S E C C I Ó N :   R E P O R T A J E S

DIARIO DIGITAL 25 de junio de 2005

San Lorenzo Narhén, Uruapan - Michoacán - México.

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El Café de Uruapan es un mito

* En realidad es café de otros estados del país. *Del puerto de Mokka a la mesa de los michoacanos. *Una planta industrializadota del café reactivaría el cultivo. * José Martí, poeta cubano constato la calidad y el sabor del café uruapense. 

   Uruapan, Mich.- La cafeticultura en esta región tuvo su importancia económica y social considerable pero fue abandonado su cultivo por la producción de aguacate que le ganó terreno. A pesar de que el cultivo del café encuentra en esta región: terreno, clima y apropiados, además la experiencia de campesinos en la actividad cafetalera, no recibe el impulso necesario para el desarrollo; tanto el gobierno como el sector privado no ven el café un potencial que reactive la economía, no obstante en que hay mucha demanda de la bebida aromática.

   Durante el porfiriato la zona cafetalera de la región de Uruapan ocupo el quinto lugar a nivel nacional como productor del café. Actualmente el aromático solo se cultiva en pequeñas fraccionas en los municipios de Ziracuaretiro y Tancitaro, cuando en el pasado esta región fue un distrito tan importante como productor de café, que fue merecedor de reconocimientos internacionales.

   A pesar de tales antecedentes, Uruapan nunca ha sido tomado en cuenta dentro del Consejo Civil Mexicano para la Cafeticultura Sustentable o por el Instituto Mexicano del Café, que son organizaciones interesadas en promover la evolución de las huertas mexicanas, tampoco los productores de esta región se han interesa en solicitar su ingreso a tales instituciones debido a no hay organización de los productores ni en los comercializadores.

   Mientras esto ocurre, en Uruapan la demanda del café molido y en bebida sigue creciendo, es tal el hecho que los comercializadores tienen que importar el grano de otros estados, y este se vende con el sello de café Uruapan cuando en realidad es café de Tabasco, Veracruz, Chiapas o Tabasco.


  A nivel nacional la agroindustria del café se ha contraído visiblemente debido a la baja de los precios internacionales, que repercute de manera considerable sobre el resto de la economía nacional. Históricamente el café ha sido un soporte material de la acumulación interna de capital, estrechamente vinculado con los orígenes de la industria nacional y con el despliegue del mercado interno.

  En los últimos años, la actuación del gobierno en el ámbito de la cafeticultura nacional se refiere a la eliminación de sus funciones de regulación económica y a proporcionar las bases normativas y jurídicas que permitan establecer los límites de la participación gubernamental y los criterios formales para el establecimiento de un nuevo marco de relaciones entre los agentes económicos involucrados en el complejo económico del café.

  Sin embargo con la nueva política, al menos en esta región, las perspectivas de desarrollo para los productores aun no han llegado, los programas de apoyo siguen ausentes, el futuro del sector social cafetalero aun es incierto: depende en gran medida del interés que el capital privado nacional o extranjero tenga para invertir en el cultivo del café y, también, de los grados de certidumbre que el inversionista asuma con respecto a las disposiciones legales para asociarse con los pequeños productores ejidatarios cultivadores del grano.

  Café, el elíxir de todos los hombres
El café necesita para crecer un suelo rico y húmedo, que absorba bien el agua y drene con rapidez el exceso de precipitación. Los mejores suelos son los formados por un pequeño manto de hojas, materia orgánica de otra clase y roca volcánica desintegrada. Aunque las heladas dañan enseguida las plantas del café, éste se cultiva en regiones frías; las temperaturas de crecimiento oscilan entre 13 y 26°C. Las plantaciones de café ocupan altitudes comprendidas entre el nivel del mar y el límite de las nieves perpetuas tropicales, que se encuentra a unos 1.800 metros.

  La Revolución, el agrarismo cardenista y la fiebre cafetalera desatada por el auge internacional de los precios en el quinto decenio dieron lugar al surgimiento de un importante número de pequeños y medianos ejidatarios. Actualmente existen más de 282 mil productores repartidos en trece estados de la República: Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla, Guerrero, Colima, San Luis Potosí, Jalisco, Michoacán, Hidalgo, Querétaro, Nayarit y Tabasco.

  Para mayo y junio, el paisaje de los campos de café se llena de cientos de campesinos que inician la siembra para que la planta esté bien establecida durante el invierno y no le afecten las bajas temperaturas. Es entonces cuando los pueblos cafetaleros se tornan mosaicos de diversidad cultural, ya que de las 54 comunidades indígenas de la República, 27 tienen relación con esta actividad.

