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          DIARIO DIGITAL 1 de noviembre de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Plan de desarrollo integral
de comunidades indígenas
             

Por: Francisco Martínez Gracián

       

            El martes pasado, octubre 31, en Casa de Gobierno, Lázaro Cárdenas Batel recibió de manos del compañero Mateo Hernández Jacobo, Comisariado de Bienes Comunales de la comunidad hermana de Sevina, el Plan de Desarrollo Integral de Pueblos y Comunidades Indígenas de Michoacán. Surgido de un acuerdo de voluntades entre el aparato de gobierno y el Consejo Consultivo Indígena Estatal con el fin de coordinar acciones de trabajo conjuntas para implementar las políticas y demandas que ese Plan recomienda, pareciera un paso inédito para conseguir, ahora sí, un desarrollo comunitario eludido hasta hoy por los avatares de quinientos años de marginación histórica. Pareciera.

 

            Porque el desarrollo comunitario conlleva no sólo la promoción de la comunidad y sus individuos. Conlleva además, en cuanto le preceda, una investigación científica y multidisciplinar de la geografía física en que se asienta un grupo social, que caracterice y cuantifique los recursos naturales con que cuenta. Rebasa por tanto, así se le cobije con procesos a la más pura usanza democrática, un acuerdo de voluntades. Porque si una comunidad y su gobierno se deciden a buscar de veras el perfeccionamiento colectivo, no basta que aquélla se reúna por oficio y fabrique una lista de demandas para que el aparato gubernamental las clasifique y asigne un recurso que las satisfaga. De darse ese procedimiento más que desarrollo integral habrá asistencialismo. Dependencia. Quizá porque los tiempos de quienes alcancen un puesto, así se trate de compañeros indígenas, si acusan prisa, pueden terminar desligados de la pindekua y de su imprescindible kinesis circular.

 

            Por ejemplo, al examinar las acciones del Plan, por ejes temáticos,  aparecen seis: manejo y aprovechamiento de recursos naturales (sub-ejes: forestal, biodiversidad, agrícola, pesquera, ganadera, artesanal turística, comercio, agua y minería), infraestructura (sub-ejes: vías de comunicación, vivienda y equipamiento urbano), salud (sub-ejes: infraestructura y servicios), legislación, seguridad y justicia, y servicios públicos y medios de comunicación. Devienen de ahí programas múltiples, como conservación, aprovechamiento sustentable y restauración de recursos forestales, ordenamiento territorial, protección de la biodiversidad, creación de empresas para elaboración de abonos orgánicos, reinversión de cultivos, desasolves, proyectos de viveros, nuevas tecnologías en ladrilleras, apoyos artesanales, construcción de espacios de ecoturismo, aprovechamiento sustentable del agua, saneamiento, carreteras, autoconstrucción de vivienda y otras obras de infraestructura. Y de los programas, estrategias: inventarios forestales, programas de manejo, control de incendios, ordenamiento comunitario, recuperación de especies, financiamientos, protección de cuerpos de agua, plantas de tratamiento de aguas residuales, cultura del agua, drenajes, bancos de materiales pétreos, caminos, etc., etc. ¡Todo un programa ejecutivo de gobierno!

 

            Sin embargo, el desarrollo comunitario supone un colectivo organizado en diálogo. Lo que aún no se consigue. Padece en la actualidad una falta de sentido regional; que así lo demuestran conflictos intercomunitarios altamente recurrentes y un sentido de territorialidad que no sólo no rebasa el discurso, sino que se halla altamente perturbado por un afán irrefrenable de propiedad individual. De ahí la necesidad de una investigación sistemática de los recursos naturales realizada por especialistas, que propicie un cause inculturado a las demandas populares. Porque no siempre una comunidad pide lo que en realidad necesita. Un desarrollo integral como el que pretende este Plan, supone una alta cohesión cultural comunitaria, un nivel ético sin concesiones y un marchar juntos de modo que pueda gestarse una fuerte homogeneidad e integración tanto territorial como grupal. Lo que aún no se consigue. Sin esa xiranhua, ese Plan -necesario y bienvenido- pudiera devenir en desarrollo comunitario asistencial. Exógeno. Promovido y organizado un tanto a espaldas del territorio y, aunque de pronto no lo parezca, del grueso comunitario.

 

Francisco Martínez

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