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El Café
de Uruapan es un mito
* En
realidad es café de otros estados del país. *Del puerto de
Mokka a la mesa de los michoacanos. *Una planta
industrializadota del café reactivaría el cultivo. * José
Martí, poeta cubano constato la calidad y el sabor del café
uruapense.
Uruapan, Mich.- La cafeticultura en esta región tuvo su
importancia económica y social considerable pero fue
abandonado su cultivo por la producción de aguacate que le
ganó terreno. A pesar de que el cultivo del café encuentra
en esta región: terreno, clima y apropiados, además la
experiencia de campesinos en la actividad cafetalera, no
recibe el impulso necesario para el desarrollo; tanto el
gobierno como el sector privado no ven el café un potencial
que reactive la economía, no obstante en que hay mucha
demanda de la bebida aromática.
Durante el porfiriato la zona cafetalera de la región de Uruapan
ocupo el quinto lugar a nivel nacional como productor del
café. Actualmente el aromático solo se cultiva en pequeñas
fraccionas en los municipios de Ziracuaretiro y Tancitaro,
cuando en el pasado esta región fue un distrito tan
importante como productor de café, que fue merecedor de
reconocimientos internacionales.
A pesar de tales antecedentes, Uruapan nunca ha sido tomado en
cuenta dentro del Consejo Civil Mexicano para la
Cafeticultura Sustentable o por el Instituto Mexicano del
Café, que son organizaciones interesadas en promover la
evolución de las huertas mexicanas, tampoco los productores
de esta región se han interesa en solicitar su ingreso a
tales instituciones debido a no hay organización de los
productores ni en los comercializadores.
Mientras esto ocurre, en Uruapan la demanda del café molido y en
bebida sigue creciendo, es tal el hecho que los
comercializadores tienen que importar el grano de otros
estados, y este se vende con el sello de café Uruapan cuando
en realidad es café de Tabasco, Veracruz, Chiapas o Tabasco.
A nivel nacional la agroindustria del café se ha contraído visiblemente
debido a la baja de los precios internacionales, que
repercute de manera considerable sobre el resto de la
economía nacional. Históricamente el café ha sido un soporte
material de la acumulación interna de capital, estrechamente
vinculado con los orígenes de la industria nacional y con el
despliegue del mercado interno.
En los últimos años, la actuación del gobierno en el ámbito de la
cafeticultura nacional se refiere a la eliminación de sus
funciones de regulación económica y a proporcionar las bases
normativas y jurídicas que permitan establecer los límites
de la participación gubernamental y los criterios formales
para el establecimiento de un nuevo marco de relaciones
entre los agentes económicos involucrados en el complejo
económico del café.
Sin embargo con la nueva política, al menos en esta región, las
perspectivas de desarrollo para los productores aun no han
llegado, los programas de apoyo siguen ausentes, el futuro
del sector social cafetalero aun es incierto: depende en
gran medida del interés que el capital privado nacional o
extranjero tenga para invertir en el cultivo del café y,
también, de los grados de certidumbre que el inversionista
asuma con respecto a las disposiciones legales para
asociarse con los pequeños productores ejidatarios
cultivadores del grano.
Café, el elíxir de todos los hombres
El café necesita para crecer un suelo rico y húmedo, que
absorba bien el agua y drene con rapidez el exceso de
precipitación. Los mejores suelos son los formados por un
pequeño manto de hojas, materia orgánica de otra clase y
roca volcánica desintegrada. Aunque las heladas dañan
enseguida las plantas del café, éste se cultiva en regiones
frías; las temperaturas de crecimiento oscilan entre 13 y
26°C. Las plantaciones de café ocupan altitudes comprendidas
entre el nivel del mar y el límite de las nieves perpetuas
tropicales, que se encuentra a unos 1.800 metros.