  Los poetas han dicho que es “el néctar negro de los sueños blancos”. Como bebida está presente en las vivencias diarias y en los grandes acontecimientos. Por la mañana, tarde o noche, en lo doméstico, local, nacional o global, el café entrecruza destinos, labores y actitudes. Bebida de cuantas etnias o razas hay en el mundo, todos tomadores de café... Si al café no le tocó ser el “néctar de los dioses”, es sin duda, “el elíxir de todos los hombres”.

Daños ambientales causados por la cafeticultura
  Existen dos consecuencias ambientales principales derivadas del cultivo del grano tanto dentro como fuera de las zonas cafetaleras. La primera de ellas es la deforestación que sufren esas regiones debido a los métodos de cultivo como el "intensivo" y el "semintensivo", señala Jorge Palomares Vargas, ingeniero agrónomo.

   El primero de ellos implica la ausencia de árboles de sombra dentro de las parcelas, lo que implica el corte de todas las especies nativas para ser reemplazadas con arbustos de porte bajo y alta productividad. Este método también implica un gran uso de insecticidas y fertilizantes químicos, lo que contamina la tierra además de propiciar la erosión del suelo debido a la corta vida de ese tipo de cafetos (12 años aproximadamente).

  Aunque en el cultivo semintensivo sí se permite el uso de sombra dentro del cafetal, ésta se obtiene de especies seleccionadas como el "chalum", que pertenece al género Inga, y que proporciona hidrógeno a los arbustos, o se introducen árboles maderables y frutales. Esta práctica empobrece la biodiversidad vegetal nativa de esas regiones, además de poner en peligro la sobrevivencia de diversos animales que dependen directa e indirectamente de otras plantas que no son usadas por el hombre.

  Por otra parte, el beneficiado tradicional del café representa otra forma importante de contaminación (junto a los residuos químicos) para las fuentes pluviales debido a que los desechos de la transformación del aromático simplemente son vertidos a ríos y arroyos, situación que los contamina durante toda la época en que se beneficia el café cereza. A esto debemos añadir el hecho de que el beneficiado tradicional usa miles de litros de agua provenientes de los mismos ríos que contamina, por lo que se tiene un gran consumo de agua limpia para beneficiar cada quintal del grano.

  Frente a los problemas antes mencionados se han buscado soluciones que coadyuven a disminuir todos los daños ocasionados al medio ambiente a través de la exploración de nuevos nichos de mercado, como es el mercado para el café orgánico basado en modelos de producción sustentable. Así mismo es necesario racionalizar el uso de agroquímicos en la cafeticultura, aplicando programas de manejo integrado del cultivo y la promoción de la reforestación y protección de las cuencas cafetaleras.

  La cafeticultura como generador de empleos
La cafeticultura es un generador nato de empleo, debido principalmente a las condiciones topográficas en donde se encuentran las regiones cafetaleras, aquí no se puede meter maquinaria como lo hacen en otros países, señala José Luis Mendoza Vega, comercializador del café.

  Las condiciones topográficas en donde se cultiva el café en México son totalmente quebradas, no cabe la maquinaria, por lo que el trabajo tiene que ser ciento por ciento manual. Inclusive se considera que las labores cafetaleras desde la siembra, las limpias, la fertilización y el corte son actividades artesanales que difícilmente van a poder mecanizarse.

  Algo muy característico de los predios cafetaleros es que toda la familia trabaja. Al padre de familia se le encomiendan las tareas más pesadas como en el transportar los granos al beneficio para su procesamiento, o bien, realizar la fertilización o fumigación de las plantas. Mientras que los demás se dedican a la selección de granos o se les ubica en los almácigos, en donde se requiere una mano más fina.

  Junto a lo anterior, la importancia del trabajo en las fincas cafetaleras también se observa al considerar que el productor con una parcela muy pequeña depende, para su subsistencia cotidiana, de la venta de su café y de la posibilidad de emplearse como asalariado en cafetales mayores, pues la diversificación de cultivos en su propiedad es casi nula. Si consideramos los bajos salarios pagados al trabajador en las grandes fincas, podemos constatar que su nivel de vida es muy precario, pues a todo lo anterior se suman las condiciones deficientes de los niveles de salud, educación, vivienda, etc., imperantes en las zonas cafetaleras, y que corresponden a los más bajos del país.

  Por lo que es necesario además de urgente la creación de un centro de acopio y la creación de un planta industrializadota del café, es a es una de las formas de reactivar el cultivo del café en la región, de lo contrario nosotros los productores seguiremos comprando café en otros estados para vender como café de Uruapan, además es prioritario que el gobierno participe en la otorgamiento de créditos a los pequeños productores de café, señaló el comerciante del café Zirahuen, uno de los más viejos de Uruapan.


