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Los mensajes
de XEPUR se pierden en el amplio bagaje de información
superficial
La radio
cultural XEPUR,
celebró 42 aniversario
Las
Instituciones oficiales que trabajan en la región
P’urhepecha mantienen su sofisticado y burocrático mecanismo
de atención a las demandas de los indígenas.
Para
aterrizar los programas correspondientes, se recurre a los
mismos indígenas para convencer a sus co-comuneros de
aquellos beneficios. Se contrata a profesionistas
p’urhepecha, muchos de ellos conscientes de su origen,
identidad y compromiso social con su pueblo. Otros ocupan
los puestos por obtener un ingreso económico -muy válido en
estos tiempos de crisis- pero muy cuestionable y lamentable
en términos de resultados para nuestro Pueblo Indígena.
(Sería interesante analizar cada aspecto que afecta la
existencia p’urhepecha; nos ilustraría mucho conocer lo que
pasa en lo Educativo, en lo Político, en lo Religioso y en
general en cada uno de los ámbitos de la vida diaria).
El
ejemplo a mi alcance es acerca del servicio de comunicación
que damos en la radiodifusora XEPUR con sede en el Centro
Coordinador para el Desarrollo Indígena en Cheran,
Michoacán, una Unidad Operativa más de la Comisión Nacional
para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Institución
donde colaboro en la producción y conducción de programas de
radio.
Considero que el servicio de comunicación en la región debe
ser revisado y analizado con la profundidad que merece una
labor que impacta a un importante sector de la comunidad que
muy poca oportunidad ha tenido para prepararse
académicamente, y para quienes esta radio resulta su única
fuente de información.
En
este contexto, mi reflexión inicia con las consideraciones
siguientes:
A) Las
formas actuales de emisión de mensajes de XEPUR se pierden
en el amplio bagaje de información superficial o
desinformación, que publica la radio comercial en la región,
y al repetir los esquemas a la manera comercial, muy poco se
toman en cuenta los criterios de y para la cultura
p’urhepecha, con lo cual se generan resultados cuestionables
y lamentables, como la pérdida de elementos importantes de
nuestra identidad. Al no profundizar en lo propiamente
indígena, lo nuestro se ve como algo ajeno, como aquello
pasado de moda, algo que hasta ahora solo tenemos que
recordar con nostalgia y admirar como curiosidad; por esa
misma desinformación precisamente, parece imposible actuar
para su rescate y preservación. (Esta reflexión la estoy
manifestando desde mi ingreso a este lugar, hace más de diez
años, y desde entonces entiendo que estos temas no son del
gusto de los directivos inmediatos ni de oficinas centrales
de CDI).
B)
Muchos p’urhepecha, si no es que todos, sabemos del
movimiento indígena independiente en nuestro país y que es
la propuesta que está mucho más cerca de la visión indígena,
en sus formas, criterios y todo lo que implica nuestra
existencia. Sin embargo, y al parecer, la burocracia
institucional siente temor de ser desplazada de su empleo,
por eso evita al máximo que esta propuesta sea escuchada,
pues es de suponer que en el momento que los indios tomemos
nuestras propias decisiones, tendríamos que ejecutar todos
los trabajos en ésta o en cualquier otra Institución, en
cada uno de los procesos como la investigación, diagnóstico,
planeación, programación, y hasta la ejecución y su
evaluación; o en su caso las acciones que fueran siendo
requeridas para atender las necesidades y propuestas de la
propia Comunidad.
Creo
que, mientras los “no indígenas” tratan de mantener un
empleo, para los indios trabajar en una Institución que
atiende a su comunidad significa la existencia misma, y
aunque implica la percepción de un salario, mayormente
tendría que ver con un compromiso, una convicción y la
definición de su identidad como p’urhepecha en la búsqueda
de formas de defender y preservar los elementos de nuestra
cultura, nuestra vida. Es de valorar a quienes no son
indígenas y que trabajan para los indios, conscientes de
esta situación y condición.
C) La
Institución, al menos en nuestra región, se ha dedicado a
cuidar su Institucionalidad, respetando en todas sus formas,
las normas, reglas, políticas y disposiciones que se dictan
desde oficinas centrales, lo cual es su obligación, sin
embargo los responsables de aplicarlas en nuestra región
desfasan esa labor en relación con la Comunidad, ya que por
una parte las disposiciones se dan sin conocer las
condiciones locales, y por otra, la comunidad tiene sus
propias necesidades por cubrir, o sus propias formas y
criterios para interrelacionarse dentro y fuera.
En
este desfase de acciones y visiones, interviene un elemento
que es clave en las formas para aterrizar los servicios de
la radio, y/o los recursos en el caso de la CDI y otras
Instituciones, el Profesional Indígena.
