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    S E C C I Ó N :   O P I N I O N E S   /  13 de mayo, 2008

    San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México. 

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Cherán: indignación e incertidumbre

Escribio: Ramón Guzmán Ramos

Leopoldo Juárez Urbina era, en efecto, un líder muy controversial. De profesión maestro, él fue uno de los fundadores del Partido de la Revolución Democrática en esta población de la Meseta Purépecha. Fue por este partido que llegó a ser también presidente municipal de Cherán. En las elecciones pasadas él participó en el proceso interno del PRD para lograr la candidatura y contender nuevamente por la alcaldía de este lugar. Pero perdió. Decidió entonces que de todos modos estaría en la contienda constitucional, ahora bajo las siglas del Partido Alternativa Socialdemócrata.

Esta decisión le provocó una división profunda al PRD, ya que Leopoldo Juárez Urbina se salió de ese partido con un contingente considerable de seguidores. Y fue esta división, precisamente, lo que le abrió al candidato del PRI, Roberto Bautista Chapina, una coyuntura favorable como quizá nunca se hubiera imaginado. De manera que el PRI recuperó la alcaldía después de varios trienios de gobierno perredista. El PRD arrojó sobre Leopoldo toda la responsabilidad de la derrota. Pero Leopoldo culpaba al PRD por no haberle dado a él la candidatura para que la Presidencia Municipal no volviera a manos del PRI.

Con el Ayuntamiento en poder de los hermanos Bautista, la situación política en Cherán se fue poniendo tensa y terminaría por complicarse de una manera totalmente inesperada. Un conflicto añejo por cuestión de tala clandestina entre Cherán y Tanaco hizo que Leopoldo Juárez Urbina volviera a la escena pública. La gente acudió a él para que se hiciera cargo de ventilar este y otros problemas ante la Presidencia Municipal. Digamos que, más allá de ciertos accidentes en su trayectoria, Leopoldo no dejaba de ser visto como un líder natural que inspiraba de pronto una cierta confianza entre sectores importantes de la comunidad.

Pero el alcalde Roberto Bautista Chapina antepuso una actitud de abierto rechazo a cualquier negociación con su adversario político. Entonces, los seguidores de Leopoldo decidieron tomar la Presidencia Municipal el 4 de abril pasado, y surge así lo que se llegaría a denominar como Movimiento Ciudadano de Cherán. Era, en efecto, un movimiento de oposición desde la sociedad civil hacia la autoridad municipal. En esta confrontación política no fue posible construir puente alguno que hubiera podido darle una oportunidad de a de veras al diálogo.

El conflicto entraría a una etapa de nuevas tensiones con la muerte del estudiante Mariano Ramos Tapia. La policía municipal lo detuvo por borrachera y, de acuerdo a su versión de los hechos, el muchacho se arrojó de la camioneta en movimiento tratando de escapar. Los golpes de la caída le provocaron la muerte. Los policías, asustados -siempre siguiendo su propia versión-, decidieron levantar el cuerpo y lo llevaron a un lugar apartado, donde lo arrojaron sin más, tratando de ocultar los hechos. Por tal crimen se les detuvo y se les acusó de asesinato culposo, pero salieron en libertad bajo caución. Una nueva causa y nuevos contingentes se unirían al Movimiento Ciudadano que encabezaba Leopoldo Juárez Urbina.

Un líder controversial, en efecto: querido, buscado, respetado, reconocido y seguido por muchos; cuestionado y reprobado por otros; y abiertamente condenado y repudiado por los demás. ¿Pero no es ésta, precisamente, la característica que distingue a los líderes? Sus acciones suelen deslindar con precisión las posiciones y los intereses de los bandos en pugna. Muchos de sus antiguos compañeros del PRD decidieron también unirse por su cuenta, al margen de las siglas partidarias, al movimiento de Leopoldo por el reclamo de justicia. La muerte del estudiante de educación media superior y la puesta en libertad de los seis policías municipales responsables había despertado la indignación entre la comunidad. Hubo movilizaciones de estudiantes denunciando el crimen de su compañero tanto en Cherán como en Uruapan.