Origen del Café
  La llegada del café a Michoacán tuvo un origen distinto al de otras partes de México y del continente. En 1824, el general Mariano Michelena, primer ministro plenipotenciario de México en Inglaterra y gestor del establecimiento de relaciones diplomáticas con varias naciones europeas, a su regreso de Londres trajo las primeras semillas, que provenían de un cargamento recién llegado del puerto de Moka, en Arabia; mismas que fueron sembradas en el jardín de su casa en Valladolid (hoy Morelia).

  El café se introdujo a México por tres regiones diferentes: en el año de 1796 en la Isla de cuba a la región de Córdoba, Veracruz; en 1823 proveniente de Mokka, Arabia, se introdujo a Uruapan, Michoacán; y en 1847 de Guatemala a Tuxcla Chico, Chiapas. La primera exportación que consistió en 272 quintales, se realizó en el año de 1802; a partir de esa fecha, en forma interrumpida el país ha continuado la producción y comercialización del grano aun con los altibajos de los precios.


  Después, cuando las plantas habían crecido un poco, fueron llevadas a la hacienda de La Parota ubicada en el valle de Urecho en donde se inició formalmente la primera plantación. Donde prosperó este arbusto admirablemente y puede asegurarse que de allí han nacido todos los demás plantíos que se han hecho en el Estado. Todavía, ahora ocurren a La Parota, de las fincas vecinas por semilla o pequeños vástagos de café. Acaso a esa buena semilla se le deba la excelente calidad del café de Michoacán, que es sin disputa, por su clase, de la mejor que se produce en la república mexicana, señala una investigación del maestro Gerardo Sánchez, investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, (UMSNH).

  De la hacienda de La Parota, el cultivo del café pasó a otras haciendas ubicadas en las jurisdicciones de Ario, Tacámbaro y Uruapan. De los cafetales que se formaron en los alrededores de Uruapan, el señor Ignacio Ochoa llevó semillas a Colima, a partir de los cuales el café se propagó por ese estado y el sur de Jalisco.

Los dominios de los cafetos
En el último tercio del siglo XIX, las huertas de café se extendieron por varios municipios michoacanos, entre ellos Tingambato, Taretan, Los Reyes, Tancítaro, Apatzingán, Aguililla, Coalcomán y Coahuayana. Sin embargo, el producido en los alrededores de Uruapan fue el que más fama alcanzó en México y el extranjero. Esto debido, sin duda, a lo apropiado de los suelos y lo estable del clima. Sobre ello, Matías Romero comentaba “Uruapan es por excelencia el distrito cafetalero de Michoacán (...) en su benigno clima y su fértil suelo se ven confundidos los frutos de la tierra fría con los de la tierra caliente y la templada”. En otro escrito, el mismo autor se refiere así al café uruapense “el café de Uruapan, que es ya ventajosamente conocido en el mundo, a causa de haber obtenido un premio en la exposición de Filadelfia del año pasado, y que por su excelente calidad, igual que el de Colima rivaliza con el de Mokka ha dado grande importancia que es de creerse aumente cada día a la pintoresca ciudad de Uruapan”.

   José Napoleón Guzmán Ávila, investigador de UMSNH señala que se hicieron famosos en Uruapan los cafetales que pertenecían a Manuel, Ramón y Francisco Farías, este último llegó a tener un plantío con 20 mil matas en producción entre Uruapan y Jicalán; don Toribio Ruíz, también llegó a tener una huerta considerable, lo mismo que Espiridión Coria quien por 1877 preparaba terrenos para plantar ente 50 y 100 mil matas. En total, según cálculos del señor Ramón Farías, al iniciarse en el último tercio del siglo XIX en los alrededores de Uruapan había un poco más de 200 mil cafetos, algunos con troncos robustos y de gran altura como los que crecían en la casa de la señora Socorro Gutiérrez, en el barrio de San Miguel, con una edad de más de un cuarto de siglo de producción interrumpida. Las cosechas de los cafetales uruapenses tenían lugar entre febrero y marzo, o aunque se podían recoger frutos en algunas ocasiones hasta el mes de agosto. Por su reconocida calidad, el café de Uruapan obtuvo premios importantes en las exposiciones internacionales de Filadelfia en 1876 y en la de París en 1900.

Y se hizo el café de Uruapan…
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y primeras décadas del presente, fueron muchos los viajeros que dejaron escritas las impresiones que les habían dejado tomar una taza recién preparada del famoso café caracolillo que se producía en Uruapan. En 1865, William Bullock, después de una larga jornada entre Morelia y Pátzcuaro, por el viejo camino de las diligencias, cruzando llanos, subiendo y bajando lomeríos, guiado por la curiosidad de admirar un atardecer en la zona lacustre, con hambre y sed acumuladas, al fin pudo llegar a una fonda en donde después de las cuatro de la tarde todavía logró encontrar comida y tomar una taza de café caliente, dice: “Después de mucho tiempo, logramos tomar una taza de excelente café que con su aliento nos dio fuerzas para subir a una colina fuera del pueblo llamada Los Balcones, de donde tuvimos una magnífica vista del lago y las montañas”.

