Escuche

  XHKR: Radio Purhépecha Internacional   www.purepechas.org 

    S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S   / /30 de enero, 2008

    San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México. 

I N I C I O D I R E C T O R I O V I S I T A S    A R C H I V O  

    BUSCADOR        

 

h

  

Sección editorial

Nuestra palabra
Editorial

La palabra de...
La entrevista
El reportaje
La crónica
Fotografía
Noticiario
  Sección temática
Nuestra historia
Nuestra utopía
Arte indígena
Justicia
Legislación
Municipios
Página del lector

            Medios

            Letras oficiales

            Escríbanos

            Publicidad

 

E S C U C H E

LA NUEVA RADIO PURHÉPECHA

XHKR Radio por Internet


Música P'urhépecha

O N - L I N E


XIRANHUA

en T U N E Z


XIRANHUA EN BOLIVIA


 

Hoy en la palabra de...    


Cuando se pierde la identidad

      Hace unos días hubo un asesinato en la Meseta. Tras el abigeato sufrido, un comunero de Arantepacua pasó, como ya es costumbre entre quienes pierden algún animal, a buscarlo por los terrenos de Urapicho, una de las rutas más transitadas por los abigeos. Esa búsqueda le costó la vida. Los sucesos más externos de esa tragedia ocuparon la nota roja de algunos periódicos: el secuestro de Odilón, representante de bienes comunales de Arantepacua, y de otros compañeros, en la comunidad de Urapicho; la toma efectuada por ésta, del banco de material de Paracho; la intervención de los presidentes municipales de Paracho y Nahuatzen; la presencia de la fuerza pública, etc. Los sucesos internos y sus causas, cual cáncer asesino que en metástasis se dispersa, aunque no hayan ocupado espacio alguno en los medios, aún siguen y permean cual ominoso reflejo de la continua desintegración cultural que sufrimos en la Meseta.

 

            Sujetas a un imparable e irracional proceso exógeno y endógeno de aculturación, las comunidades de la Meseta ya no están siendo lo que eran. Y me refiero a su economía de prestigio, a su espíritu de servicio, a su tejido comunal, a su unidad espiritual, a su inveterado sentido de comunidad, al uso de su lengua, a la vivencia de su mimíxekua, al ideal estético de su uénikua y a la práctica alquitarada de su pindekua. Y no, porque ya esté viejo, pienso que todo tiempo pasado haya sido mejor. Sé que las culturas evolucionan. Indudablemente. Que la evolución ha sido evidente desde la creación. Que nada es permanente. Pero para que la evolución cumpla su cometido, debe conducir a algo mejor. En ese sentido, cuando un proceso de cambio cultural comienza a convertirse en etnocidio, entonces hay que redirigir rumbo, cantidad y calidad. Pasar así de cualquier imposición cultural, de inclusiones ladinas, de todo integracionismo, a una sana endoculturación y a una aculturación comunitariamente dirigida.

 

            Y si hechos trágicos, como los habidos entre Arantepacua y Urapicho, no denotan una desviación cultural, acudamos entonces a verificar cuáles están siendo los cambios que se están dando en el territorio físico que abarca la Meseta. Echemos una vista nomás a la eclosión de sus áreas boscosas, a la erosión de sus suelos, a la contaminación de sus mantos acuíferos, al abuso del cemento dentro de sus entornos urbanos, a la proliferación de los ruidos, etc. para darnos cuenta de inmediato que ese proceso de aculturación del medio físico delata un ecocidio. Ambos factores –etnocidio y ecocidio- resultan por demás evidentes cuando se pierde la identidad.  Pérdida que sólo se da en una cultura bajo asedio. En ese sentido aculturación y asedio manifiestan a culturas en contacto desigual donde los elementos de la cultura dominada se sincretizan con los de la cultura dominante, de manera tal que un día aquélla pierde su lugar y su razón de ser.

 

            Cuando se pierde la identidad, o más bien, cuando se está sufriendo ese proceso, deviene la integración como un proceso de cambio caracterizado por el desarrollo continuado de un conflicto de fuerzas entre sistemas y relaciones posicionales de sentido opuesto. No es otra cosa lo que ha estado sucediendo en la Meseta. Y no sólo ahora, sino desde hace 500 años. Sólo que ahora de manera por demás acelerada. De hecho hay ya comunidades que no poseen prácticamente territorio comunal. Como Nahuatzen. Otras, que en unos cuantos años, casi han dejado de hablar el p´urhépecha. Como Sevina y Cherán. Muchas más que tras tres cuatro lustros, han perdido su superficie boscosa. Como Patamban, Capacuaro y Corupo. Alguna por ahí, que en ésos mismos ha partido en dos su filiación religiosa. Como Nurío. Las más, que desde la antesala misma del siglo XXI han terminado por mandar al carajo su imagen urbana. Pero lo que más aculturación acusa es constatar, aunque duela, que algunas, en unos cuantos días estén perdiendo la vergüenza. Como Urapicho.

 Francisco Martínez

        

Comentarios: palenquepurhe@yahoo.com.mx


       Anteriores artículos    

                                         

                                          Por que se tragan a sí mismas

                                          Año nuevo en el país de los peros

                                          Oratorio de Navidad 2007

                                          Michoacán, ¿en la mira del D.F.?

                                          “¡Hay que indagarlo!”

                                          La expulsión de la bestia triunfante

                                          Cuando los papeles sociales se trastocan

                                          Presea Iauátseni 2007

                                          Rompiendo Cadenas

                                          Diplomado en Comunicación Indígena

                                          ¿A qué edad comienza la vejez?

                                          Democracy and Indian People

                                          Congreso Nacional de Comunicación

                                         ¿“Gattaca” P´urhépecha?

                                          El suelo que pisamos

                                          UIIM, de lo discursivo a lo real

                                          Reforestar, del dicho al hecho

                                          Un p´urhépecha en la ONU

                                          Día Mundial de la Tierra … ¿de veras?

                                          Dialogo Imposible

                                          ¿Quién salvará nuestros bosques?

                                          8ª Campaña de Limpieza de la Meseta

                                          ¡Aguas con los ojos de agua!

                                          Para que no nos maten

 

 

Que no extinga la llama de Xiranhua

XIRANHUA BUSCA

TU AYUDA

DONA UN PESO

DONA UN DÓLAR

DONA UN EURO

U OTRA DENOMINACIÓN MONETARIA, PERO PARTICIPA EN LA CAMPAÑA DE RECAUDACIÓN DE FONDOS PARA XIRANHUA COMUNICACIONES

GRACIAS...

 Este sitio es la palabra virtual de Xiranhua Comunicaciones.  Copyright © Derechos Reservados.
 Comunidad Indígena de San Lorenzo, Meseta P'urhépecha, Michoacán. México.
Contacte  a  Xiranhua