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¡Aguas con los ojos de agua!
Por Francisco Martínez Gracián
Los manantiales no son otra cosa que brotes
concentrados de agua subterránea que surgen en la superficie en
forma de pequeñas o grandes corrientes. Por su flujo, pueden ser
ascendentes o descendentes. Permanentes o variables, por su aporte.
Por su actividad, periódicos, estacionales o continuos. Según la
composición química de sus aguas, dulces, salados o mineralizados. Y
de acuerdo a su temperatura, calientes, de ebullición, fríos o
templados. Sin embargo, se trata siempre de fuentes de recursos
hídricos cuya existencia resulta fundamental como pivote para el
desarrollo de los conglomerados que históricamente se les han
avecindado.
Manantiales hay en zonas áridas y húmedas. Más que en
aquéllas, en éstas. Como es natural. En ambas dependen del agua
subterránea como fuente de alimentación. Y ésta, de las
características climáticas, ambientales y geohidrológicas que
existan en el área de infiltración de las aguas meteóricas. Cuando
nos referimos a los manantiales que circundan la Meseta P´urhépecha
(precisamente de los que ha estado pendiendo la subsistencia de
regiones como los valles de Chavinda, Zamora, Apatzingán,
Tangancícuaro y Los Reyes, La Cañada de los Once Pueblos, la Ciénaga
de Zacapu y las áreas de Uruapan y San Juan Nuevo) nos referimos a
más de 290 ojos de agua que dependen directamente de esa alcancía
hídrica, cuyas calidad y cuantía -en lo que al hombre toca- son
responsabilidad de los 43 municipios que en esas regiones se
asientan.
Con respecto a la topografía, la ubicación de los
manantiales refiere preferencialmente las laderas de los macizos
montañosos y los valles en donde nacen y corren sus ríos. Como el
agua, antes de aflorar como manantial, debe de haber recorrido
cierto trayecto, la altitud de esos manantiales se ubica
principalmente entre los 1000 y 2000 metros de altura sobre el nivel
del mar. Lo que no impide que existan algunos a más de 2700 metros.
Y es que tienen origen en formaciones geológicas consistentes en
rocas ígneas de origen volcánico de alta permeabilidad, que han
conformado suelos con más concentración de cenizas volcánicas que de
arcillas, favoreciendo una cubierta vegetal no sólo de pináceas y
abetíneas, sino de árboles caducifolios cuyo sistema radicular
favorece no sólo un mayor volumen en los acuíferos, sino la
estabilización y regulación natural de los ojos de agua.
Referidos a las regiones circundantes de la Meseta
P´urhépecha, la mayor cantidad de manantiales se ubica al sur en la
cuenca de escorrentía del Río Cupatitzio (Uruapan, Tingambato,
Comémbaro, Taretan, San Juan Nuevo, Caltzontzin, Zirimícuaro,
Ziracuaretiro, San Ángel Zurumucapio, Tomendán, La Alberca, Mesa del
Plátano, Mesón de Tavera, Colonia Emiliano Zapata, Santa Bárbara, La
Loma, Matanguarán, Santa Catarina, La Rodilla del Diablo, Jicalán,
La Presa, Jucutacato, Apatzingán, Parácuaro y Caracha). En segundo
lugar lo tiene al oeste, la cuenca del Río Itzícuaro (Los Reyes,
Peribán, San Francisco Peribán, Los Limones, Gildardo Magaña,
Corona, Atapan, Tingüindín y, entre muchos otros, San Ángel
Tarecuato). En tercer lugar y al norte, los valles de Tangancícuaro
y Zamora por la Cuenca del Río Duero (Camécuaro, Querénguaro,
Etúcuaro, Junaguarán, Patamban, San José, Presa de Verduzco,
Tangamandapio, Carapan, Chilchota, Tanaquillo, etc.). Y la Ciénaga
de Zacapu en el cuarto (Buena Vista, Parejero y San Antonio Tamácuti).
Siendo tantos y su importancia tanta, estos manantiales
deben ser cuidados para que, en lo que toca a los conglomerados
humanos, la cantidad de su aforo permanezca estable y no se
deteriore la calidad de sus aguas. Yéndonos a las cifras, de estos
ojos de agua al menos 177 cuentan con información del REPDA. Y lo
primero que nos dice la fluctuación de sus guarismos es que en los
últimos 50 años algunos manantiales de las laderas más altas se han
secado. Otros han ido disminuyendo su gasto. Muchos de manera
alarmante. Y no sólo por el calentamiento global, sino porque la
Meseta no ha dejado de acusar incendios forestales, tala implacable,
denudación geométrica de sus suelos y una contaminación pertinaz. Lo
que ha incidido negativamente en la cuantía isoyética regional y en
el volumen y calidad de agua infiltrada. Problemas que corresponden
no sólo a las comunidades p´urhépecha como muchos quieran, sino, a
les parezca o no, a todos los municipios que geohidrológicamente
penden de ella. Municipios que jamás han cumplido aportando un
centavo, plantando un pino, apagando un incendio o participando en
alguna campaña de limpieza.
Francisco Martínez
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palenquepurhe@yahoo.com.mx
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