Editorial
Increíble,
a pesar de los embates inmisericordes representados por el irrefrenable
movimiento capitalista globalizador, los hermanos aimaras y quechuas de
Bolivia prácticamente han recuperado sus territorios originarios. Tal y
como lo prometió, el compañero presidente de Bolivia, Evo Morales, lanzó
el pasado sábado 3 de junio su revolución agraria al anunciar la entrega
de cerca de 2.5 millones de hectáreas de tierras fiscales a campesinos e
indígenas, en un multitudinario acto en la región de Santa Cruz, donde
se hallan apoltronados los empresarios que más se resisten al plan. Y
eso no es todo, el presidente aimara advirtió que el siguiente
paso que tomará será la reversión al Estado de las propiedades
improductivas para distribuirlas entre los más pobres. Su eslogan: "Por
la victoria en el Mutún y por el lanzamiento de la revolución
agraria" en alusión a la adjudicación a una empresa india de un proyecto
de explotación de una enorme mina de hierro en Santa Cruz, cerca de la
frontera con Brasil.
“Porque no se limita
únicamente a repartir tierras”, al entregar los primeros títulos de
propiedad, llamó a este acto no una reforma, sino una revolución. De
ahí la consiguiente promulgación de siete decretos, que prevén
también el fortalecimiento del sector productivo en el campo, con
ayuda técnica y financiera de Cuba y Venezuela. Con los antiguos
terratenientes, nada. De ahí que el anuncio de Morales se produzca
un día después de que fracasaran las negociaciones con las
principales organizaciones empresariales agrícolas y ganaderas de
Santa Cruz, Cochabamba, Beni, Pando, Potosí, Chuquisaca y Tarija.
Luego seguirá la eliminación total de los latifundios ociosos y la
entrega de entre 2.5 y 4 millones de hectáreas de tierras a los
pueblos originarios de un país donde cerca de dos tercios de la
población se considera a sí misma indígena y el mismo porcentaje
vive en la pobreza. Las palabras de Evo, refiriéndose a los
terratenientes, fueron: "Ellos, sus abuelos, nos han avasallado las
tierras por 500 años; Ellos tienen que devolver las tierras a sus
dueños originarios".
Morales, que cimentó su
carrera política al frente de los sindicatos de campesinos
cultivadores de coca, abogó por convertir a Bolivia en lo que él
llama "un país orgánico", es decir, un proveedor de productos
ecológicos, sin fertilizantes ni agentes químicos. Respectos a sí
mismo, les dijo a sus gobernados: "Soy parte de ustedes, igual que
ustedes, vengo de ustedes, salgo de ustedes". Algo imposible de
sostener por ningún otro gobernante latinoamericano. Por eso
Xiranhua se pregunta: y los p´urhépecha, ¿cuándo?
Porque una revolución agraria como la que Evo Morales está
realizando hace falta en estas tierras. La parcelización de la
Meseta, el crecimiento imparable llevado por los mismos compañeros
indígenas de la propiedad privada en cada comunidad advierten ya que
el reparto agrario habido el siglo pasado nunca pretendió resarcir
el despojo perpetuado hace 500 años y que los parchecitos de hoy no
sirven ni para remedio.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha.
México.
julio 15, 2006.
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