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A la comunidad hermana de Cherán
Por: Francisco
Martínez
Chari sesi jimbó…
con el permiso de una comunidad tan digna, me pongo a escribirle
estas letras. Nadie me las ha pedido. Lo hago porque, tras largos
años de trabajo en la Meseta, no puede sino dolerme profundamente el
que esa comunidad, modelo de identidad étnica, esté pasando momentos
difíciles. Quienes tenemos el privilegio de radicar en la Sierra,
sabemos muy bien que Cherán no puede pasar desapercibido. No sólo
por su privilegiada situación geográfica que, desde su balcón a 2400
metros de altura sobre el nivel del mar, le permite mirar al
poniente ese hermosísimo valle intramontano donde se infiltran las
aguas meteóricas que alimentan su pozo profundo; sino por ese roll y
status que a mérito propio se ha ido ganando y que le permiten sin
más, poder presentarse ante propios y extraños con la frente en alto
y como una comunidad autónoma -hasta ahora- e imbatible siempre
frente a presiones y golpes extraños.
Cuando llegué a la Meseta, hará unos 34 años, aún desde su escarpe
norte y sin camino carretero de por medio, había que voltear a la
tierra de Casimiro Leco, para poder conseguir algo, así fuera un
camión de volteo que nos acarreara unos metros de grava para alguna
escuela. Centro tradicional de confluencia y atención respecto a las
demás comunidades p´urhépecha (INI en aquellos años, XEPUR, Colbach,
Normal Indígena e Instituto Tecnológico, ahora) Cherán acuñó también
el trabajo lingüístico de Don Máximo Lathrop, que le permitió al
p´urhépecha hablante saborear a través de la Jimbanhi
Eiatsperakua Tata Jesukrístueri, la Palabra de Dios en su lengua
materna y encontrar sus cosas en las páginas de Erhamarhandikua
y Ch´urhingua. En esos días, al contrario de hoy, los
cheranenses fungían como salvaguardia del p´urhé idioma. Años más
tarde, fungieron también como salvaguardia de la gesta por
institucionalizar la democracia.
De
hecho, la comunidad hermana de Cherán ha sabido salir airosa en
cuanto afán se ha metido. Con excepción de una cosa: sabiéndose
fuerte en territorio, lengua e identidad y consciente de sobra de su
gran capacidad para vender y comprar con ventaja, de pronto a esta
comunidad las comunidades vecinas la empezamos a ver jugar con las
estructuras y modos del mercado capitalista neoliberal. Ése que
coloca todos los huevos en el nido del yo individual; de modo que en
vez de crear mecanismos de producción y comercio comunales, el
talento comunitario se redujo al talento del yo, comenzando a surgir
dos tres grupos de poder económico que sin más se vieron asediados y
seducidos por intereses de partidos políticos. Así, la fortaleza de
unos cuantos, comenzó a ser debilidad de muchos, porque la
estructura social pasó de ser un tanto circular e igualitaria a
tener un típico corte piramidal. Lo que sin que la comunidad se
diera cuenta, quizá, afectó de facto no sólo su pindekua
y su mimixekua, sino que contradijo a fortiori su
xiranhua p´urhépecha. Como la han contradicho, además, otras
vías sectarias que poco a poco, pero de manera incisiva y decisiva,
han terminado por medrar su maelstrom comunitario.
Puede ser
posible que más que de otros, esta gran comunidad p´urhépecha esté
siendo víctima de sí misma. Si así fuese, entonces, porque aún tiene
mucho qué seguir aportando a las demás comunidades hermanas y a la
cultura p´urhé, pero sobre todo, porque sus nuevas generaciones no
debieran buscar fuera lo que, en la solución de sus problemas, sólo
ella misma puede aportarse; nuestros hermanos cheranenses, sin
importar el grupo político o comercial al que pertenezcan, han de
disponerse a realizar una profunda introspección comunitaria para
luego, dilucidadas utopía y sus raíces, ponerse a dialogar. Sería el
mejor camino para liberarse de sus propias trampas, para no caer en
las trampas de los poderes fácticos t´urhíxiecha, para hacer
conciencia que ésta su hora de problemas, puede y debe convertirse
en su hora de gracia. Como, juchari Achá Diósiri jarhoátperakuani
jimbó, seguramente será.
Con todo
respeto.
Comentarios:
palenquepurhe@yahoo.com.mx
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