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En la
época de la colonia, la Iglesia Católica era las que
organizaba...
Fiestas
comunitarias de Michoacán
pierden
el rumbo de sus raíces
Muchas fiestas comunitarias que antes eran centro de la
cultura indígena, ahora son solo y comercio y consumo de
bebidas embriagantes.
Meseta Purépecha.-
Las fiestas patronales, son un ejemplo de la forma en la que
se consumó la conquista militar y espiritual - ya que el
santo patrón o patrona están íntimamente ligados a la
pacificación y fundación de los pueblos y los barrios así
como con la organización de los gremios y los oficios,
afirma Claudia Oseguera, investigadora de las Tradiciones
Indígenas de Michoacán.
En la
historia oral indígena es frecuente que se hable de cómo
decidió un santo o una virgen "llegar" a esa localidad y de
que, antes de asentarse definitivamente allí, lo había
intentado en otras localidades cercanas, las que abandonó
por una razón u otra, señala. En muchos pueblos y ciudades
existen varios barrios vinculados a las reducciones forzadas
que hicieron los españoles con el fin de tener mejor
control.
Cada
barrio o comunidad adoptó a un santo patrono, secundario en
importancia al de todo el pueblo, pero al cual se festeja.
En tales celebraciones se nombran encargados, reforzando los
lazos dentro de la comunidad. Aunque en la actualidad en
muchas poblaciones de las comunidades indígenas del Estado,
ese sistema de cargos ha desaparecido y la fiesta
comunitaria se ha convertido en una feria donde predomina
las bebidas embriagantes y comercio de fayuca.
Las
fiestas fueron muy importantes socialmente ya que cada
barrio, pueblo, colonia y oficio reforzaba su identidad a
través de esta celebración. En algunas comunidades todavía
salen con los santos y vírgenes patronales: salen de su
comunidad en peregrinación a fin de visitar a otra comunidad
durante los ciclos de fiestas, fortaleciendo los vínculos
sociales y económicos regionales.
Desde hace un cuarto de siglo, las fiestas se
celebran conjuntamente con Moros y Cristianos, destacando
entre sus actos históricos: la Procesión, Ofrenda de Flores
al Santo y Misa Mayor. La representación de la mujer “huanacha”,
(servidora de la Virgen) es plasmada en la figura de las
Reinas y Damas de Honor, que presiden todos los actos. La
coordinación de los actos corre a cargo de una Comisión
nombrada por los cargueros o mayordomos de las fiestas.
La
música en las fiestas…
El
antropólogo Víctor Acebedo Martínez puntualiza en el libro
Diario de campo -que edita el INAH-, que la observación de
las manifestaciones etnográficas llevó a determinar la
presencia de dos grandes cuerpos rituales: de carácter
ritual agrícola y de curación, y otro más relacionado con
las fiestas patronales. Ambos casos, en los que abunda la
comida, la bebida y la música, "constituyen una ofrenda para
las deidades que disfrutan y se deleitan con su esencia."
Las
expresiones acústicas correspondientes al otro gran corpus
ritual, el de las fiestas patronales, se dan en el marco de
misas, procesiones, corridas de toros y vaquerías, que
tienen como principal objetivo honrar a un santo.
La
música empleada en dichos festejos es básicamente son los
abajeños, ritmo muy alegre, una expresión instrumental más
conocida y representativa en las comunidades, ésta adquiere
un significado de "ofrenda, plegaria o una forma de enlazar
los diferentes momentos del ritual".
Estas
distinciones refieren que al menos uno de los integrantes
conoce ciertas técnicas como el solfeo, y que los individuos
participantes en la orquesta jaranera provienen de
comunidades distintas y que su trabajo es remunerado.
Las fiestas…
María
Moliner define fiesta como “el conjunto de actos
extraordinarios, con que se celebra un acto familiar o, para
regocijo público, se organizan en un sitio público con
motivo de algún acontecimiento o en fechas señaladas en el
año.” El primer elemento es su condición de extraordinario.
Los
días de fiesta son diferentes a todos los demás, se les
espera e implican preparativos. El otro aspecto importante
de la fiesta es la razón por la cual se celebra.
