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Perforar en la Meseta
Por: Francisco Martínez Gracián
Desde los últimos 27 años, puedo atestiguar, la historia
de la Meseta, como entidad física y humana, ha venido
acumulando cambios sustantivos. No sólo por el reiterativo
proceso de aculturación, muchas veces imprevisible, casi
siempre inevitable. Tampoco nomás por la imposición
sistemática de un sistema y programas educativos al cariz de
los que sufre la nación, cuya mediocridad nos coloca en la
escala más baja de aprovechamiento escolar entre la mayoría
de los países del mundo. Sino porque durante ese lapso esta
región ha pasado de ser un área un tanto aislada y un
entorno cuyas obras de infraestructura básica eran tan
escasas que la mantenían privada, entre otros, de
satisfactores tan vitales como la dotación de agua potable.
No más. Ahora, con excepción de La Mojonera, Pichátaro, El
Pino, Paramo, Comachuén y Tingambato, todas las demás
comunidades cuentan con un pozo profundo casi a sus puertas
que les brinda ese servicio.
Los estudios geohidrológicos que hemos aplicado
para definir el sitio donde efectuar la exploración, por lo
general han tenido éxito. Si no a la primera como en Corupo,
Charapan, Incháriintipakua, San Juan Nuevo, San Lorenzo,
Arantepakua, Turíkuaro, Pomocuarán, Ahuiran, Urapicho, Nurío,
Tanaco, Cherán, Quinceo, Paracho II, Tancítaro, Cocucho,
Takuro, San José, etc., al menos al segundo o tercer
intentos como en Nahuatzen, Patamban, Capacuaro, Sevina,
Santiago Azajo, San Felipe de los Herreros, Aranza, La
Cantera, Los Lobos, etc. Lo que ha sucedido no tanto por
motivos relativos a la ubicación, cuanto por las
dificultades técnicas inherentes a las condiciones
inestables y heterogéneas del subsuelo. Circunstancias como
ésta, le han otorgado a la Meseta una merecida mala fama
entre las compañías dedicadas a la perforación, las que o se
rehúsan a efectuar la obra, o la encarecen o, las más de las
veces, la construyen mal, perdiéndose inversiones cuantiosas
y enterrando ilusiones históricas.
La mayoría de las perforaciones las hemos
realizado utilizando el sistema rotatorio y circulación
directa, no sólo para acortar tiempos, sino debido a los
estratos de basaltos, fracturados o no, recurrentes siempre,
que al alternarse con subformas de voleos y cavernas, lo
vuelven más práctico. Con un costo: cantidades
extraordinarias de bentonita y agua utilizados como fluido
de perforación. Lo que no quiere decir que no nos hayamos
valido de otros métodos, como son martillo (brechas de la
sierra de Zacapu) y espumantes (Zirapóndiro). Una manera de
discernir qué método sea más idóneo en cada sitio, a más de
los fotomapas y la exploración geohidrológica directa
mediante recorridos, es la aplicación de estudios
geoeléctricos o geofísicos indirectos bajo la modalidad de
Sondeo Eléctrico Vertical (SEV), por medio del cual se
induce una corriente eléctrica en el terreno, midiendo las
caídas de potencial y calculando las resistividades
aparentes del terreno en función de los distintos
espaciamientos eléctricos aplicados según un arreglo
tetrapolar asimétrico tipo Schlumberger o utilizando la
configuración Wenner. Gracias a este proceso puede formarse
de antemano un criterio aproximado de los cambios
estratigráficos con los que se enfrentará el proceso de
construcción.
La disposición estratigráfica de carácter
reciente en la Meseta ha vuelto común que las perforaciones
las efectuemos a fondo perdido (sin circulación de lodos) a
partir de unos cuantos metros en delante, con una
consecuencia: no vamos contando con información litológica
directa. En otras palabras, trabajamos casi a ciegas.
Además, siempre habrá que contar con una enorme
inestabilidad en las paredes del pozo que le ocasionan
derrumbes y atrapan la herramienta de perforación,
originando desde retrasos en el programa de trabajo hasta la
pérdida del pozo. Como nos sucedió en el Pozo II de
Nahuatzen. De ahí la necesidad de medir constantemente
tanto el nivel del fluido de perforación -o, si es el caso,
el nivel freático- como la dureza del material que se vaya
triturando, ya que de factores como ésos depende la toma de
decisión para definir cuándo parar la perforación a fin de
aprovechar el acuífero contenido, si lo hay, en los
intersticios de las rocas.
Una nota final: perforista que sortee con éxito
las dificultades que presenta la Meseta, podrá afrontar las
que se le presenten en cualquier otra área geográfica, a sí
se trate de rocas sedimentarias o plutónicas.
Francisco Martínez
P. D. El
aforo del Pozo Profundo de Sevina resultó positivo. Venga
ahora el proyecto del sistema, al igual que los de Los
Lobos, Santiago Azajo y Capacuaro. Estamos por iniciar El
Cobrero, Paramo IV y Paracho III. Comachuén, con las
dificultades expuestas, avanza. Bendito Dios.
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