Sólo hay un motivo para quedarse a vivir en Uruapan. Un aliciente que nos ayuda a cargar sobre la espalda el enorme peso del desempleo, los bajos salarios, la inseguridad pública, una economía raquítica y la corrupción, ese pretexto es “la familia, la comunidad, nuestro barrio”.

   En una ciudad de casi 500 mil habitantes, como es Uruapan, es fácil sentirse solo, sin raíces que le aten a uno los pies y lo inviten a permanecer en este lugar. Es más fácil que le agarre a uno la nostalgia y la desesperación por los problemas económicos y sociales que se viven y le nazca la idea de irse de aquí, de emigrar a Estados Unidos u a otra ciudad en busca de un mejor nivel de vida.

   Para Luis Daniel Benítez Pérez, investigador de la cultura p'urhépecha en Michoacán, sólo hay un motivo que hace que la gente se aguante, que sea fiel a su tierra y a los cambios que en ella se viven, aunque no sean muy halagadores, y ese motivo “es la familia, la comunidad, nuestro barrio. Conocer de dónde venimos y cuál ha sido nuestra historia”.

BARRIOS DE URUAPAN

    Por este motivo, Daniel Benítez, a sus 38 años de edad, se ha interesado por conocer más sobre los orígenes de la cultura p'urhépecha, y específicamente sobre el nacimiento de los 6 barrios de Uruapan: Santo Santiago, San Juan Bautista, San Miguel, San Pedro, La Magdalena y El Vergel “antes había nueve barrios, pero desaparecieron tres al paso de los años”.

   El entrevistado reconoce que las raíces, tradiciones y costumbres de la población indígena han estado al borde de la muerte. Primero por culpa de los españoles, que llegaron a territorio indígena y se apropiaron de las tierras y riqueza material que había por todos lados “luego impusieron a sus dioses, su religión, sus costumbres”.

   Sin embargo, Luis Daniel asegura que la “conquista” que hicieron los españoles en tierras indígenas “fue para robar los bienes materiales,  pero jamás conquistaron la identidad, la cultura: las ceremonias para agradecerle al sol, a la luna, a la tierra, a la naturaleza, sus bienes recibidos”.

   Un ejemplo de esta conservación de las tradiciones son los barrios “pese a que quienes vivimos en los barrios ya no somos indígenas, sino mestizos”, sin embargo “continuamos esculcando en nuestra raíces y cada que se llega la fiesta patronal de nuestro barrio organizamos una gran fiesta, con la participación de la gente,  con comida, música, danzas y ceremonias religiosas”.

   -¿Por qué continúan realizando la fiesta tradicional en los barrios si ya no hablan el idioma purhépecha y son mestizos”.

   -Por sed de identidad, de sentirnos una familia todos los del barrio. Para agradecer a la tierra su hospedaje y por no perder la esperanza y abandonar nuestro barrio, e irnos a Estados Unidos como muchos lo han hecho.

BREVE HISTORIA

    Daniel Benítez narró brevemente la historia de Uruapan: “cuando llegaron los españoles a tierras p'urhépecha, los indígenas les entregaron sus riquezas materiales y fueron sometidos como sucedió con los nativos de todo el país. Sin embargo como Uruapan está rodeado de cerros y no tenía minas de oro, a los españoles no les interesó mucho el lugar y decidieron retirarse, pero dejaron al fraile Vasco de Quiroga y a Fray Juan de San Miguel para que se hicieran cargo de los indios, les dieron una cierta independencia para que hicieran con los indígenas lo que les diera la gana.

   “Pero esta ‘libertad’ fue a cambio de algo: que cada año unos 60 o 70 indígenas se fueran a trabajar tierras donde había minas, como Zacatecas y Guanajuato. Esta propuesta la aceptaron los frailes, y cada año mandaban algunos indígenas a trabajar en tierras ajenas.

   “En ese tiempo no había mucha gente viviendo en lo que ahora es el centro de la ciudad, más bien cada barrio estaba ubicado en las orillas, lejos unos de otros. Cada uno tenía su propia población, su propias autoridades y sus propias riquezas naturales, así mismo celebraban sus fiestas en diferentes fechas y de diferente forma, con danzas y música diferente.

   “Sin embargo ya existía un cabildo que tomaba las decisiones de toda la población, que en ese entonces estaba conformado por indígenas.