Evidentemente, hay celebraciones familiares, en ellas, lo
que se celebra es un acontecimiento especial en la vida:
matrimonios, bautizos, cumpleaños, nacimientos y muertes.
Pero así como la vida de la gente tiene días comunes y días
de fiesta, las ciudades, los santos y sus santuarios así
como la tierra, tienen los suyos. Los días memorables hay
que festejarlos de manera especial.
Las
fiestas reflejan y representan el mestizaje, pues los
indígenas y los españoles no sólo mezclaron sus genes,
comidas y palabras, sino creencias y desde luego, las
fiestas. "Dos sangres hermanadas, aunque antagónicas en su
origen, cuando se derramaban de manera literal. Pero más
sangre ha nacido de este venturoso mestizaje, que aquella
pérdida para lograr la asimilación", señala.
México
es un país alegre. El calendario festivo registra más de
5,000 fiestas anuales en todo el país. En las fiestas
cívicas se conmemoran eventos históricos como la
independencia, una batalla ganada o el nacimiento de un
conciudadano distinguido. La iglesia, en nuestro caso la
católica, también tiene su propio calendario de festividades
para conmemorar momentos especiales para los creyentes.
Existen fiestas patronales dedicadas a los santos patronos
que protegen, un pueblo o un barrio. Tanto los Santos como
las Vírgenes y los Cristos de los santuarios tienen sus
propios días festivos. Por último, las fiestas de origen
prehispánico honran a la tierra, nuestra madre, quien tiene
que ser tratada de manera especial algunos días, y tanto
ella como las otras fuerzas de la naturaleza que la
complementan, responden a un calendario en el que los ciclos
agrícolas, los rituales prehispánicos, la iglesia católica y
la cultura europea se reúnen para hacerles los honores. Para
tal efecto se realizan las fiestas de glorificación del
ciclo solar, las fiestas de fertilidad y prosperidad y las
fiestas de la oscuridad y penitencia.
Valor sagrado de las fiestas…
Las
actuales fiestas obedecen al antiguo calendario ritual
agrícola. Su origen y significado se relaciona con el
cultivo del maíz que, en las culturas prehispánicas, tiene
un valor sagrado y forma parte de los mitos cosmogónicos del
origen del universo y de la vida.
Según
el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, después de varios
intentos fracasados con otros materiales, los dioses crearon
al hombre con maíz: “…de maíz amarillo y de maíz blanco se
hizo su carne, de masa de maíz se hicieron los brazos y las
piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la
carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron
creados”.
En el clima mexicano hay dos ciclos agrícolas fundamentales:
la época de secas y la de lluvias. Cada una de ellas
corresponde a un momento en la vida del campesino y la
importancia de la cosecha y la lluvia, respectivamente, está
interrelacionada con el calendario de fiestas. De hecho
muchos pueblos celebran rituales que apuntan a propiciar
lluvias o a agradecer a la madre tierra por las cosechas
recibidas. Desde la Conquista, los ciclos festivos y los
santorales católicos se unieron a los ciclos agrícolas que
marcaban las fechas de fiestas sagradas de los pueblos
americanos, esto dio lugar a las celebraciones actuales,
clara evidencia de la incorporación de elementos europeos a
las tradiciones propias de los pueblos conquistados.
Como
se puede ver, muchas fiestas prehispánicas eran religiosas y
lo siguen siendo, sólo que ahora son fiestas religiosas
católicas. Las deidades que antes se honraban, simplemente
se suplantaron por otras del panteón católico. Los frailes
evangelizadores supieron otorgarle a sus santos las
características apropiadas y los indígenas, en el fondo de
su conciencia, aceptaron un cambio de imagen que no conlleva
a un cambio esencial de su fe porque, ambas, la antigua y la
católica, terminaron por ser consubstanciales la una de la
otra.
La
inevitable relación entre los grupos y el empeño de los
evangelizadores para hacer aceptable la imposición de los
ritos católicos, hizo posible el fomento de un culto en el
que se incorporaron elementos de la tradición indígena,
haciendo más festivos y espectaculares los actos litúrgicos
externos, desde el momento en que indios, negros y españoles
empezaron a convivir más intensamente.
