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Editorial
Juchari uandakua. Nuestra
palabra. Our word.
Porque para nosotros los p´urhépecha, la palabra
cuenta.
El proceso de aculturación -pérdida de
los valores culturales- en las comunidades p´urhépecha pareciera
irreversible. Ese polifacético tesoro legado a las generaciones
posteriores por los antiguos tata k´ericha continúa sufriendo un
retroceso irreparable. ¿El precio? Muy alto. Más que grave. Los bosques
originarios, al igual que el territorio primigenio, se hallan reducidos
en más de un 80%. Lo mismo se aplica ya al número de hablantes del
idioma p´urhépecha. Utilizado sólo en los discursos políticos y
domingueros, el sentido de comunidad, está siendo día a día rebasado por
un individualismo contumaz. Encandilado por los abalorios de la
modernidad (sedentarismo, divisiones partidistas, aplicación
indiscriminada del cemento, comida chatarra, soda como vicio tempranero,
abuso del alcohol, migración irracional, etc.) el pueblo p´urhépecha
simplemente está perdiendo la conciencia histórica, olvidando de dónde
viene, cuál su misión en el presente, cuál su utopía final. Xiranhua
no está de acuerdo.
Ni lo estará. Desde sus primeros años como
periódico quincenal y éstos últimos como medio cibernético, ha sumido la
misión no sólo de denunciar las continuas agresiones que las comunidades
indígenas sufren de parte de la sociedad nacional y sus gobiernos; ha
asumido también -aunque le duela más- hacer un tan contundente como
respetuoso llamado de atención a las propias comunidades cuando éstas,
en sus lucha internas, terminan pisoteando los principios fundamentales
y los más altos valores que atesora su xiranhua. Por eso es
nuestra postura oficial hacer un llamado a la paz –y nos
referimos en este momento y con profundo dolor particularmente a las
comunidades hermanas de Cocucho, Urapicho y Patamban- a todos los
p´urhépecha. Recuerden, al enemigo no hay que ubicarlo dentro.
Por siglos, el sueño p´urhépecha ha sido
construir entre todos una Comunidad de Comunidades. No le demos la
espalda, no lo traicionemos matándonos entre nosotros. Del asesinato de
un comunero –sea de la comunidad que sea y por la comunidad que sea-
a su venganza -sea de la comunidad que sea y por la comunidad que sea-
y de ésta a su revancha -sea de la comunidad que sea y por la
comunidad que sea- hay sólo un pequeño paso al suicidio étnico. Que
no es otra cosa que un etnocidio. Exactamente lo que muchos países y
emporios tienen en la mira. Matarnos entre hermanos no arregla los
problemas de linderos. Sólo nos coloca en una posición por demás
absurda. Por demás vergonzosa: hacerle con nuestras propias manos la
tarea a esa horda de enemigos que los pueblos indios del mundo siempre
han tenido fuera.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha. México. Agosto 15 del 2005.
Comentarios escribir a e-mail:
xiranhua@xiranhua.com
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