Cherán: indignación e incertidumbre
Escribio: Ramón Guzmán
Ramos
Leopoldo
Juárez Urbina era, en efecto, un líder muy controversial. De profesión
maestro, él fue uno de los fundadores del Partido de la Revolución
Democrática en esta población de la Meseta Purépecha. Fue por este
partido que llegó a ser también presidente municipal de Cherán. En las
elecciones pasadas él participó en el proceso interno del PRD para
lograr la candidatura y contender nuevamente por la alcaldía de este
lugar. Pero perdió. Decidió entonces que de todos modos estaría en la
contienda constitucional, ahora bajo las siglas del Partido Alternativa
Socialdemócrata.
Esta decisión le
provocó una división profunda al PRD, ya que Leopoldo Juárez Urbina se
salió de ese partido con un contingente considerable de seguidores. Y
fue esta división, precisamente, lo que le abrió al candidato del PRI,
Roberto Bautista Chapina, una coyuntura favorable como quizá nunca se
hubiera imaginado. De manera que el PRI recuperó la alcaldía después de
varios trienios de gobierno perredista. El PRD arrojó sobre Leopoldo
toda la responsabilidad de la derrota. Pero Leopoldo culpaba al PRD por
no haberle dado a él la candidatura para que la Presidencia Municipal no
volviera a manos del PRI.
Con el
Ayuntamiento en poder de los hermanos Bautista, la situación política en
Cherán se fue poniendo tensa y terminaría por complicarse de una manera
totalmente inesperada. Un conflicto añejo por cuestión de tala
clandestina entre Cherán y Tanaco hizo que Leopoldo Juárez Urbina
volviera a la escena pública. La gente acudió a él para que se hiciera
cargo de ventilar este y otros problemas ante la Presidencia Municipal.
Digamos que, más allá de ciertos accidentes en su trayectoria, Leopoldo
no dejaba de ser visto como un líder natural que inspiraba de pronto una
cierta confianza entre sectores importantes de la comunidad.
Pero el alcalde
Roberto Bautista Chapina antepuso una actitud de abierto rechazo a
cualquier negociación con su adversario político. Entonces, los
seguidores de Leopoldo decidieron tomar la Presidencia Municipal el 4 de
abril pasado, y surge así lo que se llegaría a denominar como Movimiento
Ciudadano de Cherán. Era, en efecto, un movimiento de oposición desde la
sociedad civil hacia la autoridad municipal. En esta confrontación
política no fue posible construir puente alguno que hubiera podido darle
una oportunidad de a de veras al diálogo.
El conflicto
entraría a una etapa de nuevas tensiones con la muerte del estudiante
Mariano Ramos Tapia. La policía municipal lo detuvo por borrachera y, de
acuerdo a su versión de los hechos, el muchacho se arrojó de la
camioneta en movimiento tratando de escapar. Los golpes de la caída le
provocaron la muerte. Los policías, asustados -siempre siguiendo su
propia versión-, decidieron levantar el cuerpo y lo llevaron a un lugar
apartado, donde lo arrojaron sin más, tratando de ocultar los hechos.
Por tal crimen se les detuvo y se les acusó de asesinato culposo, pero
salieron en libertad bajo caución. Una nueva causa y nuevos contingentes
se unirían al Movimiento Ciudadano que encabezaba Leopoldo Juárez
Urbina.
Un líder
controversial, en efecto: querido, buscado, respetado, reconocido y
seguido por muchos; cuestionado y reprobado por otros; y abiertamente
condenado y repudiado por los demás. ¿Pero no es ésta, precisamente, la
característica que distingue a los líderes? Sus acciones suelen
deslindar con precisión las posiciones y los intereses de los bandos en
pugna. Muchos de sus antiguos compañeros del PRD decidieron también
unirse por su cuenta, al margen de las siglas partidarias, al movimiento
de Leopoldo por el reclamo de justicia. La muerte del estudiante de
educación media superior y la puesta en libertad de los seis policías
municipales responsables había despertado la indignación entre la
comunidad. Hubo movilizaciones de estudiantes denunciando el crimen de
su compañero tanto en Cherán como en Uruapan.