La Revolución, el agrarismo cardenista y la fiebre cafetalera desatada
por el auge internacional de los precios en el quinto
decenio dieron lugar al surgimiento de un importante número
de pequeños y medianos ejidatarios. Actualmente existen más
de 282 mil productores repartidos en trece estados de la
República: Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla, Guerrero,
Colima, San Luis Potosí, Jalisco, Michoacán, Hidalgo,
Querétaro, Nayarit y Tabasco.
Para mayo y junio, el paisaje de los campos de café se llena de cientos
de campesinos que inician la siembra para que la planta esté
bien establecida durante el invierno y no le afecten las
bajas temperaturas. Es entonces cuando los pueblos
cafetaleros se tornan mosaicos de diversidad cultural, ya
que de las 54 comunidades indígenas de la República, 27
tienen relación con esta actividad.
Los poetas han dicho que es “el néctar negro de los sueños blancos”. Como
bebida está presente en las vivencias diarias y en los
grandes acontecimientos. Por la mañana, tarde o noche, en lo
doméstico, local, nacional o global, el café entrecruza
destinos, labores y actitudes. Bebida de cuantas etnias o
razas hay en el mundo, todos tomadores de café... Si al café
no le tocó ser el “néctar de los dioses”, es sin duda, “el
elíxir de todos los hombres”.
Daños ambientales causados por la cafeticultura
Existen dos consecuencias ambientales principales derivadas del cultivo
del grano tanto dentro como fuera de las zonas cafetaleras.
La primera de ellas es la deforestación que sufren esas
regiones debido a los métodos de cultivo como el "intensivo"
y el "semintensivo", señala Jorge Palomares Vargas,
ingeniero agrónomo.
El primero de ellos implica la ausencia de árboles de sombra dentro
de las parcelas, lo que implica el corte de todas las
especies nativas para ser reemplazadas con arbustos de porte
bajo y alta productividad. Este método también implica un
gran uso de insecticidas y fertilizantes químicos, lo que
contamina la tierra además de propiciar la erosión del suelo
debido a la corta vida de ese tipo de cafetos (12 años
aproximadamente).
Aunque en el cultivo semintensivo sí se permite el uso de sombra dentro
del cafetal, ésta se obtiene de especies seleccionadas como
el "chalum", que pertenece al género Inga, y que proporciona
hidrógeno a los arbustos, o se introducen árboles maderables
y frutales. Esta práctica empobrece la biodiversidad vegetal
nativa de esas regiones, además de poner en peligro la
sobrevivencia de diversos animales que dependen directa e
indirectamente de otras plantas que no son usadas por el
hombre.
Por otra parte, el beneficiado tradicional del café representa otra forma
importante de contaminación (junto a los residuos químicos)
para las fuentes pluviales debido a que los desechos de la
transformación del aromático simplemente son vertidos a ríos
y arroyos, situación que los contamina durante toda la época
en que se beneficia el café cereza. A esto debemos añadir el
hecho de que el beneficiado tradicional usa miles de litros
de agua provenientes de los mismos ríos que contamina, por
lo que se tiene un gran consumo de agua limpia para
beneficiar cada quintal del grano.
Frente a los problemas antes mencionados se han buscado soluciones que
coadyuven a disminuir todos los daños ocasionados al medio
ambiente a través de la exploración de nuevos nichos de
mercado, como es el mercado para el café orgánico basado en
modelos de producción sustentable. Así mismo es necesario
racionalizar el uso de agroquímicos en la cafeticultura,
aplicando programas de manejo integrado del cultivo y la
promoción de la reforestación y protección de las cuencas
cafetaleras.
La cafeticultura como generador de empleos
La cafeticultura es un generador nato de empleo, debido
principalmente a las condiciones topográficas en donde se
encuentran las regiones cafetaleras, aquí no se puede meter
maquinaria como lo hacen en otros países, señala José Luis
Mendoza Vega, comercializador del café.
