En relación con la festividad del Corpus, en México se tienen noticias de una primera celebración en el año de 1526 y en Michoacán después del año de 1608. Según la relación de Michoacán, el calendario de los P’urhépecha, comprendía 18 fiestas durante el año, una cada 20 días y al final agregaban cinco días complementarios, de donde se deduce que mediante las fiestas llevaban el control del tiempo.

 

Estas fiestas fueron objeto de modificación o adaptación por parte de los primeros evangelizadores, quienes por este medio buscaban hacer entender a los indígenas la religión cristiana. El Corpus es una festividad en la que se agradece al Creador por las cosechas y se pide por el buen temporal, se trata de compartir ese fruto alcanzado por la comunidad. Según el Dr. Alfonso Caso, es posible reconocer en esta fiesta, algunos elementos donde se funden ritos dirigidos a pedir la lluvia, así como el juego de los oficios, (sincretismo). Antes de la llegada de los españoles, ya existían varios oficios como el de los P’UKURI KUARICHA (los que cuidaban los bosques), TERHETA KUÁRICHA (los que trabajaban y cuidaban las sementeras del Brecha -rey-), KURINGUA ÚRICHA (los que hacían tambores), K’UANÍNKUKUA ÚRICHA (los que hacían arcos), KAKÁRICHA (los que labraban la piedra), KÚANÍKUTICHA (los cazadores), estos oficios pasaban de padres a hijos y sólo el Irecha podía autorizar el cambio de actividades.

 

Como resultaría prolijo describir la fiesta del Corpus que se realiza en todas las comunidades de la región P’urhepecha, aún cuando no en la misma fecha, se reseña a continuación cómo se lleva a cabo en la comunidad indígena de Pichátaro, municipio de Timgambato, Michoacán.

 

En la víspera inician las actividades relativas a la fiesta del Corpus. Los diferentes grupos, que representan los oficios, como los agricultures, los carpitenros, talladores de madera, cazadores, comerciantes, panaleros (quines recoletan los panales de miel silvestre), las panaderas, las bordadoras (las que hacen camisas de punto de cruz, servilletas y manteles). Cada grupo acompañado de su santo patrón, San Isidro de los agricultores; San José, de los carpinteros, San Telmo, de los panaleros, por mencionar algunos. además van acompañados de su grupo musical, los que amenizan con un son especial que invoca a la lluvia. los mencionados grupos, se presentan ante la autoridad civil (Jefe de Tenencia), con el fin de solicitar permiso para celebrar de la fiesta, lo que pone de manifiesto el respeto de los P´urhépecha hacía sus autoridades.

 

Para simbolizar el otorgamiento del permiso, ya que todo lo que se hace en esta fiesta es a manera de juego (CH’ANÁJPANTSKUA), las autoridades deben bailar y brindar con cada uno de los representantes de los oficios, el baile indica el carácter festivo de la ceremonia, y en la cultura P’urhépecha prehispánica la danza estuvo ligada a los rituales dedicados a sus dioses, quizá con mayor devoción en honor a la diosa Kuerájpiri (La Creadora).

 

El día de Corpus se reúnen todos los grupos, en el portal de la Jefatura de la Tenencia, donde instalan provisionalmente sus talleres, y ante la presencia de la comunidad hacen una demostración del conocimiento y habilidad los artesanos. Los campesinos también hacen el simulacro de cómo realizan la siembra; los comerciantes de cómo traen y venden la mercancía los cazadores también simulan que buscan la presa y la cazan; las panaderas instalan sus hornos y demuestran cómo hornean el pan; las que bordan hacen otro tanto mientras trabajan gritan haciendo resaltar el conocimiento y habilidad del oficio al que pertenecen. El grito también muy especial a manera de alarido, es una invocación a sus dioses por el buen temporal. Los panaleros simulan seguir una abeja hasta que encuentran el panal.

 

Por la parte después de la procesión que caracteriza esta celebración, que también ya era común entre los P’urhépecha (UANÓPEKUA) que hacían en honor de Kuerájpiri, recorriendo grandes distancias como de Zinapécuaro a Tzintuntzan, se juntan en el atrio de la iglesia todos los grupos representantes de los diversos oficios, cabe aclarar que los agricultores, siguen siendo el grupo más numeroso e importante de la comunidad, ya reunidos avientan al pueblo el producto de su trabajo sin dejar de lanzar gritos "íjuta...".

 

Los panaleros con sus panales cargados a la espalda suben a un palo muy alto con la habilidad que los caracteriza y desde ahí avientan al pueblo sus panales. El hecho de subir y gritar "íjuta..." es también una plegaria y comunicación con dioses por el buen temporal.

 

Por último, consideramos que es propicia la ocasión para reflexionar y valorar las festividades de los P’urhépecha como medio de identidad cultural. Asimismo difundirlas, pero con el valor histórico que representan y dejar entrever la cosmovisión de los P’urhépecha. Del Corpus en las comunidades indígenas podemos desprender, que es necesario amar el trabajo y respetar a la naturaleza.