De
alguna manera las fiestas del país, que como mexicanas que
son, tienen tantos elementos prehispánicos como europeos y
africanos. Las que tienen evidente arraigo y origen
prehispánico, se pueden agrupar según el significado que
tienen en: fiestas de fertilidad y prosperidad en el campo,
fiestas de glorificación del culto solar y fiestas de la
oscuridad y la penitencia.
Luz
y oscuridad
Entre
los pueblos prehispánicos todas las fiestas eran periódicas
y derivaban de los ciclos de vida que evidencia la
naturaleza: la lluvia y la sequía se alternan como la luz y
la oscuridad.
Desde
la perspectiva europea, también hay ciclos y las fiestas
pueden ser de celebración, pero también de contrición y
castigo. En este sentido, las fiestas manifiestan el ciclo
que representan la vida y la muerte de Cristo. El calendario
inicia con la Candelaria, sigue con el Carnaval, la Cuaresma
y termina con la Semana Santa.
La
fiesta de la Candelaria coincide con las celebraciones que
se realizaban en el primer día del año indígena Purépecha,
-primero de febrero- en honor a Kuricaveri, Dios del fuego y
otras deidades. El nombre de Día de la Candelaria tiene su
origen desde el Siglo IX, época en la que se incluyó la
ceremonia de la Bendición de las Candelas y las velas
benditas que servían para auxiliar a los moribundos, para
salvarse de los rayos y los truenos y prevenir las
tentaciones del demonio.
Como
casi todas las ceremonias cristianas, muchas de las fiestas
patronales tienen un origen pagano. Posiblemente sea de
origen moro, aunque se sabe que en tiempos precristianos, en
Europa Central y del Norte, era una de las dos grandes
festividades de la fertilidad, curiosamente sus sacerdotisas
fueron las que originaron la idea de las brujas.
En la
mayoría de las comunidades de la Meseta, en la fiestas
patronales se presenta las danza de los Moros, son dos
grupos y en algunas hasta 4 que hacen su presentación en la
fiesta, de hecho es uno de los actos centrales el danzar de
los Moros, aunque en algunas poblaciones esta tradición ha
ido en decadencia.
Cambios en la vida indígena
La
pobreza, migración, políticas de asimilación y otras formas
de exclusión social han provocado grandes cambios en los
sistemas normativos de los pueblos indígenas en México y
continuarán afectándolos.
De
hecho, tan pronto como se formuló el paradigma del clásico
sistema de cargos en los sesenta, éste empezó a cambiar
significativamente. Distintos antropólogos han elaborado
sistemas para analizar los cambios --sobretodo la
desintegración-- del sistema de cargos, entre ellos los
efectos de mayor contacto con el mundo exterior, la "ladinización"
y la imposición de otras estructuras políticas.
Fernando Díaz, promotor de la reconstitución las comunidades
indígena de México, señala al sistema educativo como factor
principal en la pérdida de algunas costumbres. Los miembros
de la comunidad que tenían más educación formal impusieron
reglas de aulas en la asamblea comunitaria para reducir el
tiempo de discusión y poner orden al procedimiento. El
levantamiento de manos, listas para dar la palabra y
votación por mayoría redujo la duración de las asambleas
pero llevó al aburrimiento y enajenación de algunos
miembros. Cuenta que decayó el interés y asistencia, y sólo
con el regreso a las formas de consenso se ha levantado de
nuevo.
Una
tendencia marcada por la literatura antropológica reciente
es hacia la separación de los cargos cívicos y religiosos, y
hacia un debilitamiento del sistema en su conjunto. La
asamblea general y la organización de las fiestas suelen ser
las estructuras tradicionales que sobreviven más allá de la
jerarquía de cargos.
El
crecimiento demográfico, el desarrollo del protestantismo,
las migraciones y la crisis económica son otros factores
multicitados en el debilitamiento del sistema de cargos.