Las condiciones topográficas en donde se cultiva el café en México son
totalmente quebradas, no cabe la maquinaria, por lo que el
trabajo tiene que ser ciento por ciento manual. Inclusive se
considera que las labores cafetaleras desde la siembra, las
limpias, la fertilización y el corte son actividades
artesanales que difícilmente van a poder mecanizarse.
Algo muy característico de los predios cafetaleros es que toda la familia
trabaja. Al padre de familia se le encomiendan las tareas
más pesadas como en el transportar los granos al beneficio
para su procesamiento, o bien, realizar la fertilización o
fumigación de las plantas. Mientras que los demás se dedican
a la selección de granos o se les ubica en los almácigos, en
donde se requiere una mano más fina.
Junto a lo anterior, la importancia del trabajo en las fincas cafetaleras
también se observa al considerar que el productor con una
parcela muy pequeña depende, para su subsistencia cotidiana,
de la venta de su café y de la posibilidad de emplearse como
asalariado en cafetales mayores, pues la diversificación de
cultivos en su propiedad es casi nula. Si consideramos los
bajos salarios pagados al trabajador en las grandes fincas,
podemos constatar que su nivel de vida es muy precario, pues
a todo lo anterior se suman las condiciones deficientes de
los niveles de salud, educación, vivienda, etc., imperantes
en las zonas cafetaleras, y que corresponden a los más bajos
del país.
Por lo que es necesario además de urgente la creación de un centro de
acopio y la creación de un planta industrializadota del
café, es a es una de las formas de reactivar el cultivo del
café en la región, de lo contrario nosotros los productores
seguiremos comprando café en otros estados para vender como
café de Uruapan, además es prioritario que el gobierno
participe en la otorgamiento de créditos a los pequeños
productores de café, señaló el comerciante del café
Zirahuen, uno de los más viejos de Uruapan.
Origen del Café
La llegada del café a Michoacán tuvo un origen distinto al de otras
partes de México y del continente. En 1824, el general
Mariano Michelena, primer ministro plenipotenciario de
México en Inglaterra y gestor del establecimiento de
relaciones diplomáticas con varias naciones europeas, a su
regreso de Londres trajo las primeras semillas, que
provenían de un cargamento recién llegado del puerto de
Moka, en Arabia; mismas que fueron sembradas en el jardín de
su casa en Valladolid (hoy Morelia).
El café se introdujo a México por tres regiones diferentes: en el año de
1796 en la Isla de cuba a la región de Córdoba, Veracruz; en
1823 proveniente de Mokka, Arabia, se introdujo a Uruapan,
Michoacán; y en 1847 de Guatemala a Tuxcla Chico, Chiapas.
La primera exportación que consistió en 272 quintales, se
realizó en el año de 1802; a partir de esa fecha, en forma
interrumpida el país ha continuado la producción y
comercialización del grano aun con los altibajos de los
precios.
Después, cuando las plantas habían crecido un poco, fueron llevadas a la
hacienda de La Parota ubicada en el valle de Urecho en donde
se inició formalmente la primera plantación. Donde prosperó
este arbusto admirablemente y puede asegurarse que de allí
han nacido todos los demás plantíos que se han hecho en el
Estado. Todavía, ahora ocurren a La Parota, de las fincas
vecinas por semilla o pequeños vástagos de café. Acaso a esa
buena semilla se le deba la excelente calidad del café de
Michoacán, que es sin disputa, por su clase, de la mejor que
se produce en la república mexicana, señala una
investigación del maestro Gerardo Sánchez, investigador de
la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, (UMSNH).
De la hacienda de La Parota, el cultivo del café pasó a otras haciendas
ubicadas en las jurisdicciones de Ario, Tacámbaro y Uruapan.
De los cafetales que se formaron en los alrededores de
Uruapan, el señor Ignacio Ochoa llevó semillas a Colima, a
partir de los cuales el café se propagó por ese estado y el
sur de Jalisco.
