Diario Digital P'urhépecha

           E d i t o r i a l  // Enero 30, 2006.

           San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México

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Editorial           

        

        El naufragio anunciado de la Universidad Indígena de Michoacán. Uno de los pendientes principales de la administración pública actual en Michoacán tiene que ver con las reformas de fondo requeridas para superar las deficiencias del sistema educativo en todos sus niveles. La falta de políticas y acciones consecuentes de planificación educativa universitaria y de planificación económica regional han ocasionado, además, mayor rezago del bienestar de los habitantes de la entidad.

 

La educación universitaria que se ofrece en nuestro estado tiene una limitada correspondencia –en cobertura, relevancia y calidad– con las necesidades del desarrollo de las diversas regiones y sectores sociales, de cara a las realidades apremiantes del siglo 21. Esto mientras nuestros jóvenes de hoy se enfrentan a obstáculos económicos y sociales siempre crecientes para poder completar una carrera profesional. Es así que ellos inician el ciclo vital de adolescentes como rezagados escolares, lo continúan como rechazados universitarios y, en consecuencia, engrosan forzadamente las filas del desempleo y de la emigración.

 

Esto se resiente más fuertemente por los jóvenes preparatorianos de las comunidades vecinas de Uruapan, Pátzcuaro, Tierra Caliente y otras regiones alejadas de la capital del estado, quienes –año tras año–, ni siquiera alcanzan “ficha” para presentar el examen de admisión a las diversas carreras universitarias de la Casa de Hidalgo. Como respuesta a esta falta de planeación, no es sorprendente que sean los estudiantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha (para bien o para mal) quienes tomen la iniciativa en defensa de los frustrados aspirantes, aunque las autoridades argumenten que “el gobierno no tiene nada que negociar con ellos”.

 

Un proyecto sin visión

Por lo que corresponde a la así llamada “Universidad Intercultural Indígena” que se pretende instalar (con sólo oficinas administrativas) en la ribera del lago de Pátzcuaro, ésta no resulta de un proyecto concreto y completo, ni es coherente con las aspiraciones de las comunidades a las que se supone debe servir. Además de su abordaje insatisfactorio de “diplomados” y la carencia de infraestructura física, presupuesto, programas de estudio y maestros competentes, la propuesta es deficiente inclusive cuando se le compara con el arranque de las otras universidades interculturales promovidas por el gobierno federal.

 

La referida iniciativa nunca tuvo rumbo ni destino. Se lanzó a la mar en una frágil barcaza diseñada al modo y gusto de los asesores del gobernador de la entidad. El lanzamiento se hizo en base a un convenio establecido con la Universidad Michoacana, mismo que nunca se dio a conocer públicamente.

 

Mas aun, desde la época de las mesas de trabajo para la “reforma indígena estatal” del 2004, la petición para la celebración de un encuentro similar donde se participara en la definición de la misión/objetivos, perfil institucional y contenidos educativos de una universidad indígena, siempre fue rechazada, procediéndose de un modo muy poco transparente al respecto. En consecuencia, la propuesta de universidad nunca se presentó en un foro abierto ni ésta se ha divulgado de manera escrita, y en versiones bilingües; ni discutida y validada por las autoridades legítimas de los pueblos y comunidades indígenas.

 

Por otra parte, se trata de un proyecto insensible históricamente y corto de visión, al permitir que la comunidad española de Valencia participe con recursos y directrices en un proyecto de esta naturaleza, y no que sea la propia sociedad michoacana quién asuma la responsabilidad por la educación de sus jóvenes universitarios.

 

Es así que esta iniciativa del gobierno estatal ha sido catalogada más de pólvora y fuego de artificio promocional, que de armamento y munición efectiva para combatir el retraso universitario y científico de los jóvenes indígenas de esta región del país. Específicamente, mientras que se cuestiona la necesidad de una universidad aparte para los indígenas, el maestro Adolfo Mejía la califica como “mero compromiso político y pirotecnia indigenista” en su libro titulado: Con los Cárdenas. Encuentros y Desencuentros. ¿El Cardenismo sin Cabeza?

 

La idea de Universidad Indígena

Por lo aquí expresado, se hace la invitación a la lectura del breve ensayo titulado Márhikua Janháskati. Ciencia Mujer y Universidad Indígena, de nuestra colaboradora Bertha Dimas Huacuz, el cual aborda la falta de oportunidades educativas y de desarrollo profesional de los jóvenes indígenas de México y Michoacán, e impugna la exclusión histórica de la mujer indígena de la ciencia y la educación superior. El ensayo argumenta, igualmente, que la propuesta absurda de universidad intercultural “de papel” sea modificada de raíz, y que se realice en su lugar un proyecto integral de educación estatal a todos los niveles, donde, de acuerdo con lo que marca el Artículo Tercero Constitucional, todas las escuelas –públicas y privadas, del campo y de la ciudad– sean y se mantengan, cada una, de la misma calidad, es decir, de primera.

 

                  San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.  México. Enero 30, 2006

 

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