PATZCUARO, MICHOACAN, 25 DE ENERO.-  El Año Nuevo P’urhépecha, que inicia este 1 de febrero en la comunidad P’urhépecha de Michoacán, lleva su ritual del encendido del fuego nuevo que simboliza la muerte y nueva vida del tiempo, de la vida; es el inicio de nuevos proyectos que se impregnan en el festejo de colores, sabores, música, movimientos y ritmos a la usanza de los antiguos pobladores de Michoacán, que los “conquistadores” equivocadamente los llamados “Tarascos”.

 

La despedida del año viejo se aromatiza con aroma del copal, y con el ondeo de una bandera de 4 colores, azul cielo, morado, verde y amarrillo, que presentan los antiguos reinos de indígenas, se recibe al nuevo año. La música es un elemento esencial en cada actividad que inicia desde que aparece Tata Juhriata (sol) el día 1 de febrero y culmina cuando T’amu Joskua (constelación de Orión) haya cruzado el cenit, es decir el 2 de febrero por la madrugada.     

 

Culminación de un ciclo e inicio de uno nuevo

 

La celebración del Año Nuevo P’urhépecha es un ritual de la culminación de un ciclo e inicio de otro y éste se viste de un ritual inspirado en signos, símbolos, una piedra calendario y una bandera de cuatro colores que simboliza las cuatro regiones de la geografía p’urhepecha, emblemas que desde hace 23 años recorren los pueblos del antiguo imperio de Tangaxoan para encabezar el movimiento social: la reconstrucción de una comunidad de comunidades, una “Nación Indígena P’urhépecha”.

 

         Para los p’urhépecha, el tiempo no es algo lineal. Es un fenómeno con principio y fin. Nace y muere determinando un ciclo. Por ello, merece una ceremonia especial. La cronología p’urhépecha presenta un carácter propio. Inicia con el amanecer del día 1 de febrero y se celebra hasta el día siguiente. El cambio de lo viejo a lo nuevo se simboliza con el “fuego nuevo”, figura del  dios Kurikaveri (Dios del Fuego).

 

El calendario P’urhépecha

 

De acuerdo al calendario que conserva hasta nuestros días, el Año P’urhépecha es de 365 días, la semana de 5 días y un mes consta de 20 días. En total el año comprende de 18 meses, a los que se le suman 5 días aciagos, que los antiguos los empleaban para reflexionar, meditar, hacer acción de gracias a los dioses y a realizar sacrificios. Los últimos cinco días se la pasaban a obscuras, es decir, no prendían para nada fuego en espera de un nuevo ciclo.

  

Volver a la xiranhua (raíces)

 

El reinicio de este ritual surgió en el año de 1983, miembros de la comunidad, tras realizar investigaciones en la historia oral de los pueblos, se estableció que era necesario recobrar la identidad perdida durante la conquista, para ello se estableció como punto de partida la antigua celebración del ritual del encendido del fuego nuevo, y para entender esta celebración ancestral, cada comunidad donde llegan los símbolos tiene que iniciar un proceso de recuperación de los valores: cultural,  social, educativo, organización, artesanal, musical, etc.

 

En estos años la celebración del Año Nuevo P’urhepecha desempeña un papel importante en la historia de la comunidad, es una renovación cósmica, alentaba así mismo la esperanza de una recuperación de un imperio del bienestar del comienzo.

 

Los antecedentes de la celebración del Año Nuevo en la actualidad, se remontan en la época prehispánica, tiempo en el cual se realizaban diferentes celebraciones que tenían que ver con los diferentes actos de la vida cultural en que se desarrollaba la sociedad p’urhépecha. Un documento básico para tratar de entender el origen y el desarrollo de estos acontecimientos lo es el documento La Relación de Michoacán que en su apartado uno romano, referente a la justicia general que se hacía, correspondiente a la segunda parte denominada...  Síguese la historia como fueron los señores: el cazonci y sus antepasados en esta provincia de Michoacán, ahí se refiere lo siguiente:

         "Había una llamada Equata Consquaro que quiere decir de las flechas, luego el día siguiente después de la fiesta, se hacían justicia de los malhechores que habían sido rebeldes o desobedientes, y echábanlos a todos presos en una cárcel grande y había un carcelero diputado para guardarlos. Y eran estos los que cuatro veces habían dejado de traer leña para los fogones, cuando el cazonci enviaba mandamiento general por toda la provincia que trajesen leña, quien la dejaba de traer lo echaban preso.