Los dominios de los cafetos
En el último tercio del siglo XIX, las huertas de café se
extendieron por varios municipios michoacanos, entre ellos
Tingambato, Taretan, Los Reyes, Tancítaro, Apatzingán,
Aguililla, Coalcomán y Coahuayana. Sin embargo, el producido
en los alrededores de Uruapan fue el que más fama alcanzó en
México y el extranjero. Esto debido, sin duda, a lo
apropiado de los suelos y lo estable del clima. Sobre ello,
Matías Romero comentaba “Uruapan es por excelencia el
distrito cafetalero de Michoacán (...) en su benigno clima y
su fértil suelo se ven confundidos los frutos de la tierra
fría con los de la tierra caliente y la templada”. En otro
escrito, el mismo autor se refiere así al café uruapense “el
café de Uruapan, que es ya ventajosamente conocido en el
mundo, a causa de haber obtenido un premio en la exposición
de Filadelfia del año pasado, y que por su excelente
calidad, igual que el de Colima rivaliza con el de Mokka ha
dado grande importancia que es de creerse aumente cada día a
la pintoresca ciudad de Uruapan”.
José Napoleón Guzmán Ávila, investigador de UMSNH señala que se
hicieron famosos en Uruapan los cafetales que pertenecían a
Manuel, Ramón y Francisco Farías, este último llegó a tener
un plantío con 20 mil matas en producción entre Uruapan y
Jicalán; don Toribio Ruíz, también llegó a tener una huerta
considerable, lo mismo que Espiridión Coria quien por 1877
preparaba terrenos para plantar ente 50 y 100 mil matas. En
total, según cálculos del señor Ramón Farías, al iniciarse
en el último tercio del siglo XIX en los alrededores de
Uruapan había un poco más de 200 mil cafetos, algunos con
troncos robustos y de gran altura como los que crecían en la
casa de la señora Socorro Gutiérrez, en el barrio de San
Miguel, con una edad de más de un cuarto de siglo de
producción interrumpida. Las cosechas de los cafetales
uruapenses tenían lugar entre febrero y marzo, o aunque se
podían recoger frutos en algunas ocasiones hasta el mes de
agosto. Por su reconocida calidad, el café de Uruapan obtuvo
premios importantes en las exposiciones internacionales de
Filadelfia en 1876 y en la de París en 1900.
Y se hizo el café de Uruapan…
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y primeras
décadas del presente, fueron muchos los viajeros que dejaron
escritas las impresiones que les habían dejado tomar una
taza recién preparada del famoso café caracolillo que se
producía en Uruapan. En 1865, William Bullock, después de
una larga jornada entre Morelia y Pátzcuaro, por el viejo
camino de las diligencias, cruzando llanos, subiendo y
bajando lomeríos, guiado por la curiosidad de admirar un
atardecer en la zona lacustre, con hambre y sed acumuladas,
al fin pudo llegar a una fonda en donde después de las
cuatro de la tarde todavía logró encontrar comida y tomar
una taza de café caliente, dice: “Después de mucho tiempo,
logramos tomar una taza de excelente café que con su aliento
nos dio fuerzas para subir a una colina fuera del pueblo
llamada Los Balcones, de donde tuvimos una magnífica vista
del lago y las montañas”.
Años más tarde, el pintor neoyorkino F. Hopkinson Smit, en su obra A
White umbrella in Mexico, dedicó elogiosos comentarios al
café de la Perla del Cupatitzio, al que calificó como “el
mejor del mundo”. El texto de Hopkinson, dio pie para que el
poeta cubano José Martí también se sumara a las
ponderaciones del grano en una extensa crónica publicada a
mediados de 1889, en el periódico La Nación, de Buenos
Aires. Martí en más de una ocasión, personalmente había
comprobado la calidad y el sabor del café uruapense por
envíos que le hacían a Nueva York sus amigos michoacanos
Manuel Mercado y el pintor Manuel Ocaranza. En varios de sus
escritos, Martí escribió elogiosamente acerca del grano y el
café como bebida. En muestra América, llegó a comentar:
“¡OH, sí! El rico grano, que enardece la sangre, anima la
pasión, aleja el sueño, inquietísimo salta en las venas,
hace llama y aroma en el cerebro; el que afama a Uruapan,
mantiene a Colima y realza a Java; el haschich de Amperica,
que hace soñar y no embrutece; el vencedor del té; el
caliente néctar; el perfumado cafeto, crece como la ilusión
con los amores, como la marcha de la nube con el impulso de
los vientos...”
