Editorial
Propio
de todas las culturas, la cuenta del tiempo en que navega la historia de
su vida, presenta particularidades diversas. El giro aparente del sol
sobre la tierra, domina. Es así que la mayoría toma el año como punto
referente. De alguna manera el calendario que rige a esos pueblos posee
un tinte masculino que entinta por cierto al modo de regir su vida. En
esos pueblos el hombre predomina. Frente a esos pueblos-luz, pudieran
acotarse otros, que son los menos, amigos de la luz también, pero de la
luz nocturna. Son aquellos cuya cuenta del tiempo la rige la luna. En
ellos es la feminidad la que domina. Su estructura es matriarcal. Claro,
no se trata de apartados tan obvios ni opuestos como abajo y arriba,
como blanco y negro, ni como lo bueno y lo malo. Los ámbitos culturales
no campean así. Son recurrencias y ya.
Con todo, existen culturas que han tomado lo mejor de
ambas formas de contar. En ellas la cuenta solar no corre a expensas
de la lunar, ni viceversa. Tampoco lo masculino medra la feminidad.
Son culturas cuya cuenta acusa comunidad, donde no han lugar ni
patriarcados ni matriarcados. Entre ellas puédese contar la cultura
P´urhé, cuyo calendario más tiene que ver con la Madre Tierra,
porque es agrícola. Suma su año solar 18 meses (cuyo nombre p´urhe
se desconoce) de 20 días (cuyo nombre, significado por animales y
objetos, aún se posee). Para completar el año hay el auxilio de
cinco días destinados a la oración en espera del nuevo año o
Jimbanhi Uéxurhini cuya celebración se hace un día sin nombre
que equivale al 1º de febrero del año occidental.
Es por eso que Xiranhua manifiesta su
beneplácito. Hace también sus votos. Porque contar un período más
conlleva muchos significados. Por el lado del sol la cuenta de los
días arroja pervivencia. A pesar de mil y un embates externos y de
otros tantos de carácter interno, el pueblo P´urhé, a diferencia de
otros cuyo etnocidio ha sucedido, continúa enhiesto. Crece. Hace
ruido. Pero por el lado de la luna -como una manera de decir- la
cuenta arroja números negativos. No se puede celebrar el hondo
proceso de transculturación a favor de patrones capitalista de
carácter globalizante. De hecho hay mucho de qué preocuparse: el
dominio del yo sobre el nosotros, el debacle de la posesión comunal
de jure a costa de la posesión privada de facto, el
predominio de la lengua t´urixi sobre la lengua madre, la
partidización de las asambleas comunitarias, la desaparición de la
mancha boscosa, la contaminación visual y ambiental, el casi deceso
de la economía de prestigio y del papel cabildero del los tata
k´ericha, el abandono del campo ante una migración imparable, la
persistencia de una educación oficial totalmente ajena a los valores
de la pindekua, etc. En ese sentido, porque se trata de
trascender cualquier hálito de folclorismo.
La celebración del
Jimbanhi Uéxurhini en la hermana comunidad de Patamban presenta
un desafío. Xiranhua hace votos porque el pueblo p´urhépecha
salga fortalecido.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha.
México.
Febrero 15, 2006.
e-mail:
xiranhua@xiranhua.com
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