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          DIARIO DIGITAL 30 de noviembre de 2006

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México..

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Entre la incertidumbre y la desesperanza
             

Por: Francisco Martínez Gracián

       

           Ni para dónde voltear. Las posiciones encontradas, antípodas, previas a la toma de posesión de Felipe Calderón, que no han cesado de darse entre los legisladores del PAN y los del PRD (así hayan tenido un lapso de forzada coincidencia no sólo al tomar la tribuna del Congreso, sino al acordar “no jalonearse” mientras profanaban ese recinto privilegiado para, bien calientitos y comidos, hacer su piyamada) empujan por lo pronto al pueblo de México de la incertidumbre a la desesperanza. Sobre todo a la clase marginada. Y, de una manera trágica, a quienes, despojados de su lengua, cultura y territorio, aún sobreviven (sin sleeping-bag y pasando hambres y fríos) en zonas de refugio. Me refiero a los pueblos indígenas. Ésos que lo único que le merecieron al Presidente saliente fue el haber prometido de la manera más banal que resolvería sus problemas, representados en el conflicto chiapaneco, en no más de 15 minutos. ¡Joder!

 

            Y ahora, en medio de acusaciones y descalificaciones mutuas, entre empellones, se tuvo, se tiene o se está teniendo el trabajo de parto de un nuevo sexenio. Cómo haya sido ungido Calderón Hinojosa, si entre gritos y sombrerazos, si dentro de una blindada esfera de protección en algún lugar alternativo o si simplemente por el hecho de haber amanecido como tal el 1º de diciembre, no importa tanto, si bien en este caso la escenografía se confunda con el drama. Porque lo que sí importa es cómo los tres poderes de gobierno comiencen a gobernar. Principalmente a favor de los secularmente desplazados. Porque quienes menos tienen, hayan votado por la derecha, por el centro o por la izquierda o simplemente no hayan emitido su sufragio, merecen justicia. Ya. Lo que ningún sexenio del priísmo, ni el del gobierno del cambio, hubieron conseguido. Así hayan fundado uno y mil programas. Así lo hayan cacareado una y otra vez. ¿Por qué? Porque jamás han dejado de privilegiar a unos pocos, ni pensado en serio de dar otra cosa que las sobras propias de un asistencialismo que no pretende otra cosa que todo continúe tal y como está. En otras palabras: que todo parezca cambiar, pero sin cambiar.

 

            Por eso, mientras el escándalo kinético de las imágenes televisivas pasan una y otra vez suscitando comentarios encontrados aquí y allende nuestras fronteras, por acá en las “mesetas” y “cañadas” del país no merecen de las comunidades indígenas ni siquiera un leve rubor, como ése que provoca erdipia. Pena ajena. Estas comunidades tienen bien sabido por su experiencia histórica, que gobiernos van y gobiernos vienen, como vienen y van esos candidatos políticos que les hablan y hablan, prometen y prometen y al final no tienen ojos si no es para privilegiar su propio ombligo. Saben también que si bien partidos políticos como el PRD y el PRI al menos han privilegiado un espacio para ellos en sus Programas de Acción y en su Declaración de Principios, el PAN no ha pasado de mencionarlos por su folklorismo. Al menos que Felipe Calderón Hinojosa, haya tomado el poder medio en paz o entre el jaloneo de tirios y troyanos, comience a demostrar lo contrario. Lo que, habido su currículo, no parece probable. Y menos, si su partido no consigue lo que como partido en el poder está obligado: conjuntar voluntades y dialogar infinitamente, aún a costa de asumir como propias muchas de las posiciones de mayor compromiso social del PRD, partido que recibió un sufragio cuantitativamente muy cercano y cualitativamente más autorizado. Sobre todo en cuanto lo obtuvo del pueblo marginado.

 

            México, cuyo nuevo derrotero pende tanto de los jaloneos habidos entre el PAN, el PRI y el PRD, como del arte de gobernar del nuevo titular del Ejecutivo, habidas esas posiciones tan irreductibles como encontradas, seguirá siendo el país en donde unos cuantos van a continuar capitalizando privilegios a costa de las necesidades insatisfechas de la gran mayoría. Lo que no es justo ni se vale. Y como hasta el presente, apoltronados en su machismo, ninguno de esos actores ha hecho un verdadero trabajo político porque nadie ha estado dispuesto de veras a negociar, entonces no sólo pierde la democracia, sino que pierden quienes ya no tienen prácticamente qué perder, a no ser esa velada esperanza que a cada mexicano nos llega cada vez que comienza un nuevo gobierno. Símbolo trágico: el ambiente de cantina habido en un Congreso que nunca  nació para que lo convirtieran en eso. Los políticos se equivocan. Nadie los eligió para que cada uno se atrinchere por su lado. Los mexicanos necesitamos que pongan lo mejor de sí mismos. Que destierren incertidumbres. Que no den lugar a la desesperanza. Que desquiten a favor de los más necesitados lo mucho que ganan. Que se conduzcan a la altura de su cargo.

  

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