Diario Digital P'urhépecha

           E d i t o r i a l  // Febrero 15, 2006.

           San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México

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        La celebración del Jimbani Uéxurhini presenta un desafío


Editorial           

        

           Propio de todas las culturas, la cuenta del tiempo en que navega la historia de su vida, presenta particularidades diversas. El giro aparente del sol sobre la tierra, domina. Es así que la mayoría toma el año como punto referente. De alguna manera el calendario que rige a esos pueblos posee un tinte masculino que entinta por cierto al modo de regir su vida. En esos pueblos el hombre predomina. Frente a esos pueblos-luz, pudieran acotarse otros, que son los menos, amigos de la luz también, pero de la luz nocturna. Son aquellos cuya cuenta del tiempo la rige la luna. En ellos es la feminidad la que domina. Su estructura es matriarcal. Claro, no se trata de apartados tan obvios ni opuestos como abajo y arriba, como blanco y negro, ni como lo bueno y lo malo. Los ámbitos culturales no campean así. Son recurrencias y ya.

            Con todo, existen culturas que han tomado lo mejor de ambas formas de contar. En ellas la cuenta solar no corre a expensas de la lunar, ni viceversa. Tampoco lo masculino medra la feminidad. Son culturas cuya cuenta acusa comunidad, donde no han lugar ni patriarcados ni matriarcados. Entre ellas puédese contar la cultura P´urhé, cuyo calendario más tiene que ver con la Madre Tierra, porque es agrícola. Suma su año solar 18 meses (cuyo nombre p´urhe se desconoce) de 20 días (cuyo nombre, significado por animales y objetos, aún se posee). Para completar el año hay el auxilio de cinco días destinados a la oración en espera del nuevo año o Jimbanhi Uéxurhini cuya celebración se hace un día sin nombre que equivale al 1º de febrero del año occidental.  

            Es por eso que Xiranhua manifiesta su beneplácito. Hace también sus votos. Porque contar un período más conlleva muchos significados. Por el lado del sol la cuenta de los días arroja pervivencia. A pesar de mil y un embates externos y de otros tantos de carácter interno, el pueblo P´urhé, a diferencia de otros cuyo etnocidio ha sucedido, continúa enhiesto. Crece. Hace ruido. Pero por el lado de la luna -como una manera de decir- la cuenta arroja números negativos. No se puede celebrar el hondo proceso de transculturación a favor de patrones capitalista de carácter globalizante. De hecho hay mucho de qué preocuparse: el dominio del yo sobre el nosotros, el debacle de la posesión comunal de jure a costa de la posesión privada de facto, el predominio de la lengua t´urixi sobre la lengua madre, la partidización de las asambleas comunitarias, la desaparición de la mancha boscosa, la contaminación visual y ambiental, el casi deceso de la economía de prestigio y del papel cabildero del los tata k´ericha, el abandono del campo ante una migración imparable, la persistencia de una educación oficial totalmente ajena a los valores de la pindekua, etc. En ese sentido, porque se trata de trascender cualquier hálito de folclorismo. La celebración del Jimbanhi Uéxurhini en la hermana comunidad de Patamban presenta un desafío. Xiranhua hace votos porque el pueblo p´urhépecha salga fortalecido.

                  San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.  México. Febrero 15, 2006.

                                          e-mail: xiranhua@xiranhua.com


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