establecido por el Secretario
General de las Naciones Unidas, hay seis grupos de
amenazas que deben preocupar al mundo en estos días
y en los próximos decenios: Guerras entre Estados;
Violencia dentro del Estado, con inclusión de
guerras civiles, abusos en gran escala de los
derechos humanos y genocidio; Pobreza, enfermedades
infecciosas y degradación del medio ambiente; Armas
nucleares, radiológicas, químicas y biológicas;
Terrorismo; y Delincuencia transnacional organizada
(ONU, 2004).
[2]
Lester R. Brown, ““When the soil dies
and the well dries”, International Herald Tribune,
14 de febrero de 2004.
[3]
La ola y despliegue de violencia en las calles y
territorios de Michoacán, reflejada en casi 200
ejecuciones violentas (muchas con saña inédita)
durante los primeros seis meses de 2006, supera en
gran medida la ocurrida durante el mismo periodo del
año anterior. El total alcanza ya 288 ejecutados, al
20 de agosto de 2006, cifra incrementada mayormente
en este mes. A nivel nacional, el saldo de la
violencia asociada con los cárteles de la droga,
durante el primer semestre es de mil tres muertos
(1003) en comparación con los primeros seis meses de
2005, en los que hubo 683 ejecutados: El
Universal, 1º de julio de 2006. Para un estudio
completo del impacto del crimen organizado en el
país, ver: Freeman, 2006.
[4]
Los Niños Narcos de Michoacán, revista
Proceso, No 1491, 29 de mayo de 2005.
[5]
Para el caso de la mariposa monarca, ver el estudio
técnico de
Ramírez y Zubieta (2005),
y los ejemplos documentales de prensa internacional:
Ginger Thompson, “Where Butterflies Rest, Damage
Runs Rampant”, (The New York Times, 2 de
junio de 2004); y James C. McKinley Jr., “Chain Saw
Thins Flocks of Migrants on Gold Wings.”
(The New York Times, 14 de
marzo de 2005). Ver también, en la prensa nacional:
(i) Iván Restrepo, “Monarcas y campesinos, ¿al fin a
salvo?” (La Jornada, 3 de diciembre de 2001;
(ii) María de Jesús Martínez, “Vuela la Monarca
hacia un futuro incierto.” (El Financiero, 6
de febrero de 2004); y recientemente, (iii) Oscar
Villeda Esquivel,
“Denuncia Conanp foco rojo en zona de
Reserva de la Mariposa Monarca.” (La Jornada
Michoacán, 9 de agosto de 2006).
[6]
Refiriendose a Contepec, son palabras del poeta y
ambientalista Homero Aridjis, en el artículo arriba
citado de James C. McKinley Jr.
[7]
Al igual que el título general del presente ensayo,
paráfrasis del reciente artículo editorial de
Richard Holbrooke: “The Guns of August”, The
Washington Post, 10 de agosto de 2006.
[8]
De la experiencia de otros países, ver, por ejemplo,
el número especial de la revista Global Future,
dedicado al tema de la seguridad (World Vision,
2005).
[9]
“Aprendiendo de las comunidades que evitan los
conflictos”, M. Wallace, en World Vision, 2005:
donde las identidades locales y regionales cuentan,
a la vez que la cohesión social comunitaria y la
comunicación interna, real, entre autoridades
auténticamente representativas y los habitantes de
barrios y comunidades. Esto en contraposición a las
acciones y agendas de intermediarios externos, así
como a los arreglos artificiales y promesas
negociadas que luego no se cumplen
|
|
|