La Presidencia
Municipal
seguía tomada. Los reclamos de la población hacia la autoridad municipal
crecían como la espuma y los ánimos se ponían cada vez más tensos. Era
el momento para que una autoridad mayor, un tercero en discordia,
interviniera con una propuesta efectiva y adecuada de solución. El
conflicto se había trabado entre las dos partes y, en esas condiciones,
se volvía irresoluble. El riesgo de una confrontación directa y violenta
se respiraba en el ambiente, justo como ahora se respira la indignación,
el temor y la incertidumbre. El secuestro y ejecución de Leopoldo Juárez
Urbina le ha dado ahora un giro total al conflicto. Es obvio que las
condiciones han cambiado tanto que el problema simplemente no se puede
plantear en los términos en que pudo haberse hecho antes.
El gobierno del
estado ha cometido errores de consideración en este conflicto, el cual
ha traspasado ya las fronteras municipales y ha causado un fuerte
impacto a nivel estatal. Como instancia superior, es obvio que debió de
haber hecho esfuerzos mucho más efectivos para evitar que el conflicto
siguiera su propio proceso de descomposición. Y engañó arteramente a los
seguidores de Leopoldo para que liberaran a los rehenes cuando ya el
gobierno sabía de su muerte y se las estaba ocultado. Esto lo han
sentido los pobladores de Cherán como una afrenta infame. En ningún
momento, han declarado, pensaban cometer contra los dos rehenes algún
acto criminal. Era una medida para presionar al gobierno a fin de que se
intensificara la búsqueda de su líder y pudiera ser encontrado con vida.
Por eso la noticia de la muerte y las circunstancias en que se produjo
ha provocado un golpe contundente y ha encendido el fuego hasta ahora
contenido de la indignación popular.
Cherán se
encuentra en virtual estado de sitio. Las corporaciones policíacas del
estado mantienen prácticamente copada a la población. Hay indignación,
dolor, rabia contenida, incertidumbre, temor y zozobra en el ambiente.
El aire que se respira llega a los pulmones y deja un sedimento de
encono, de sentimientos encontrados, de confusión irascible. Hay un
estado de total ingobernabilidad en Cherán. El alcalde Roberto Bautista
Chapina se mantiene atrapado en su propio búnker. No le hizo caso al
gobierno del estado de que saliera de la población porque está en riesgo
su seguridad, pero su presencia en Cherán tampoco contribuye a la
distensión; al contrario, muchos la ven como una provocación. Sobre él y
el síndico Efraín Chávez Martínez la gente ha arrojado toda clase de
suspicacias. Es urgente, por ello, que se deslinden las
responsabilidades. Pero es obvio que la autoridad ha perdido toda
capacidad ética y legal para seguir al frente del municipio.
El conflicto ha
rebasado el ámbito estrictamente local. Es necesario, urgente, que las
instancias del gobierno estatal correspondientes intervengan con
decisión para construir la salida más apropiada y evitar una
confrontación abierta. La policía no puede estar en la comunidad para
siempre. De lo que se trata es que su presencia ya no sea necesaria
porque los pobladores han sentido que se les trata con respeto y que el
conflicto se encauza por una vía digna de solución. Es hora, entonces,
de que el Congreso local haga suyo el asunto y le dé el tratamiento que
merece.
Ante una situación
de ingobernabilidad total, de riesgo inminente de un enfrentamiento
violento, el Congreso del Estado tendría que considerar muy seriamente
la posibilidad de decretar la desaparición de los poderes en el
municipio y la llegada de una autoridad interina, que no pertenezca a
ninguno de los bandos en pugna, pero que cuente con la probidad y la
capacidad de concertación necesarias para preparar, junto a la
comunidad, la distensión social que tanto está haciendo falta.
Como dijimos al
principio, Leopoldo Juárez Urbina era un líder controversial. No se negó
a servir de mediador y de gestor ante su gente. Y hay que decir que era
también maestro de educación básica. Estaba comisionado a la supervisión
de su zona escolar. De esa oficina, precisamente, lo sacaron para
ejecutarlo. Como maestro, era miembro de la Sección XVIII de la CNTE que
dirige Artemio Ortiz Hurtado. Lo menos que puede hacer una dirigencia
sindical ante un hecho así es acudir a brindar solidaridad a los deudos
y los seguidores de uno de sus agremiados, y exigir justicia.