   “Por su parte los frailes cumplían con su misión de evangelizar a los indios y transformarlos a la religión católica. Aprendieron la lengua p'urhépecha y respetaban sus tradiciones y costumbres. Un ejemplo es que les permitieron que siguieran utilizando la Huatápera, edificio que servia como hospital, pero no donde curaban a los enfermos sino donde daban hospitalidad a quien lo solicitaba.

   “En ese tiempo los indígenas ya eran artesanos, trabajaban el maque, sabían hilar, trabajaban la madera, el barro, y los frailes lejos de imponerles nuevos oficios les permitieron que continuaran con estos trabajos y les enseñaron nuevas técnicas.

LA REBELIÓN P'URHÉPECHA

   “Todo iba muy bien hasta el año de 1780, cuando los p'urhépecha –que gozaban de una libertad que ningún otro grupo indígena gozaba- se revelaron contra los españoles, y se negaron a ir a trabajar a las minas de otros estados ‘no nos vamos’, dijeron un día, y lo cumplieron. Pero como ya tenían rencor con los españoles explotadores, que aprovechan para insultarlos, ridiculizarlos, los desnudaron y los llevaron jalando por toda la calle Cupatitzio, ahí los metieron al río y por poco los linchan, pero los frailes los convencieron de que no lo hicieran.

   “Como castigo de esta rebelión, los reyes de España decidieron poblar a Uruapan de más españoles, quienes atraídos porque aquí era el centro de acopio de la caña de azúcar y se manejaba mucho dinero, se vinieron a estas tierras con gusto. Además, impusieron su propias leyes de gobierno y echaron abajo el cabildo conformado por indígenas y tomaron el mando ellos, motivo por el cual los indios quedaron relegados, los rechazaban y humillaban, por lo que pocas veces venían al pueblo, más bien se quedaban en sus barrios y ahí, discretamente, continúan realizando sus ceremonias religiosas.

   “Debido a que españoles y mestizos tomaron las riendas del poder político, económico, social y religioso de la región, se impuso el idioma español como lengua oficial y los indios dejaron de hablar p'urhépecha. Luego la población fue creciendo, hasta el punto de que ahora los barrios están ubicados en zonas céntricas.

   “Después los mestizos instalaron en Uruapan la fábrica de San Pedro y la Fábrica de hilos la Providencia, trajeron gigantescas máquinas que aquí no se conocían, y aproximadamente en el año 1870 muchos indígenas abandonaron la agricultura, sus talleres artesanales y sus raíces para venir a trabajar en estas fábricas. Pero como los indígenas estorbaban para la modernización de la ciudad, cada día los humillaban más”.

   Fue así, continúa Luis Manuel con su relato, “como era una vergüenza ser indígena”, sin embargo, agrega, “las tradiciones eran tan fuertes que se han logrado conservar hasta nuestro tiempo, y los barrios son un ejemplo de ellos, y aunque ya no tenemos poder político ni económico, si tenemos poder religioso”, dijo.

LA VENGANZA

   “Se pensaría que en estos momentos hay un respeto por los grupos indígenas, por los integrantes de los barrios de Uruapan, y que todos nos sentimos orgullosos de nuestras raíces, sin embargo no es así”, dijo tajante el entrevistado, quien señaló “en estos momento debo reconocer que los muchachos y muchachas ya casi no quieren en las danzas y fiestas de nuestros barrios, a muchos mes da vergüenza vestirse de huachitos o "uares" (mujeres) y salir al centro así, no quieren”.

   Además, “a los integrantes del barrio les da lo mismo si se hace la fiesta patronal o no, muchos ya no quieren dar su aportación económica y dicen que es tirar el dinero a la basura, que eso no sirve”.

   “También es cierto que las fiestas ya no se hacen igual que antes, que se han transformado y que en ocasiones son hasta paganas, sin embargo no podemos impedir que la modernidad fluya, que cambie la gente, las costumbres, lo importante es que aún exista un motivo que nos inspire a continuar la tradición, y ese motivo sentirnos parte de esta tierra y no abandonarla”.

   Por último, Daniel Benítez Pérez no quiere terminar su relato sin mencionar que aún en este siglo XXI, los poderosos aún quieren controlar a los barrios y todo lo que huela a indígena, y un ejemplo de ello es el gobierno, “quien todavía nos utiliza y grita ante la gente: estamos orgullosos de nuestros barrios. No está bien que digan esto, nosotros no somos del gobierno, ni de una religión ni nada, somos independientes, no queremos ser utilizados como folklore, como atractivo turístico”.