         Y eran estos: los espías de guerra, los que no habían ido a la guerra o se volvían de ella sin licencia. Los malhechores, los que habían ido de sus pueblos y andaban vagabundos, los que habían dejado perder las cementaras del canzonci por no desyerbarlas (que eran para las guerras), los que quebraban los magueyes, y a los pacientes en el vicio contra natural. A estos echaban presos en aquella cárcel, que fuesen vecinos de la ciudad y todos los otros pueblos, y a otros esclavos desobedientes que no querían servir a sus amos, y a los esclavos que dejaban de sacrificar en sus fiestas, a todos estos susodichos llamaban Uazcata. Y si cuatro veces habían hecho delitos, los sacrificaban.

         Y cada día hacía justicia de los malhechores, más una hacían general este dicho día, veinte días antes de la fiesta, hoy uno mañana otro, hasta que cumplían los veinte días".

 

Manifestación de las comunidades

 

Desde muy temprano empiezan a llegar la delegaciones de diferentes pueblos y conforme avanza la tarde y noche cada vez van llegando más; el desfile es constante bandas de música, danzas, cantantes, juegos, etc. que constituye  toda una manifestación de pueblos. Durante la mañana se programan también otras actividades culturales, exposiciones, conferencias sobre la simbología p’urhépecha y del evento: fuego, bandera, la piedra etc. Una vez reunidos todos los miembros de la comunidad y como primera actividad de la tarde de ese día, se realiza la última procesión con los símbolos por las calles de la comunidad, los participantes bailan al ritmo de la música, y ondean las banderas de cuatro colores, las doncellas, van aromatizando con copal las paredes de las casas. 

 

Todos participan en la comida…

 

Las preparaciones para participar en este ritual inician varios días antes del gran día, las mujeres preparan ofrendas y presentes para llevar y depositar en el altar donde estarán depositados los símbolos. Una piedra calendario, una escultura de pescado y otro de un coyote. A su vez los hombres llevan leña para encender el fuego nuevo. La comunidad anfitriona prepara el alimento, que consiste en churipu (caldo de res con chile rojo y col); kurhunda, tamales de maíz sin sal. Al medio día, todos los invitados comparten la comida.

 

Consejo Petámuti

 

Mientras la manifestación cultural de los pueblos se realiza en la plaza de la comunidad, las autoridades comunales y miembros del Consejo Petámuti (personas con cargo honorario para organizar y coordinar el ritual) en una reunión privada realizan un análisis de la vida comunitaria, hacen un examen de conciencia sobre lo que fue el año que culmina, y se hacen recomendaciones para enderezar el camino de la comunidad.

Más tarde el mismo consejo realiza una evaluación de las peticiones de las comunidades para ser la próxima sede de la celebración del año nuevo. Somete a consideración de la asamblea las solicitudes; ahí se analiza y elige a la siguiente comunidad organizadora. Uno de los puntos importantes que se recomienda a la comunidad sede es que la celebración sea autogestiva; esto significa que la organización y realización sea por cuenta de la comunidad y que no reciba apoyos gubernamentales o de algún grupo en particular.

 

El fuego nuevo

 

Una vez que la constelación de Orión esta en el cenit, el Petámuti anuncia el encendido del fuego, para ello se prepara en el centro de la plaza mucha leña, se apagan todas la luces, el “Señor Fuego”, prende la lumbre a la usanza antigua, mientras el Petámuti esta narrando la historia del nuevo fuego. Una vez que las llamas empiezan a consumir la leña, los participantes toman el fuego con velas u ocote y lo guardan para llevar a sus hogares y luego empieza las danzas y bailes alrededor del fuego

Más tarde nuevamente toma la palabra el Petamuti para informar la nueva comunidad la sede de la siguiente celebración. 

 

La celebración en Pátzcuaro

 

Con estos antecedentes  la comunidad de Pátzcuaro el próximo 1 de febrero será el punto de reunión de las comunidades, no sólo para reafirmar la identidad, sino para unir sentimientos e ideas, para continuar ese proyecto de sus antepasados: LA AUTONOMIA. “Vamos en busca de esa autonomía que aún no llega. La lucha está iniciada. La vida y sangre que dieron nuestros ancestros no debe olvidarse” señala el Petámuti de la comunidad de San Lorenzo Narhen.

         “Hoy nuestra lucha debe de ser más profunda, con conciencia y razonada, vamos a empuñar las armas, esas mismas armas que el gobierno utiliza para aniquilarnos, esa arma llamada tramposamente La Ley.  Pues  bien,  nosotros también tenemos Leyes, no las del mal gobierno, sino las nuestras que vamos a aplicar en contra de aquellos que nos quieren exterminar”.

         “Nosotros estuvimos antes y estaremos después. Vamos a enseñarles a quienes nos usan y nos dominan, a vivir en comunidad. A ser iguales. Sólo así podremos vivir en paz. De lo contrario...  en este mundo engañoso todo seguirá siendo un sueño, todo seguirá siendo una ilusión...”