  Años más tarde, el pintor neoyorkino F. Hopkinson Smit, en su obra A White umbrella in Mexico, dedicó elogiosos comentarios al café de la Perla del Cupatitzio, al que calificó como “el mejor del mundo”. El texto de Hopkinson, dio pie para que el poeta cubano José Martí también se sumara a las ponderaciones del grano en una extensa crónica publicada a mediados de 1889, en el periódico La Nación, de Buenos Aires. Martí en más de una ocasión, personalmente había comprobado la calidad y el sabor del café uruapense por envíos que le hacían a Nueva York sus amigos michoacanos Manuel Mercado y el pintor Manuel Ocaranza. En varios de sus escritos, Martí escribió elogiosamente acerca del grano y el café como bebida. En muestra América, llegó a comentar: “¡OH, sí! El rico grano, que enardece la sangre, anima la pasión, aleja el sueño, inquietísimo salta en las venas, hace llama y aroma en el cerebro; el que afama a Uruapan, mantiene a Colima y realza a Java; el haschich de Amperica, que hace soñar y no embrutece; el vencedor del té; el caliente néctar; el perfumado cafeto, crece como la ilusión con los amores, como la marcha de la nube con el impulso de los vientos...”

  En 1892, un viajero inglés llegó a Michoacán solo para conocer y aspirar el aroma de los cafetales de los alrededores de Uruapan. De su estancia en Morelia escribió: “un encanto adicional de esta ciudad son sus agradables jardines, llenos de flores semitropicales que crecen en pintoresca confusión, haciendo el aire dulce con su perfume y formando un cuadro admirable para las viejas iglesias, que invariablemente llenan un lado de la plaza. El aire es deliciosamente reparador, el clima es casi semitropical y la vegetación exuberante.
Fue aquí en done por primera vez probé el celebrado café de Uruapan. Nadie acostumbrado a las mezclas de chicoria que se venden en Inglaterra puede tener una idea de la delicia de una taza recién hecha de café no adulterado traído de Uruapan”.

   Durante su estancia de tres días en la Ciudad del Progreso, este viajero se dio tiempo para visitar algunos cafetales, sobre ello anotó: “un caballero español, que hacían un considerable negocio con café, además de poseer una gran plantación de caña de azúcar. Después de la acostumbrada taza de café, cortésmente nos ofreció enseñarnos su huerta y llevarnos a ver el trabajo del laqueado de los indígenas por el cual Uruapan es conocido. Montamos nuestros caballos, lo acompañamos a la huerta donde nos enseñó el café maduro y con un agradable sabor (...) continuamos por el camino que pasa a través de pequeñas plantaciones de café, nuestro guía nos explicó que todos eran propiedad de los indios, que hacían dinero con sus pequeñas parcelas debido a la alta estima que se tiene en todas partes al café de Uruapan”

   A su llegada a Uruapan en 1895, después de un largo recorrido entre los tarascos serranos de San Juan Parangaricutiro, Paracho y Cherán, el etnólogo noruego Carl Lumholtz, después de valorar la limpieza de Uruapan, lo agradable del clima y la variada comida que encontró en una de las fondas escribió que “el café que allí se da goza de fama de ser el mejor del mundo”. Opiniones semejantes fueron expresadas por otros viajeros como Thomas Javier en su libro The mexican guide, Adolfo Dollero en México al día, Wallace Gilpartrick en Theman Who likes México y Marian Storm en su Prologue to México y más adelante en Enjoying Uruapan, en donde se habla con amplitud de la producción cafetalera, la calidad y el exquisito sabor del café caracolillo.


DATOS

1 tipo de café: Arábiga (variedad típica)
4 municipios productoras (Uruapan, Tacámbaro, Ziracuaretiro y Tancitaro.
Poco más 250 toneladas e grano de café se produce la región
Unas 300 toneladas de granos llegan de otros estados
6 empresas comercializadoras de café hay en Uruapan
60 a 90 pesos cuesta el kilo de café molida en el mercado local
9 pesos es el costo del grano de café en el campo.
Se requiere de 2 a 3 kilos de café de grano, para producir un kilo de café en polvo.

Por su reconocida calidad, el café de Uruapan obtuvo premios importantes en las exposiciones internacionales en Filadelfia en 1876 y en la de París en 1900.

En las últimas décadas, la baja producción del café michoacano es completada con el café de otros estados.

“El rico grano que enardece la sangre, anima la pasión, aleja el sueño, inquietísimo salta en las venas, hace llama y aroma en el cerebro”: José Martí.

FUENTE: José Luis Mendoza Vega.
 

 

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