|
“¡Hay que
indagarlo!”
Por Francisco Martínez Gracián
-“¿Será
que las campanas saludan a esta Convención Nacional o querrán hacer
que callen las voces del pueblo?” Y tras la pregunta, la arenga
que encabeza esta colaboración. ¿Fueron éstas, las palabras
pronunciadas por la senadora Rosario Ibarra, las que provocaron la
trifulca en la Catedral? ¿Fue un “complot” orquestado por las
fuerzas obscuras, como afirma López Obrador? ¿Fueron la indiferencia
y el permanente pecado de omisión que más allá de lo que afirman sus
documentos oficiales ha caracterizado a la Jerarquía católica frente
a los reclamos de los marginados? ¿Fueron, quizá, algunos de los
pronunciamientos un tanto imprudentes y ajenos al espíritu del
Evangelio característicos del cardenal Rivera? ¿O fue ese ambiente
de fundamentalismo creciente que recién arropa las arengas de
líderes mexicanos? Tiene razón Rosario Ibarra: “¡hay que
indagarlo!”
Porque en estos últimos
años la violencia social se ha estado volviendo moneda de cambio. Lo
que a nadie beneficia. Como en esta semana la explosión en el lugar
en que se hallaba a resguardo el sufragio emitido por el pueblo
zamorano. O meses antes la explosión en los ductos de PEMEX. O la
violencia desatada por el narco. O lo que en muchos casos, por pasar
encubierta, se torna peor: la violencia institucionalizada de un
sistema político cómplice de los que arrebatan, roban y acaparan.
Violencia que se viste de segregación racial y económica. O
religiosa, que también la hay. Nada bueno para una sociedad que ha
estado luchando por igualdad y justicia social. Por la democracia de
de veras. Porque violencia implica agresión contra lo que implica un
valor no sólo para la víctima, sino para la sociedad en general.
Significa también, coerción a hacer o no hacer. A ceder. Algo que
los actores arriba mencionados no han dejado de infligir a través de
las diferentes vías que en su actuar utilizan. Con las que se
arropan e identifican.
Violencia que, tasada desde la
visión de los vencidos -como es la de los pueblos indios y que acá
conocemos muy bien en la Meseta P´urhépecha- implica un
condicionamiento dispar a causa del cual tanto las realizaciones
prácticas como las intelectuales de estos pueblos, han sido, son y
pretenden seguir siendo forzadas a mantenerse muy por debajo de sus
potenciales natural y cultural. Violencia entonces que debe ser
combatida no sólo por quienes la padecen, sino por los que la
infligen. Por algo el Partido de la Revolución Democrática se ha
deslindado de respaldar intromisiones violentas como la de la
Catedral. Que así debiera deslindarse de muchos otros de sus actos.
Por algo, también la Jerarquía Católica debiera abandonar su hoguera
de las vanidades y ponerse a marchar a pie enjuto y en junto con los
pobres de los pobres de hoy, como antes lo hizo Cristo. Entonces sus
repiques no ofenderían a nadie que no fuera del grupo explotador.
Serían bien recibidos, incluso por López Obrador, porque nadie
necesitaría indagar que en esos campanarios no se plañe un culto
vacuo: se anuncia la liberación.
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
Anteriores artículos
La expulsión de la bestia triunfante
Cuando los papeles sociales se trastocan
Presea Iauátseni 2007
Rompiendo Cadenas
Diplomado en Comunicación Indígena
¿A qué edad comienza la vejez?
Democracy and Indian People
Congreso
Nacional de Comunicación
¿“Gattaca”
P´urhépecha?
El
suelo que pisamos
UIIM, de lo discursivo a lo real
Reforestar,
del dicho al hecho
Un
p´urhépecha en la ONU
Día
Mundial de la Tierra … ¿de veras?
Dialogo
Imposible
¿Quién
salvará nuestros bosques?
8ª Campaña de Limpieza de la Meseta
¡Aguas con los ojos de agua!
Para que no nos maten |