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   E d i t o r i a l  // 30 de enero, 2007

   San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México. 

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FCH debiera recordar el carácter multicultural de México...


           En tanto las comunidades indígenas luchan por rescatar, conservar y afianzar su identidad -que así lo testifican las tendencias autonomistas que tan hondo las sacuden- el carácter neoliberal del sistema del nuevo gobierno nacional parece evadir desde sus inicios todo intento por canalizar esos impulsos a fin de explotar su potencial liberador. Si el michoacano Felipe Calderón Hinojosa se propusiera aceptar ese reto, trocaría el ancestral reduccionismo panista en una apertura capaz de incorporar los valores culturales de los pueblos indios en muchos ámbitos del entorno nacional donde campea el individualismo y el respeto a la naturaleza brilla por su ausencia. Sólo así conseguiría liberar la política y el ejercicio de gobierno de todo prejuicio condicionante para que la igualdad y la fraternidad tomen al fin, en este sexenio, carta de residencia. En ese sentido el nombramiento Luís H. Álvarez, como titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios, anuncia desde ya, como regreso que es a un indigenismo trasnochado, la línea que en materia indígena ha terminado por adoptar su gobierno.

 

            Al menos, como se daba por hecho, la supuesta designación del compañero p´urhépecha Prisciliano Jiménez, como se había comentado en este espacio, pudiera haber provocado que afloraran  en él, incontenibles, el espíritu de lucha y rebeldía que entre sombras y luces tipifica su comunidad de origen, Capacuaro. Porque al igual que otras comunidades de las cuatro regiones p´urhépecha, ésta representa lo que muchas otras a nivel nacional, la cara y cruz de las culturas indias. Porque desde el choque brutal de la conquista ha sufrido la unilateridad del estilo dominante de occidente y de su deshumanizante voracidad. También, porque el estado en que sobrevive, tras una imparable rapiña durante sus últimos 500 años, su mera existencia devela la ruptura acontecida entre los alegatos de la cultura del llamado hombre de razón y los descalabros de la reivindicación de su libertad y de su marcha autónoma. Y además, porque el relativismo de conductas y valores que caracterizan a la aldea global no es sino un encubrimiento de su tajante negativa a discutir siquiera la posibilidad de modificar su criterio de lucro frente a la economía de servicio que a la par de sus comunidades hermanas, le caracteriza.

 

            En el ámbito de sus planes de desarrollo para los pueblos indios, antes de fijar posicionamientos, otorgar puestos y ejecutar programas, el nuevo presidente debiera recordar el carácter multicultural de México donde ninguna cultura quede ignorada en proyecto alguno de gobierno. No sólo por razones de efectividad, sino por razones de justicia. Valorar en su justa medida a los pueblos indios conlleva a romper bridas, como las del capitalismo, y pulsar muy de cerca, porque en ellas se enmarca la existencia y el bienestar del individuo, las múltiples manifestaciones de las culturas. Porque la política nacional, para que cobre universalidad, debe revestirse de las sociedades que le dieron origen, asumir sus reclamos, acompañar sus luchas. ¿Cómo olvidar en todo caso que como arte del servicio, ése “bien común” que tanto presume el PAN, la buena política debe proponerse asumir y activar las fibras más íntimas del ser humano, de manera preferencial cuando es marginado, para incidir positivamente en su lucha por tener una manera propia y digna de vivir?

 

            Ni Felipe Calderón Hinojosa, ni mucho menos el Sr. Luís H. Álvarez que no representa absolutamente en nada a los pueblos indios de México, y a pesar de eso impuesto como titular espurio de la CNDPH, podrán responder a los retos que encarna un México pluricultural si reducen su relación con los pueblos indios a la administración de programas desarrollistas. Como cada cultura termina abarcando todo el dinamismo relacional del ser humano, el arte y política del buen gobierno han de perseguir como punto de partida que cada grupo cultural pueda asegurar su forma de vida y, si no es así, como no lo está siendo a nivel nacional, entonces acompañarle en sus luchas y, lejos de actitudes asistencialistas, reivindicar su autonomía. En ese sentido lo mejor que puede hacer el Sr. Luís H. Álvarez para  corresponder a su nombramiento es convocar a los pueblos indios de México para que sean ellos quienes propongan al nuevo gobierno un indígena curtido en la lucha que represente sus intereses.

 

          San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.  México. Diciembre 14, 2006.

                                         

 e-mail: xiranhua@purepechas.org

 

 

 

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