Editorial
El naufragio anunciado de
la Universidad Indígena de Michoacán.
Uno de los pendientes principales de la administración pública
actual en Michoacán tiene que ver con las reformas de fondo
requeridas para superar las deficiencias del sistema educativo en
todos sus niveles. La falta de políticas y acciones consecuentes de
planificación educativa universitaria y de planificación económica
regional han ocasionado, además, mayor rezago del bienestar de los
habitantes de la entidad.
La educación universitaria que se ofrece en nuestro estado tiene una
limitada correspondencia –en cobertura, relevancia y calidad– con
las necesidades del desarrollo de las diversas regiones y sectores
sociales, de cara a las realidades apremiantes del siglo 21. Esto
mientras nuestros jóvenes de hoy se enfrentan a obstáculos
económicos y sociales siempre crecientes para poder completar una
carrera profesional. Es así que ellos inician el ciclo vital de
adolescentes como rezagados escolares, lo continúan como rechazados
universitarios y, en consecuencia, engrosan forzadamente las filas
del desempleo y de la emigración.
Esto se resiente más fuertemente por los jóvenes preparatorianos de
las comunidades vecinas de Uruapan, Pátzcuaro, Tierra Caliente y
otras regiones alejadas de la capital del estado, quienes –año tras
año–, ni siquiera alcanzan “ficha” para presentar el examen de
admisión a las diversas carreras universitarias de la Casa de
Hidalgo. Como respuesta a esta falta de planeación, no es
sorprendente que sean los estudiantes de la Coordinadora de
Universitarios en Lucha (para bien o para mal) quienes tomen la
iniciativa en defensa de los frustrados aspirantes, aunque las
autoridades argumenten que “el gobierno no tiene nada que negociar
con ellos”.
Un proyecto sin visión
Por lo que corresponde a la así llamada “Universidad Intercultural
Indígena” que se pretende instalar (con sólo oficinas
administrativas) en la ribera del lago de Pátzcuaro, ésta no resulta
de un proyecto concreto y completo, ni es coherente con las
aspiraciones de las comunidades a las que se supone debe servir.
Además de su abordaje insatisfactorio de “diplomados” y la carencia
de infraestructura física, presupuesto, programas de estudio y
maestros competentes, la propuesta es deficiente inclusive cuando se
le compara con el arranque de las otras universidades
interculturales promovidas por el gobierno federal.
La referida iniciativa nunca tuvo rumbo ni destino. Se lanzó a la
mar en una frágil barcaza diseñada al modo y gusto de los asesores
del gobernador de la entidad. El lanzamiento se hizo en base a un
convenio establecido con la Universidad Michoacana, mismo que nunca
se dio a conocer públicamente.
Mas aun, desde la época de las mesas de trabajo para la “reforma
indígena estatal” del 2004, la petición para la celebración de un
encuentro similar donde se participara en la definición de la
misión/objetivos, perfil institucional y contenidos educativos de
una universidad indígena, siempre fue rechazada, procediéndose de un
modo muy poco transparente al respecto. En consecuencia, la
propuesta de universidad nunca se presentó en un foro abierto ni
ésta se ha divulgado de manera escrita, y en versiones bilingües; ni
discutida y validada por las autoridades legítimas de los pueblos y
comunidades indígenas.
Por otra parte, se trata de un proyecto insensible históricamente y
corto de visión, al permitir que la comunidad española de Valencia
participe con recursos y directrices en un proyecto de esta
naturaleza, y no que sea la propia sociedad michoacana quién asuma
la responsabilidad por la educación de sus jóvenes universitarios.
Es así que esta iniciativa del gobierno estatal ha sido catalogada
más de pólvora y fuego de artificio promocional, que de armamento y
munición efectiva para combatir el retraso universitario y
científico de los jóvenes indígenas de esta región del país.
Específicamente, mientras que se cuestiona la necesidad de una
universidad aparte para los indígenas, el maestro Adolfo Mejía la
califica como “mero compromiso político y pirotecnia indigenista” en
su libro titulado: Con los Cárdenas. Encuentros y Desencuentros.
¿El Cardenismo sin Cabeza?
La idea de Universidad Indígena
Por lo aquí expresado, se hace la invitación a la lectura del breve
ensayo titulado Márhikua Janháskati. Ciencia Mujer y
Universidad Indígena, de nuestra colaboradora Bertha Dimas
Huacuz, el cual aborda la falta de oportunidades educativas y de
desarrollo profesional de los jóvenes indígenas de México y
Michoacán, e impugna la exclusión histórica de la mujer indígena de
la ciencia y la educación superior. El ensayo argumenta, igualmente,
que la propuesta absurda de universidad intercultural “de papel” sea
modificada de raíz, y que se realice en su lugar un proyecto
integral de educación estatal a todos los niveles, donde, de acuerdo
con lo que marca el Artículo Tercero Constitucional, todas las
escuelas –públicas y privadas, del campo y de la ciudad– sean y se
mantengan, cada una, de la misma calidad, es decir, de primera.
San Lorenzo Narheni, Meseta
P'urhépecha.
México.
Enero 30, 2006
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