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Por que se tragan a sí mismas
Autófagas.
Como en su valle, Zamora. Como en la Meseta, Urapicho, Capacuaro y
Cocucho. Adicción irremisible la de la primera: Zamora, empecinada
en urbanizar el medio que le rodea, simplemente no ha intentando
siquiera dejar de tragarse la fertilidad de los suelos en que
asienta sus reales para luego, sin pudor alguno, deponerlos ahogados
en concreto. Le encanta. Es su vicio. No se le advierte otro fin que
imponerles cualquier uso, siempre y que contradiga su natural
vocación agrícola, rica como pocas, que ya la quisieran otras partes
del Estado. Zamora cierra los ojos. No quiere ni le interesa mirar
la obtusa disminución de su entorno natural. A pesar de estudios
bien fundamentados -geohidrológicos unos, otros ambientales, como
los del Colegio de Michoacán- que señalan y demuestran su edáfico
ecocidio, Zamora no ha pensado voltear siquiera hacia otras áreas
piedemonteras que sí puede urbanizar.
Contra todo principio de
supervivencia, la autofagia implica una perversión vital. Patear al
pesebre no es natural. Que así lo pateamos los michoacanos cuando
contaminamos el medio ambiente que nos rodea y cuando le quitamos su
vocación natural al suelo que nos sustenta. En la Meseta, por
ejemplo, a excepción de Nuevo San Juan Parangacutiro, para vergüenza
histórica, no existe comunidad alguna que no se esté tragando de la
manera más descarada sus recursos boscosos. Otrora abundantes, hoy
uno puede recorrerla casi toda sin poder eludir la resolana. Su
escarpe noreste, por ejemplo, está para llorar: yacen por ahí,
desolados, elevaciones volcánicas como los Cerros Cuates, El Cerro
Azul, el Cerro de Patamban, los cerros Aguas Blancas, San Ignacio y
Chilchota, prácticamente sin ningún pino. El escarpe sureste, allá
por las elevaciones montañosas de Tingambato, Pichátaro, Comachuén y
Arantepacua, plañe lo mismo.
Un caso vergonzoso de manera
particular, lo tipifica la comunidad hermana de Capacuaro. Habiendo
dilapidado no sólo la rica superficie boscosa que en su territorio
le heredaron sus antepasados, porta el estigma -no siempre merecido,
quizá- de esquilmar esos recursos en otras comunidades de la Meseta.
Cierto, no es la única. Pero sí está siendo la única que, en vez de
ponerse a realizar una reforestación continua, progresiva e
intensiva para recuperarlos, se ha dejado ir de la manera más
desordenada a explotar sin más y de manera radial sus recursos
pétreos y edáficos. Quien viniendo de Nahuatzen haga su ingreso a
esta comunidad, verá sin más y a ambos lados de la carretera,
explotaciones caóticas de piedra superficial en las brechas y
coladas lávicas, de manera tal que de inmediato comienzan a
deshidratarse sus acuíferos colgados. Lo mismo, pero tirándole a un
aprovechamiento circunstancial, sucede por sus vías de salida a
Uruapan o Zamora. Si viniendo de Uruapan, a penas si se pasa la
desviación a San Lorenzo, Capacuaro se traga sus recursos edáficos o
los contamina sin más. Si saliendo a Zamora, mírese a la derecha, a
penas pasada la desviación a Quinceo. ¡Qué tragedia! Sobre todo
porque se trata de una comunidad cuya relación con la tierra tendría
que ser con una relación filial y no mercantilista.
Autófago, el otro caso que quiero
referir lo tipifican, entre otras, las hermanas comunidades de
Urapicho y Cocucho. Por pecado de omisión. Cuando se tienen tierras
en litigio y se alarga la solución de manera progresiva y, es más,
se lucra con el problema, entonces se deja inactiva la productividad
de sus tierras. En este caso, entre 700 y 900 has. de suelos andos
de primera. Buenos no sólo para cultivar maíz, ahora con su precio
tan elevado, sino para instalar de manera conjunta un proyecto
productivo que les saque de su pobreza. En otras comunidades, para
ilustrar lo que afirmo, pudimos implementar un Instituto Regional de
Capacitación al Trabajo, como es el ICATMI en Corupo. En otras, como
en San Felipe de los Herreros sucede, estamos implementando un
proyecto religioso y turístico con la construcción del Centro
Cultural P´urhépecha al Señor de los Milagros, que muy avanzado se
encuentra. En fin, porque se tragan a sí mismas, entidades como
Zamora, Capacuaro, Cocucho y Urapicho debieran comprender que así
como no se vale el suicidio, tampoco el ecocidio.
Francisco
Martínez
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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