La Presidencia Municipal seguía tomada. Los reclamos de la población hacia la autoridad municipal crecían como la espuma y los ánimos se ponían cada vez más tensos. Era el momento para que una autoridad mayor, un tercero en discordia, interviniera con una propuesta efectiva y adecuada de solución. El conflicto se había trabado entre las dos partes y, en esas condiciones, se volvía irresoluble. El riesgo de una confrontación directa y violenta se respiraba en el ambiente, justo como ahora se respira la indignación, el temor y la incertidumbre. El secuestro y ejecución de Leopoldo Juárez Urbina le ha dado ahora un giro total al conflicto. Es obvio que las condiciones han cambiado tanto que el problema simplemente no se puede plantear en los términos en que pudo haberse hecho antes.

El gobierno del estado ha cometido errores de consideración en este conflicto, el cual ha traspasado ya las fronteras municipales y ha causado un fuerte impacto a nivel estatal. Como instancia superior, es obvio que debió de haber hecho esfuerzos mucho más efectivos para evitar que el conflicto siguiera su propio proceso de descomposición. Y engañó arteramente a los seguidores de Leopoldo para que liberaran a los rehenes cuando ya el gobierno sabía de su muerte y se las estaba ocultado. Esto lo han sentido los pobladores de Cherán como una afrenta infame. En ningún momento, han declarado, pensaban cometer contra los dos rehenes algún acto criminal. Era una medida para presionar al gobierno a fin de que se intensificara la búsqueda de su líder y pudiera ser encontrado con vida. Por eso la noticia de la muerte y las circunstancias en que se produjo ha provocado un golpe contundente y ha encendido el fuego hasta ahora contenido de la indignación popular.

Cherán se encuentra en virtual estado de sitio. Las corporaciones policíacas del estado mantienen prácticamente copada a la población. Hay indignación, dolor, rabia contenida, incertidumbre, temor y zozobra en el ambiente. El aire que se respira llega a los pulmones y deja un sedimento de encono, de sentimientos encontrados, de confusión irascible. Hay un estado de total ingobernabilidad en Cherán. El alcalde Roberto Bautista Chapina se mantiene atrapado en su propio búnker. No le hizo caso al gobierno del estado de que saliera de la población porque está en riesgo su seguridad, pero su presencia en Cherán tampoco contribuye a la distensión; al contrario, muchos la ven como una provocación. Sobre él y el síndico Efraín Chávez Martínez la gente ha arrojado toda clase de suspicacias. Es urgente, por ello, que se deslinden las responsabilidades. Pero es obvio que la autoridad ha perdido toda capacidad ética y legal para seguir al frente del municipio.

El conflicto ha rebasado el ámbito estrictamente local. Es necesario, urgente, que las instancias del gobierno estatal correspondientes intervengan con decisión para construir la salida más apropiada y evitar una confrontación abierta. La policía no puede estar en la comunidad para siempre. De lo que se trata es que su presencia ya no sea necesaria porque los pobladores han sentido que se les trata con respeto y que el conflicto se encauza por una vía digna de solución. Es hora, entonces, de que el Congreso local haga suyo el asunto y le dé el tratamiento que merece.

Ante una situación de ingobernabilidad total, de riesgo inminente de un enfrentamiento violento, el Congreso del Estado tendría que considerar muy seriamente la posibilidad de decretar la desaparición de los poderes en el municipio y la llegada de una autoridad interina, que no pertenezca a ninguno de los bandos en pugna, pero que cuente con la probidad y la capacidad de concertación necesarias para preparar, junto a la comunidad, la distensión social que tanto está haciendo falta.

Como dijimos al principio, Leopoldo Juárez Urbina era un líder controversial. No se negó a servir de mediador y de gestor ante su gente. Y hay que decir que era también maestro de educación básica. Estaba comisionado a la supervisión de su zona escolar. De esa oficina, precisamente, lo sacaron para ejecutarlo. Como maestro, era miembro de la Sección XVIII de la CNTE que dirige Artemio Ortiz Hurtado. Lo menos que puede hacer una dirigencia sindical ante un hecho así es acudir a brindar solidaridad a los deudos y los seguidores de uno de sus agremiados, y exigir justicia.

   

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