|
Efrén
Capiz, una leyenda viviente
Por: Guillermo Correa
Morelia, Mich.- Fundador de la Unión de Comuneros Emiliano Zapata (UCEZ) y
de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), Capiz
terminó la primaria a los 21 años. Antes trabajó la tierra.
Fue talabartero, huarachero y panadero, pero se le conoce
más como el “abogado de los indios” porque también terminó
las licenciaturas en Derecho y Filosofía. No obstante, su
labor al frente del movimiento campesino independiente,
quizá sea más reconocida en el extranjero que en su propio
país.
Purépecha
de corazón y de cabello totalmente blanco, Capiz Villegas
lleva años de viajar constantemente a la ciudad de México
para arreglar los problemas campesinos de su región y de
otras partes del país. Se le conoce por su largo y grueso
bigote al estilo zapatista, por su redondo sombrero y su
imprescindible sarape al hombro.
En un
tiempo se le identificó porque siempre cargaba en bolsas
hasta 35 kilos de documentos, que no eran más que los
expedientes de los indios despojados de sus tierras,
prisioneros o asesinados por defender la tierra. Cuatro
veces ha estado en la cárcel y él mismo se ha defendido
jurídicamente para obtener su libertad. Por su lucha a favor
de los más desamparados perdió a un hijo de 14 años de edad.
Entre
otros, ha sido abogado de los trabajadores detenidos por el
movimiento ferrocarrilero de 1958 y de Flores Bello; chofer
de Genaro Vázquez Rojas, el guerrillero muerto a principios
de 1973 en las cercanías de Morelia. Líder estudiantil en la
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo durante la
década de los 60 del siglo pasado y presidente estatal del
Comité de Solidaridad con Nicaragua antes de la Revolución
Sandinista, han sido otras de sus facetas.
Como
dirigente campesino, su trabajo ha sido difundido por toda
Europa, a través de la televisión belga. Por medio de la
UCEZ ha organizado encuentros en todas las regiones
conflictivas de Michoacán, los que se caracterizan por la
participación de los comuneros.
Entre sus experiencias, Capiz cuenta con la participación
en varios foros internacionales, esté invitado o no. Por
ejemplo, en el Congreso Mundial de Sociología Rural,
celebrado en 1981 en la capital de la República, pidió a los
investigadores que “ya dejen de estudiar a los indios porque
ahora nosotros somos los que los vamos a estudiar”.
A los 55 poetas de todo el mundo que asistieron
al II Festival Internacional de Poesía en Morelia, en
octubre de 1983, Capiz les dijo: “Hoy con ustedes queremos
recuperar la fuerza de la palabra, a la que nunca
renunciamos, pero no aquella que dice por decir, sino
precisamente la de los poetas, la que permite afirmar lo que
otros callan, la que denuncia la explotación, la que habla
de verdadera libertad, la palabra que dice el dolor del
pueblo, el amor al pueblo, el odio, la ilusión, la pasión,
el sueño y el hambre del pueblo; por ese venimos esperando
que nos escuchen, que atiendan a esta palabra que expone una
verdad que se olvida o se conoce a medias: en México la
tierra no es de quien la trabaja.
“…Somos indígenas, somos pobres, somos explotados
y queremos ser dignos representantes de los millones de
muertos que han sido asesinados por atreverse a soñar en no
tener hambre y en tener libertad. Si peleamos la tierra es
porque peleamos el pan que a nosotros y a nuestros hijos les
falta; si peleamos la libertad es porque nos negamos a ser
esclavos, porque queremos ser hombres, porque soñamos, como
muchos de ustedes, en que es de lesa humanidad que muchos
muramos para que algunos vivan y tengan en sobrada cantidad
lo que a otros por siglos nos ha faltado”.
La
tierra es de quien la trabaja, la defiende y no se raja
Una de las tantas luchas ejemplares encabezadas
por el líder de la UCEZ fue la que se dio por 1982 en
Aquila, Michoacán, contra el poderoso grupo Alfa, que por
medio de sus empresas HYLSA y Casolar, se dedicó por más de
30 años al saqueo de playas y minas de los indígenas de esa
entidad, de Jalisco y de Colima, a cambio de sólo dejarles
miserias, una vaga ilusión de progreso y la división.
