Editorial
No
cabe duda, el desbordamiento de ríos y las inundaciones causadas por
el huracán en los estados del sur son toda una tragedia. Y si bien
la respuesta de la sociedad y de los diferentes niveles de gobierno
ha sido rápida y sin reparar en gastos, tragedias como ésa, si
abrimos bien los ojos, si logramos asomarnos tras las bambalinas,
constituyen una última llamada para que afrontemos de una vez por
todas una tragedia mayor y de mayores consecuencias: el
calentamiento global. Porque los últimos 150 años hemos estado
provocando un cambio climático más acusado que el de 1650 cuando se
produjo el mínimo de Maunder. Fue un cambio de unas décimas de grado
en la temperatura media del planeta que tuvo una influencia decisiva
en el desarrollo de las civilizaciones, como históricamente se puede
comprobar. Sólo que el cambio actual cifra ya los tres grados
centígrados y medio. Precisamente del mismo orden de magnitud que
los producidos durante períodos geológicos en cuyos límites se
tienen detectadas las extinciones masivas. Tal como sucedió a los
dinosaurios entre el Cretácico y el Paleoceno. Con una enorme
diferencia: durante esos lapsos esos cambios se produjeron a escalas
muy extensas de tiempo y el cambio actual lo hemos estado
produciendo durante una escala infinitesimal respecto a los tiempos
geológicos.
Este cambio acusa, pone de manifiesto,
esa ambición gigantesca de la humanidad de disponer de una energía
engañosamente barata, que le ha llevado a consumir en dos siglos
los recursos energéticos que el planeta logró almacenar a lo largo
de los últimos veinte millones de años. Eso se nota a escala global.
También a escala local. Porque la tala inmoderada de los bosques que
se ha estado dando en la selva amazónica y en África central o en
Chiapas y aquí en Michoacán, ha provocado por lo pronto una
disminución geométrica de la cubierta forestal. Cuando un hombre
tala pinos en la Meseta o todo tipo de árboles en Chiapas, en la
selva amazónica o en África central, olvida que también está talando
uno de los pilares del clima. Éste refiere tanto la compleja
sucesión de temperaturas, presión, humedad, precipitación,
insolación y velocidad del aire, como los parámetros del agua del
mar: temperaturas superficiales del agua, corrientes y salinidad.
Además, para los casquetes polares, sus gradientes de temperatura,
extensión y profundidad. Todos esos parámetros y sus variables
penden, en su parte exógena, de la cantidad de energía que recibe la
tierra y, en su arista endógena, de la vegetación que cubre sus
suelos.
Al estar subiendo la temperatura media del planeta,
sea por factores exógenos o endógenos, ha estado ascendiendo
lentamente también el nivel medio del mar. No sólo han comenzado a
inundarse más las tierras costeras, sino que en algunos puntos la
temperatura del aire ha estado ascendiendo más y en otros no tanto.
Esa nueva distribución de temperaturas está produciendo una
distribución atípica de lluvias y un cambio en la cantidad de agua
que cae en cada lugar del planeta. Así estamos pudiendo atestiguar
cómo, por ejemplo, allá en Chiapas o aquí en la Meseta P´urhépecha,
en los años secos ha llovido menos de lo normal, pero cuando ha
llovido lo ha hecho en forma más tormentosa: mucha lluvia en muy
pocas horas. Han surgido de ahí problemas adicionales para el suelo:
en zonas deforestadas una lluvia fuerte se lleva no sólo las capas
fértiles de la tierra, sino las rocas de su subsuelo dejando miles
de hectáreas inservibles y forzando, obviamente, el abandono del
territorio nativo y la migración rural. Y es que, como cualquier
otro sistema biológico, el ser humano es un sistema dinámico.
Funciona capturando la máxima cantidad de energía posible. No hace
casi nada más. Esa energía tan ambicionada y peleada se llama
dinero. Que no es otra cosa lo que talamontes sin conciencia
persiguen cuando talan el bosque.
Dicen que la mayoría de las personas
ven. Pocas lo registran. Así se vuelve difícil aceptar la realidad.
Pero signos como los de Chiapas -o como la deforestación y pérdida
de suelos en la Meseta- ya están. Al igual que el Sida, el cambio
climático, se agazapa. No es lineal. Guarda los cambios importantes
y no los enseña hasta que ya es demasiado tarde. La realidad es que
el hombre ha estado provocando a la tierra y ésta le está
respondiendo con un cambio climático global. Realidad que en estas
páginas Xiranhua asienta en este 2005, como testigo de cargo,
al Gobierno Michoacano y a las comunidades p´urhépecha.
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