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Editorial
Juchari uandakua. Nuestra
palabra. Our word.
Porque para nosotros los p´urhépecha, la palabra
cuenta.
La cultura p´urhépecha
es una cultura oral. Todavía. Para nosotros la palabra cuenta. Y
mucho. Cuenta porque expresa la persona comunitaria. Quien no sea
indígena, quien no sea p´urhépecha puede llegar a pensar que cuando
habla un indígena lo hace por sí solo. Que su palabra es individual.
Que la comunidad le es ajena. Pero no. Cada miembro de una
comunidad, se halle donde se halle, tenga lo que tenga, sepa lo que
sepa, cuando se expresa, expresa al menos una arista de ese enorme y
rico poliedro que constituye su bagaje comunitario. Es decir, un
indígena, a diferencia del turhixi, aunque parezca que no, nunca
habla por su cuenta. No al menos en cuanto forme parte activa de su
intorno y entorno comunitarios. Producto de su comunidad, a querer y
no, la representa. Aún cuando parezca salirse del molde. Porque, a
diferencia de las culturas liberales de occidente, su ji=yo
sólo se entiende y cuenta en cuanto se halle formando parte del
juchá=nosotros.
Por eso Xiranhua se solidariza con la
compañera Bertha Dimas Huacuz. Y suscribe y ratifica la mayoría de
sus puntos de vista. No porque cada p´urhépecha piense y sienta
exactamente y de igual manera, ni porque esté en todo de acuerdo con
ella. Sino porque siendo ella p´urhépecha, a diferencia de otros de
su sangre, ha sabido mantener una actitud fiel a la comunidad y una
actitud crítica frente al Gobierno. También porque se ha atrevido a
escudriñar, escuchar, dialogar, discutir, corregir, proponer y
defender todo lo que ataña al ser y permanecer como comunidad. Y
porque no ha tenido empacho en decir no cuando así lo exige la
dignidad. Entre tanto, los no indígenas o los que siéndolo tienen
ante éstos una relación de servilismo, que le aduzcan lo que
quieran.
A más de la “trágica degradación
medioambiental”, de la “ingobernabilidad por las disputas de la
tierra”, de que el indígena tenga que “emigrar en busca de sustento”
y de nuestra división interna, denunciadas por la Doctora Dimas
Huacuz, Xiranhua ha hecho siempre otros señalamientos. Entre
algunos otros, el que la autonomía no podrá ser sin una alma y una
utopía comunitarias. De ahí nuestra constante lucha porque nos
veamos como hijos de una misma familia y nos llevemos como hermanos.
De ahí nuestra meta: forjar una Comunidad de Comunidades y esculpir
su conciencia. De ahí nuestra repulsa a seguir siendo objetos de
Oportunidades. De ahí nuestra denuncia y advertencia: de nada
nos sirve para ser autónomos, el que se nos haya impuesto una
Coordinación Interinstitucional para sujetarnos al Gobierno bajo la
excusa de atendernos. De ahí también -y a una con la compañera
Bertha- nuestra repulsa a seguir siendo objetos de consulta y nunca
sujetos de nuestro propio derecho.
Por otra parte y para añadir ofensa a
engaño, las cuentas de vidrio que nos endilga el Gobierno con su
Universidad Indígena. Importando esquemas de quienes nos tienen bajo
su mano nos ofrecen como diploma el volvernos leguleyos ¡No se hace
k´umánchikua con recetas ajenas! Porque si de inculturar se
trata, basado en el terreno que pisa y en el lenguaje en que se
comunica, cada pueblo ha de hacer su propia universitas. Para
ser autónomos de poco nos sirve estudiar geografías ajenas. Porque
sin tomar como objeto principal de nuestro programa de estudios el
suelo que pisamos y sus recursos, sólo nos prepararemos para su
renta. Nada más ajeno al establecimiento de una autonomía regional
fincada en la propiedad comunal e intercomunitaria de nuestro
territorio y de nuestras tierras. Esa Universidad no la haremos
p´urhépecha, en tanto no delimitemos al milímetro y hagamos valer,
ante propios y extraños, nuestras fronteras.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha. México. Agosto 15 del 2005.
Comentarios escribir a e-mail:
xiranhua@xiranhua.com
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