En tanto las
comunidades indígenas luchan por rescatar, conservar y afianzar su
identidad -que así lo testifican las tendencias autonomistas que tan
hondo las sacuden- el carácter neoliberal del sistema del nuevo
gobierno nacional parece evadir desde sus inicios todo intento por
canalizar esos impulsos a fin de explotar su potencial liberador. Si
el michoacano Felipe Calderón Hinojosa se propusiera aceptar ese
reto, trocaría el ancestral reduccionismo panista en una apertura
capaz de incorporar los valores culturales de los pueblos indios en
muchos ámbitos del entorno nacional donde campea el individualismo y
el respeto a la naturaleza brilla por su ausencia. Sólo así
conseguiría liberar la política y el ejercicio de gobierno de todo
prejuicio condicionante para que la igualdad y la fraternidad tomen
al fin, en este sexenio, carta de residencia. En ese sentido el
nombramiento Luís H. Álvarez, como titular de la Comisión Nacional
para el Desarrollo de los Pueblos Indios, anuncia desde ya, como
regreso que es a un indigenismo trasnochado, la línea que en materia
indígena ha terminado por adoptar su gobierno.
Al menos, como se daba por hecho, la supuesta designación del
compañero p´urhépecha Prisciliano Jiménez, como se había comentado
en este espacio, pudiera haber provocado que afloraran en él,
incontenibles, el espíritu de lucha y rebeldía que entre sombras y
luces tipifica su comunidad de origen, Capacuaro. Porque al igual
que otras comunidades de las cuatro regiones p´urhépecha, ésta
representa lo que muchas otras a nivel nacional, la cara y cruz de
las culturas indias. Porque desde el choque brutal de la conquista
ha sufrido la unilateridad del estilo dominante de occidente y de su
deshumanizante voracidad. También, porque el estado en que
sobrevive, tras una imparable rapiña durante sus últimos 500 años,
su mera existencia devela la ruptura acontecida entre los alegatos
de la cultura del llamado hombre de razón y los descalabros de la
reivindicación de su libertad y de su marcha autónoma. Y además,
porque el relativismo de conductas y valores que caracterizan a la
aldea global no es sino un encubrimiento de su tajante negativa a
discutir siquiera la posibilidad de modificar su criterio de lucro
frente a la economía de servicio que a la par de sus comunidades
hermanas, le caracteriza.
En el ámbito de sus planes de desarrollo para los pueblos indios,
antes de fijar posicionamientos, otorgar puestos y ejecutar
programas, el nuevo presidente debiera recordar el carácter
multicultural de México donde ninguna cultura quede ignorada en
proyecto alguno de gobierno. No sólo por razones de efectividad,
sino por razones de justicia. Valorar en su justa medida a los
pueblos indios conlleva a romper bridas, como las del capitalismo, y
pulsar muy de cerca, porque en ellas se enmarca la existencia y el
bienestar del individuo, las múltiples manifestaciones de las
culturas. Porque la política nacional, para que cobre universalidad,
debe revestirse de las sociedades que le dieron origen, asumir sus
reclamos, acompañar sus luchas. ¿Cómo olvidar en todo caso que como
arte del servicio, ése “bien común” que tanto presume el PAN, la
buena política debe proponerse asumir y activar las fibras más
íntimas del ser humano, de manera preferencial cuando es marginado,
para incidir positivamente en su lucha por tener una manera propia y
digna de vivir?
Ni Felipe Calderón Hinojosa, ni mucho menos el Sr. Luís H. Álvarez
que no representa absolutamente en nada a los pueblos indios de
México, y a pesar de eso impuesto como titular espurio de la CNDPH,
podrán responder a los retos que encarna un México pluricultural si
reducen su relación con los pueblos indios a la administración de
programas desarrollistas. Como cada cultura termina abarcando todo
el dinamismo relacional del ser humano, el arte y política del buen
gobierno han de perseguir como punto de partida que cada grupo
cultural pueda asegurar su forma de vida y, si no es así, como no lo
está siendo a nivel nacional, entonces acompañarle en sus luchas y,
lejos de actitudes asistencialistas, reivindicar su autonomía. En
ese sentido lo mejor que puede hacer el Sr. Luís H. Álvarez para
corresponder a su nombramiento es convocar a los pueblos indios de
México para que sean ellos quienes propongan al nuevo gobierno un
indígena curtido en la lucha que represente sus intereses.
San
Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.
México.
Diciembre 14, 2006.
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