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    S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S   / / 24 de febrero del 2007

    San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México. 

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¡Aguas con los ojos de agua!

      Por Francisco Martínez Gracián

         Los manantiales no son otra cosa que brotes concentrados de agua subterránea que surgen en la superficie en forma de pequeñas o grandes corrientes. Por su flujo, pueden ser ascendentes o descendentes. Permanentes o variables, por su aporte. Por su actividad, periódicos, estacionales o continuos. Según la composición química de sus aguas, dulces, salados o mineralizados. Y de acuerdo a su temperatura, calientes, de ebullición, fríos o templados. Sin embargo, se trata siempre de fuentes de recursos hídricos cuya existencia resulta fundamental como pivote para el desarrollo de los conglomerados que históricamente se les han avecindado.

 

            Manantiales hay en zonas áridas y húmedas. Más que en aquéllas, en éstas. Como es natural. En ambas dependen del agua subterránea como fuente de alimentación. Y ésta, de las características climáticas, ambientales y geohidrológicas que existan en el área de infiltración de las aguas meteóricas. Cuando nos referimos a los manantiales que circundan la Meseta P´urhépecha (precisamente de los que ha estado pendiendo la subsistencia de regiones como los valles de Chavinda, Zamora, Apatzingán, Tangancícuaro y Los Reyes, La Cañada de los Once Pueblos, la Ciénaga de Zacapu y las áreas de Uruapan y San Juan Nuevo) nos referimos a más de 290 ojos de agua que dependen directamente de esa alcancía hídrica, cuyas calidad y cuantía -en lo que al hombre toca- son responsabilidad de los 43 municipios que en esas regiones se asientan.

 

            Con respecto a la topografía, la ubicación de los manantiales refiere preferencialmente las laderas de los macizos montañosos y los valles en donde nacen y corren sus ríos. Como el agua, antes de aflorar como manantial, debe de haber recorrido cierto trayecto, la altitud de esos manantiales se ubica principalmente entre los 1000 y 2000 metros de altura sobre el nivel del mar. Lo que no impide que existan algunos a más de 2700 metros. Y es que tienen origen en formaciones geológicas consistentes en rocas ígneas de origen volcánico de alta permeabilidad, que han conformado suelos con más concentración de cenizas volcánicas que de arcillas, favoreciendo una cubierta vegetal no sólo de pináceas y abetíneas, sino de árboles caducifolios cuyo sistema radicular favorece no sólo un mayor volumen en los acuíferos, sino la estabilización y regulación natural de los ojos de agua.

 

            Referidos a las regiones circundantes de la Meseta P´urhépecha, la mayor cantidad de manantiales se ubica al sur en la cuenca de escorrentía del Río Cupatitzio (Uruapan, Tingambato, Comémbaro, Taretan, San Juan Nuevo, Caltzontzin, Zirimícuaro, Ziracuaretiro, San Ángel Zurumucapio, Tomendán, La Alberca, Mesa del Plátano, Mesón de Tavera, Colonia Emiliano Zapata, Santa Bárbara, La Loma, Matanguarán, Santa Catarina, La Rodilla del Diablo, Jicalán, La Presa, Jucutacato, Apatzingán, Parácuaro y Caracha). En segundo lugar lo tiene al oeste, la cuenca del Río Itzícuaro (Los Reyes, Peribán, San Francisco Peribán, Los Limones, Gildardo Magaña, Corona, Atapan, Tingüindín y, entre muchos otros, San Ángel Tarecuato). En tercer lugar y al norte, los valles de Tangancícuaro y Zamora por la Cuenca del Río Duero (Camécuaro, Querénguaro, Etúcuaro, Junaguarán, Patamban, San José, Presa de Verduzco, Tangamandapio, Carapan, Chilchota, Tanaquillo, etc.). Y la Ciénaga de Zacapu en el cuarto (Buena Vista, Parejero y San Antonio Tamácuti).

 

            Siendo tantos y su importancia tanta, estos manantiales deben ser cuidados para que, en lo que toca a los conglomerados humanos, la cantidad de su aforo permanezca estable y no se deteriore la calidad de sus aguas. Yéndonos a las cifras, de estos ojos de agua al menos 177 cuentan con información del REPDA. Y lo primero que nos dice la fluctuación de sus guarismos es que en los últimos 50 años algunos manantiales de las laderas más altas se han secado. Otros han ido disminuyendo su gasto. Muchos de manera alarmante. Y no sólo por el calentamiento global, sino porque la Meseta no ha dejado de acusar incendios forestales, tala implacable, denudación geométrica de sus suelos y una contaminación pertinaz. Lo que ha incidido negativamente en la cuantía isoyética regional y en el volumen y calidad de agua infiltrada. Problemas que corresponden no sólo a las comunidades p´urhépecha como muchos quieran, sino, a les parezca o no, a todos los municipios que geohidrológicamente penden de ella. Municipios que jamás han cumplido aportando un centavo, plantando un pino, apagando un incendio o participando en alguna campaña de limpieza.

 

Francisco Martínez

Comentarios: palenquepurhe@yahoo.com.mx


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