Constituidos en tribunal popular, representantes de cien mil
purépechas, otomíes y nahuas reunidos por Capiz y Carlos
Ramos, quien encabezaba el Comité de Defensa de los Recursos
Naturales, acordaron entonces pedirle cuentas al consorcio
encabezado por Bernardo Garza Sada; juzgaron culpable de
“alta traición” a la Secretaría de Reforma Agraria y
decidieron iniciar entonces una serie de movilizaciones den
defensa de sus recursos naturales.
San
Miguel de Aquila contaba entonces con poco más de 25 mil
habitantes quienes tomaron la mina de Tenamaxtle pues en
conjunto sólo habían recibido un total de 4 mil pesos a
título de renta de tierra, dos máquina de escribir, 10 becas
para estudiar bachillerato y pequeños volúmenes de
materiales de construcción. Por la explotación de esos
recursos, la acerera más grande de Latinoamérica había
obtenido en 1981 ventas superiores a los 21 mil 932 millones
de pesos.
Un años
después, en 1983, erigido de nuevo a manera de tribunal
supremo, víctimas y jueces a la vez, los integrantes de la
CNPA fundada por Capiz, provenientes de 22 estados de la
República y reunidos en San Felipe de los Alzati, Michoacán,
caracterizaron a la Secretaría de la Reforma Agraria cuya
titularidad tenía Antonio Toledo Corro, como “una noble
institución al servicio de los latifundistas”, semillero de
corruptos, cómplice de la arbitrariedad en el agro,
estafadora de labriegos, demagógica e impulsora de la
represión.
Era el
primer año de Miguel de la Madrid como presidente. Los
desalojos de tierras se multiplicaban por todo el
territorio nacional y el dirigente de la UCEZ salía en
defensa de poco más e 500 presos políticos campesinos en el
país. Luego, en 1985, durante una reunión de trabajo entre
campesinos y catedráticos de la Universidad Autónoma
Metropolitana de Xochimilco, Efrén Capiz, con sarape al
hombro y sobrero purépecha, dijo a los universitarios: “Ya
no queremos que nos usen objeto de estudio y conejillos de
indias, sino sujetos dinámicos de la transformación de
nuestras prácticas cotidianas campesinas y que sean
compatibles los objetivos de la universidad y de los que
laboran en el agro. Estamos cansados de que se sirvan de
nosotros, ya es tiempo de que ustedes nos seas útiles para
resolver nuestros problemas”.
1987.
Gobernaba Michoacán Luis Martínez Villicaña. La Corriente
Democrática del PRI, en todo su apogeo, aliada con la UCEZ,
hacía patente el inicio de una época de terror en la que
abundaron los insultos, difamaciones, asaltos, ataques,
amenazas de muerte, persecuciones, torturas y aún de
asesinatos contra muchos de los integrantes de ambas
organizaciones.
“Yo lo
digo porque no tengo miedo”, dijo entonces Efrén Capiz a
este reportero cuando lo entrevistó en uno de los múltiples
lugares en que se ocultaba, debido a las numerosos órdenes
de aprehensión de que era víctima el líder comunero quien
confesó: “Si bien esa no es mi línea, tengo que denunciar
que lo que huele a cardenismo en Michoacán sea ha tornado
casi un delito”.
Durante
este año, el primero de Villicaña, la UCEZ de Capiz contaba
con más de dos mil órdenes de aprehensión. Sin desprenderse
un solo momento de las luchas populares, la figura de Efrén
Capiz dio la vuelta al mundo ya que en foros de los cinco
continentes intervenía para denunciar la crítica situación
por la que siempre han atravesado los indios y campesinos de
México.
