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¿“Gattaca”
P´urhépecha?
Por Francisco Martínez Gracián
Estelarizado
por Uma Thurmann y Ethan Hawke y dirigido por Andrew Niccol en 1997
Gattaca, filme de ciencia ficción, describe la discriminación
o estigmatización de las personas por su constitución genómica. A
nuestros días la información genómica de la especie humana, con
excepción de 250 espacios que quedan por secuenciar, ya no es
cuestión de ciencia ficción. Es más, determinada nuestra realidad
genómica, ahora se presentan otros retos: el proyecto internacional
del HapMap, el desarrollo de la Enciclopedia de los Elementos del
ADN, la investigación de la Genómica química y de los Genomas para
la vida, el establecimiento del Consorcio para la Genómica
Estructural y, claro, también enfrentar sus retos legales y éticos.
Pero, a querer y no, hoy la ciencia nos presenta horizontes nuevos.
Más allá de la casuística
genético-futurista de esa película futurista, la realidad es que el
Proyecto del Genoma Humano (PGH) es uno de los retos
científicos más trascendentes que haya enfrentado la humanidad.
Inimaginable hasta hace pocos años, por fin se está pudiendo tener a
la mano el sofisticado equivalente a un manual operativo el hombre.
Si bien en 1866 el padre Gregor Mendel pudo describir con gran
exactitud los fundamentos de la herencia monogénica, fue hasta 1944
que se logró definir al ácido desoxirribonucleico (ADN) como
material de la herencia. Determinar su estructura fue rápido: Crack
y Watson en 1953 descubrieron su doble hélice formada por una cadena
de millones de nucleótidos a la manera de un texto de tres mil
doscientos millones de letras, compendiadas por un alfabeto de sólo
cuatro: A por Adenina, T por Timina, C por
Citosina y G por Guanina. Pocos años más tarde, en 1985 se
lanzó la primer propuesta para secuenciar esos tres mil doscientos
millones de nucléotidos del genoma humano. Luego de quince años, con
la tecnología disponible, pudo completarse el 99% de la secuencia y
elaborarse un mapa que identifica cada uno de los veintiséis mil
genes ubicados dentro de los 23 pares de cromosomas en que se
organiza el genoma humano (Nature & Science, The
Human Genome, febrero de 2001).
Se trata de una cadena de cerca de
metro y medio de largo que se compacta y alberga en cada uno de los
trillones de células nuestro cuerpo. Con una característica vital:
cerca del 2% corresponde a los genes o segmentos que contienen la
información para producir proteínas, las cuales, a través de sus
funciones bioquímicas, ejecutan la intención de los
genes. Y, entre muchos otros hallazgos, también pudieron
identificarse variaciones en la secuencia que corresponden a cambios
de una sola letra o nucleótido (SNPs=Single Nucleotide Polimorfism).
Se trata de algo así como errores tipográficos: cerca de diez
millones en la cadena. De modo que en la misma posición del genoma
algunas personas podemos tener una A. En tanto una G,
otras. Lo que nos confiere individualidad en medio de la especie,
así consista en sólo una diferencia del 0.1% de la cadena genética.
Porque los seres humanos compartimos el 99.99% de la secuencia. Y si
bien este 0.1% parece minúsculo, hasta el momento se han
identificado no menos de tres millones doscientos mil variaciones,
que habidas sus combinaciones hacen que cada uno poseamos una
clarísima individualidad bioquímica. Responsable de nuestras
cualidades, pero también de nuestra predisposición a padecer algunas
enfermedades. De hecho, la fase siguiente del proyecto consiste en
identificar y comparar las variaciones genómicas entre las
poblaciones humanas.
De ahí que el INMEGEN (Instituto
Nacional de Medicina Genómica) en México le haya entrado al
proyecto. Y si bien a los más de cien millones de mexicanos nos une
una misma nacionalidad, no hay que olvidar que somos producto del
mestizaje entre poblaciones meso-americanas, grupos europeos y
algunos grupos africanos. Tampoco que aún quedan 62 grupos étnicos.
Entre ellos el P´urhépecha. ¿Cuáles serán nuestras características
genéticas? ¿Cuál las del pueblo p´urhépecha? Identificar a los
miembros de la población cuya secuencia de ADN los hace de alto
riesgo en enfermedades comunes como la diabetes mellitus tipo II,
hipertensión arterial, el asma, el tabaquismo, el infarto agudo al
miocardio y algunas enfermedades infecciosas, dará la oportunidad de
poder predecir, prevenir y combatir con fármacos más específicos,
esas enfermedades. Lo que será de gran utilidad. Si bien enfrenta
desde ya a retos nuevos de carácter ético, legal y social inherentes
al uso de la información genómica; sobre todo porque pudiesen darse
nuevas formas de discriminación en base a la constitución genómica
de grupos o personas, tal y como lo augura la película Gattaca.
Por lo pronto, ¿no valdrá la pena que
en la Meseta nos planteemos ese reto?
Francisco Martínez
P.D.
El sábado pasado comenzamos el Pozo II para agua potable en la
comunidad hermana de Cherán. Será a 250 metros de profundidad.
Tata K´uerájperi, jarhoátatsini!
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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