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Plan de desarrollo integral
de comunidades indígenas
Por: Francisco Martínez Gracián
El martes pasado, octubre 31,
en Casa de Gobierno, Lázaro Cárdenas Batel recibió de manos
del compañero Mateo Hernández Jacobo, Comisariado de Bienes
Comunales de la comunidad hermana de Sevina, el Plan de
Desarrollo Integral de Pueblos y Comunidades Indígenas de
Michoacán. Surgido de un acuerdo de voluntades entre el
aparato de gobierno y el Consejo Consultivo Indígena Estatal
con el fin de coordinar acciones de trabajo conjuntas para
implementar las políticas y demandas que ese Plan
recomienda, pareciera un paso inédito para conseguir, ahora
sí, un desarrollo comunitario eludido hasta hoy por los
avatares de quinientos años de marginación histórica.
Pareciera.
Porque el desarrollo comunitario conlleva no
sólo la promoción de la comunidad y sus individuos. Conlleva
además, en cuanto le preceda, una investigación científica y
multidisciplinar de la geografía física en que se asienta un
grupo social, que caracterice y cuantifique los recursos
naturales con que cuenta. Rebasa por tanto, así se le cobije
con procesos a la más pura usanza democrática, un acuerdo de
voluntades. Porque si una comunidad y su gobierno se deciden
a buscar de veras el perfeccionamiento colectivo, no basta
que aquélla se reúna por oficio y fabrique una lista de
demandas para que el aparato gubernamental las clasifique y
asigne un recurso que las satisfaga. De darse ese
procedimiento más que desarrollo integral habrá
asistencialismo. Dependencia. Quizá porque los tiempos de
quienes alcancen un puesto, así se trate de compañeros
indígenas, si acusan prisa, pueden terminar desligados de la
pindekua y de su imprescindible kinesis
circular.
Por ejemplo, al examinar las acciones del
Plan, por ejes temáticos, aparecen seis: manejo y
aprovechamiento de recursos naturales (sub-ejes: forestal,
biodiversidad, agrícola, pesquera, ganadera, artesanal
turística, comercio, agua y minería), infraestructura (sub-ejes:
vías de comunicación, vivienda y equipamiento urbano), salud
(sub-ejes: infraestructura y servicios), legislación,
seguridad y justicia, y servicios públicos y medios de
comunicación. Devienen de ahí programas múltiples,
como conservación, aprovechamiento sustentable y
restauración de recursos forestales, ordenamiento
territorial, protección de la biodiversidad, creación de
empresas para elaboración de abonos orgánicos, reinversión
de cultivos, desasolves, proyectos de viveros, nuevas
tecnologías en ladrilleras, apoyos artesanales, construcción
de espacios de ecoturismo, aprovechamiento sustentable del
agua, saneamiento, carreteras, autoconstrucción de vivienda
y otras obras de infraestructura. Y de los programas,
estrategias: inventarios forestales, programas de
manejo, control de incendios, ordenamiento comunitario,
recuperación de especies, financiamientos, protección de
cuerpos de agua, plantas de tratamiento de aguas residuales,
cultura del agua, drenajes, bancos de materiales pétreos,
caminos, etc., etc. ¡Todo un programa ejecutivo de gobierno!
Sin embargo, el desarrollo comunitario supone un
colectivo organizado en diálogo. Lo que aún no se consigue.
Padece en la actualidad una falta de sentido regional; que
así lo demuestran conflictos intercomunitarios altamente
recurrentes y un sentido de territorialidad que no sólo no
rebasa el discurso, sino que se halla altamente perturbado
por un afán irrefrenable de propiedad individual. De ahí la
necesidad de una investigación sistemática de los recursos
naturales realizada por especialistas, que propicie un cause
inculturado a las demandas populares. Porque no siempre una
comunidad pide lo que en realidad necesita. Un desarrollo
integral como el que pretende este Plan, supone una alta
cohesión cultural comunitaria, un nivel ético sin
concesiones y un marchar juntos de modo que pueda gestarse
una fuerte homogeneidad e integración tanto territorial como
grupal. Lo que aún no se consigue. Sin esa xiranhua,
ese Plan -necesario y bienvenido- pudiera devenir en
desarrollo comunitario asistencial. Exógeno.
Promovido y organizado un tanto a espaldas del territorio y,
aunque de pronto no lo parezca, del grueso comunitario.
Francisco Martínez
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