En 1892, un viajero inglés llegó a Michoacán solo para conocer y aspirar
el aroma de los cafetales de los alrededores de Uruapan. De
su estancia en Morelia escribió: “un encanto adicional de
esta ciudad son sus agradables jardines, llenos de flores
semitropicales que crecen en pintoresca confusión, haciendo
el aire dulce con su perfume y formando un cuadro admirable
para las viejas iglesias, que invariablemente llenan un lado
de la plaza. El aire es deliciosamente reparador, el clima
es casi semitropical y la vegetación exuberante.
Fue aquí en done por primera vez probé el celebrado café de
Uruapan. Nadie acostumbrado a las mezclas de chicoria que se
venden en Inglaterra puede tener una idea de la delicia de
una taza recién hecha de café no adulterado traído de
Uruapan”.
Durante su estancia de tres días en la Ciudad del Progreso, este
viajero se dio tiempo para visitar algunos cafetales, sobre
ello anotó: “un caballero español, que hacían un
considerable negocio con café, además de poseer una gran
plantación de caña de azúcar. Después de la acostumbrada
taza de café, cortésmente nos ofreció enseñarnos su huerta y
llevarnos a ver el trabajo del laqueado de los indígenas por
el cual Uruapan es conocido. Montamos nuestros caballos, lo
acompañamos a la huerta donde nos enseñó el café maduro y
con un agradable sabor (...) continuamos por el camino que
pasa a través de pequeñas plantaciones de café, nuestro guía
nos explicó que todos eran propiedad de los indios, que
hacían dinero con sus pequeñas parcelas debido a la alta
estima que se tiene en todas partes al café de Uruapan”
A su llegada a Uruapan en 1895, después de un largo recorrido entre
los tarascos serranos de San Juan Parangaricutiro, Paracho y
Cherán, el etnólogo noruego Carl Lumholtz, después de
valorar la limpieza de Uruapan, lo agradable del clima y la
variada comida que encontró en una de las fondas escribió
que “el café que allí se da goza de fama de ser el mejor del
mundo”. Opiniones semejantes fueron expresadas por otros
viajeros como Thomas Javier en su libro The mexican guide,
Adolfo Dollero en México al día, Wallace Gilpartrick en
Theman Who likes México y Marian Storm en su Prologue to
México y más adelante en Enjoying Uruapan, en donde se habla
con amplitud de la producción cafetalera, la calidad y el
exquisito sabor del café caracolillo.
DATOS
1 tipo de café: Arábiga (variedad típica)
4 municipios productoras (Uruapan, Tacámbaro, Ziracuaretiro
y Tancitaro.
Poco más 250 toneladas e grano de café se produce la región
Unas 300 toneladas de granos llegan de otros estados
6 empresas comercializadoras de café hay en Uruapan
60 a 90 pesos cuesta el kilo de café molida en el mercado
local
9 pesos es el costo del grano de café en el campo.
Se requiere de 2 a 3 kilos de café de grano, para producir
un kilo de café en polvo.
Por su reconocida calidad, el café de Uruapan obtuvo premios
importantes en las exposiciones internacionales en
Filadelfia en 1876 y en la de París en 1900.
En las últimas décadas, la baja producción del café
michoacano es completada con el café de otros estados.
“El rico grano que enardece la sangre, anima la pasión,
aleja el sueño, inquietísimo salta en las venas, hace llama
y aroma en el cerebro”: José Martí.
FUENTE: José Luis Mendoza Vega.
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