Diario Digital P'urhépecha

           E d i t o r i a l  // 0cubre 15, 2005.

           San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México

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Editorial

        

        No cabe duda, el desbordamiento de ríos y las inundaciones causadas por el huracán en los estados del sur son toda una tragedia. Y si bien la respuesta de la sociedad y de los diferentes niveles de gobierno ha sido rápida y sin reparar en gastos, tragedias como ésa, si abrimos bien los ojos, si logramos asomarnos tras las bambalinas, constituyen una última llamada para que afrontemos de una vez por todas una tragedia mayor y de mayores consecuencias: el calentamiento global. Porque los últimos 150 años hemos estado provocando un cambio climático más acusado que el de 1650 cuando se produjo el mínimo de Maunder. Fue un cambio de unas décimas de grado en la temperatura media del planeta que tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de las civilizaciones, como históricamente se puede comprobar. Sólo que el cambio actual cifra ya los tres grados centígrados y medio. Precisamente del mismo orden de magnitud que los producidos durante períodos geológicos en cuyos límites se tienen detectadas las extinciones masivas. Tal como sucedió a los dinosaurios entre el Cretácico y el Paleoceno. Con una enorme diferencia: durante esos lapsos esos cambios se produjeron a escalas muy extensas de tiempo y el cambio actual lo hemos estado produciendo durante una escala infinitesimal respecto a los tiempos geológicos.

 

            Este cambio acusa, pone de manifiesto, esa ambición gigantesca de la humanidad de disponer de una energía engañosamente barata, que le ha  llevado a consumir en dos siglos los recursos energéticos que el planeta logró almacenar a lo largo de los últimos veinte millones de años. Eso se nota a escala global. También a escala local. Porque la tala inmoderada de los bosques que se ha estado dando en la selva amazónica y en África central o en Chiapas y aquí en Michoacán, ha provocado por lo pronto una disminución geométrica de la cubierta forestal. Cuando un hombre tala pinos en la Meseta o todo tipo de árboles en Chiapas, en la selva amazónica o en África central, olvida que también está talando uno de los pilares del clima. Éste refiere tanto la compleja sucesión de temperaturas, presión, humedad, precipitación, insolación y velocidad del aire, como los parámetros del agua del mar: temperaturas superficiales del agua, corrientes y salinidad. Además, para los casquetes polares, sus gradientes de temperatura, extensión y profundidad. Todos esos parámetros y sus variables penden, en su parte exógena, de la cantidad de energía que recibe la tierra y, en su arista endógena, de la vegetación que cubre sus suelos.

Al estar subiendo la temperatura media del planeta, sea por factores exógenos o endógenos, ha estado ascendiendo lentamente también el nivel medio del mar. No sólo han comenzado a inundarse más las tierras costeras, sino que en algunos puntos la temperatura del aire ha estado ascendiendo más y en otros no tanto. Esa nueva distribución de temperaturas está produciendo una distribución atípica de lluvias y un cambio en la cantidad de agua que cae en cada lugar del planeta. Así estamos pudiendo atestiguar cómo, por ejemplo, allá en Chiapas o aquí en la Meseta P´urhépecha, en los años secos ha llovido menos de lo normal, pero cuando ha llovido lo ha hecho en forma más tormentosa: mucha lluvia en muy pocas horas. Han surgido de ahí problemas adicionales para el suelo: en zonas deforestadas una lluvia fuerte se lleva no sólo las capas fértiles de la tierra, sino las rocas de su subsuelo dejando miles de hectáreas inservibles y forzando, obviamente, el abandono del territorio nativo y la migración rural. Y es que, como cualquier otro sistema biológico, el ser humano es un sistema dinámico. Funciona capturando la máxima cantidad de energía posible. No hace casi nada más. Esa energía tan ambicionada y peleada se llama dinero. Que no es otra cosa lo que talamontes sin conciencia persiguen cuando talan el bosque.

 

            Dicen que la mayoría de las personas ven. Pocas lo registran. Así se vuelve difícil aceptar la realidad. Pero signos como los de Chiapas -o como la deforestación y pérdida de suelos en la Meseta- ya están. Al igual que el Sida, el cambio climático, se agazapa. No es lineal. Guarda los cambios importantes y no los enseña hasta que ya es demasiado tarde. La realidad es que el hombre ha estado provocando a la tierra y ésta le está respondiendo con un cambio climático global. Realidad que en estas páginas Xiranhua asienta en este 2005, como testigo de cargo, al Gobierno Michoacano y a  las comunidades p´urhépecha.

 

    

 SSan Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.  México. Octubre 15, 2005.

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