Bajo este sistema (de usos y costumbres) la ciudadanía en
forma generosa y voluntaria presta servicios a la comunidad,
como también auxilian en diferentes cargos municipales lo
que ya no es posible...porque dada la crisis económica que
vive el país, ya los servicios y cargos municipales no se
prestan en forma gratuita, de tal forma que es necesario
cubrir con una remuneración los trabajos que los ciudadanos
del lugar prestan en beneficio de sus conciudadanos."
Las
diferencias entre el autogobierno indígena y los sistemas
políticos y jurídicos occidentales son profundas. Sin
embargo, estas diferencias nos dan la clave para entender la
identidad indígena y el pensamiento y filosofía indias. En
comunidades donde las decisiones se toman por consenso, en
las asambleas que parecen interminables, la comunidad misma
sale fortalecida y reafirmada. En estos procesos, la meta
principal es la cohesión de la comunidad en su conjunto así
que se hace todo lo posible para integrar la postura
minoritaria al proceso.
Los
servidores públicos que no reciben ninguna remuneración para
sus servicios y que consideran el honor de servir
compensación adecuada para un año de su labor, trabajan
desde una perspectiva radicalmente distinta a la gran
mayoría de los funcionarios gubernamentales. Esta es la raíz
del "mandar obedeciendo". Lejos de ser un ideal impuesto por
una visión utópica, es una realidad -difícil de llevar a
cabo- para las autoridades indígenas en las comunidades.
Transformación de las fiestas
Más allá de la velocidad de los procesos de cambio,
los casos estudiados y la literatura existente proporcionan
elementos suficientes como para esbozar algunas hipótesis
sobre algunos factores que sabemos están vinculadas a las
transformaciones de las fiestas patronales.
Dentro
de la multiplicidad de factores posibles, me detendré sobre
cinco que considero particularmente importantes: la
articulación con el mercado, la vinculación con la política
local, la emigración, la defensa de la tradición o de la
etnicidad y, las políticas pastorales.
Ahora
bien, estos cinco factores actúan de manera diferente
dependiendo del tipo y cobertura de las fiestas patronales:
la posición de la fiesta en el ciclo local y regional es un
factor que condiciona los efectos que pueden causa los otros
cuatro; ello está en función a su tamaño, su cobertura y
–aunque es un factor que analizamos más adelante- a la
presencia o la ausencia de emigrantes
Raíces que se pierden
Los
Mayores han dicho que la fiesta de San Lorenzo, tiene una
finalidad que es estar alegres, contentos y dar gracias por
los favores recibidos de parte del Creador, y seguir siendo
jucha anapu. K’uincheni (para comunicarnos entre la
naturaleza creadora y la vida) para eso era la fiesta y para
ello, hasta hace algunos años la comunidad vivía varios
aspectos: el saludo de los Tata K’eriecha del pueblo y de
las comunidades vecinas en el atrio antes de la danza de los
Moros, la uanopikua, procesión de los símbolos religiosos,
las serenatas de bandas con música de compositores
purépechas y de otros músicos universales, no como los que
se interpreta y se escucha a hoy; los cargueros que
organizaban la corrida de toros, todo esto se esta
perdiendo.
Al
igual que en otras comunidades, este fenómeno es general,
las bandas tocan más “música pop” que la de nuestros
compositores, en la plaza se venden pizzas, sopas japonesas
instantáneas, hamburguesas gringas, cervezas corona y modelo
al por mayoreo, nada de artesanía que producen los pueblos,
hasta llegan a las comunidades enfiestados los "desplumadores"
de incautos con las famosas rifas y ruletas; el jefe de
tenencia recibe un impuesto por la colocación de todo tipo
de vendimias y juegos mecánicos, tan estorbosos para la
realización de la verdadera fiesta. Son pocos los que hacen
caso a las actividades religiosas.
Por
historiadores no indígenas, se sabe que después de la
“conquista espiritual”, las parroquias de las comunidades
organizaban la fiesta en coordinación de las autoridades
tradicionales y civiles, pero hoy los curas de cada lugar
solo se limitan a recibir su parte de las cooperaciones y a
gastarlo en la realización de la concelebración eucarística
y la comida y vino para curas invitados. |