Editorial
Frente la tempestad de promesas y
alegatos de las campañas presidenciales que anegando colman la barca
en que navegan las esperanzas de México, poco o más de lo mismo
pueden esperar los quienes yacen marginados. La verdad mera, el
neoliberalismo de los candidatos está para dar asco. Su
búsqueda sin vergüenza por hacerse del poder omnímodo no repara en
gastos. Mucho menos en unirse con quienes sea. De está manera
atestiguamos cómo la misma ralea de priístas que antes eran
bienvenidos a la barca de López Obrador, pasa ahora a la de Calderón
nomás porque le favorecen las encuestas. A Madrazo, ni nombrarlo,
que no tiene antecedente honrado. Porque se trata de acumular
cantidad, a ninguno de esos candidatos le importa la calidad de
quien emita el sufragio ni el grupo de intereses de donde venga.
Saben muy bien que al capitalismo lo que le importa es la suma y lo
que más teme es la resta.
Lo malo es que este ruido les conviene. Sobre todo porque,
aunque no lo mencionen nunca, temen sobre manera que entre esos
marginados surja la inquietud de voltear hacia el sur para ver lo
que uno de de su clase, indígena por cierto, ha emprendido en no más
de dos meses. Es más, hasta el mismo candidato de izquierda, se ha
deslindado insistiendo en que nada tiene qué ver con Evo Morales.
Por eso los Estados Unidos han declarado por sus voceros que al
imperialismo mundial quién o qué partido gane en México. Porque así
se definan de izquierda o de derecha, todos tiran al centro. Que no
es otra cosa que seguir apoyando al stability representada
por Slim, Televisa y los banqueros. ¿Alguna sorpresa entonces para
el 2 de julio? ¡Ninguna! Las cosas seguirán bajo el control de los
arriba, así digan que están con los de abajo como lo grita el
Peje o que están con Dios y con el pueblo, como aduce el doctor
Simi, quien ya ni la chinga con su teatro.
Concebida por los griegos, la democracia tiene sus límites.
Sobre todo cuando quienes maquillan para bien o para mal el rostro
de los candidatos son esos millonarios que detentan los medios de
comunicación, llámense, entre otros, TV Azteca, Televisa, Radio
Fórmula, El Universal o Proceso. Cada uno mira desde arriba y sin
dejar su nicho de privilegios trata de imponer a quienes les ven,
les escuchan o leen, el color del lente que a sus intereses
conviene. De modo que Xiranhua piensa que no hay que poner
todos los huevos en la canasta que el proceso electoral de los
t´uríxiecha nos ofrece. Porque antes que votar para seguir
estirando la mano al gobierno, habrá que darse la mano entre los
pueblos indígenas y los demás marginados de México. Y así, formado
un bloque numeroso y fuerte, exigir una relación horizontal y justa
con quien en el sexenio próximo se siente en la silla del gobierno,
hasta que se consiga un día que esa silla la ocupe, como ya sucedió
en la hermana República de Bolivia, uno de los nuestros.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha.
México.
Mayo 15, 2006.
e-mail:
xiranhua@xiranhua.com
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha.
México.
junio15, 2006.
e-mail:
xiranhua@xiranhua.com