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Reforestar, del
dicho al hecho
Por Francisco Martínez Gracián
Aún cuando el estado de Michoacán,
tanto en sus zonas de clima templado y frío como de cálido y
subcálido, todavía cuenta con áreas arboladas que lo han colocado
entre los tres primeros estados del país con mayores recursos
forestales; en las últimas tres décadas su superficie arbolada se ha
venido reduciendo en forma acelerada. No a otra cosa lo han
conducido la ubicua multiplicidad de los desmontes, causados
principalmente por el cambio de uso de suelo. Se trata de una labor
hormiga tendiente a dedicar más terrenos al cultivo agrícola, a
plantaciones frutícolas y al pastoreo. El resultado no se puede
ocultar: suelos erosionados, contaminación eólica, desaparición de
humus, disminución de la infiltración de las aguas meteóricas,
aumento de los escurrimientos hídricos, más azolve, baja de los
niveles freáticos, menor captura de carbono, daño a la capa de ozono
de la atmósfera. Pérdida de productividad.
A pesar de este geométrico encogimiento de las áreas
boscosas, la demanda de los productos forestales continúa aumentando
de manera exponencial. Una población que crece, se caracteriza pos
su hambre voraz de maderas y materiales celulósicos. Lo que exige
congruencia, que no es otra cosa que no quitarle a la naturaleza más
de lo que naturalmente nos puede dar. A menos que le echemos una
manita aumentando el ritmo y el volumen efectivos de las
plantaciones forestales. Lo que, a pesar de las cifras oficiales, no
se da como lo necesita la naturaleza. Vamos, ni siquiera en las
plantaciones comerciales. ¿Sabe Ud. cuánto se ha plantado de manera
comercial en este Michoacán que, sobre los estados de Chihuahua y
Durango, ocupa aún el primer lugar como productor de resina de pino?
¡1,000 ha!, incluyendo municipios como Paracho, Salvador Escalante,
Quiroga, Nuevo Urecho, San Juan Nuevo, Charapan, La Huacana,
Aguililla y Colacomán. Cifra tan baja como vergonzosa, en cuanto tan
sólo Tabasco y Veracruz suman más de 11,500 ha de plantaciones
comerciales de eucalipto.
En realidad, más allá de escrititos periodísticos con
lamentaciones y quejas, los michoacanos no sólo necesitamos sino
debemos establecer plantaciones maderables y agroforestales a un
ritmo no menor de 2,000 ha por año si queremos de veras comenzar a
recuperar nuestros bosques en áreas de climas templado y frío.
Además, requerimos reforestaciones de protección edáfica e hídrica a
un ritmo no menor de de 20,000 ha por año para lograr resarcir en 10
años 200,000 ha cuya situación devino en catastrófica. Necesitamos
plantaciones forestales para madera a fin de continuar satisfaciendo
la demanda en la elaboración de muebles, tableros, celulosa, papel,
artesanías y viguería de construcción. Para lograrlo, a más de toma
de conciencia y decisión, se requiere interactuar con la CONAFOR
para los programas de manejo forestal, con PRODEPLAN, para el
establecimiento de las plantaciones, con COFOM, SAGARPA y SEDAGRO,
para las plantaciones agroforestales, con PRODEPLAN, para las
plantaciones dendroenergéticas y con todas ellas y de manera muy
particularmente en la Meseta P´urhépecha, para implementar
reforestaciones de protección edáfica e hídrica.
Cierto, todo el estado de Michoacán requiere este
esfuerzo por parte de su gobierno y de sus ciudadanos. Pero como
quien mucho abarca poco aprieta y como nuestro radio de acción nomás
llega al centro occidente del territorio estatal y como lo que
escribo lo escribo en Nahuatzen, entonces, aquí-aquí o acá a lo
cerquita en la Meseta P´urhé, para producir celulosa y restaurar sus
suelos, si se trata de suelos de carácter andosol, que son los más,
habría que reforestar de pinus pseudrostobus, p.
montezumae, p. douglasiana y cupressus lindleyi
las áreas deforestadas de los municipios de Charapan, Paracho,
Cherán, Nahuatzen, Tingambato, Tancítaro, Nuevo Parangaricutiro,
Tangancícuaro y norte del de Uruapan. Y si es agroforestería lo que
nos interesa, y en esos mismos suelos, habría que aumentar el
pinus ayacahuite, el p. maximartinezi y el p.
cembroides. Cosa que no lograremos si, como sucede en muchas
reuniones de los burócrátas, esa cosa se queda en pura plática. Lo
que deviene omisión culposa.
Francisco Martínez
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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