Creo
que el profesionista p’urhepecha actualmente requiere de una
revisión a conciencia a profundidad y con toda objetividad
de la labor que desempeña en y desde las Instituciones para
las comunidades (aún en lo que hace o no hace al interior de
su comunidad). En este punto, mi reflexión parte de que,
hubo un momento en que la necesidad económica indujo a
muchos p’urhepecha a ofrecer su fuerza de trabajo al sistema
educativo indígena. En muchos casos resultó efectivamente un
crecimiento, que pudo haber sido en lo individual o tal vez
hasta familiar en lo económico, pero con resultados muy
pobres en función de una superación intelectual y humano
desde la persona y consecuentemente para nuestra sociedad.
En algún tiempo hubo una emigración de profesores que
salieron de sus comunidades con la idea de vivir en una
“mejor” sociedad mestiza, muchos “ascendieron” a otros
sistemas educativos no indígenas y dejan el nivel indígena,
como forma crecer y de dejar de ser indios (!)
Comparto también como muchos, la idea de que nadie
tiene la autoridad moral suficiente como para hablar del
tema, mucho menos cuestionarlo, sin embargo considero
necesario mencionarlo ahora para entender el desempeño
actual de nuestros profesionales o de quienes pudieron
prepararse académicamente y ahora ejercen alguna función en
cualquiera de los niveles de gobierno.
Con
esa visión de “ascenso” constante se da un encuentro entre
estos dos entes, el de las instituciones que tratan de
mantener formas asistencialistas e integracionistas
(indigenistas) de responder a las demandas de los Indios,
por una parte y por la otra ese desarrollo individualista
que han asumido algunos profesionales P’urhepecha. Ninguno
de estos casos considera un desarrollo sostenido y
autogestivo, propio de y para el Pueblo Indígena.
En
este momento, cuando estamos por conmemorar el XXIV
Aniversario de la emisora (02 de Octubre de 2006) la
situación es muy ilustrativa, por la forma en que ha venido
desarrollando la función que le corresponde como medio de
comunicación en la región.
Después de más de dos años de que hayamos logrado que un
compañero P’urhepecha, Profesor de Educación Indígena (en
funciones?) asuma la dirección de esta emisora (frente a la
negativa del personal de oficinas centrales de CDI), muy
poco o nada hemos podido realizar quienes nos empleamos en
esta Radio de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los
Pueblos Indígenas y que sentimos un compromiso con nuestros
hermanos P’urhepecha. A estas fechas vemos que todo lo que
haga o proponga debe ser avalado primeramente desde oficinas
centrales (mediante el director). Y lo que no sea
indigenista tendrá dificultades para ser tratado por la
radio. Como decimos comúnmente, “nos salio el tiro por la
culata”, ya que confiamos en que un hermano indígena
trabajaría para nuestro Pueblo con la normatividad que marca
la Institución. Ejemplos?, El tratamiento que se dió a la
problemática que se generó recientemente en la Escuela
Normal Indígena de Michoacán al aplicar su examen de
selección, entre muchos otros acontecimientos regionales;
pero mayormente lo que ocurre al interior de la emisora que
repercute en nuestro Pueblo indígena como el descuido en el
uso de nuestra lengua p’urhepecha, y aún la castellana, y
aunque tal vez a ésta última no nos corresponda cuestionarla
sin embargo la utilizamos, por lo que debíamos emplearla con
cuidado y además tratando de ser propositivos en su uso,
como una aportación hacia el radioescucha; por otra parte,
se sigue con la misma forma de “fortalecer” al Consejo
Consultivo de la radio, es decir, sin una representatividad
efectiva, sin una claridad en las formas de elección, número
de integrantes, así como su estructura organizativa. Entre
el personal de XEPUR se continúa fomentando el divisionismo
con la distribución selectiva de apoyos como viáticos por
salidas a comisión ya sea a campo o a la ciudad, algunos
incluso en apoyo para otras actividades; o con beneficios a
quienes se “cuadran”; pero sobre todo descalificando a
quienes proponemos trabajar más de cerca con la Comunidad o
que cuestionamos las actuales formas de dar el servicio de
comunicación.
Se
empeora la situación cuando se niegan cada uno de estos
asuntos con cinismo y hasta con burlas, al grado de que por
dignidad, dejamos de decirlas, ya que ante la constante
negación sin argumentos creíbles, resulta absurdo estar en
ese circulo. Tengo la certeza de que cada uno de los asuntos
que cuestiono tiene su fundamento y puede ser analizado en
el momento que sea necesario, sobre todo cuando exista la
disponibilidad para reflexionar con seriedad y objetividad,
con una visión p’urhepecha, este trabajo de la
comunicación hasta ahora indigenista, y no que nos vuelvan a
sentar en la banca de los acusados como se nos trató por mi
anterior escrito con intentos de análisis y cuestionamiento,
cuando la dirección por su parte intentó dar alguna opinión
en algunos medios escritos, pero que fueron sólo para
agredir mi persona sin responder a los cuestionamientos.
Cheran,
Mich. Septiembre 2006.
Ignacio Márquez Joaquín
LOCUTOR XEPUR
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