Fue así
que en marzo de 1994, en plena efervescencia del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el indio purépecha
se trasladó hasta San Cristóbal de las Casas, Chiapas,
donde, acostumbrado ya a la palabra rimada, expresó: “Desde
Michoacán yo vengo a luchar en este sitio por los problemas
que tengo. Son problemas de tierras comunales y ejidales,
las que nos quieren quitar los invasores legales. En
términos generales, nuestra lucha es por los pobres que
trabajan, los trabajadores. Contra los tiranos que nos
quitan nuestras tierras comunales y nuestros predios
urbanos…”. Más adelante, en homenaje al luchador de
Michoacán, en el almacén comunitario del municipio autónomo
de San Pedro Polhó Chiapas, fue pintado un mural con la
imagen de Efrén Capiz quien en correspondencia al iniciar
marzo del 2001 cuando el EZLN se dirigía a la ciudad de
México y llegaba a Nurío, entregó al subcomandante Marcos un
gabán tradicional que lució el líder rebelde.
Tan sólo dos años después, en octubre del año pasado, la
UCEZ de Capiz dio surgimiento en Zirahuén al primer
municipio autónomo indígena de Michoacán. El Caracol
Zapatista se denomina desde entonces “Erupción de rebeldía
en el agua azul”.
Ejemplo
de generaciones
Amigo de toda la vida y compañero de luchas, Genaro
Domínguez Maldonado, más conocido como “El Jarocho”, líder
de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indios (CNPI), dice
de Efrén Capiz: “No sólo merece reconocimiento, sino que es
un ejemplo para las generaciones actuales y las que vienen,
porque pertenece a una estirpe que ya no existe. Lo conocí
en la lista de presos políticos de 1968 encerrado en Morelia
por haberse opuesto a la represión estudiantil y defender la
educación de la Universidad Nicolaita de Michoacán.
“Su único objetivo ha sido servir a los obreros, a los
campesinos y a los indios. Reconocer eso es lo menos que
puede uno hacer de quien se ha entregado totalmente a las
cauasas de los que menos tienen. Él es el Nahuatzin, un
pueblo de la campiña de Michoacán”.
El dirigente recuerda que en 1979 centenario del nacimiento
del general Emiliano Zapata, coincidieron físicamente en
Cuatla, Morelos. Desde entonces UCEZ y CNPI marchan juntos,
principalmente los doce de octubre de cada año, fecha que
bautizaron como “El día de la dignidad del indio”.
Dice que Efrén Capiz está
casado, más que con Eva Castañeda, compañera de toda la
vida, con sus ideales. “Él es de la madera que no se
apolilla. Lo he visto sufrir por sus padecimientos físicos
de su edad, pero nunca se queja y, en cambio, se entrega
cada vez más al servicio de las causas populares”.
La Unión de Comuneros Emiliano Zapata, nace cuando Efrén se
da cuenta en 1979 que los indios necesitan más que una
expresión de misericordia. Más tarde, en octubre, en Eva a
la cabeza, procrean en Milpa Alta a la Coordinadora Nacional
Plan de Ayala, de la que “luego nos retiramos, porque muchos
nada más buscaban la diputación”.
Cuenta Genaro Domínguez que en una
ocasión cuando se encontraba desesperado por las tantas
amenazas de muerte que recibía, le dijo a Efrén: “Ayúdame,
tú que eres bueno para los amparos”. Él se sonrió antes de
responder: “Tu y yo no necesitamos más que hacer muy bien lo
que hacemos, luchar por nuestras causa, ese es nuestro más
importante amparo”.
Para el líder de la CNPI, Efrén Capiz siempre ha estado en
defensa del agua, los bosques, las selvas y demás recursos
naturales, propiedad de los indios. No olvida las
movilizaciones en Michoacán contra el grupo Monterrey, la
transnacional Resistol, el Club Mediterrané, o los ganaderos
de Quiroga.
“Su trinchera ha sido defender la
tierra y derechos de los pueblos”. Es vital mostrarlo a los
jóvenes que en lugar de quedarse a luchar aquí, prefieren
irse a Estados Unidos a ser explotados y vejados”.
Humilde, cuando sale del estado, Capiz gusta de comer en los
mercados. No le incomoda que lo califiquen como el
ensarapado, pues según dijo que el gabán le sirve para todo,
como cama, cobija o escritorio; además de que al portarlo
expresa su amor a México y en concreto a Michoacán.
Una de sus más precisadas virtudes que se le reconoce, es
haberse casado con Eva Castañeda, una mujer entregada a él y
a lo que cree, plenamente convencida de que su compañero
tiene razón y ella, como los indios y campesinos “le tiene
fe”. |
|